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El Periodista José Hernández - El Río de la PLata (Buenos Aires, 1869)

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11 de Octubre de 2005
Historia de la literaturaPeriodismo cultural

10 - El Río de la PLata (Buenos Aires, 1869)

El 12 de octubre de 1868 asume la presidencia de la Nación Domingo Faustino Sarmiento al tiempo que hace lo propio como vicepresidente Adolfo Alsina.

A mediados de noviembre de 1869 José Hernández se establece en Buenos Aires. E1 6 de agosto aparece el primer número de «E1 Río de la Plata». La administración y redacción funcionaba en la calle Victoria 202.

El diario enarbola fundamentalmente banderas de autonomía municipal, abolición de contingentes de fronteras y elección popular de jueces de paz, comandantes militares y consejeros escolares.

«El Río de la Plata» se editó en un formato tipo sábana y aparecía por la mañana. Juan Recalde figuraba como regente y editor.

Pagés Larraya (ibid., p. 54) hace una caracterización de la situación de la prensa al momento de la aparición de este medio:

"El Río de la Plata se fundó en un instante de singular florecimiento del periodismo argentino. Sin contar otras publicaciones menores, aparecían por entonces El Nacional fundado por Vélez Sársfield y favorable a la política de Sarmiento; La Tribuna de los hijos de Florencio Varela; La Nación Argentina de los Gutiérrez que, adquirida por Mitre, se editó desde el 4 de enero de 1870 con el título de La Nación y La Prensa, fundada el 18 de octubre de 1869 y a la cual pasaron tres de los redactores del Río de la Plata: Estanislao S. Zeballos, Cosme Mariño y Aurelio Herrera. "

Posteriormente Pagés Larraya (ibid., p. 55) describe al medio y su actitud política:

" Diario de combate en hora de bullentes pasiones políticas, El Río de la Plata se caracterizó por su tono equilibrado y por la ausencia de ataques personales, recurso que por entonces era tan habitual en la prensa y bordeaba casi siempre lo calumnioso. Salta a luz El Río de la Plata a menos de un año de la asunción del mando presidencial por parte de Sarmiento y combatía su gobierno con serenidad, a la par que atacaba con más violencia al partido liberal de Mitre, entonces en la oposición. Pero más que la crítica de lo contingente el periódico de Hernández procuró afrontar los problemas fundamentales y no resueltos de la nacionalidad."

Hernández se ocupará en «El Río de la Plata» del tema social que luego desarrollaría en abundancia en su poema: el gaucho. Beatríz Sarlo (1979, p. 3s.) desglosa esa problemática del siguiente modo:

"En 1869, Hernández fundó en Buenos Aires un periódico, El Río de la Plata. Allí publicó una serie de artículos que constituyen algo así como el cañamazo de ideas que el Martín Fierro elaborará literariamente: el problema de las fronteras con el indio y su defensa, la iniquidad de que ésta repose exclusivamente sobre el habitante pobre de la campaña que es arrancado de su hogar para ser arrojado al fortín, convertido en una suerte de prisionero, desecho por la indigencia y mortificado por la arbitrariedad de las autoridades militares y civiles.

Es el gobierno, afirma Hernández, el que «convierte al gaucho en matrero, en delincuente, en asesino»."

Porque para los sectores intelectuales y la élite gobernante el vocablo gaucho era justamente sinónimo de delincuente. Pérez Amuchástegui (1977, p. 229) afirma:

"La conciencia antigaucha de los intelectuales se universalizó después de Caseros; Urquiza perdió el apoyo de la élite en tanto adoptó actitudes gauchescas. Después de Pavón, cuando se inicia la estructura nacional de la triunfante oligarquía paternalista, la voz 'gaucho' y sus derivados se reserva para las huestes del Chacho Peñaloza y sus pares. Y cuando ya no quedan mas 'gauchos montoneros' se aplica la notación despectiva de 'gaucho' a los 'bárbaros' de la campaña que, en un país ávido de europeizarse, pretenden mantener formas anquilosadas de tradicionalismo criollo. Para esta época serán gauchos esos 'salvajes' que sólo sirven para seguir a Felipe Varela o a los Taboada, según el bando..."

La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay era también un mecanismo para la extirpación formal y material del gaucho mediante las conscripciones forzosas.

Pagés Larraya (ibid. p. 56 s.) indica que si bien los artículos de Hernández aparecidos en «E1 Río de la Plata» no han sido firmados, resultan claramente identificables por los siguientes elementos:

"a) Se trata de artículos editoriales, que siempre escribía el director del periódico, en este caso Hernández. b) Hay coincidencias con los temas tratados por Hernández antes y después de El Río de la Plata. c) Hay coincidencias estilísticas. d) Hay repetición exacta o próxima de expresiones suyas usadas en otros lugares."

E1 19 de agosto de 1869 Hernández publicaba en «E1 Río de la Plata» el artículo titulado «Hijos y entenados» en el que sostenía:

"Tiempo es ya que los gobiernos empiecen a preocuparse de aplicar al mal remedios eficaces, para garantirnos de sus invasiones y se deje de girar perpetuamente en derredor de un círculo vicioso.

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¿Qué se consigue con el sistema actual de los contingentes?. Empieza por introducirse una perturbación profunda en el hogar del habitante de la campaña. Arrebatado a sus labores, a su familia, quitáis un miembro útil a la sociedad que lo reclama, para convertirlo en un elemento de desquicio e inmoralidad.

Parece que lo menos que se quisiera fomentar es la población laboriosa de la campaña o que nuestros gobiernos quisieran hacer purgar como un delito oprobioso el hecho de nacer en el territorio argentino y de levantar en la campaña la humilde choza del gaucho.

.................................

Es la campaña, pues, fuente de nuestra riqueza y de nuestro porvenir económico y social, la que necesita de garantías, de medidas liberales y protectoras. Es necesario desarrollar su industria, fomentar la población nacional, escudar al ciudadano contra los atentados de la fuerza.

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Nosotros nos pronunciamos no sólo contra el atentado que envuelve la reglamentación actual del servicio de fronteras, sino contra la ceguedad que así nos arrastra al precipicio y así desconoce nuestros más fundamentales intereses." (Pagés Larraya, ibid., p. 197ss).

E1 20 de agosto de 1869 «E1 Río de la Plata» publicaba el artículo titulado «E1 Peligro de la Oposición» que decía:

"La oposición es siempre útil a los pueblos y a los gobiernos por más que muchas veces sea apasionada e injusta. Ella es un testimonio de la liberalidad de las instituciones y del respeto de la autoridad hacia los derechos que consagran.

.................................

Más sirve a los gobiernos la prensa opositora, que la prensa oficial, porque aquella señala siempre los errores y los escollos mientras que ésta se empeña en facilitar el camino y en oscurecer la verdad que hiere y deslumbra. No faltará nunca a los gobiernos, apóstoles de la idea que aplaudiesen sus buenos actos y los alentasen en la ruta del bien ¿A qué, pues, buscar la dudosa sinceridad del aplauso interesado?

Decíamos que la oposición es siempre útil y mucho más allí donde el error tiene sus sacerdotes, que se empeñan la más de las veces en hacernos comulgar con ruedas de molino. La exageración de la oposición en la prensa, se destruye por si misma, como los globos de jabón se desvanecen en el aire. No combatimos pues la oposición, no le negamos su razón de ser y no podríamos negarla sin suicidarnos. Los derechos son solidarios y la máxima evangélica que aconseja no desear al prójimo mal que no queramos para nosotros, encierra una profunda enseñanza moral" (Pagés Larraya, ibid., p. 184 ss).

E122 de agosto Hernández insertaba en «E1 Río de la Plata» la nota que llevaba por título el interrogante ¿Qué civilización es la de los matanzas? en la cual con la dureza de su prédica social señalaba, entre otros conceptos:

"La frontera, decíamos debe ser guardada por tropas de líneas, organizadas por medio de enganche. Este es el medio legítimo de custodiarlas y de su adopción no se resiente ningún principio, no se afecta derecho alguno."

"Los ejércitos de fronteras no sólo deben tener armas: deben estar además munidos de instrumentos de trabajo".

"No sólo deben salvar a la campaña de las invasiones de los indios sino que deben fructificar la tierra que pueblan, apropiándola a su existencia y bienestar.

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Ofrezca el gobierno esas ventajas positivas y no le faltarán brazos que contraer a la defensa y a la colonización de las fronteras. Si nuestros gauchos, si los que vagan hoy sin ocupación y sin trabajo obtienen además del salario correspondiente un pedazo de tierra para improvisar en él su habitación y los instrumentos necesarios, se le liga más y más a la defensa de la línea fronteriza, porque ya no serán sólo los intereses extraños los que ampararía sino sus propios intereses.

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La experiencia ha demostrado el absurdo de las combinaciones hasta hay adoptadas para arrebatar a los indios el señorío del desierto.

La idea de llevarles una guerra ofensiva para exterminarlos, que algunos han emitido en la prensa y hasta en opúsculos que se han impreso bajo la protección oficial, no ha dado los resultados con que soñaban los autores. Y decimos felizmente, porque si eso hubiese tenido lugar habría sido para mengua de nuestros gobiernos, que no habrían descubierto un medio más en armonía con nuestros sentimientos humanitarios y cristianos de neutralizar el mal y hacer al salvaje mismo partícipe de los beneficios de la civilización.

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Nosotros no tenemos el derecho de expulsar a los indios del territorio y menos de exterminarlos. La civilización sólo puede dar los derechos que se deriven de ella misma" (Pagés Larraya, ibid., p. 206 ss).

E1 1° de setiembre de 1869 «El Río de la Plata» publicaba un artículo titulado: «La división de la tierra» que entre otros conceptos aseveraba:

"Los gobiernos que no deben tener ni aún la inspiración de ser propietarios, se empeñan entre nosotros, en arrebatar las grandes empresas de progreso, a la acción fecundante del individuo y en vez de buscar el restablecimiento del equilibrio industrial, introducen de esta manera una honda perturbación en la marcha económica de la sociedad.

En vez de despojarse de falsas atribuciones devolviéndolas al pueblo a quien pertenecen, nuestros gobiernos se arrogan facultades monstruosas, estableciendo privilegios y monopolios odiosos en favor del que está encargado precisamente, como ya lo hemos dicho, de asegurarnos los beneficios de nuestras libertades institucionales.

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La sociedad no hace de los gobiernos agentes de comercio, ni los faculta para labrar colosales riquezas, lanzándolos en las especulaciones atrevidas del crédito. La sociedad no podría delegar, sin suicidarse, semejantes funciones, que son el resorte de su actividad y de su iniciativa.

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Las tierras en poder del fisco, no aumentan la renta del Estado, cayo fundamento está en el impuesto y en la población.

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Por medio de la subdivisión de la tierra se atrae una población, cuyo espíritu emprendedor se excita en una lucha proficua y estimulante.

En esta provincia, que tiene en su contra el flagelo de los indios y donde se agita como un problema insoluble la cuestión de fronteras, el medio de resolver en pocos años esta cuestión sería el de fomentar la población industriosa, llevar al desierto las locomotoras del progreso, que traerían a su regreso a nuestros mercados los pingües productos que regala la tierra, a los que la abonan y cultivan." (Pagés Larraya, ibid., p. 193 ss).

E1 3 de octubre, en el editorial titulado «La ciudad y la campaña» se sostiene, entre otros conceptos que:

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El servicio de fronteras, parece haberse ideado como un terrible castigo para el hijo de la campaña.

Los intereses de la campaña ¿ son intereses distintos de los de la ciudad ? No, por cierto.

La campaña y la ciudad, es una misma población, con iguales derechos constitucionales, con idénticos intereses, con aspiraciones confundidas.

Y si esto es así ¿ Cómo se pretende establecer una separación odiosa, inconstitucional?

¿Cómo se pretende que la campaña únicamente, atienda el servicio de las fronteras?

¿Por qué no se hace extensivo ese servicio a los hijos de la ciudad ?

La respuesta es fácil. Porque ese servicio es inicuo y atentatorio. Porque no puede exigirse en la ciudad, donde habría, consumada la violación de un derecho, una protesta energética y una acusación legal.

¿ Y habremos de consentir que se perpetúe la injusticia, la masa de un antagonismo fatal, que puede producir mañana tremendas complicaciones?..."(Pagés Larraya, ibid., p. 189).

El 6 de octubre otro artículo señala:

.................................

«El Río de la Plata» se ha constituido en defensor de ls derechos desconocidos y violentados en el habitante de la campaña.

Ha iniciado y sostenido el medio que lo gobiernos deben recurrir para resolver el servicio de ls fronteras, sin falsear la libertad del ciudadano, sin atentar contra su personalidad, amparada en la Ley.

Los gobiernos necesitan soldados para atender al servicio de la frontera. Pues que ls busquen con sus recursos propios". (Pagés Larraya, ibid., p. 192).

Para finalizar la reseña sobre «El Río de la Plata», resulta interesante señalar la publicación que el periódico de Hernández hiciera los días 19, 20 y 21 de noviembre de 1869. Se trata de unos comentarios sobre las Islas Malvinas remitidos par Augusto Lasserre. Este realizó un viaje a las islas como comisionado especial de una importante compañía de seguros marítimos, la «Asociación de Seguros Mutuos de la Marina Mercante Italiana», con el objeto de realizar una investigación y un peritaje sobre la pérdida total de la barca italiana «Perú» en el puerto de Albemarle.

Con motivo de ese viaje, escribió una «Descripción de un viaje a las Malvinas» publicada, como se dijo, en «E1 Río de la Plata». Dice Gianello (1963, p. 176).

"Sobre esta «Descripción», escrita en forma de carta a Hernández, se hizo un gran silencio. En ella Lasserre hace una minuciosa descripción de las islas y especialmente de Stanley, de su fauna y su flora.

Pero sobre todo, patrióticamente inspirado, su propósito es que se restituya a la soberanía argentina ese usurpado territorio. Examina nuestros justos títulos de dominio y acusa la negligencia de las autoridades argentinas que «imperdonablemente postergaron justicieras reclamaciones que hacen más difícil cada día, la integridad territorial de la República». Su carta es un requerimiento siempre de actualidad para que se comprenda la importancia de esa devolución que en él, nuestro gobierno, se halla en el deber de exigir al gobierno de Su Majestad Británica."

E126 de noviembre, en el N° 92, se publica un extenso artículo titulado «Islas Malvinas. Cuestiones Graves», en el que Hernández señala:

"Los argentinos, especialmente, no han podido olvidar que se trata de una parte muy importante del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva organización.

.................................

...deber es muy sagrado de la Nación Argentina, velar par la honra de su nombre, por la integridad de su territorio y por los intereses de los argentinos. Sus derechos no prescriben jamás." (Destéfani, 1982, p. 98s).

E1 11 de abril de 1870 estalla en Entre Ríos un movimiento revolucionario encabezado por el general Ricardo López Jordán, que se venía gestando desde cinco años antes.

Urquiza es asesinado por considerárselo traidor a la causa federal.

En Buenos Aires comenzaron a ser vigilados los nombres de la oposición, entre ellos Hernández que había sido ministro de campaña de Evaristo López y como tal (10 agosto 1868) había refrendado el nombramiento de «Brigadier de la Provincia de Corrientes» para López Jordán. Decide entonces clausurar «E1 Río de la Plata», el 22 de abril de 1870 y en su último editorial dice:

"No queremos asistir en la prensa al espectáculo de sangre que va a darse en la República...

No hemos aprendido a cortejar en sus extravíos ni a los partidos ni a los gobiernos y antes de hacernos una violencia a que no se someta la independencia y rectitud de nuestro carácter, preferimos dejar de la mano la pluma que hemos consagrado exclusivamente al servicio de las legítimas conveniencias de la Patria. Dejamos de escribir el día en que no podemos servirla." (Chávez, ibid., p. 52). (*)

(*) La colecci6n de «El Río de la Plata» se encuentra en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Reg. 30.689.
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