9 - El coleccionista

Monografía creado por Diana García Simón. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/bomarzo1.html
08 de Septiembre de 2006

1. Las compensaciones del coleccionar

Esa búsqueda se hace tan imperiosa que llega a ser utilizada para equilibrar la faltas que la Naturaleza a impuesto a sus miembros. Así habla el duque en la víspera de su boda:

Visto que yo no lograría mejorar, porque mi caso era de aquellos en que ni el sastre ni el afeite sirven, acariciaba la aspiración de que Bomarzo, mi aliado fiel se presentara lo más suntuosamente, lo más atrayentemente que autorizaran mis medios, para que fuera como una alegoría de su duque...63

Pero el deseo de rodearse de arte va mucho más allá de los preparativos de su boda con Julia Farnese; desde la niñez se muestra interesado en conservar los restos etruscos que los campesinos encuentran en Bomarzo:

... mis idas a Bomarzo (...) me ayudaron a explorar y descubrir lo mejor de mí mismo: la capacidad de disfrutar de la hermosura y de hallarla donde para los demás se encubría, como ausente, en una columna, en un arco...64

Y aquí habla, más que nunca el autor, el coleccionista, quien con motivo de una visita a la Mostra Internazionale dell'antiquariato en el Palazzo Grassi de Venecia (1974), escribe:

Allí se vió el lujo de los muebles cortesanos, pintados y laqueados, los espejos exquisitos, las pinturas religiosas compuestas como escenas de teatro, los retratos de señoril elegancia, los tapices, las porcelana, los mármoles, los bronces.65

Ya entrado en la madurez, Pier Francesco Orsini ordena la construcción de la galería subterránea donde organizar dignamente sus colecciones: un refugio secreto, (lo conocen sólo dos de sus pajes) donde los objetos coleccionados a lo largo de decenios se muestran a los ojos de su señor, libre de miradas extrañas que pudieran enturbiar la magia de la visión:

Allí se apretujaban los instrumentos musicales, los relojes horizontales como brújulas y los complicados como campanarios de abadía; las invenciones de ámbar, de nácar, de coral; los vasos en forma de quimeras, realzados con esmaltes, las peligrosas esferas de cristal de roca; los mosaicos hechos con plumas de aves del trópico; los caracoles; las conchas de peregrinos; los astrolabios; los instrumentos matemáticos; las figurillas de cera (...), los cuernos de marfil; las copas hechas con huevos de avestruz; los aguamaniles de bronce en traza de centauros, de leones, de guerreros a caballo; los fragmentos de cerámica y de barro esculpido...66

Y la enumeración continúa largamente, recorriendo casi todas las latitudes terrestres, deteniéndose en cada detalle que merezca ser preservado de aquellos que no han sido premiados por la inmortalidad.

El duque no sabe de acordes, pero colecciona instrumentos; no va de cacería pero colecciona cuernos de marfil; no participa en los torneos pero se rodea de imágenes de guerreros adornados; siente declinar su fé, y se refugia en la compra de escapularios; intenta ser poeta y fracasa y se consuela comprando manuscritos . Quiere, en fin, ser el reflejo de todo aquello que la naturaleza le ha negado.

2. La excusa histórica

La pasión de coleccionar, la manía de poseer los objetos liberados de las necesidades más urgentes, aparece en el Renacimiento:

Si hasta entonces fue el lujo de carácter público predominantemente, cada vez más adquiere el carácter del lujo doméstico, personal, productor de un placer estético directo.67

Así lo refiere Jacob Burckhardt:

Se empezaron a coleccionar antigüedades de toda especie. Ciriaco de Ancona recorrió, no sólo Italia, sino otras regiones del viejo Orbis terrarum, y trajo consigo multitud de dibujos e inscripciones. Cuando le preguntaron que por qué lo hacía, respondió que "para resucitar a los muertos“.68

Resucitar a los muertos es conquistar una forma de la inmortalidad, complementaria a la otra, la verdadera inmortalidad que Pier Francesco Orsini anhelaba.

Cito a Umberto Eco:

... die wilde Lust am Sammeln, Auflisten, Anhäufen der verschiedesten Dinge entspringt dem Bedürfnis, die Überreste einer früheren Welt zu sichten und neuzubewerten ...69

Y la voz del coleccionista:

... pero lo más arduo consistiría en la catalogación de las piezas eruditas - los textos arcaicos, las leyendas de las lápidas y las medallas - ...70

Finalmente, el duque ha construido la deseada coraza formada por sus colecciones, la barrera de belleza que le hace olvidar su cuerpo. Comienza entonces a pensar en desbordar esa marea hasta sumergir en ella todo Bomarzo- su dominio, la otra forma de su propio yo-: es el origen del Bosque Sacro.

3. Entre anillos anda el juego

El tema de los objetos como nexo de una narración aparece frecuentemente en Mujica Lainez, incluso un motivo puede repetirse de novela en novela, por ejemplo el anillo. En Bomarzo cobra importancia un anillo que Benvenuto Cellini regala al joven duque y que, salvo los meses en los cuales se lo cede a Julia Farnese como prenda amorosa (de muy mal grado, por otra parte), no se separa de su dueño hasta la muerte. A tal punto llega su devoción por el objeto que no duda en dejar a la cortesana un collar de zafiros (regalo de su abuelo), con tal de no cedérselo. El anillo, joya pero escudo protector a la vez, se integra a la persona de Pier Francesco. Sin él, la endeblez de su figura se refuerza. Existe además, otro anillo de importancia en Bomarzo: el de Adriana dalla Roza. La joven luce un topacio en el anular para protegerse de las acechanzas de Eros (Otra vez la protección). Pero la niña enferma, adelgaza, y el anillo amenaza con caer. Es decir, en el lecho de muerte el Eros acechante triunfa sobre el escudo pétreo. El anillo estaba perdido:

Pero el anillo, el mágico anillo que constituía para Adriana una defensa semejante a la de una armadura hechizada, no apareció entre las cuatro paredes.71

Este motivo del anillo viene probablemente de la lectura de los Orlandos: el anillo que el padre da Angélica, tiene la virtud de volverse invisible. El siervo Brunello, mandado por el rey Agramante, roba el anillo y consigue un reino. En Bomarzo, el siervo es Beppo, es decir el hermano bastardo del duque, quien seduce a la joven, obtiene su anillo y paga con la vida su imprudencia.

En El Escarabajo, el anillo que soporta la piedra tallada con la figura del animal sagrado, es el verdadero protagonista de la obra. En su otra gran novela del "ciclo histórico": De milagros y melancolías, vuelve a aparecer el anillo, se trata esta vez de una joya regalada por un buscador de esmeraldas a su amante india; anillo que a la muerte de la propietaria comienza a viajar de mano en mano.

También las pulseras juegan un papel importante, no en sus novelas, sino en sus cuentos: baste recordar la narración La pulsera de cascabeles, incluído en la Misteriosa Buenos Aires, donde el sonoro adorno sirve al tratante de esclavos, ciego, para identificar a las víctimas de su concuspiscencia, y a la vez, como trampa para ser asesinado por un esclavo.

Mujica Lainez fue un auténtico coleccionista: los objetos traídos de Europa por la familia, los comprados por él durante su adolescencia en Paris y Londres, en sus viajes posteriores, las artesanías indígenas, las reliquias de sus antepasados ilustres, los regalos de los mejores artistas plásticos de Argentina, y libros, libros, libros. En cuestión de arte, no era un aficionado, el haber nacido y crecido en el seno de una de las familias más tradicionales de Buenos Aires, rodeado de obras de arte, más tarde sus propias investigaciones como crítico de arte y finalmente su trabajo en la secretaría del Museo Nacional de Arte Decorativo- en el palacio Errázuriz, uno de los más fastuosos de la capital argentina- fueron dejando huella en su literatura:

Soy un maniático de los objetos, como se puede ver en mis libros."72

Mujica Lainez se afana especialmente en la descripción de objetos, y lo hace con tal morosidad, que sus presencias compiten con las figuras centrales, se transforman en figuras centrales de la narración. El es, en ese sentido un tanto pintor y otro tanto arquitecto. Las descripciones de Mujica Lainez son visibles, fotográficas, perceptibles aún en la penumbra que intenta describir:

Siempre he querido mucho a los objetos. He creído más en ellos que en las personas."73

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