Inicio / Wikis / Monografías / El universo filosófico de La Regenta - La formación intelectual de Leopoldo Alas

El universo filosófico de La Regenta - La formación intelectual de Leopoldo Alas

Monografía creado por Miguel Angel de la Cruz Vives. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/regenta.html
29 de Agosto de 2006
Historia de la literatura

2 - La formación intelectual de Leopoldo Alas

Pocos hombres había en la España de su tiempo que pudieran compararse con Leopoldo Alas en cuanto al seguimiento puntual de los distintos movimientos filosóficos, políticos y literarios de dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, adscribir a Clarín a un movimiento o tendencia específico es inútil. El mismo reconoce en ocasiones su oportunismo y su biografía muestra cambios de orientación que evidencian la insatisfacción de quedarse anclado en un puerto, la necesidad del peregrinaje cultural continuo a impulso de lecturas ávidas de todo lo que se escribe en España y Europa. Krausismo, positivismo y espiritualismo van jalonando sucesivamente las etapas de su pensamiento, pero Alas no estará nunca completamente comprometido con ninguna de estas tendencias.

Terminados sus estudios en la Universidad de Oviedo en un tiempo excepcionalmente breve (se licencia al cabo de dos años en Derecho civil y canónico) se traslada a Madrid con una doble intención: por un lado, estudiar Filosofía y doctorarse en Derecho; por otro lado, entrar en contacto con el ambiente intelectual de Madrid. Es allí donde Leopoldo Alas va a encontrar como profesores de la Universidad Central a los discípulos de Sanz del Río: Canalejas, Salmerón, Giner de los Ríos, Azcárate, etc. Con alguno de ellos, como Giner de los Ríos, entablará una estrecha amistad.

Cuando el decreto de Orovio desplaza a los krausistas de sus cátedras, Clarín publicará artículos en El Solfeo y La Unión, asumiendo la defensa de los krausistas frente a los ataques de la derecha más conservadora.

El 1 de julio de 1878 lee su tesis doctoral, dedicada a Giner, bajo el título El Derecho y la Moralidad. En su tesis, Alas asume los postulados krausistas de Sanz del Río, Giner y Ahrens4. No es muy original pero es suficiente para que se considere al ser publicado en forma de libro como "uno de los mejores de la producción krausista"5.

Algunos comentaristas consideran que Leopoldo Alas permaneció toda su vida fiel al krausismo. Así, por ejemplo, Antonio Ramos-Gascón:

...En su tesis revela Alas la profunda influencia que el pensamiento krausista ejerció sobre él en las clases de la Central. Aunque a veces se haya dado a entender otra cosa, Alas nunca renegó del krausismo. Pero dada su curiosidad intelectual y espíritu abierto, no es extraño que tuviera palabras de recriminación para los que durante tiempo y tiempo cerraban los ojos al progreso científico y, amparándose en la fidelidad a la "doctrina", intentaban ocultar su pereza mental. Creo que este es el sentido de su conocida declaración de 1880, "no está mal haber sido krausista a los veinte años; lo temible es ser un attaché toda la vida". Conviene advertir, además, algo con frecuencia olvidado: si bien es cierto que Alas se separa del idealismo estético al interesarse por el movimiento naturalista, la influencia de Krause será duradera y bastante acusada, por lo que se refiere a su pensamiento jurídico de madurez6.

Es indudable que el krausismo ejerció una influencia profunda en Leopoldo Alas. Al fin y al cabo era, en la época de su juventud, la única corriente filosófica que se oponía al pensamiento oficial ultraconservador, pero suponer a un Clarín inmovilizado en los conceptos krausistas es tanto como negar su personalidad inquieta, ávida de conocimiento, fluyente. Es posible, incluso, que su adhesión al krausismo sea oportunista. Aceptar la defensa de los krausistas perseguidos no significa aceptar la totalidad de sus postulados. Ni siquiera su tesis doctoral, lo más krausista de su producción, supone una aportación sino simplemente una aceptación metodológica. Desde el punto de vista doctrinal nada le debe el krausismo a Clarín, aunque le deba -y mucho- en cuanto a la lealtad que mantuvo en los tiempos difíciles del canovismo.

Quizá la más aguda descripción de la relación de Alas con el krausismo sea la que proporciona Adolfo Posada:

Allá en los primeros años de enseñanza era "un krausista" -sin serlo; es decir, fuera de toda preocupación de escuela-: krausista en el sentido en que pueden llamarse así a los que, formados en el contacto directo e íntimo con Salmerón y Giner -formados, a su vez, bajo el influjo de Sanz del Río-, lograron despertar en su espíritu a la obra del pensamiento, en un ambiente saturado de la más rigurosa austeridad intelectual. Leopoldo Alas había comprendido, como nadie, el valor de las cualidades éticas de aquellos grandes maestros que lucharan entre nosotros por la dignidad de la conciencia y por la emancipación del pensamiento, y recibiera, primero, con la natural reserva del hombre de creencias; luego, a cielo abierto, las influencias educadoras de aquel apostolado filosófico y moral ejercido de modo tan ejemplar, por los más eminentes de los llamados krausistas7.

Algo queda impreso indeleblemente en el carácter de Alas en su contacto con los krausistas, pero no es la doctrina sino la actitud. Como muchos otros, más profundamente krausistas que él, Clarín se interesará por el positivismo y -no lo olvidemos- el positivismo parte de la crítica del idealismo. Alas mantendrá siempre un lazo de unión, siquiera sea sentimental con el krausismo; la eticidad y religiosidad de Clarín son indudablemente de índole krausista, pero sus ideas estéticas se acercan al naturalismo en la medida en que se alejan del idealismo estético. No obstante, todavía en 1888, reconoce la validez de la Filosofía del Derecho krausista:

En cuanto a Krauss yo no he leído más libro suyo que esa "Estética" traducida, y de lo que de él han dicho Ahrens (deslenguada medianía, Azcárate alemán), Leonardi a Bernardi, o como se llame aquel señor, Tibergen, Sanz del Río (a quien también conozco poco), Salmerón, etc., me fío poco. Del Krauss del que yo me atrevo a responder es del Krauss filósofo del Derecho, y en este punto creo que se equivoca Vd. al negarle toda influencia actual.
Esta influencia, pero grandísima, existe, confirmada por este mismo Ihering, cuya última obra El Fin del Derecho y la otra clásica El Espíritu del Derecho Romano prueban cómo del concepto kantiano le van trayendo sus reflexiones y estudios históricos al concepto krausista... Y en cuanto a mí, creo firmemente que si hay, como no dudo, Dios y orden divino, etc., el Derecho es lo que dice Krause8.

En 1883, publica Clarín un cuento en el que mientras unos ven un "ajuste de cuentas" con el krausismo, otros lo niegan fehacientemente. Me refiero a Zurita, incluido en el volumen Pipá, que cuenta la historia de don Aquiles Zurita, tímido estudiante provinciano que llega a Madrid para sacudirse el polvo de la provincia y queda deslumbrado por el krausismo. La juventud de Zurita se consume en la vana espera de la revelación del Ser en la Unidad, desdeñando cuantas emboscadas eróticas traman varias señoras a su yo finito, pues a lo que aspira no es sino a disolverse en lo Infinito, siendo uno con el Todo. El desengañado Zurita verá al positivismo campar por sus respectos incluso entre las filas de los krausistas y acabará como catedrático de Instituto en un apartado pueblo de marineros, donde será recordado a la postre no por sus hazañas filosóficas sino por su pericia gastronómica tocante al pescado.

La patética aventura de Zurita resulta bajo la pluma de Clarín una sátira mordaz y cruel: el personaje no inspira piedad sino burla. Es imprescindible para situar la evolución ideológica de Clarín este cuento, sobre cuyo significado se han dado opiniones contrapuestas. Así, mientras Luis Saavedra opina que "es, posiblemente, el ataque más mordaz, la obra de ficción más desdeñosa para con el krausismo, que salió de una pluma liberal de la época"9, Antonio Ramos-Gascón es de la opinión contraria:

>No se ridiculiza al krausismo en esta estupenda narración; se dirige la sátira contra unos personajes que, en reducidos círculos, debieron abundar en el Madrid de los años setenta... En el mundo ideológico de sus años de estudiante en Madrid proyecta Clarín la historia de esta "cándida avecilla" con nombre de Zurita, personaje que apenas tiene nada de autobiográfico. Llena la narración de situaciones y anécdotas vividas o presenciadas por el autor, no es que Clarín se asome con sarcasmo a la historia de sus propias inquietudes en la primera juventud, sino que las utiliza como marco para estudiar el comportamiento de un humorístico ser que, inmerso en un medio similar, no acierta a captar y trascender lo que Alas entendió y superó10.

Creo que Ramos-Gascón se equivoca al suponer a Leopoldo Alas apegado al krausismo toda su vida, al menos en su parte doctrinal. El cuento referido tiene pasajes que claramente indican el alejamiento de Clarín de la metafísica krausista. Pero tampoco creo que deba entenderse la obra simplemente como una sátira de los krausistas. El tono con el que parodia los postulados metafísicos de Sanz del Río y su lenguaje abstruso es ciertamente sangriento. Pero, sin embargo, hay un comedimiento evidente cuando Salmerón y Giner de los Ríos son aludidos en el cuento. Clarín reconoce la valía de ambos aunque no comparta totalmente sus ideas. El krausismo, de hecho, ha decaído en esta época desde que el positivismo le planteara batalla y el propio Salmerón acabará militando en sus filas. En este sentido, el cuento no hace sino levantar acta de la evolución ideológica del liberalismo español.

Sátira la hay, sin duda, de los krausistas; pero también, ciertamente, de los positivistas:

Discutiendo tímidamente en los pasillos con un paladín de los hechos, con un enemigo de toda conciencia a priori, Zurita, que sabía más lógica que el otro, le puso en un apuro, pero el de los hechos le aplastó con este argumento:
-¿Qué me dice usted a mí, santo varón, a mí, que he comido tres veces con Claudio Bernard, y le di una vez una toalla a Vulpian, y fui condiscípulo de un hijo del secretario particular de Littré?11

La sátira está dirigida en un caso y otro más que hacia la propia doctrina, hacia los abundantes contemporáneos de Clarín (y nuestros) que abrazan una doctrina sin entenderla. Las referencias que aparecen en La Regenta a distintas corrientes ideológicas son de corte similar:

Una mujer casada peca menos que una soltera cometiendo una falta, porque, es claro, la casada... no se compromete.
-¡Esta es la moral positiva! -decía el marquesito muy serio cuando alguien le oponía cualquier argumento- Sí, señor, ésta es la moral moderna, la científica; y eso que se llama el Positivismo no predica otra cosa; lo inmoral es lo que hace daño positivo a alguien. ¿Qué daño se le hace a un marido que no lo sabe?
Creía Paco que así hablaba la filosofía de última novedad, que él consideraba excelente para tales aplicaciones, aunque, como buen conservador, no la quería en las Universidades.
¿Por qué? Porque el saber esas cosas no es para chicos.12

La burla no va dirigida a las doctrinas sino a los personajes. Clarín que no fue ni positivista ni krausista ortodoxo adopta un distanciamiento respecto al contenido doctrinal y se ríe mordazmente de tanto zoquete que se pavonea de profesar lo que no comprende.

Hay, además, en Zurita otro extremo que merece la pena destacarse: el cambio que se produce en la anatomía y en las costumbres del personaje cuando cambia de doctrina. Así, don Cipriano, que introduce a Zurita en el krausismo, y que es un hombre "cejijunto, taciturno y poco limpio", que vive solitario y sin un céntimo en una miserable pensión, tras su conversión al positivismo casa con mujer rica, bautiza a su hijo y vestido de "levita muy limpia y flamante" va a ver torear al Gallo. El mismo Zurita adelgaza y empalidece mientras "esperaba encontrar a Dios en la conciencia, siendo uno con Él y bajo Él", que no se preocupa de lo que come, sufrirá una transformación no menos singular al convertirse en un gourmet. Cambios fisiológicos similares encontramos en La Regenta.

En cualquier caso, Clarín va a interesarse por el positivismo a través del naturalismo precisamente en los años en los que escribe La Regenta. El 15 de marzo de 1884 escribe una carta a Galdós en la que dice:

Los dos únicos novelistas vivos que me gustan en absoluto son usted y Zola. ¿Qué le falta a usted? Muchas cosas que tiene Zola. ¿Y a Zola? Muchas que tiene usted. ¿Y a los dos? Algunas que tenía Flaubert. ¿Y a los tres? Algunas que tenía Balzac. ¿Y a Balzac? Otras que tienen ustedes tres13.

Zola es el primer novelista que trata de aplicar el método filosófico y científico del positivismo a la narración literaria. En el naturalismo se conjugan la filosofía de Comte, con su mandato de ir a los puros hechos, sin trascenderlos, las doctrinas de Taine, Darwin y Haeckel. Mientras los representantes del realismo se limitan a observar, el naturalismo quiere ir más allá: es necesario que el novelista, tras un minucioso acopio de datos, trate los mismos con criterio experimental. De este modo, la novela naturalista trata de ser un experimento y al mismo tiempo una explicación científica que demuestre que los hechos psíquicos están sujetos a leyes tan inexorables como los fenómenos físicos. El naturalismo toma en cuenta las leyes de la herencia, de la adaptación al medio y de la lucha por la existencia, así como los factores sociales, educacionales y ambientales que explican la conducta de los personajes.

En 1881, Galdós publica La Desheredada, aplicando por primera vez en España los postulados de la nueva estética naturalista. Al año siguiente, Clarín publica un artículo en La Diana con el nombre Del naturalismo. Un año más tarde prologará La cuestión palpitante, colección de artículos sobre el naturalismo de doña Emilia Pardo Bazán. Al año siguiente, esto es, en 1884, publica el primer tomo de La Regenta.

La Regenta fue considerada durante mucho tiempo como una de las obras de mayor ortodoxia naturalista del realismo español del siglo XIX. Sin embargo, Leopoldo Alas tampoco fue ortodoxo en este respecto y La Regenta, que es sin duda una novela naturalista, no es, en cambio, plenamente ortodoxa.

En La Regenta está patente la influencia del medio, de la fisiología, de la educación y de la herencia sobre los personajes. Las enfermedades de Ana Ozores, su personalidad anormal, la caracterizan como un personaje naturalista típico; pero, sin embargo, están descritos los síntomas de la enfermedad de manera imprecisa, en tanto que es propio del naturalismo la descripción minuciosa y descarnada de los mismos. Así lo pone de manifiesto Mariano Baquero Goyanes:

Personalmente estimo que, entre otras diferencias que la novela de Alas presenta con las más decididamente naturalistas, cabría citar, por ejemplo, la imprecisión con que se describen las enfermedades que Ana Ozores padece a lo largo de la obra. El carácter predominantemente nervioso, propio de las mismas, parece explicar sobradamente la ausencia de datos técnicos y de pormenores fisiológicos. Así, en el capítulo XIX, cuando el médico Robustiano Somoza, al no saber cómo tratar la enfermedad de Ana, la deja en manos de su sustituto Benítez, éste declara "que la enfermedad no era grave, pero sí larga y de convalecencia penosa. No le gustaba emplear los nombres vulgares y poco exactos de las enfermedades y empleaba los técnicos si le apretaban". Ni de unos términos ni de otros se nos ofrece muestra alguna, lo cual supone un vivo contraste con lo que suele ocurrir en algunas de las más típicas novelas naturalistas. Así, en Monte Oriol, de Maupassant, sobre un fondo de balnearios, médicos y farmacopea, se describen escenas tales como un parto, un lavado de estómago, etc. Germinia Lacerteux, de los Goncourt, abunda en descripciones densamente fisiológicas, como la de los efectos de la fiebre puerperal o la de las sucesivas pleuresía, tuberculosis, peritonitis y muerte de la protagonista. Por eso, Emilia Pardo Bazán pudo decir que, en esta novela, el naturalismo dio "entrada en el arte a la enfermedad".14

Si las descripciones fisiológicas están claramente atenuadas, otro tanto cabe decir de las eróticas. La historia de La Regenta es la de un adulterio; a lo largo de toda la obra se nos describe minuciosamente el proceso psicológico que conduce a Ana Ozores a los brazos de Alvaro Mesía. Pero ni una sola escena erótica aparece en el texto salvo por leves insinuaciones que obligan al lector a reconstruir mentalmente lo que el autor deja sumido en la ambigüedad.

Estas diferencias con el modelo naturalista ortodoxo permiten afirmar que la pertenencia de La Regenta a la estética naturalista es una pertenencia crítica, que no asume obedientemente sus postulados sino que los maneja con total libertad. El propio Clarín había declarado en La Literatura en 1881:

El naturalismo como escuela exclusiva de dogma cerrado, yo no lo admito; yo no soy más que un oportunista del naturalismo; creo que es una etapa propia de la literatura actual...; creo que de él quedará mucho para siempre.

Oportunista del naturalismo, como antes lo fuera del krausismo, Clarín se apartará por fin del positivismo al término de la década de los ochenta como antes lo hiciera del krausismo. Leopoldo Alas es un hombre situado siempre en vanguardia: el espiritualismo que constituye la última etapa de su desarrollo intelectual es contemporáneo de la reacción idealista contra el naturalismo que se produce en Europa en el albor de los años noventa. Fiel a sí mismo, que mantuvo durante toda su vida una profunda religiosidad, y fiel a su época, Clarín no se queda nunca rezagado ni enquistado en una corriente determinada sino que evoluciona siempre al ritmo que marcan los tiempos. Es oportunista, sí; pero también oportuno.

¿Cómo aplicarle una etiqueta a un hombre siempre inquieto y disconforme, que ni se deja llevar por la corriente ni se queda estancado en la orilla, sino que mantiene siempre su propio rumbo?

En 1900, un año antes de su muerte, Alas escribe en el prólogo de su traducción de Trabajo, de Zola:

En España tuve el honor de ser el primero, allá en mi juventud, casi adolescente, que defendió las novelas de Zola, de entonces (para mí las mejores de las suyas), y hasta su teoría naturalista, con reservas, como un oportunismo, pero sin admitir la supuesta solidaridad del naturalismo estético y del empirismo filosófico... Era yo entonces, sin embargo, tan idealista como ahora, así como soy ahora tan naturalista como entonces15.

¿Era Clarín idealista y naturalista a un tiempo como parece desprenderse de la cita anterior? La pugna entre el idealismo y el positivismo que se desarrolla en las últimas décadas del siglo XIX tanto en España como en Europa es introyectada por Clarín, cuya evolución intelectual nos muestra los avatares de tal lucha.

Es la lucha entre el espíritu y la materia, entre el alma y el cuerpo, que vemos asimismo representada a través de las páginas de La Regenta. En el fondo, al margen de doctrinas, Alas es sobre todo un moralista, como pone de manifiesto Gonzalo Sobejano:

La personalidad de Leopoldo Alas como escritor es la de un moralista en doble sentido: observador penetrante de la vida social, y defensor de un ideal de justicia y verdad, cuya falta de efectividad en el mundo le lleva a la irritación y a la melancolía. Romántico en el fondo de su sensibilidad, hallaba insatisfactoria la realidad que le tocó vivir; realista en la dirección de su inteligencia, consideraba extemporánea la continuación del romanticismo. Espíritu religioso, mente necesitada de nutrición filosófica, excelente educador, infatigable lector y espectador del desenvolvimiento literario europeo desde su retiro provinciano, Clarín cumplió su vocación de moralista en la crítica, en el cuento y en la novela16.

Valora este capítulo:
Autor y licencia de 'El universo filosófico de La Regenta - La formación intelectual de Leopoldo Alas'
Miguel Angel de la Cruz Vives Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/regenta.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Opiniona sobre 'El universo filosófico de La Regenta - La formación intelectual de Leopoldo Alas' (0)

Tu nombre debe tener tres caracteres como mínimo.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
El contenido del título de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Es obligatorio que selecciones una valoración del recurso.
El contenido del comentario de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.

Opina sobre este monografía



* Valoración:
* Nombre:
* Correo electrónico:
* Título:
* Comentario:

Wikis relacionados con 'El universo filosófico de La Regenta - La formación intelectual de Leopoldo Alas'

Biografía de Leopoldo Alas, "Clarín" , escritor español.
No es mi intención, ni podía serlo, el realizar un estudio exhaustivo de la vida... Más »
Cuando un escritor diseña su propia escritura, está formando a su lector futuro. Cuando un... Más »
Aborda la necesidad de aplicar las técnicas más modernas de dirección en los países más... Más »
Borges, autor culto, fue un apasionado lector del mundo clásico. En poemas y narraciones aparecen... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?