Espacios y legalidades en Martín Fierro y Una excursión a los indios ranqueles - Martín fierro
2 - Martín fierro
En primer lugar nos ocuparemos de la obra escrita por José Hernández.
Vamos a considerar como “lugar”, siguiendo a Mieke Bal, a la situación geográfica en la que se sitúan los actores y se desarrollan los acontecimientos. Estos lugares, contemplados en relación con su percepción reciben el nombre de espacio.
En el caso de Martín Fierro el espacio se tematiza, se convierte por sí mismo en objeto de representación. El espacio es un lugar de actuación. El hecho de que las acciones ocurran en un lugar determinado es tan importante como la manera en que suceden, es esto lo que permite que ocurran los acontecimientos.
En este caso, estamos ubicados frente a un espacio de funcionamiento dinámico ya que permite el movimiento de los personajes. El movimiento es una meta en sí mismo ya que de éste resulta una sabiduría o conocimiento.
Podemos ver en esta obra una clara oposición entre el ejercicio del poder y la impotencia de la gente de campo.
Según Josefina Ludmer las nociones de igualdad, libertad, independencia (los derechos universales del hombre) provienen de palabras escritas en otras lenguas que son traducidas por la revolución, descienden y se limitan en las voces, es en este momento cuando nace el gaucho argentino: la voz que canta entra en la literatura escrita. El género gauchesco, dice la autora, transgrede la frontera entre lo oral y lo escrito, entre la literatura y la no-literatura, ya que escribe lo nunca escrito.
La frontera entre dos lugares puede jugar un papel especial, es posible verse atrapado en un lugar así. Josefina Ludmer nos habla de la separación existente entre la cultura y la no cultura a partir de la existencia del delito en la literatura.
Desde el comienzo mismo de la literatura, el delito aparece como uno de los instrumentos más utilizados para definir y fundar una cultura. Para separarla de la no cultura y para marcar lo que la cultura excluye. (1999: 13)
En este sentido, podemos decir que la ley que sigue el gaucho es la de “(...)vivir tan libre como el pájaro del cielo”. En relación con esto se puede afirmar que no existe sujeción a la ley escrita, solo se pelea o se mata “por necesidad”.
El espacio del gaucho era su pago donde tenía seguridad, familia, trabajo pero ahora:
la cosa anda tan fruncida
que gasta el pobre la vida
en juir de la autoridad
Es evidente la confrontación entre las autoridades y los gauchos. En cuanto llegan los representantes de las instituciones se los acusa de robar, golpear y matar con el fin de enviarlos al batallón o a la frontera. El lugar de diversión del gaucho es la pulpería, este espacio es utilizado por las autoridades para apresarlos (entre las autoridades se menciona al juez, al juez de paz y al alcalde).
Dice Ezequiel Martínez Estrada:
Martín Fierro no puede ser condenado sino mediante la absolución del mundo infernal en que vive; pero si ese mundo merece recibir el castigo de su efectiva responsabilidad, la figura de Martín Fierro Atraviesa indemne su dura prueba. (...) la historia de hechos no penetra en el alma del actor para malearla y sí más bien para ennoblecerla con ese signo fatídico del sacrificio como víctima expiatoria de una injusticia de dimensión social. (60)
Es en la pulpería donde se produce la leva, ahí comienza el camino de quien lo perderá todo. Es, sin embargo, el gaucho manso el que corre peligro, el gaucho matrero logra escapar.
El protagonista del poema de Hernández va a parar a la frontera. En este lugar se carece de palabra y de derechos, el que se queja es sometido al cepo y a la estaca. Los métodos punitivos se usan como técnicas específicas dentro de un campo más general que son los procedimientos del poder. El cepo y la estaca son suplicios, son penas corporales y dolorosas.
Es un fenómeno inexplicable lo amplio de la imaginación de los hombres en cuestión de barbarie y de crueldad. (Foucault, 1989: 39)
El pretexto para el traslado a la frontera es la obligación de prestar un servicio por el ataque de los indios, sin embargo, no hay indios ni siquiera cuartel en ese lugar.
En 1810 las autoridades de la revolución deciden limitar la obligación a las armas a la población marginal, la población libre y económicamente activa queda exenta de esta orden.
Eran sometidos a castigos y obligados a trabaja sin cobrar.
Yo primero sembré trigo
Y después hice un corral,
Corté adobe pa un tapial,
Hice un quincho, corté paja...
¡La pucha que se trabaja
sin que le larguen ni un rial!
Es tal el caos reinante que las armas son vendidas por los sargentos para cazar avestruces.
Existe una clara oposición entre la ley del gaucho que delinque solo por necesidad y la del indio :
Naides le pida perdones
Al indio, pues donde dentra,
Roba y mata cuanto encuentra
Y quema las poblaciones.
Algunos de los oficiales que someten a castigo a los gauchos son gringos. Se produce un reclamo explícito de protección por parte de los gauchos a las autoridades. Es en medio de estas circunstancias que Fierro se vuelve desertor y, totalmente sumergido en la miseria, vuelve a su rancho que es, ahora, una tapera.
Al gaucho sin rancho, familia, dinero se lo cataloga de vago y es obligado a huir, la palabra gaucho se liga a delincuente.
Dice Josefina Ludmer:
El género(...) dice qué es un gaucho, cómo se lo puede dividir en legal e ilegal, “bueno y “malo”, para qué sirve, qué lugares ocupa, y esto en la voz misma del gaucho. (1988: 31)
Según Carlos Bunge es un error creer que el odio a las autoridades sociales era una condición intrínseca del gaucho.
Aunque altanero e individualista, no se le puede conceptuar elemento de desorden. Los héroes de la literatura gauchesca son producto de un período crítico en que el gaucho defendió, con su derecho consuetudinario, nada menos que su existencia social, su vida. (...) la lucha entre dos sistemas de derecho es, por su oculta esencia, lucha entre dos razas. (38)
Es en un baile cuando el protagonista comete un homicidio, a partir de ahí, el gaucho perseguido vive en el desierto.
Es, sin embargo, el hecho de ser gaucho, ya considerado un delito. Son considerados, o bien, brutos (el que tolera todo) o malos (el que no).
El cuerpo está inmerso en un campo político, las relaciones de poder operan sobre él, lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio.
Dice Beccaria:
El asesinato que se nos presenta como un crimen horrible lo vemos cometer fríamente, sin remordimientos. (16)
Bajo el nombre de crímenes y delitos se juzgan objetos jurídicos definidos por el código pero, también, se juzgan pasiones, instintos, anomalías y faltas de adaptación.
Es en la inmensidad y oscuridad del campo donde el gaucho cree encontrar protección ya que ahí no lo sorprende la autoridad, sin embargo, llega la policía e intenta atrapar a nuestro héroe. Surge, en este contexto, la solidaridad entre los personajes principales: Fierro y Cruz.
Después de un enfrentamiento inicial con los indios, a partir del canto XIII, es en territorio indígena donde encuentran protección “(...) y hasta los indios no alcanza/ la voluntad del gobierno”. Se afirma que los caciques amparan a los cristianos cuando estos van voluntariamente.
Inician el camino hacia el espacio del indio esperanzados, soñando que allí no hay que trabajar y “se vive como un señor”.
Hacia el final de la primera parte Cruz y Fierro se adentran en el desierto en busca de tranquilidad.
Le dijo Cruz que mirara
Las últimas poblaciones;
Y a Fierro dos lagrimones
Le rodaron por la cara.
La vuelta de Martín Fierro marca el olvido de la justicia oral, de la confrontación, del olvido de la violencia popular.
El héroe de esta segunda parte es un padre que al retornar del exilio les habla a sus hijos recomendando la pacificación y la aceptación de la ley de la ciudad a través del trabajo.
La voz del gaucho se ha transformado en la voz del Estado liberal triunfante.
Según Josefina Ludmer en El cuerpo del delito, el viejo gaucho de Hernández “(...)queda legalizado como el trabajador de la riqueza de la Argentina agroexportadora” (1999: 230)
La Vuelta de Martín Fierro aparecería como un espacio de saberes, instrucciones y consejos. Pero, a la vez, es un espacio de enmienda y conversión.
Dice Josefina Ludmer:
Los consejos de Fierro inculcan la ley. No robar, no matar, no emborracharse, trabajar, ser prudente y moderado. Fierro diferencia nítidamente el delito y establece la división definitiva entre gaucho legal e ilegal. (114)
Podemos decir que inmerso en un proyecto político de división en zonas de ilegalidades, se generaliza la función punitiva y el delimitar el poder de castigar para controlarla.
Se desprenden dos líneas de objetivación del delito y del delincuente: Por un lado el delincuente designado como enemigo de todos, aquel que cae fuera del pacto y se descalifica como ciudadano: el malvado, el loco, el distinto. Por otro la necesidad de medir desde el interior los efectos del poder punitivo que prescribe tácticas de intervención sobre los criminales actuales o eventuales.
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