Después como ha ocurrido tanto y tantas veces el cristianismo le ha dado su propio significado para que los rituales paganos fueran sacralizandos y transformados en celebraciones religiosas a fin de atraer al pueblo hacia el nuevo credo. La celebración del Samheim, por ejemplo –(los celtas celebraban el 31 de Octubre)- era la Puerta del Mas Allá, pero la Iglesia la convirtió en la fiesta de Todos los Santos. Si nos fijamos en el simbolismo de Halloween, comprobaremos sin embargo que tiene más de ritual celta que de cristiano. Pero este es solo un ejemplo, porque en realidad cada solsticio tenía su ritual y curiosamente la cristiandad a partir de la edad media, fue adoptando e incorporando a su liturgia las celebraciones que coincidían con las estaciones, con el fin de cristianizar el paganismo.
El tema es apasionante y extenso, pero vamos a centrarnos en la celebración de de San Juan la noche mas corta del año en el hemisferio norte. Próximamente iremos profundizando en cada una de las celebraciones paganas según se aproximen las fechas.
En los albores de la humanidad los primitivos habitantes del planeta comprobaron que a partir de un día, (ellos desconocían la razón) el sol fue perdiendo fuerza y horas de luz hasta llegar el invierno en el que los rayos eran sumamente débiles y pensaron que un día, el astro desaparecería y no volvería mas; y temieron por su supervivencia; ellos no sobrevivirían si su luz, así pues, comenzaron a invocarlo pidiendo protección mediante ritos y celebraciones. Y el Fuego fue la antorcha de oración, símbolo de luz y de calor que alumbrando la oscuridad nocturna con la hoguera, atraía el favor del divino logo en la esperanza que los males se alejasen.
Los druidas llamaron a este ritual Alban Heruin. Y cada año en la misma fecha para conmemorar el poder del sol, encendían hogueras y hacían rituales buscando la bendición para las tierras y sus frutos, así como buenos augurios para los enamorados y fertilidad para las mujeres.
En Grecia este día, y coincidiendo con el solsticio de verano, se dedicaba al dios Apolo. Los griegos encendían grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a las hierbas recogidas en aquellos días.
Esta tradición se ha continuado a través de los siglos, como si fuera una pauta genética instalada en nuestra cadena de ADN. Veintiún siglos después realizamos en las mismas fechas durante esa noche, todo tipo de rituales relacionados con el fuego purificador que destruye el mal prolongando la vida y concediendo la prosperidad. En esta noche, la luz reina sobre las tinieblas, y desde todos los rincones del planeta se encienden hogueras en las calles, la gente baila y salta por encima del fuego donde se quema todo lo dañino y perjudicial con la esperanza y el sueño de un mañana mejor .
Una vez mas y sin importar de donde surgió la idea ni como la celebración cruzo el océano en uno u otro sentido, nos encontramos con que los pueblos de América tenían rituales muy parejos a las nuestras y con el mismo objetivo.
En México, los guerreros aztecas estaban dedicados al sol y cooperaban con el en la “renovación de los fuegos”. Por su parte los Incas del Perú festejaban, el Inti-Raymi (o la fiesta del Sol) en la impresionante explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. Justo en el momento de la salida del astro rey, el inca elevaba los brazos y exclamaba: “¡Oh, mi Sol! ¡Oh, mi Sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. ¡Oh, mi Sol!”, según cuentan B. Ortega y A. Solares.
Siguiendo con la trayectoria global para los indues Indra es el fuego primordial y es adorado de la misma forma y en las mismas fechas. Las cenizas se conservaran por todo un año y algunos de sus habitantes pueden leer el futuro mediante la formas de las llamas de las hogueras.
La Tradición bíblica cuenta que Zacarías recibió en sueños al arcángel Gabriel quien le notifico que iba a tener un hijo, pero nuestro contactado no lo creyó porque su mujer Isabel, era estéril: En castigo Zacarías quedo mudo, hasta el nacimiento de su hijo Juan que seria después el llamado Bautista. En agradecimiento a Dios, Zacarías repartió por el pueblo hogueras de fuego que el mismo saltaba por encima de las llamas mientras recitaba cánticos de bendición al altísimo y anunciaba el nacimiento de su hijo. Y eso es lo que la Iglesia catolica conmemora el 24 de Junio, el nacimiento de Juan Bautista.
Pero con cristianismo o sin el, en la Europa mediterránea, nuestros antepasados cuando llegaba el verano hacían
limpieza de sus casas a fin de desinfectar de parásitos y alimañas sus hogares. Así pues, el día del solsticio sacaban a la plaza del poblado aquellas pertenencias viejas y deterioradas que se había convertido en inútiles para su uso y mediante un ritual purificador invocaban a sus divinidades, añadiendo hierbas aromáticas a la gran pira de despojos, para que atrajeran salud y prosperidad al pueblo, y una vez todos reunidos en torno a esta enorme falla cósmica prendían fuego mientras cantaban y bailaban en ofrenda generosa a la divinidad del sol.
En otras tradiciones era costumbre entrar en el río o en el mar para purificarse de todas sus faltas y después daban tres vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj alrededor de la hoguera para “deshacer el mal” mientras cantaban las odas rituales que los místicos de la época habían creado para la ocasión acompañándose con sus instrumentales. Para completar la fiesta, realizaban un gran banquete, en el que relataban su tradición trasmitida de padres a hijos, recitaban su historia, batallas y logros en forma de poesía y compartían y confraternizaban entre todos ellos sin hacer diferenciaciones.
Hay otras muchas tradiciones de esta noche en el mundo como estas pero son bastantes similares entre ellas.
Entre los beréberes de África del norte (Marruecos y Argelia) durante la fiesta llamada Ansara el 24 de junio, encienden aun hoy en día hogueras que producen un denso humo considerado protector de los campos cultivados. A través del fuego, como si de un sahumerio se tratara purifican los objetos y utensilios más importantes del hogar. Los beréberes las encienden en patios, caminos, campos y encrucijadas y queman plantas aromáticas. Prácticamente ahuman todo, incluso los huertos y las mieses. Saltan siete veces sobre las brasas, pasean las ramas encendidas por el interior de las casas y hasta las acercan a los enfermos para purificar e inmunizar el entorno de todos los males. Lo cierto es que esta costumbre berebere de celebrar el solsticio es preislámica porque se basa en el calendario solar, mientras que el musulmán es lunar.