12 - La bella Adriana

Monografía creado por Diana García Simón. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/bomarzo2.html
16 de Septiembre de 2006

En medio de su desesperado amor por Abul, el duque busca refugio en otros amores, igualmente platónicos. A su llegada a Florencia, Pier Francesco no sólo conoce a Abul, sino a Adriana dalla Roza. La joven, aristocrática y hermosa, se preparaba para su entrada en el mundo social donde seguramente habría alcanzado brillo sino hubiese enfermado misteriosamente, muriendo poco después. Quizás la jovencita hubiese cambiado el rumbo de la vida del futuro señor Orsini, por lo pronto es la inocente responsable del primer crimen: ciego de furia y celos, el joven Orsini ordena la muerte de su medio hermano, acusándolo de haber seducido a Adriana en su lecho de muerte.

Pero antes de llegar al terrible desenlace, Pier Francesco recibe una señal negativa: caminando por las calles de Florencia, se detiene a escuchar la canción de un ciego que relata la historia de Ginebra. El padre de la joven quiere obligarla a casarse con el jorobado de Ravena, aún cuando Ginebra ama a un apuesto joven. Ginebra accede a la voluntad paterna, pero la unión no se consuma, mientras que su secreto amante entra en la casa disfrazado de mujer (otro caso de travestismo). Los amantes asesinan al confiado esposo y heredan sus bienes.

Cuando concluyó el cuento, nadie osó aplaudir. Unicamente el ciego se reía ...178

Adriana dalla Roza no es un personaje inventado, su tumba está en Santa Maria Traspontina, donde fue bautizado Pier Francesco. Además aparece en el diálogo Il Raverta, que Giuseppe Betussi dedicó en 1544 a Pier Francesco (llamado Vicino) Orsini, para consolarlo de la desaparición tan prematura de su amada:

Morta è colei, ch'avuto ha un tempo in mano
L'anima e 'l cor, non che i pensier di voi,
Colei che già d'appresso e di lontanto
Nel vostro Amor temprò gli affetti suoi,
Colei che per sentier solingo e piano
Tornando al ciel lasciato ha in terra noi.179

Ahora bien, Vicenzo de Tomasso opina que con seguridad el escritor argentino había utilizado esta fuente, y se muestra sorprendido por la pintura que Mujica Lainez hace del duque: jorobado, cojo, deforme, a pesar de lo expresado en los párrafos siguientes, también debidos a Betussi:

Del vostro ingegno angelico e celeste,
De la bella alma, e del pensiero ardente
Di purissimo foco, ed immortale
Fa chiarissima fede ad ogni gente
La bellezza, che in don dal cielo aveste,
Non come in molti, in voi poca e mortale,
Ma immensa e fatale.
uesta negli occhi, e in tutto il viso vostro
Fatto avendosi seggio eterno, e solo,
Tempra ogni affanno, e duolo,
Che potesse ingombrar l'animo vostro;
E voi rende sì caro a tutto il mondo,
Ch'altro più non ha, n'più giocondo.

Del quale (Vicino Orsini) e tale e sì fatta la bellezza, che ancora non è diffinita la tenzone nata tra l'anima e 'l corpo per lui; se siano maggiori o le sue virtù e bellezze interiori giunte a tal grado di perfezione, che più crescer non puonno, o le proporzioni, colori, e linee esteriori; delle quali l'invidia ancor né gode né può dargli menda.180

Bueno, la adulación cortesana es por todos conocida, y muy especialmente por Mujica Lainez:

Quienes han escrito sobre mí, con áulica retórica, silenciaron esos defectos prudentemente.181

Mujica Lainez había leído a Betussi con toda seguridad, ya que lo menciona y en cuanto a las taras físicas, ahí está el supuesto retrato pintado por Lorenzo Lotto donde el juego de luces y sombras no deja entrever nada de lo que hubiese estropeado la belleza del óleo, y fundamentalmente la paga del pintor.

Al parecer la desviación de la columna vertebral, la giba y el acortamiento de la pierna eran caracteres genéticos en la familia Gonzaga, más tarde emparentada con los Orsini, consecuencia quizás de la endogamia (Pier Francesco se apellidaba Orsini por rama paterna y materna). Pero eso tampoco es muy importante: lo que cuenta es que, realidad o ficción, Mujica Lainez quiso que su creatura fuese deformada, pero nada dice de su fealdad, muy por el contrario. Describe con admiración los negros ojos del duque, el delicado dibujo de la boca, la transparencia de la piel, la nariz recta, la belleza de las manos. Por lo tanto, el escritor es, una vez más, absolutamente fiel a las fuentes.

Volviendo al objeto del desgraciado amor, el verdadero nombre de la joven no era Adriana dalla Roza, sino dalla Rosa. Este procedimiento estilístico ya ha sido mencionado a comienzos de este trabajo, pero no quisiera dejar totalmente de lado el pensamiento que, en este caso en particular, no se tratase de una referencia irónica del autor: uno de los gobernantes más tristemente conocidos de la República Argentina, de supuesto origen semítico, hizo cambiar su apellido Rozas, por el de Rosas.182

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