2 - El estallido solar del porvenir

Monografía creado por Pablo Mora. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/tiguerra.html
27 de Septiembre de 2006

Trasmutar la palabra en grito, el grito en alarido, el alarido en coro, el coro en canción, la canción en asombro de todos los hombres. Cuando calla el día, maúlla el hambre en las ojeras grises. Entonces, la poesía toma la forma del torbellino y el aluvión. Se hace estallido e insurgencia. Se vuelve sobre sí misma para preguntar por su oficio, su sentido en medio de las tinieblas. Se hace palabra encendida que hace cauce al llanto que posa en el corazón engañado y afligido del hombre, para alcanzar un día la luz, para subrayar con su sangre la tragedia del mundo, el dolor de la tierra.

Canción anónima que se aposenta en la garganta de los hombres de todas las latitudes, todos los paisajes. Poesía, fuego organizado, señal, llamada y llamarada del naufragio. Para alcanzar un lugar en las avanzadas del conocimiento. Ni música ni medida, sino fuego. Bordando en el corazón la estrella roja, hecho fósforo y barro, pólvora y barreno, vigilar el rumbo para que no se retrase la fiesta del hombre, para que nadie duerma y salga a recorrer la tierra con el hilo luminoso de la justicia y el cascabel de la alegría. Instalarse en el centro del destino del hombre, hacerse instrumento para labrarlo. Constituirse en combatiente de las sombras, en encendedor de fogatas, en defensor de la justicia. Elegir entre las sombras y la luz. Juntar a los gritos anónimos e innumerables de quienes trabajan en la sombra paciente; persistentemente aguardando el tiempo de habitar en la luz. Pensar nuestro tiempo y nuestra propia responsabilidad en su acelerada descomposición, en el caos que nos contiene. Mientras tengamos vida, redimensionar nuestro hacer-decir frente a una concepción de la vida, del mundo, del hombre, de la humanidad que será en aras del mejor sentido y contenido del colectivo, ante una idea de la historia, la sociedad, la justicia, la belleza, el amor.

¿Qué mejor ofrenda que la canción de los tiempos que vendrán, cuando el hombre sea sacerdote del hombre y la tierra una mesa servida de alegría para todos? ¿Qué señal más alta que la que silban las hojitas de hierba en el viento de todas las colinas para anticipar la humanidad que será cuando al fin entre hermanos rescatemos la vida infinita que viene de las células más diminutas, recorre las dimensiones del amor y permanece polvo cósmico y enamorado, enarbolando hazañas de lo que aún seremos?

El canto recogerá la magia de la lluvia para aposentarse con ella en los aleros de los ojos de la risa. Canción que es hierba y colina, sonido de mar, fruta fresca, sal de la tierra, signo de advertencia, canto de insurrección para fomentar toda rebeldía. El poeta cantará su canción con los hombres de la tierra. Oirá el clamor, el griterío, al hambre en su galope. Testigo del grito, del aullido terrible de los hombres, sentado en el lugar del hambre, tendrá tiempo de llegar a ser.

Poesía es vida. Verso es todo suspiro que el hombre deletrea ante aquello que lo conmociona y asombra. Nada en la tierra que no cause asombro. El hombre guarda asombro para todo y es él mismo el asombro mayor. Poema es vivir del hombre cuando no hiere de muerte la vida. La poesía, por donde venga o vaya, ese viento antiguo, fuego que nadie puede contemplar sin un asombro antiguo, convertirá el pasto en noche, en cielo, en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en vida. Asombro antiguo, antigua lejanía, rayo, sueño antiguo; antigua soledad, antiguo asombro; hilo, alianza, sol y sombra, exactamente enigma; fogata, llanto, grito, espiga, pólvora; oirá el secreto de las piedras, del aire, de la estrella, de los hombres. Conducirá nuestra palabra hasta el sitio exacto en el cual el hombre se subleva, para que juntos hagamos de nuestra canción, canto de insurrección para los tiempos que vendrán.

“La poesía está viva. La poesía se cuela por los huecos de las puertas, de las ventanas, a pesar de los cerrojos que quieran ponerle: la poesía es subversiva”. Esto lo sostienen Bretón y Gonzalo Rojas. A pesar de toda hostilidad que atente contra la libertad del poeta, éste siempre recreará la realidad, será capaz de reconstruir todo condicionamiento si opta por soñar y luchar por sus sueños, por interrogar la realidad que existe detrás de lo real y que surge del talento de su corazón. Para ser poeta se requiere un buen grado de valentía, una clara, definida conciencia social.21 “No es que (…) confundiéramos obra y compromiso. La obra es lo que es. Pero rascando los problemas del oficio llegamos a las médulas vivas del compromiso y la responsabilidad de escribir, sin caer en adhesión total alguna.”22

No es que nazca un poeta, es que de pronto es ese corazón, la poesía que está en cada uno de los habitantes de este planeta, se vuelve verbo en su garganta. Y nace un poema, que no es hechura de un hechizo, sino laborioso andamiaje de un sueño colectivo que adhiere el arrebol de un atardecer único e insustituible. Un poema es un sueño colectivo. En la gran araña del viento y la helada flor de los umbrales.

Surgirá un nuevo orden. Una nueva poesía para un orden nuevo. Con la certeza de que las cosas habrán de ocurrir de otro modo. Poesía de insurrección porque no hay igualdad ni plenitud, ni espontaneidad ni sencillez ni terreno común donde no hay libertad. El poeta verdadero comprende que es necesario reventar las cercas del mundo, subvertir a todos los esclavos y aterrorizar a los déspotas, para que el hombre pueda aspirar a la liberación de su espíritu. Para ese combate en tiempos difíciles, el poeta rescata el asombro y el amor como su fuerza más alta, su poder invencible.

Una canción distinta para un orden nuevo. Para anunciarlo desde ya con todo el esplendor que pertenece a los tiempos que vendrán. Canto de insurrección. Una insurrección de la conciencia para que el hombre se mire a sí mismo, se conozca por primera vez, alto como es, degradado como ha sido, extraordinario como puede levantarse y erguirse, para alcanzar a los otros hombres y encontrar en esa solidaridad, en esa camaradería, en esa expansión, la verdadera y única plenitud. En la conciencia de estar salvaguardando la plenitud de los otros.

Insurrección de la palabra. Para que se haga su palabra, y su palabra sea acto, para que a su vez sea el acto quien toque al hombre. Una insurrección contra todas las cosas que impiden que el hombre vea, sienta, muera por mismo, por su propia voluntad. Insurrección por la pureza, la justicia, la libertad. Insurrección que es grito de guerra, llamado a la existencia, para romper toda servidumbre, toda dominación o esclavitud.

Toda poesía obviamente es social con independencia de su contenido. Toda poesía es política. En inicio toda política que no contenga poesía, entendida como esencia del hombre, no será una política para el mejoramiento de la humanidad. Y toda poesía que en su interior no sea política, porque revela lo real de la circunstancia del hombre, desde cualquiera de sus ángulos, será un mero escrito y no una saeta disparada al corazón del hombre.

Es la canción que desespera al enemigo, la que suena cada vez más alto, la canción rota que surge desde todos los confines de la tierra, y que la acompañan los pájaros y los insectos y las chicharras, y la toman los peces y la recogen las colinas, desde el mar, para hacerla descender con más fuerza aún. La que va a derrotar al enemigo, la que está derrotando al enemigo. La que no pueden quitar al hombre cuando le quitan la vida, la que no le pueden quitar a los pueblos, aunque los arrasen con llamas.

El espíritu es la canción, y la tierra es la canción y está cantando. Dolor de parto. Grito, alarido, música y guijarro, pólvora y barreno, fuego organizado, para tumbar los palacios, derribar los muros, y edificar al fin la casa de todos. Agenda del día. Parte, grito de guerra. Para fomentar toda rebelión, toda insurrección. La canción rota de la insurrección, la rebelión, la canción del combate. Hasta que la victoria haya instalado su dominio, y la alegría y el amor. Para entregárselos a los hombres que vendrán.

Entonces, salir a recorrer el insólito andamiaje de nuestras derrotas, perversidades, para recomponer, poco a poco, la claridad que nos pertenece. Refundar la vida. Fundar la vida de siempre. Comenzar de nuevo el acto de creación del hombre, el poder de creación; la búsqueda de los resquicios por donde se asome su canto, su humana y preterida condición humana. Para iniciar un tiempo, una historia y una vida nueva, al borde del universo, de pie, como un árbol robusto de un bosque frondoso, donde al fin podamos, como los pájaros, aprender a ser hombres.23

Y concluye taxativamente Mery Sananes al unísono con Pío Tamayo: Sólo así será nuestro el futuro. De los que agarramos el porvenir con la mano para moldearlo con líneas de ciencia y arte nuevos. Dibujando sobre la noche del pasado el estallido solar del porvenir. Galopando en la frondosa cabellera de la alegría, hacia los horizontes de la vasta humanidad que al fin seremos.24

1 opinión

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