El Primer Gobierno del General Perón - Introducción
08 de Marzo de 2006
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Es importante decir que Juan Domingo Perón va a llegar a la presidencia, entre otras cosas, por el poder que acumuló durante la Revolución de 1943. Cuando los militares revolucionarios manifestaron que venían a restablecer el imperio de la constitución y a terminar con la corrupción política y administrativa reinante en la década anterior, gran parte de los argentinos dieron un margen de credibilidad al nuevo proceso; mientras que otros, llevados por su antimilitarismo, su vocación liberal y por la desconfianza hacia las actitudes de “ángeles justicieros” adoptadas por los nuevos funcionarios, prefiguraron una oposición incipiente.
Pocos de los principales hombres de la revolución percibieron que había algo que satisfacer en el pueblo y que hacerlo iba a ser el elemento legitimador de la revolución. Esto lo percibió uno de los hombres del Grupo Organizador y Unificador (G.O.U.), Juan Domingo Perón, quien de los cargos que ocuparía en progresivo ascenso sabría auscultar las necesidades populares y comenzar a urdir en movimiento de opinión. Secretario del Ministerio de Guerra, asumió la jefatura del Departamento Nacional del Trabajo, que un mes después se transformaría en secretaría. La acción de Perón se enderezó a promover una serie de medidas laborales y previsionales tendientes a satisfacer los reclamos y necesidades de los trabajadores, y sus relaciones con los gremialistas le permitieron ir captando voluntades entre éstos.
Más tarde, Farrell lo nombró ministro de Guerra con retención de la secretaría de Trabajo. De este modo, el control del ejército y de la fuerza obrera quedaba en sus manos. Pero más aún, cuando estalló la lucha en el gabinete por la vacante de la vicepresidencia, la oficialidad del ejército, puesta en asamblea, votó a los candidatos y ganó, por escaso margen, Perón contra Perlinger. Inmediatamente Farrell pidió a este último la renuncia y Perón fue designado vicepresidente sin abandonar sus dos cargos anteriores (ministro de Guerra y de Trabajo).
Con esto la suma de poder estaba ya en sus manos, la actividad de Perón consistió por entonces en acumular acciones útiles a su política de alianzas militar y gremial. Fue así como se fueron creando los tribunales del Trabajo, se reconocieron nuevos sindicatos que ampliaron la fuerza laboral organizada y se subrayó la imagen de participación política y social que esas medidas implicaban. Paralelamente, se incrementó el número del ejército en tierra, se aumentó correlativamente la cantidad de oficiales, acelerando las promociones y ascensos, se anunció un programa de reequipamiento militar y se dio estatuto de “tercer arma” a la Fuerza Aérea, con una secretaría de nivel ministerial en el gabinete. Otro campo de acción de Perón fue el campo político, donde no pudieron vencer la intransigencia de los principales líderes radicales, busco a dirigentes disidentes o de segunda fila que aportaran su capacidad política, su eventual clientela y facilitaran la preparación de su candidatura presidencial.
Pero la tensión aumentaba, y el 9 de octubre los oficiales de Campo de Mayo, alarmados por las tendencias personalistas y populistas de Perón y fastidiados por su relación pública con una artista de segundo orden, Eva Duarte, impusieron al general Ávalos, su jefe, que exigiera la renuncia de Perón. El presidente aceptó el pedido de Ávalos, pero demostró su duplicidad cuando permitió que Perón se despidiera con un mensaje leído por la red nacional de radiodifusión, en el que alertó a los trabajadores sobre el hecho de que su renuncia pondría en peligro sus conquistas sociales.
Dos días después, Ávalos, cabeza un tanto involuntaria del movimiento antiperonista del ejército, fue nombrado ministro de Guerra y el día 11 se removió a todos los otros ministros; además, Perón fue arrestado y enviado a la isla Martín García. Por su parte, los dirigentes gremiales habían comenzado la movilización obrera y el 14 de octubre el médico personal de Perón alegó que éste estaba enfermo y que por eso debía ser trasladado a Buenos Aires. Ávalos, sin medir ningún tipo de consecuencias, aceptó el pedido; así, el 17 de octubre a primera hora Perón fue trasladado al Hospital Militar. Para entonces la respuesta obrera ya era formidable, es decir, miles de trabajadores se concentraron en las barriadas fabriles y marcharon sobre la capital. Ávalos rechazó todas las presiones para usar la fuerza para detenerlos. De esta manera, a la noche una gran muchedumbre ocupaba la Plaza de Mayo, y en ese ambiente se realizaron las negociaciones. Ávalos pidió a Perón que calmara a su gente, los peronistas exigieron la renuncia de Ávalos y del almirante Verdengo Lima. Fue entonces cuando Ávalos cedió y esa misma noche Perón fue convencido por los suyos de que hablara a la multitud. Allí se produjo una de las pruebas más cabales de sus capacidades carismáticas y de sus condiciones de líder. Desde ese momento, comprobada la fidelidad de las masas, Perón no tuvo obstáculo alguno para organizar y promover su candidatura.
Uno de los factores que más incidencia tuvo en la contienda preelectoral fue la publicación del Libro Azul Argentino por el Ministerio de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, en el cual se intentaba demostrar que Perón y el gobierno argentino eran nacionalsocialistas, que se mantenían en permanente contacto con la Alemania hitleriana y que habían contribuido al derrocamiento de gobiernos democráticos de América del Sur.
Perón logró convertir esa publicación en catalizador de su éxito electoral. De esta manera, en los últimos discursos pronunciados antes de las elecciones, no presentaba ya como su adversario a Tamborini (candidato presidencial de la Unión Democrática) sino a S. Braden, a quien señalaba como representante de los intereses norteamericanos, que en combinación con las fuerzas reaccionarias de la oligarquía estaba a punto de socavar la independencia nacional e instaurar un régimen contrario a la clase trabajadora. El llamamiento al orgullo nacional, contenido en la famosa y penetrante fórmula “Braden o Perón” causó su efecto en los sectores más amplios de la población y es posible que hasta haya aportado a Perón y su partido los votos decisivos para su victoria electoral.
Por otra parte, puede ser importante señalar que mientras se desarrollaban los acontecimientos descriptos y la mayoría de los revolucionarios eran acusados de ser partidarios del Eje hitleriano, el mundo estaba en guerra. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) pasó a la ofensiva y obtuvo muchas victorias sobre las tropas del Reich, lo que posibilitó una reunión entre Stalin, Churchil y Roosevelt en donde se decidió abrir un segundo frente. En 1944 Alemania perdió a sus aliados y en 1945 la U.R.S.S. conquistó Viena y Berlín. Se creó la O.N.U. (Organización de las Naciones Unidas) y se decidió dejar a Alemania como Estado único.
Pocos de los principales hombres de la revolución percibieron que había algo que satisfacer en el pueblo y que hacerlo iba a ser el elemento legitimador de la revolución. Esto lo percibió uno de los hombres del Grupo Organizador y Unificador (G.O.U.), Juan Domingo Perón, quien de los cargos que ocuparía en progresivo ascenso sabría auscultar las necesidades populares y comenzar a urdir en movimiento de opinión. Secretario del Ministerio de Guerra, asumió la jefatura del Departamento Nacional del Trabajo, que un mes después se transformaría en secretaría. La acción de Perón se enderezó a promover una serie de medidas laborales y previsionales tendientes a satisfacer los reclamos y necesidades de los trabajadores, y sus relaciones con los gremialistas le permitieron ir captando voluntades entre éstos.
Más tarde, Farrell lo nombró ministro de Guerra con retención de la secretaría de Trabajo. De este modo, el control del ejército y de la fuerza obrera quedaba en sus manos. Pero más aún, cuando estalló la lucha en el gabinete por la vacante de la vicepresidencia, la oficialidad del ejército, puesta en asamblea, votó a los candidatos y ganó, por escaso margen, Perón contra Perlinger. Inmediatamente Farrell pidió a este último la renuncia y Perón fue designado vicepresidente sin abandonar sus dos cargos anteriores (ministro de Guerra y de Trabajo).
Con esto la suma de poder estaba ya en sus manos, la actividad de Perón consistió por entonces en acumular acciones útiles a su política de alianzas militar y gremial. Fue así como se fueron creando los tribunales del Trabajo, se reconocieron nuevos sindicatos que ampliaron la fuerza laboral organizada y se subrayó la imagen de participación política y social que esas medidas implicaban. Paralelamente, se incrementó el número del ejército en tierra, se aumentó correlativamente la cantidad de oficiales, acelerando las promociones y ascensos, se anunció un programa de reequipamiento militar y se dio estatuto de “tercer arma” a la Fuerza Aérea, con una secretaría de nivel ministerial en el gabinete. Otro campo de acción de Perón fue el campo político, donde no pudieron vencer la intransigencia de los principales líderes radicales, busco a dirigentes disidentes o de segunda fila que aportaran su capacidad política, su eventual clientela y facilitaran la preparación de su candidatura presidencial.
Pero la tensión aumentaba, y el 9 de octubre los oficiales de Campo de Mayo, alarmados por las tendencias personalistas y populistas de Perón y fastidiados por su relación pública con una artista de segundo orden, Eva Duarte, impusieron al general Ávalos, su jefe, que exigiera la renuncia de Perón. El presidente aceptó el pedido de Ávalos, pero demostró su duplicidad cuando permitió que Perón se despidiera con un mensaje leído por la red nacional de radiodifusión, en el que alertó a los trabajadores sobre el hecho de que su renuncia pondría en peligro sus conquistas sociales.
Dos días después, Ávalos, cabeza un tanto involuntaria del movimiento antiperonista del ejército, fue nombrado ministro de Guerra y el día 11 se removió a todos los otros ministros; además, Perón fue arrestado y enviado a la isla Martín García. Por su parte, los dirigentes gremiales habían comenzado la movilización obrera y el 14 de octubre el médico personal de Perón alegó que éste estaba enfermo y que por eso debía ser trasladado a Buenos Aires. Ávalos, sin medir ningún tipo de consecuencias, aceptó el pedido; así, el 17 de octubre a primera hora Perón fue trasladado al Hospital Militar. Para entonces la respuesta obrera ya era formidable, es decir, miles de trabajadores se concentraron en las barriadas fabriles y marcharon sobre la capital. Ávalos rechazó todas las presiones para usar la fuerza para detenerlos. De esta manera, a la noche una gran muchedumbre ocupaba la Plaza de Mayo, y en ese ambiente se realizaron las negociaciones. Ávalos pidió a Perón que calmara a su gente, los peronistas exigieron la renuncia de Ávalos y del almirante Verdengo Lima. Fue entonces cuando Ávalos cedió y esa misma noche Perón fue convencido por los suyos de que hablara a la multitud. Allí se produjo una de las pruebas más cabales de sus capacidades carismáticas y de sus condiciones de líder. Desde ese momento, comprobada la fidelidad de las masas, Perón no tuvo obstáculo alguno para organizar y promover su candidatura.
Uno de los factores que más incidencia tuvo en la contienda preelectoral fue la publicación del Libro Azul Argentino por el Ministerio de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, en el cual se intentaba demostrar que Perón y el gobierno argentino eran nacionalsocialistas, que se mantenían en permanente contacto con la Alemania hitleriana y que habían contribuido al derrocamiento de gobiernos democráticos de América del Sur.
Perón logró convertir esa publicación en catalizador de su éxito electoral. De esta manera, en los últimos discursos pronunciados antes de las elecciones, no presentaba ya como su adversario a Tamborini (candidato presidencial de la Unión Democrática) sino a S. Braden, a quien señalaba como representante de los intereses norteamericanos, que en combinación con las fuerzas reaccionarias de la oligarquía estaba a punto de socavar la independencia nacional e instaurar un régimen contrario a la clase trabajadora. El llamamiento al orgullo nacional, contenido en la famosa y penetrante fórmula “Braden o Perón” causó su efecto en los sectores más amplios de la población y es posible que hasta haya aportado a Perón y su partido los votos decisivos para su victoria electoral.
Por otra parte, puede ser importante señalar que mientras se desarrollaban los acontecimientos descriptos y la mayoría de los revolucionarios eran acusados de ser partidarios del Eje hitleriano, el mundo estaba en guerra. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) pasó a la ofensiva y obtuvo muchas victorias sobre las tropas del Reich, lo que posibilitó una reunión entre Stalin, Churchil y Roosevelt en donde se decidió abrir un segundo frente. En 1944 Alemania perdió a sus aliados y en 1945 la U.R.S.S. conquistó Viena y Berlín. Se creó la O.N.U. (Organización de las Naciones Unidas) y se decidió dejar a Alemania como Estado único.
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