



Dos personajes puros, marginados, los únicos de los que con palabras de Machado se puede decir que son en el buen sentido de la palabra buenos. En ellos está tal vez contenido el doble ideal de Clarín: el ideal de la religiosidad auténtica y tolerante y el ideal de la vida en contacto con la naturaleza.
Este doble ideal ético, que Clarín opone como un espejo crítico a la corrompida sociedad vetustense, no se encuentra tan alejado del krausismo, sino que, por el contrario, refleja una de las concepciones más características del mismo: la idea de la unidad del Espíritu y la Naturaleza en la Humanidad.
Evidentemente, ni Frígilis ni Camoirán son portavoces, ni siquiera símbolos de este ideal. Pero en la síntesis del hombre apasionado por la naturaleza y del hombre auténticamente religioso encontramos el ideal krausista de que, lejos de dogmatismos, sea posible la fusión de la ciencia con la religión.
Con ello no hacemos la afirmación categórica de que La Regenta sea una novela krausista, pero sí ponemos de manifiesto lo que del krausismo madrileño de Clarín queda impreso en esta obra monumental. Ya hemos visto que no se trata tampoco de una novela de tesis y no hemos de buscar un mensaje en el trasfondo de la novela.
Por ello, podemos concluir que así como Clarín no fue en ningún momento ni un krausista ortodoxo ni un positivista ortodoxo -aunque se dejó influenciar por ambas doctrinas-, La Regenta no es tampoco encuadrable con precisión: es una novela naturalista, pero se aparta de algunas de las reglas del naturalismo ortodoxo y mantiene en su trasfondo la marca indeleble que el krausismo marcó en el espíritu del joven Leopoldo Alas y de tantos españoles de fines del siglo XIX.
|