Espectáculo e identidad cultural en la trilogía de Esquilo, la Orestíada - Analisis e interpretación de la Trilogía (I)

4 - Analisis e interpretación de la Trilogía (I)

Monografía creado por Alberto Fernández Hoya. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/orestia.html
25 de Octubre de 2006

La trilogía de Esquilo, nos da constantes muestras del mundo griego del momento. Igualmente, ofrece pistas sobre su pasado: tradición literaria, creencias, etc. Y por supuesto refleja distintos aspectos sobre el pensamiento de nuestro autor. En ella, se funden elementos religiosos y políticos, individuales y colectivos, humanos y divinos; entroncando con una tradición poética previa, donde nos resulta fácil reconocer a Homero, Hesíodo, etc., pero tomando el pulso al momento de cambio y evolución, en el que se encuentra inmersa su sociedad.

Estamos ante el germen de la ciudad moderna, un verdadero asentamiento urbano donde los retos de relación, organización y estructuras entre los seres humanos son constantes. Lo racional (el hombre), comienza a cobrar importancia, pero el enorme peso religioso: lo divino, el mito, etc., aunque no de igual forma que en la poesía homérica, sigue muy presente, y ambos mundos deben encontrar un nuevo lugar.

En el Agamenón, una de las primeras intervenciones del coro nos habla de esa presencia de la religión griega y sus consecuencias en el pensamiento del hombre de la época.

“Porque Zeus puso a los mortales en el camino del saber, cuando estableció con fuerza de ley que se adquiera la sabiduría con el sufrimiento. (...). En cierto modo es un favor que nos imponen con violencia los dioses desde su sede en el augusto puente de mando.”
                  Agameón, 177-183

En sus leyes, el ser humano persigue instaurar la justicia, pero ésta, depende de la divinidad. El hombre es como un niño que hay que guiar, y que aprende a fuerza de errores. No cabe duda, que se trata de un duro aprendizaje.

La esfera divina continua teniendo una gran incidencia en la vida humana, como ocurría en literaturas precedentes. De alguna manera, desde el primer momento se justifican las desgracias de las que viene precedido el argumento de la Orestíada, y que sé sucederán hasta que en las Euménides, nuevamente la intervención divina (en este caso coincidiendo con la justicia social de la ciudad [25], se encargue de ponerles fin.

Esta dicotomía entre lo humano y lo divino, política y religión, es vista por Mercedes Vilchez desde el concepto central de “díke” acuñando por Hesíodo y Solón [26], y que desde la llegada al poder de Pisístrato se identifica con un nuevo orden. Es una política que persigue la organización estatal que asegure el poder de la ciudad, y el bienestar material de todos los ciudadanos, así como su unidad y concordia dentro de la polis.

Esquilo armoniza estos elementos en el final de las Euménides, logrando conciliar posturas encontradas. Así, las Erinis convertidas por Atenea quedarán al servicio del pueblo. Es un final “feliz”, donde el Cortejo canta las estrofas finales abandonando la escena.

Estrofa 2ª

“¡Benevolentes y leales para esta tierra, venid por aquí, diosas augustas, (...)!”. [27]

Antistrofa 2ª

Una paz para siempre de nuestros hogares se está celebrando al resplandor de las antorchas, en beneficio de los ciudadanos protegidos por Palas. ¡Así lo acordaron Zeus, que todo lo ve, y la Moira!
             Euménides, 1040-1045

Con el juicio a Orestes formado por un tribunal ciudadano, y las intervenciones de Apolo y Atenea, termina la tragedia humana representada en la familia de los Átridas, y aparece un sistema social que podría denominarse “democrático”.

Sobre las cuestiones que venimos comentando, Rodríguez Adrados habla de Esquilo como el fundador de la teoría de la democracia religiosa. [28] Definiendo ésta como un sistema donde el poder y los súbditos respetan unos ciertos límites calificados de justicia. Márgenes que son humanos pero con un fundamento religioso, los dioses. Y señala la Orestíada como la obra donde culmina la citada teoría. Una sociedad esperanzada por encontrar un equilibrio justo.

El juego de oposiciones es constante en la trilogía, pero no estamos ante polos totalmente opuestos, aislados el uno del otro. El dramaturgo griego nos presenta elementos contrarios en constante lucha, pero también en estrecha relación de interdependencia. Quizás sea esto, lo que mantiene la intensidad de las obras, sumándose a la gran tensión dramática que atesoran.

Así, por ejemplo, en las Coéforas, Orestes se encuentra inmerso en una terrible decisión, por un lado debe matar a Egisto y a su madre, es un acto deleznable, pero por otro, debe vengar a su padre. De una parte existe una justicia personal (ojo por ojo), apoyada en este caso por Apolo, y de otra una ley antigua donde cometer crímenes contra un huésped, o contra los padres es uno de los peores delitos para un hombre.

Es una contradicción intensa y complicada, Loxias y el pueblo le piden el asesinato de Clitemestra como un acto justo:

Coro.- ¡Oh grandiosas Moiras, por designio de Zeus dad fin a esto de esa manera con que lo justo hace cambiar la situación! “Que a palabras de odio, respondan palabras de odio”, dice a gritos Justicia cobrando la deuda. “Que por golpe asesino se pague otro golpe asesino: que el que lo hizo lo sufra.(...). ”
                Coéforas, 309-312

Sin embargo, al cometer el crimen incurre en una grave falta perseguida por las Erinis y que le hace acreedor de enormes suplicios.

Las Erinis a Orestes:

“(...). Si se vierte en la tierra sangre de la madre, ya no es posible recogerla -nunca-, que al derramarse en el suelo el líquido desaparece. Preciso es que nosotras chupemos del interior de los miembros de tu cuerpo vivo la roja ofrenda de sangre que debes darnos en compensación. (...). Y cuando te haya dejado seco, te llevaré vivo allá abajo, para que pagues con los tormentos que son castigo infligido a los matricidas. Y allí, verás tú que, si otro de los mortales, pecó de impiedad contra un dios, contra un huésped, o contra sus padres, pues, bajo la tierra, es Hades un juez riguroso para los mortales: todo lo ve y en su mente lo tiene grabado”.
                Euménides, 261-274

Las dudas de Orestes quedan reflejadas de forma explícita en un tremendo y extenso diálogo con su madre, al final del cuál termina asesinándola. Pero su tormento no ha concluido, y no se trata solamente de seguir el mandato del dios o no, o de ser perseguido por las Erinis.

A nuestro juicio, Esquilo presenta un personaje que sostiene un intenso debate interno, de conciencia personal, más allá de leyes divinas o sociales.

Orestes.- “Me duelen los crímenes y todo el sufrimiento de mi estirpe, cuando sobre mi siento la no envidiable mancha de esta victoria mía”.
                Coéforas, 1016-1019

Corifeo.- “Obraste bien. No unzas los labios al hablar mal de ti, ni contra ti mismo profieras palabras infaustas. Has lbertado a toda la ciudad de los argivos, al haber cortado con facilidad la cabeza de dos serpientes”.
                Coéforas, 1044-1047

Existe un claro perfil psicológico en Orestes, que una vez realizado el crimen, y en un momento donde no está pensando en la persecución a la que será sometido, continua atormentado, su desgarro interior no ha finalizado, y probablemente ya no lo hará, a pesar de salir absuelto de sus crímenes en el tramo final de las Euménides. Éste, parece más un desenlace adecuado para el público, buscando una armonía entre los dioses y los ciudadanos (al servicio de una justicia consensuada), que una solución individual, satisfactoria para Orestes.

Pero, los asesinatos por venganza son vistos desde distintas perspectivas a lo largo de las tres obras, así por ejemplo Clitemestra en el Agamenón, no siente remordimientos al matar a su marido y a Casandra. Se trata de un crimen pensado con tiempo, ejecutado de un forma fría y calculada.

“No sentiré vergüenza de decir lo contrario de lo que he dicho antes según era oportuno(...). Con el tiempo acabó por llegarme este combate que yo tenía meditado de antiguo, debido a una vieja querella. [29] (...). Aquí estoy de pie, donde yo he herido, junto a lo que ya está realizado. (...). Así están las cosas, venerable asamblea de argivos aquí presente. Podéis alegraros, si esto os causa alegría, que yo me glorio,(...)”.
                Agamenón, 1372-1395

No sólo no se arrepiente del crimen, sino que expone sobradas razones para haberlo llevado a cabo. En uno de estos diálogos cuenta a los ciudadanos el asesinato de Ifigenia a manos de Agamenón:

“(...), como si se tratara de matar una res entre los rebaños de hermoso vellón, cuando superabundan las ovejas, sacrificó a su propia hija, mi parto más querido, como remedio contra los vientos de Tracia.(...)”.
                Agamenón, 1415-1419

El Coro, aunque no alaba su comportamiento, parece justificar en cierta medida los acontecimientos:

“-Un ultraje sucede a otro ultraje-.

Difícil es esto de juzgar: expolian al que expolia, y el que mata paga. Mientras permanezca en su trono Zeus, permanecerá -es ley divina- que el culpable sufra”.
                Agamenón, 1559-1562

Y continúa en las Coéforas, aludiendo a la misma justicia, pero ya poniéndose de forma explícita de parte de Agamenón, y de los nuevos vengadores:

“Derramad con clamores un llanto mortuorio en honor de nuestro amo muerto, (...). Escúchame, augusto señor; escucha, mi amo, desde las tinieblas en que está tu alma. (...). Que venga un varón fuerte por su lanza, liberador de su morada, sujetando en sus manos los dardos escitas en el momento de tender el arco, y un Ares que, de improviso, clave la espada hasta la misma empuñadura.
                Coéforas, 152-153

“(...), nuestro defensor ya está bajo tierra, mientras son impuras las manos de los que ejercen el poder, cosa que es para él odiosa y más aún para sus hijos.(...). Ojalá que me llegue el momento de entonar el penetrante alarido de la victoria sobre un varón que haya sido inmolado y una mujer muerta,(...), desde la proa de mi corazón sopla una cólera violenta, un rencoroso odio”.
                Coéforas, 377-392

En la última obra, el coro de las Euménides (como sabemos) con arreglo a una antigua ley divina, buscará a Orestes para castigarle. En este sentido, parece curioso que no se castigue a los criminales en general, sino concretamente a los que cometen crímenes de sangre. Ya vimos que el asesinato de los padres era especialmente grave.

“Ésta es la misión que como destino, me hiló la inflexible Moira, para que dure siempre: acompañar a aquellos malvados mortales que incurran en asesinato de parientes, hasta que vayan bajo tierra. Cualquiera de ellos, incluso después de haber muerto, no está libre del todo”.
                Euménides, 335-340

Como venimos diciendo, existen diferentes puntos de vista entorno a los crímenes, que cambian de uno a otro protagonista, en la visión de los distintos coros, según la obra, etc. Planteándose puntos de fricción, algunos comentados: dioses - hombres, y contradicciones. Por ejemplo, ¿Por qué las Erinis no persiguen al rey Agamenón tras haber sacrificado éste a su hija?. Parece que las iniciativas de los dioses entran en conflicto, ya que el inicio de las muertes, por no decir el destino humano en su totalidad, se debe a una intervención “divina”.

Igualmente, Apolo se declara culpable del asesinato de Clitemestra y Egisto a manos de Orestes. Tampoco las Erinis castigaron el asesinato de Agamenón, tuvo que hacerlo su hijo. Al final el choque entre las viejas deidades (Erinis) y las “nuevas” (Apolo-Palas), es resuelto por Atenea, delegada por Zeus, que todo lo ve y de todo estaba enterado. Parece que los dioses hicieran un mal papel en todo este asunto, sobre todo el “máximo responsable”, que unas veces parece ser el motor de toda la acción, y otras, permanece ajeno a la misma. Quizás se nos muestra un anticipo de lo que será una crisis en las creencias, y el nacimiento de la filosofía que debía estarse cociendo con los sofistas, pero es éste un tema complejo y de suficiente importancia como para tratar en un estudio aparte.

Coro.- “¡Ay! Dioses demasiado jóvenes, habéis pataleado la antigua ley y me habéis arrrancado de las manos a Orestes.(...)”.
                Euménides, 778-779

Atenea.- “(...). No habéis sido vencidas.(...), había claros testimonios procedentes de Zeus y el mismo dios [30] que pronunció la profecía fue también el que dio testimonio de que si Orestes hacía eso, no sufriría daño alguno.(..)”.
                Euménides, 795-800

En la última parte de las Euménides. Esquilo tiene que hilar muy fino para conciliar la justicia del pueblo con la divina, y solucionar la contradictoria actuación de deidades, que en última instancia son responsabilidad de Zeus.

Así, como vimos, Apolo se declara culpable del crimen de Orestes, es decir no deja sólo al hombre. Atenea se confiesa incapaz de juzgar el crimen y requiere unos jueces sacados de lo mejor de la ciudadanía. Ahora bien, el empate que se produce en la votación final es decidido con el voto de la diosa a favor de Orestes (detrás esta Zeus). Y por último, Atenea alude en largas exposiciones, a la dignidad de las Erinis y su función de hacer cumplir la antigua ley, a la vez, defiende la justicia del veredicto final en contra de las furias. Todo queda solucionado con un “hechizo” final que la diosa, siempre delegada por Zeus, aplica a las Erinis, que en increíble metamorfosis se convierten en seres benignos y al servicio de la ciudad de Atenas.

2 opiniones

What?.

I dunno what u said!.
La genealidad de la lectura.

Es increible y no me lo creerian si se los dijera pero este sitio y el ricon del vago me han sacado de apuros mas de una vez, asi q mis felecitaciones, y aunq c n tiende q db ser mitad lectura y mitad razon, gracias x l apuro... Desenme suerte.

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