



En primer lugar, veamos algunos fragmentos en los que aparecen dichas expresiones a fin de poder situarlas con mayor precisión:
| 1. | - Va, marona, deixa-me-la (la bossa), només avui. - Venga mamá, déjamelo (el bolso). Sólo hoy. (Capítulo 15) |
| 3. | - Antoni, prou! Au, va! Que avui anem a casa dels Rovira. - Venga, basta... ¡Tenemos que ir a casa de los Rovira! (Capítulo 18) |
| 8. | - Va, va, no et posis així. D'això, Victòria, tu i jo sempre ens hem ajudat, oi? - ¡Vamos, vamos! No te pongas así... Oye, Victoria... tú y yo siempre nos hemos ayudado, ¿verdad? (Capítulo 18) |
| 16. | - Va, Ferran, no facis el burro. Has estat amb algú, oi? - ¡Vamos Fernando, no seas idiota! Has estado con alguien ¿no? (Capítulo 19) |
Lo primero que observamos es que se trata de unas expresiones que sintácticamente no parece que funcionen propiamente como un verbo y que semánticamente han perdido el significado propio de los verbos ir y venir, aunque todas ellas conservan la idea básica de movimiento, lo cual está directamente relacionado con el efecto que pretenden producir en el interlocutor. Veamos algunas notas sobre marcadores y conectores. Cortés (1991; 75-86), por ejemplo, dedica unas páginas a analizar los diferentes usos en los que aparece el vamos en el corpus objeto de su estudio y a partir de ellos, da la siguiente clasificación:
1. Conector
1.1. Oracional: yo no me atrevo a dar una contestación afirmativa / vamos / si es verdad o no es verdad ///
1.2. Paragráfico: salen unos muchachos / a él le quitan las quinientas pesetas y lo pegan // vamos / yo creo que eso... ///
2. Forma adverbial (reforzador): cuando yo vine a vivir aquí / vamos / no te puedes imaginar cómo estaba esto ///; no pueden dejar ni un metro // vamos // para que se muevan los críos un poco /// etc.
3. Expletivo: hay varias facultades y pienso que /vamos/ nos estamos poniendo a la altura de otras provincias ///; para mí / León / en cosa tipo progreso / vamos / yo creo que está poco más o menos como antes /// etc.
Los diferentes casos de vamos que aparecen no corresponden al que es objeto de nuestro estudio.
Portolés (1993; 157), tras la definición de conector, su categoría gramatical y sintagmática, su función oracional y clasificación, pasa a tratar los marcadores reformulativos, marcadores de rectificación, ordenadores del discurso, marcadores de digresión, marcadores de inferencias paralelas, de inversión referencial, modalizadores, retardadores del coloquio y muletillas. Y entre el grupo de los modalizadores también se refiere al vamos, pero en el ejemplo se remite a la obra de Cortés anteriormente citada: Entonces, yo no me atrevo a dar una contestación afirmativa. Vamos, si es verdad o no es verdad.
Lo mismo sucede en Fuentes (1993; 171-198): Quisiéramos algo fuerte de beber, vamos, un café o un coñac. De nuevo el vamos está utilizado con valor de reformulación, exactamente con el mismo sentido que en los casos anteriores.
Además, vemos que hasta ahora siempre aparece vamos; en ningún momento encontramos venga, que en nuestro corpus es prácticamente un sinónimo del anterior.
Briz (1993) dice textualmente:
"Nuestro propósito aquí es estudiar un conjunto de señales de naturaleza diversa que explicita la relación entre los enunciados, del antes con el después; nos referimos a los llamados conectores pragmáticos, signos y expresiones como y, o, pero, además, incluso, entonces, bueno (...), ciertamente, sin embargo, vamos (que), por cierto, oye, en consecuencia (...), una clase funcional, como puede notarse, heterogénea, que engloba categorías gramaticales distintas, pero que desempeñan un papel similar: encadenar las unidades de habla y asegurar la transición de determinadas secuencias del texto (hablado), colaborando así en el mantenimiento del hilo discursivo y la tensión comunicativa; de ahí que bien pudieran llamarse de forma más general transiciones de habla o, como los denomina Schiffrin (1987), marcadores del discurso (discourse makers)".
No encontramos en el resto del artículo ninguna pista que nos induzca a pensar si se trata o no del vamos que intentamos definir. Sin embargo, el mismo Briz (1994) hace referencia también a este tipo de fórmulas --vamos (que), vamos a ver, bueno, o sea, pues, no sé cómo decirte....-- y dice de ellas que presentan un valor dialógico a la vez que funcionan como reformulador típico en posición interior de una intervención, como refuerzo argumentativo especialmente en posición final o como apoyo para los interlocutores en la formulación y reformulación de su discurso, de sus argumentos y conclusiones: Yo comprendo que se queje pero no así vamos, o vamos a ver ser liberal por qué yo yo no me rijo por unas normas y yo conservo un yo qué sé. De nuevo vemos que no se trata de nuestro vamos.
Analizada una parte del material existente sobre conectores, diríamos que el tipo de fórmula que hemos escogido poco tiene que ver con ellos. Sin embargo, no podemos negar que comparte ciertos rasgos. Si retomamos el fragmento de A. Briz anteriormente citado, vemos que también nuestras expresiones relacionan enunciados, encadenan unidades de habla, abren turnos de intervención y permiten mantener el hilo discursivo. Por otra parte, se trata de una categoría gramatical que ha perdido su valor real, que está desposeída, además, de su significado inicial -nos referimos a lo ya expuesto en la introducción, es decir, que son formas verbales que no funcionan como tales y que no conservan su valor semántico inicial-. Por lo tanto, aunque no podamos denominarlas conectores, debe de haber alguna forma de clasificar estas partículas, puesto que sí presentan cierta similitud con ellos.
Payrató (1990; 109-119) dedica un apartado al léxico coloquial y, dentro de él, a los conectores, en primer lugar, y a los estereotipos o rutinas de habla en segundo lugar. Hablando de los estereotipos, dice textualmente:
"De la mateixa manera que el registre col.loquial posseeix un conjunt de connectors que fan explícites --en la mesura que es creu convenient-- les relacions entre enunciats, posseeix també un repertori de fòrmules que serveixen per dur a terme d'una manera còmoda i pràctica accions com les esmentades més amunt (se refiere a acciones como responder preguntas, hacerlas, mostrar nuestro acuerdo o desacuerdo, pedir aclaraciones, excusarnos, etc.), o actes de parla com els següents:..."
Y a continuación clasifica esos actos de habla en siete grupos:
Creemos que es en el punto 6, reproducido textualmente, donde se podría ubicar la mayoría de los ejemplos obtenidos del corpus objeto de este estudio. Entendemos que el venga o el vamos del español así como el va del catalán, pueden ser sinónimos en muchos casos del vinga o del au de los que habla Payrató.
Si tomamos los cuatro ejemplos expuestos al inicio del trabajo, vemos que en todos ellos hay un intento de modificar la actitud del interlocutor; el hablante pretende que el receptor haga algo que al propio emisor le interesa. Veamos de nuevo únicamente las versiones en español:
En el ejemplo 1, la hablante pretende convencer a su madre para que le deje un bolso.
En el ejemplo 2, la hablante pretende que su marido deje de hacer lo que hacía y se disponga para marchar a casa de unos amigos.
En el ejemplo 3, el hablante pretende que su interlocutora -Victoria- no se enfade por algo ocurrido, de manera que pueda reconducir la conversación hacia el tema que a él le interesa.
Finalmente, en el ejemplo 4, la hablante pretende hacer cambiar la actitud del interlocutor para que le conteste lo que a ella le interesa.
Por lo tanto, vemos cómo nuestras expresiones se ajustan perfectamente a la idea de estereotipo o rutina de habla que expone Payrató, frente a lo que sería propiamente un conector. Mientras los conectores explicitan las relaciones entre los enunciados, los estereotipos facilitan el llevar a término determinadas acciones o actos de habla.
Finalmente, Vigara (1992), en la segunda parte de su obra dedicada al principio de la comodidad, cita una serie de expresiones que facilitan el mantenimiento fluido del canal; entre ellas se hallan las expresiones estimulantes conversacionales y uno de los ejemplos que utiliza es el siguiente: No seas terco, venga... Fíjate, has ido mil veces y ahora no quieres. También en este caso se puede aplicar lo expuesto anteriormente acerca de los estereotipos o rutinas de habla. Se trata de expresiones, dice, marginales, irrelevantes desde el punto de vista de la información, con un alto grado de desemantización, que podrían eliminarse de la conversación sin que cambie su sentido estricto, pero que le aportan un matiz diferente y a su vez la facilitan. Y en el ejemplo concreto que utiliza vemos de nuevo que lo que pretende el hablante es también modificar la actitud de su interlocutor y convencerlo de que vaya a algún lugar.
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