El profesional de la información en los contextos educativos de la sociedad del aprendizaje: espacios y competencias - Del ayer al presente
Monografía creado por Lic. Nancy Sánchez Tarragó. Extraido de: http://www.bvs.sld.cu/revistas/aci/vol13_2_05/aci02_05.htm
14 de Diciembre de 2005
Periodismo científico
2 - Del ayer al presente
La función del profesional de la información como docente o profesor fue preocupación de numerosos bibliotecarios e investigadores desde el siglo XIX. Michel Lorenzen,3 en un interesante recorrido por la historia de la instrucción de los usuarios en Estados Unidos -país pionero en la instrucción y formación de usuarios- reseña algunas de las opiniones de prestigiosos bibliotecarios de esa época que fueron más allá de los límites de sus bibliotecas y de las tareas rutinarias para llegar a las aulas de los centros de educación superior a impartir cursos y conferencias para la formación de usuarios. Robinson (1880), por ejemplo, consideraba que el principal objetivo de estas clases era convertir a los estudiantes en investigadores reales, capaces de autoeducarse y realizar sus investigaciones sin la ayuda de profesores o bibliotecarios, una idea que constituye un antecedente conceptual de la hoy denominada alfabetización informacional. Otros, como Winsor J, por ejemplo, manifestaron que bibliotecarios y profesores tenían la misma importancia en la educación de los estudiantes y debían trabajar juntos en la preparación y ejecución del currículo.4 Esta colaboración, entre profesores y profesionales de la información, cobra hoy una gran relevancia; así se evidencia en las políticas y los estatutos de las asociaciones de bibliotecarios-maestros y de bibliotecas académicas de Canadá, Australia, Francia, Estados Unidos, Reino Unido, entre otras.
También, las competencias del profesional de la información para asumir funciones docentes en la formación de usuarios fueron motivo de preocupación de los bibliotecarios norteamericanos del pasado siglo. En 1928, Charles Shaw hizo el primer llamado a la formación de bibliotecarios especializados en instrucción, al considerar que hasta ese momento las clases de instrucción o formación de usuarios carecían del rigor científico necesario. Shaw consideraba que era imprescindible una nueva "especie" de bibliotecario que combinara el conocimiento sobre los libros con un entrenamiento en instrucción y habilidades para enseñar.4
En la década de los años 70 del pasado siglo, varios investigadores destacaron la función del profesional de la información que laboraba en las bibliotecas académicas. Entre ellos, Dillon HW, quien señaló que debía existir una posición bibliotecaria que estuviera enfocada principalmente a la enseñanza de habilidades informacionales que apartara otras ocupaciones más rutinarias que podía realizar otro personal de apoyo. Sus afirmaciones realzan el profesionalismo de los bibliotecarios y su efectividad para organizar y conducir la instrucción de los usuarios en las propias aulas.4 Y cabe destacar la postura de
Pearson, quien, en 1978, abordó la necesidad de insertar los programas de formación de usuarios en el currículum de educación superior, estrategia que es hoy el "caballo de batalla" de los programas de alfabetización informacional en la educación superior.
Actualmente, en diferentes formas y variados contextos, diversos documentos emitidos por organismos internacionales, así como por sociedades de bibliotecarios y profesionales de la información confirman la importancia de las entidades de información y de sus profesionales en la promoción del cambio educativo y en el desarrollo de habilidades de aprendizaje autónomo y permanente, enfatizan la importancia del papel docente, de enseñanza, del profesional de la información, así como el valor de la colaboración entre estos y los profesores en los diseños curriculares y que compartan métodos y estrategias pedagógicas. Entre estos documentos, es oportuno destacar la posición de la Association of Teacher-Libarianship of Canada y la Australian School Library Association, las que, en sus documentos rectores, afirman que los programas de alfabetización informacional tienen un impacto positivo en los resultados académicos de los estudiantes cuando los 'teacher-librarian' tienen experiencia docente, estudios de bibliotecología y gestión de documentos para el aprendizaje, y trabajan en cooperación con los profesores en programas flexibles que integran estrategias y habilidades informativas para la resolución de problemas.5,6
Otras organizaciones, como la Association of Research Libraries han señalado el lugar de las bibliotecas en el apoyo a los procesos de enseñanza mediante la definición de indicadores de resultados de aprendizaje (learning outcomes) y el diseño de servicios integrados al currículo para alcanzar estos objetivos.7
Por su parte, la Society of Colleges, National and University Libraries, SCONUL, del Reino Unido, en su documento estratégico titulado "The SCONUL vision: the Academic Library in 2005" destaca la importancia del profesional de la información en el apoyo al aprendizaje en los nuevos escenarios educativos y su liderazgo en el desarrollo de competencias informacionales.8
También, las competencias del profesional de la información para asumir funciones docentes en la formación de usuarios fueron motivo de preocupación de los bibliotecarios norteamericanos del pasado siglo. En 1928, Charles Shaw hizo el primer llamado a la formación de bibliotecarios especializados en instrucción, al considerar que hasta ese momento las clases de instrucción o formación de usuarios carecían del rigor científico necesario. Shaw consideraba que era imprescindible una nueva "especie" de bibliotecario que combinara el conocimiento sobre los libros con un entrenamiento en instrucción y habilidades para enseñar.4
En la década de los años 70 del pasado siglo, varios investigadores destacaron la función del profesional de la información que laboraba en las bibliotecas académicas. Entre ellos, Dillon HW, quien señaló que debía existir una posición bibliotecaria que estuviera enfocada principalmente a la enseñanza de habilidades informacionales que apartara otras ocupaciones más rutinarias que podía realizar otro personal de apoyo. Sus afirmaciones realzan el profesionalismo de los bibliotecarios y su efectividad para organizar y conducir la instrucción de los usuarios en las propias aulas.4 Y cabe destacar la postura de
Pearson, quien, en 1978, abordó la necesidad de insertar los programas de formación de usuarios en el currículum de educación superior, estrategia que es hoy el "caballo de batalla" de los programas de alfabetización informacional en la educación superior.
Actualmente, en diferentes formas y variados contextos, diversos documentos emitidos por organismos internacionales, así como por sociedades de bibliotecarios y profesionales de la información confirman la importancia de las entidades de información y de sus profesionales en la promoción del cambio educativo y en el desarrollo de habilidades de aprendizaje autónomo y permanente, enfatizan la importancia del papel docente, de enseñanza, del profesional de la información, así como el valor de la colaboración entre estos y los profesores en los diseños curriculares y que compartan métodos y estrategias pedagógicas. Entre estos documentos, es oportuno destacar la posición de la Association of Teacher-Libarianship of Canada y la Australian School Library Association, las que, en sus documentos rectores, afirman que los programas de alfabetización informacional tienen un impacto positivo en los resultados académicos de los estudiantes cuando los 'teacher-librarian' tienen experiencia docente, estudios de bibliotecología y gestión de documentos para el aprendizaje, y trabajan en cooperación con los profesores en programas flexibles que integran estrategias y habilidades informativas para la resolución de problemas.5,6
Otras organizaciones, como la Association of Research Libraries han señalado el lugar de las bibliotecas en el apoyo a los procesos de enseñanza mediante la definición de indicadores de resultados de aprendizaje (learning outcomes) y el diseño de servicios integrados al currículo para alcanzar estos objetivos.7
Por su parte, la Society of Colleges, National and University Libraries, SCONUL, del Reino Unido, en su documento estratégico titulado "The SCONUL vision: the Academic Library in 2005" destaca la importancia del profesional de la información en el apoyo al aprendizaje en los nuevos escenarios educativos y su liderazgo en el desarrollo de competencias informacionales.8
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