Uno de los motivos que más le sorprenden al lector moderno cuando se enfrenta con un texto como la Cárcel de Amor es el comienzo alegórico de la obra. En un primer momento, el lector permanece atónito al conocer a un personaje tan pintoresco como el Deseo y una morada tan singular como la Cárcel de amor. Nos encontramos ante lo que Whinnom denomina una alegoría perfecta, es decir, una alegoría “en la que no se encuentra ninguna huella léxica que explique sentido, y hacen falta las aclaraciones de Leriano en el segundo capítulo para entenderla correctamente”1. Se trata, por consiguiente, de una descripción inicial con dos partes: la alegoría de la cárcel y su explicación verificada en el parágrafo siguiente a través de las palabras del preso al autor.
Esta manera de desmenuzar la pasión amorosa de Leriano no es original de Diego de San Pedro. El recurso de la alegoría ya se había dado con frecuencia en las primeras novelas sentimentales, y es muy probable que la alegoría inicial de la Cárcel de amor sea un préstamo tomado por San Pedro de las obras iniciadoras de la ficción sentimental2. Por otro lado, los materiales alegóricos contenidos en las novelas sentimentales no son autóctonos, sino que tienen origen francés. Así, además de la celebérrima novela alegórica gala, el Roman de la Rose, habría que añadir otras menores con contenidos alegóricos, como el Desert d’Amours y la Prison d’Amours, obras que no escaparon a la atención de nuestros prosistas del siglo XV.3
Sobre la función de la alegoría en la Cárcel de amor, la crítica está dividida. Algunos, como Whinnom, entienden que la alegoría es un recurso útil porque “permite a San Pedro explicar, de un modo artístico y ameno, toda una psicología de la pasión amorosa”4. Si resulta poco menos que farragoso retener una clara imagen visual de cómo es la prisión de Leriano es debido a la propia complejidad del fenómeno del apasionamiento, como indica Whinnom, pero en cualquier caso, la alegoría serviría perfectamente para ofrecer una interpretación plástica de las ideas abstractas medievales sobre el amor. Para otros autores, en cambio, como José Luis Varela, la alegoría no es más que un resabio heredado de las primeras obras de la ficción sentimental: “la alegoría es, en San Pedro, una concesión enojosa, un ornato superfluo, una hojarasca embarazosa, de la que el autor se olvida afortunadamente a la hora del desenlace argumental”5. También Rohland de Langbehn6 considera que en Diego de San Pedro, la alegoría de la cárcel, junto con elementos como las poesías, los duelos, las arengas, la liberación de Laureola, la defensa de las mujeres, el llanto final de la madre, etc., pueden estudiase de forma independientemente de la fábula sentimental. Disiente de estas posturas Bruce W. Wardropper7, quien considera que la alegoría se encuentra presente durante toda la obra. No hay que olvidar, nos recuerda Wardropper, que la alegoría aparece otra vez de manera explícita cuando el autor regresa de la corte, portador de la carta de Laureola; es entonces cuando los centinelas de la cárcel de amor huyen, y parece que se desvanece la prisión. Sin embargo, Wardropper, estudiando el lenguaje de la novela, admite que no desaparece la alegoría totalmente del relato. Concluye Wardropper que la Cárcel de amor ha de interpretarse “como una visión en la cual hay un suave tránsito de la alegoría a la realidad”. Esta presencia más o menos patente de la alegoría durante toda la obra nos llevaría a rechazar la tesis tradicional que confiere un papel marginal al recurso de la alegoría en la Cárcel de amor. Además, no hay duda de la importancia de la alegoría inicial en lo que se refiere a la descripción del sentimiento del amor de Leriano, como analiza Wardropper en otro lugar8. También Armando Durán considera que la función de la alegoría es esencial desde el momento en que la tragedia de Leriano ya queda, en cierto modo, trazada en estas primeras líneas, y, como indica Durán, lo que sigue, la historia sentimental, es simplemente una “exégesis de esa alegoría”.9
Como conclusión final, pues, remarcaríamos la idea de que la alegoría inicial de la cárcel de amor comprende íntegramente el conflicto amoroso del protagonista, y, además, nos da incluso indicios del desenlace del relato, por lo que resulta evidente que los intentos de marginar esta unidad o “anilla” narrativa de la Cárcel de amor son injustificados.