Hemos definido ya como característica prioritaria de la ficción sentimental el análisis del sentimiento del amor. El fin último de las novelas sentimentales consiste en mostrar cómo una persona pasa de un estado normal a una situación extrema debido a la pasión amorosa. Lo demás es accesorio: en palabras de José Luis Canet, “poco o nada importan los antecedentes, la descripción física de los personajes, ni la definición espacial ni temporal”.17
No debemos olvidar, por otra parte, la relación de los textos de la ficción sentimental con los tratados universitarios, tan pedantes cómo aquéllos. Las novelas sentimentales, en su intento de analizar el proceso de enamoramiento, se constituirían como una especie de casos prácticos en los que el padecimiento concreto de los enamorados funcionaría como un exemplum. En este sentido, el análisis del sentimiento amoroso que aparece en la ficción sentimental tendría un fin eminentemente didáctico.18
La cuestión se presenta, pues, compleja, pues existen muchos puntos de vista desde los que abordar el asunto. Analizaremos, en primer lugar, la postura que del amor tenía la Iglesia en el Medioevo. Mostraremos a continuación la concepción del enamoramiento visto como una enfermedad. En tercer lugar demostraremos como los autores consideraban que el amor se iniciaba con el deseo del objeto amado. Para acabar, hablaremos sobre si existía un conflicto o no entre la voluntad y la razón de nuestros protagonistas sentimentales.
a) El punto de vista eclesiástico.
Le debemos a los teólogos gran parte de la teoría psicológica medieval, puesto que les interesaban tanto como a nuestros autores sentimentales el análisis del alma, de las facultades mentales, de la voluntad, etc. Sin embargo, muy poco benévolos fueron los clérigos con el sentimiento amoroso presente en las ficciones sentimentales ya que no lo supieron distinguir de la concupiscentia o lujuria. La pasión amorosa, por consiguiente, según la Iglesia, es un pecado, incluso si se siente por la propia esposa. Es con esta perspectiva que podemos comprender que Diego de San Pedro, junto con otros escritores de la ficción sentimental como Rodríguez del Padrón, acaben retractándose de su obra amorosa, al final de su vida.
b) El punto de vista médico.
Para abordar el punto de vista de la medicina, la crítica ha rastreado los tratados médicos medievales y ha encontrado que el enamoramiento está incluido en ellos como una de las variedades de la locura y, como tal, discuten la causa, la diagnosis, el pronóstico y el remedio de tal enfermedad. Esencial para Whinnom19 son las palabras de Arnaldo de Vilanova, quien dice que el alma noble es la más sensible al amor, lo que está en concordancia con lo que hemos dicho anteriormente sobre el elitismo del amor cortés. Esta idea la ratifica San Pedro en el lamento de la madre de Leriano en la Cárcel de amor, la cual alaba a los bajos de condición por no sentir tan fuertemente como los que, al igual que su hijo, tienen sutil entendimiento.
Los tratados médicos medievales desarrollaron, de hecho, un conjunto de teorías variadas que explicaban el proceso psicológico, -o mejor, psicosomático- por el que una persona contraía la enfermedad del amor. Avicena, por ejemplo, consideraba que el amor no nacía como enfermedad en sí, pero podía adquirir formas morbosas cuando, no siendo satisfecho, devenía un pensamiento obsesivo; y todo ello a causa de la memoria, que reproducía constantemente el objeto amado en la mente de quien amaba.
Si los impulsos de los sentidos no se satisfacían, el sujeto amador podía peligrar de muerte, puesto que alcanzar el objeto deseado se convertía en la única condición de existencia del enamorado. Como indica Ciavolella, “L’oggetto del desiderio diventa una idea ossessiva che polariza tutta l’attività cogitativa dell’uomo (...) e ciò conduce l’uomo a giudicare con fallacia, a seguire cioè l’oggetto del desiderio come se ciò fosse l’unico bene”.20
En cierto modo, vemos en la Cárcel de amor como se corrobora esta enfermedad del amor, pues Leriano se convierte en un enfermos patológico que únicamente está pendiente del transcurso de sus escarceos amorosos. Por otro lado, la consideración del objeto amado como único bien se engarza perfectamente con la idea de divinización de la amada de los trovadores corteses.
c) El deseo de la belleza.
Acabamos de ver como el amor entendido como pasión busca la posesión del objeto deseado. Pues bien, siempre sucede que la llama amorosa se enciende en los enamorados sentimentales a través de la visión de la belleza física de la amada, que, además, está acompañada por la virtud. Para que se inicie el proceso amoroso entre el amante y la dama, se debe admitir necesariamente la perfección de la dama, no sólo en el plano físico, sino también en el moral. Por ello, no debe sorprender la defensa y alabanza de las mujeres, hecha por Leriano antes de morir; defensa que radica, por otro lado, en las virtudes cristianas.
d) El conflicto entre deseo y razón.
Tradicionalmente se describe al enamorado de la ficción sentimental como un “enajenado” cuya razón es incapaz de hacer frente a la voluntad: el amante rinde su libertad, renuncia a su libre albedrío y al dominio de sí mismo. Visto así, el amor aparece como pasión y no como arte ovidiano, y lo podríamos definir como una fuerza externa que ataca al individuo y de la que nadie se puede librar. Canet Vallés lo define como un fatum, capaz de modificar las conductas de los más fuertes21. Así, en la Cárcel de amor, el amor de Leriano es una fuerza incontrolable a la que es imposible oponerse: “Ordenó mi ventura que me enamorase de Laureola” (p.89). Cuando Amor manda aparecer e su presencia a las cuatro facultades, Entendimiento, Razón, Memoria y Voluntad, vemos también que consienten todas. Leriano, pues, queda abandonado a merced del Amor: “Como los primeros movimientos no se pueden en los ombres escusar, en lugar de desviallos con la razón, confírmélos con la voluntad, y así de amor me vencí, que me truxo a ésta su casa, la qual se llama Cárcel de amor” (p.89). Wardropper22 advierte, sin embargo, que en los episodios caballerescos del relato, Leriano razona lógicamente. Pero “dexadas las obras de guerra, bolvióse a las congoxas enamoradas” (p. 148) y vuelve a convertirse en el amante sentimental perfecto.
Para acabar el apartado, me gustaría plantear un problema que creemos no ha sido suficientemente atendido por la crítica. Nos referimos al problema de la responsabilidad: ¿es Leriano responsable de la tragedia que causa?, porque si nos atenemos a la definición de los médicos, resulta que nuestro héroe sentimental es un pobre desgraciado que ha perdido la capacidad de discernir correctamente, es decir, que ha perdido su libre albedrío. Por otro lado, si entendemos el amor pasión como fatum ante el cual no hay resistencia humana posible, también podríamos eximir a los galanes sentimentales. Dejaremos la cuestión planteada, y tan sólo ofreceré mi opinión: Leriano es consciente y, por lo tanto, responsable de su tragedia. Es más, con su conducta llega a comprometer seriamente el honor de Laureola. Como trataré de demostrar más adelante, el fin perpetrado por Leriano es el del matrimonio, y a punto está de conseguirlo si no es por la actuación de la Fortuna, un fatum que, muy oportunamente, funciona como un verdadero Deus ex machina que frustra las aspiraciones del enamorado Leriano.