Venimos de las mismas veredas o las mismas Romas. Cada quien tiene sus giros, sus Girardi. Importante no tenerle miedo a las ideas. Cuidar cada quien sus impresiones. Ir libre por las calles. En el caso del poeta, misión delante, se vale de un lenguaje esencialmente imaginativo, alejado de los parámetros meramente explicativos, dentro del ámbito de la fantasía en aras de una soledad aparentemente atenta. A partir de un conocimiento de sí mismo, persigue una identidad o conciencia colectiva. De repente toma cartas en el acontecer inmediato y produce algún documento afrontando tal o cual imperio o régimen nacional. Estamos, entonces, ante la eterna polémica en torno al compromiso del escritor o la poesía comprometida.
El poeta entiende que la palabra está hecha para defender la luz del mundo, ver los árboles. oír los pájaros. Caminar entre la gente y saludar al sol profundo que brilla en el corazón de los humildes. Mirar el llanto oscuro que hay al fondo de todos los rincones. Verse en el que tiene más de mil años de pedir pan y sueño, en el que no tiene camino que seguir, en ese corazón asomado al espejo de sus enigmas. Detenerse a la orilla sangrante de una lágrima. Acercarse a los que sueñan o sollozan, o tienen hambre y sed bajo el cielo. Adentro de las pequeñas casas de cartón, escuchar el sonido de las lágrimas. Dar con la definitiva claridad del hombre. Irse noche abajo perdido entre las piedras y las flores, entre las sombras y las nubes.28
Estando así sus miras y sus rimas, la fidelidad del poeta a una u otra concepción política, pasajera, deja de ser determinante para el ejercicio de su papel creador al interior de su libre albedrío, en la perenne lucha por sus propios sueños. Antes que cómplice inútil de cualquier trastienda, antes que falsear la realidad alegremente, antes que hacer de su obra una mera naturaleza muerta, enarbola en alto la fogarada de sus sueños en conciencia colectiva.
Lejos de pensar como Napoleón que la política es el hado, sabe que en cuanto el poeta se mete en política, ¡adiós poeta! Es Goethe quien lo precisa: “En cuanto un poeta pretenda actuar en política, tendrá forzosamente que entregarse a un partido, y tan pronto como eso haga, se habrá perdido ya el arte. Tendrá que despedirse de su libre ingenio, de su visión de las cosas, desenfadada y libérrima, para encasquetarse hasta las orejas el gorro de la limitación y el odio ciego.”29
“Conciencia Colectiva” en cuanto que su vida y obra “se ajustan a su significación histórica, en la medida que parece resumir los logros, avatares y condición de los intelectuales y escritores.”30 Pablo Neruda es un claro ejemplo de esta limitación y este odio ciego.
Así, en Canción de gesta (1960), exaltación de la revolución cubana y saludo expectante a la revolución continental, demuestra, como él mismo lo admite, que se trata de un arma directa y dirigida, una ayuda elemental y fraternal que entrega a los pueblos hermanos para cada día de sus luchas, convencido de que asumía una vez más y con orgullo sus deberes de poeta de utilidad pública. Otro tanto ocurre con Incitación al Nixonicidio y alabanza de la Revolución Chilena (1973) donde pareciera no hallarse el padre otoñabundo de otros días y otros libros. Neruda mismo se adelanta a respondernos: “Pongamos frente al paredón de la Historia a un frío y delirante genocida.” Con la artillería poética por primera vez puesta en acción, nos recuerda: “Ha probado la Historia la capacidad demoledora de la Poesía, y a ella me acojo sin más ni más.” Definitivamente, estamos delante de un libro en el que antes que ambicionar la delicadeza expresiva, metafísica, el autor echa fuego hasta por las orejas, en la esperanza de que, refiriéndose a Nixon, “el deber de la poesía es convertirlo, a fuerza de descargas rítmicas y rimadas, en un impresentable estropajo.”31
Pensamos que esta obra de Neruda, canción ofensiva y dura como piedra araucana, demuele por completo al Presidente sanguinario, al criminal ardiente, al genocida de la Casa Blanca. Con todo y todo, horadando y horadando a Nixon, el furioso, el lejano chacal indiferente, a verso limpio y corazón certero, esta obra sin duda alguna estará en la mira de la poda crítica que en camino sobre Neruda venga, pues estamos indiscutiblemente delante de una función efímera del bardo araucano, que nos lleva a recordar la reflexión goethiana: En cuanto el poeta se mete en política, ¡adiós poeta!
Pensamos en tantos poetas que por mezclarse en las luchas de los partidos políticos, junto a uno y otro asesino, asesinato, fraude, dolo, corrupción, efusión de sangre, masacre, contubernio o conchupancia, terminaron siendo devorados por la política
Importante mantener la sangre fría a pesar de que nos hierva dentro. Ser firmes en nuestro propósito. La voluntad es inquebrantable cuando se tiene fe. Nada ni nadie debe desviarnos de la ruta que nos conduce a lo inexorable. (Emilio Figueredo). Cada quien debe guardar muy adentro y muy bien sus impresiones, sus propios sentimientos, angustias, sobresaltos.
De rondón, nos viene el albatros de Baudelaire: “Como el rey de la nube es el poeta: / burla al arquero, cruza el mar pujante, / y no puede, proscrito en el planeta, / caminar con sus alas de gigante.”32 Lejos de toda pequeñez, sin falsas pretensiones, sin necias suficiencias, sin fatuas nimiedades, el poeta, con la fe del proverbio latino, parece decirnos: Aquila non capit muscas. Representante del misterio, del enigma, del asombro y del insomnio, vigila que vigila, el poeta no cesa de preguntar y preguntarse:
Cuándo
con qué fuerza
de qué modo asumir
nuestro destino
Dionisio Aymará, Vivir y otros enigmas.33