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Hasta el momento, los esfuerzos para establecer en Nuevo León programas permanentes para apoyar a las micros y pequeñas empresas han sido aislados, desconectados y enfocados básicamente al financiamiento. Sin embargo, y aunque el dinero es esencial para las empresas, no es lo único que requieren para convertirlas en empresas competitivas y sostenibles en el largo plazo. El financiamiento se puede llegar a convertir en un problema más que en una solución, si no se cuenta con los conocimientos básicos para utilizar adecuadamente ese dinero.
Lejos de que en Nuevo León existan programas que provoquen la gestación de micro y pequeñas empresas eficientes, competitivas y rentables, los emprendedores y empresarios solo tienen acceso a guías limitadas y no profesionales de procedimientos para establecer un negocio, o bien, préstamos a tasa y acceso blando en el mejor (y minoría) de los casos. Aparentemente nadie se ha percatado de lo incapaces de estas herramientas para ayudar a subir un solo escaño en la escalera de la competitividad y desempeño de sus proyectos o empresas, ni siquiera útiles para el desarrollo del difícil oficio de ser empresario.
En los principales países desarrollados, la actividad micro empresarial es considerada como uno de los mecanismos más eficientes y dinámicos para generar ventajas entres las clases sociales más bajas y desprotegidas, gracias a su capacidad de generar empleos y sus altos rendimientos económicos.
En estos momentos es imprescindible que se apoye a la micro y pequeña empresa, no solo por justicia social, sino por la oportunidad que representan como fuente de numerosas oportunidades de empleos y de ingresos para la gente con menores niveles de educación, necesidades que no siempre las pueden cubrir las grandes corporaciones.
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