"Vi sorge in mezzo un sasso che la cima
d'un bel muro d'acciar tutta si fascia ..."
Orlando Furioso. IV. 12-15
Desde albores del Renacimiento, se ha interpretado el laberinto como el camino de la difícil prueba que es necesario superar para penetrar en un nuevo mundo o en un nuevo estado. Ese tránsito puede significar tanto el pasaje de la muerte a la vida eterna, como el pasaje para penetrar en un mundo nuevo, o en un nuevo estado (por ejemplo, el camino del descubrimiento de los placeres en el Templo de Venus: el amor carnal), o simplemente representar una lucha o danza, a veces sin comienzo ni final (es decir, sin entrada ni salida). El punto en el cual coinciden casi todos los autores, es el del enfrentamiento del héroe con su propio yo, con la naturaleza rechazable y despreciada.
A partir del siglo XVI, el laberinto se ha desacralizado, -se desliga al menos formalmente del servicio a una religión - mientras aflora el aspecto lúdico, el "puro giuoco".
Como un estudio un tanto detallado de la significación histórica o psicoanalítica, escaparía a los límites de este trabajo y de mis propias limitaciones, me remitiré a lo que atañe al laberinto creado por el duque de Bomarzo.113
Los laberintos114 grabados en jardines fueron en el siglo XVI norma común de los propietarios de mansiones campestres, donde el lujo y la fantasía parecían no tener límites, son los llamados "jardines a la italiana".
La fascinación de los laberintos corría paralela a la fascinación por los jeroglíficos, y a nadie importaba que los signos quedaran sin descifrar.
El señor de Bomarzo no fue la excepción de su tiempo, pero sí el tema de su jardín, que habla de:
... un viaggio, di un percorso, avente l'aspetto del mistero, della pericolosità, dell'orrore, della purgazione, della perdita del retto cammino ...115
Bomarzo es, asimismo el campo de batalla de un hombre contra su especie, de un hombre contra su destino de inmortalidad y contra las propias imposiciones de su tiempo: una sociedad que no hubiese dudado en destruir una construcción a ojos vistas "monstruosa".
El propósito del duque, "cittadin de'boschi", fue domeñar la naturaleza del paisaje etrusco (la antigua Polimartium, hoy Bomarzo), con figuras que preanuncian las visiones de Max Ernst, Kafka, Gaudí o los surrealistas116 . Figuras que bordean la esquizofrenia. Un zoológico de lujo que compite con la vegetación y que ordena (más que invita), a recorrer el bosque con "ciglie inarcate"117 (como se lee en la base de una de las esculturas).
Su ideal estético consistió en buscar formas conocidas (personas, animales), para luego someterlas a su capricho: agregar o quitar perfecciones (el concepto de perfección es de todas formas discutible), o bien aproximar a su cotidianidad elementos perdidos para siempre (sus muertos). El bosque, una suerte de diccionario privado, resulta:
un universo piccolissimo e illusionisticamente inmenso, che egli può controllare e visitare quando vuole, come in un ideale" voyage autour de ma chambre.118
Su deseo fue, en definitiva, usar del absoluto poder de crear según cánones propios; repetir en sus dominios lo que la naturaleza había inscrito en su propio cuerpo: la deformidad hecha belleza.
Schönheit muß gnadenlos sein, terroristisch, atemraubend, dämonisch-verwirrend.119
El duque fue simultáneamente, Dédalo y Minotauro, constructor y prisionero de su obra.
Roberto Calasso120 hace hincapié en que el deseo de crear un laberinto en Creta estaba guiado por la vergüenza: esconder la deformidad del hermanastro Asterio. Pier Francesco, si bien hijo legal del Duque de Bomarzo, es tratado por su familia como un elemento espúreo (existen incluso sospechas de infidelidad marital sobre una de las mujeres de la prosapia), que condena a su linaje a la vergüenza. Sin embargo, es él mismo quien construye su propia jaula.
Por otra parte, se habla de la naturaleza bivalente del monstruo (Minotauro), mitad humano y mitad bestia, pero presumiblemente mitad femenino y mitad masculino (se le ofrendan siete doncellas y siete jóvenes), lo cual remitiría también a la ambivalente naturaleza del joven duque.
Es necesario construir objetos y generar monstruos para que siga reinando el poder de la metamorfosis... 121
Dédalo, Minotauro y el mismo Zeus en una misma persona, que metamorfosea su propia apariencia para no mostrarse nunca tal cual es. La falta de fe y aún la herejía122 flota en la alucinada atmósfera que, de alguna manera emplea la anamorfosis - tan de voga en la época en Italia (algunos autores le atribuyen a Leonardo la autoría) - la "cara oculta de la perspectiva", cuyas deformaciones ópticas parecían responder a influencias infernales.