4 - Los anacronismos

Monografía creado por Diana García Simón. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/bomarzo1.html
08 de Septiembre de 2006

Pero todo esto no significa que Mujica Lainez deba restringirse a un vocabulario adecuado a la época en la cual transcurre la historia de los Orsini. Muy al contrario: su mirada desde el siglo XX, le otorga libertades, por ejemplo, la inclusión de palabras como: "psicólogo"17, "robot"18, "romántico"19 o "chic"20, y expresiones como: "Comme il faut"21 o "romans-fleuves".22

Tampoco deja de lado la mención de personalidades históricas como Eugenio D'Ors23, Pirandello24, Victoria Sackville-West25 o Hitler26.

En cuanto al uso de términos italianos (hay abundantes, claro está), el autor se atiene la mayoría de las veces a las reglas de pluralización italianas: "condottiero"= "condottieri"; "cortile"= "cortili", pero se dan casos donde estas reglas no han sido aceptadas y el pasaje a la forma plural se realiza de acuerdo a la gramática española: "loggia" = "loggias"; "altana" = "altanas".

Con respecto a los nombres propios, señala de Tomasso la voluntad del escritor de deformarlos deliberadamente, por ejemplo, Buonarroti se transforma en Buonarotti, Cola di Rienzo en Cola di Rienzi, así como también lo hace con los topónimos. Por esta vez, al parecer, no hay motivo de alarma:

... e non è il caso di scandalizzarsi perché è un romanziere e non un storico ...27

Me parece ver en esa deformación tan poco deformada - el mismo crítico titula su artículo Fra dato documentale e fantasia-, una inclinación del personaje histórico hacia la esfera de la ficción, una broma casi, que hace exclamar al desprevenido lector ¿No se escribía Buonarrotti con doble erre?

En Mujica Lainez son los anacronismos no sólo un recurso legítimo, sino un adorno de la prosa, un guiño al lector. Pero el guiño resulta a veces ambiguo, como en el episodio de la humillación sufrida por el conde en la casa de la cortesana (capítulo II):

El perrito maltés, revolcándose en las pieles y derribando la pila de libros que había sobre el piso en un rincón del cuarto, se puso a ladrar ridículamente, como si él también, con su voz aguda, fuera una pequeña cortesana y estuviera burlándose del príncipe Polichinela.28

Vicenzo de Tomasso apunta con todo acierto que, hallándonos en la segunda mitad del siglo XVI, resulta imposible mencionar la todavía no nacida máscara napolitana. Lo que más irrita al estudioso italiano es que el anacronismo interrumpe con brutalidad uno de los momentos de mayor tensión de la novela, y a continuación se pregunta si no estaremos ante una distracción de Mujica Lainez. Personalmente, me inclino a pensar en un hecho deliberado del autor. Estamos en Italia, la escenografía donde tiene lugar la fallida seducción tiene bastante de carnavalesco y si se busca el término más adecuado para definir todo el párrafo, ese es "el ridículo". Ahora bien, pocas imágenes evocan con mayor fuerza expresiva la ridiculez como el Pulcinella, sin olvidar que el autor - relator utiliza la figura de la máscara aplicándola a un animal y que precisamente esta máscara corporiza el símbolo de la ambigüedad sexual característica del duque.

El crítico Montero Cartella opina que Mujica Lainez tiene una forma demasiado artificial de meter en escena sus personajes, refiriéndose al último capítulo de Bomarzo, el referido a la batalla de Lepanto y que tanto placer le procuraba a la madre de Borges. En este fragmento, el duque, apesadumbrado por un matrimonio ficticio decide acompañar a su hijo a la guerra, se inmiscuye en una reyerta callejera en Messina, y es salvado por un joven soldado español que a su vez le obsequia con una edición de la poesía de Garcilaso aparecida el año anterior. El joven soldado es Miguel de Cervantes Saavedra. Ahora bien, Montero Cartelle opina que la situación ha sido construida sin tener en cuenta que a la sazón Cervantes, muy joven, no era conocido literariamente. En primer lugar, el propio yo - narrador reconoce que faltan todavía treinta años para que el joven soldado dé al mundo su obra máxima, o sea, no se trata de presentar un Cervantes poeta, o novelista, sino simplemente aquello que Cervantes entonces era: un soldado del que ni siquiera se recuerda el nombre.

En segundo lugar, la novela está escrita desde la perspectiva del siglo XX, en el cual la figura del soldado transformado en escritor cobra otra dimensión. En tercer lugar, la afirmación:

... el escritor, que se introduce incluso en ocasiones dentro de la novela y habla en primera persona, describe los pensamientos del duque como algo vivido por él ...,29

me resulta un tanto falta de rigor, porque en realidad, no es posible separar a lo largo de los centenares de páginas cuando habla uno y cuando lo hace el otro; además prácticamente toda la novela está escrita en primera persona, a excepción de algunos fragmentos que analizaré más adelante al dedicarme al tema de la autobiografía.

Llama la atención asimismo, el juicio de Montero Cartelle:

... una personalidad capaz de matar (...) no sólo a sus enemigos, sino incluso a sus hermanos...30

Bien, para comenzar la crítica, los cánones morales de los príncipes renacentistas no son los de los filólogos del siglo XX, y en segundo lugar basta leer el primer capítulo de Bomarzo, para saber qué clase de personas eran el padre y los hermanos del protagonista, seres capaces de encerrarlo, maltratarlo, humillarlo. ¿Quizás para el crítico español es posible imaginar enemigos más crueles?

Volviendo a Vicenzo de Tomasso, hay aportaciones con las cuales estoy totalmente de acuerdo, por ejemplo en las siguientes frases puestas en boca del padre de la prometida de Pier Francesco Orsini:

Julia accede a tu pedido, caballero, (...) con tanta alegría como yo. La he consultado porque soy un hombre moderno.31

Realmente aquí no hay disculpa posible, al tratarse de la referencia textual de un personaje y no de la referencia indirecta.

En cambio, no coincido con Vicenzo de Tomasso cuando señala a las siguientes frases como - alejadas del límite de la credibilidad:

En ese como en otros aspectos eran muy italianos.32
Ni siquiera su maravillosa astucia italiana, rica en heredadas sutilezas hipócritas ...33
Me entregué con júbilo al hechizo, tan italiano, del disfraz.34

El uso del gentilicio no excluye automáticamente al hablante, y esta es una característica del español con respecto a otras lenguas (alemán, italiano), en las cuales, frases como: Los argentinos amamos la literatura, no son posibles sin agregar al gentilicio el pronombre correspondiente (por coincidencia de la forma verbal). Aquí al referirse a virtudes, características o usanzas de los italianos, no hace más que tomar una discreta distancia, perfectamente entendible, si se tiene en cuenta que la novela está escrita desde la perspectiva del siglo XX, y el narrador informa sobre ciertos aspectos que el lector podría ignorar. Algo parecido ocurre con el término intelectual usado como sustantivo. Otra pregunta sería si el escritor se puede permitir la libertad de escribir Vaticano como sinónimo de Iglesia Católica, expresión que Vicenzo de Tomasso califica de grossolano errore.

Por último, si aceptamos la presencia de un narrador simbiótico Orsini- Mujica Lainez, quedan fuera de lugar (y es una lástima porque el artículo es excelente), las calificaciones de fastidiosi e incluso insoportabbili que hace Vicenzo de Tomasso al referirse a otros pasajes de Bomarzo como:

Allí convivían las modas de un mundo que todavía no se había entregado a la vulgaridad repetida e imbécil de lo uniforme.35

Y un fragmento de Mujica Lainez "privado", (que el propio de Tomasso cita):

Concientes de que nos ha tocado vivir en un mundo desprovisto de gracia ...36

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Monografía de Diana García Simón. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero21/bomarzo1.html CopyLeft
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