AGAMENÓN
Personajes: Clitemestra, Agamenón, Casandra, Egisto, Coro (compuesto por ancianos argivos), vigía, mensajero, y un heraldo.
Esquilo comienza la obra en el palacio de los Átridas, es de noche y un vigía espera desde hace largo tiempo noticias sobre la expedición de Agamenón. El coro interviene para dar las primeras pistas sobre el devenir de los acontecimientos, a la vez que pone en situación al espectador: La partida hacia la guerra, la batalla en Ilio y el regreso.
Aparece en escena un Heraldo que anuncia la pronta entrada de Agamenón en la ciudad, y el coro en una nueva intervención, abunda en las dificultades del regreso, narrando la tormenta que separó las naves y a la que finalmente pudieron sobrevivir.
El rey entra en Argos acompañado de Casandra, esclava que le regaló el ejército. En el encuentro de éste, con su mujer Clitemestra, se producen diversos hechos entre los que destacan, las quejas de la esposa por la espera, y el recibimiento que tiene preparado a su marido, festejos que no convencen a Agamenón, pero a los que acabará accediendo.
Comienza el desenlace de la tragedia con los poderes proféticos de Casandra, hija de Príamo. Los presagios de muerte se van haciendo cada vez más explícitos con bellísimos diálogos entre la profetisa y el coro. Cuando finalmente todos se encuentran en palacio, se oye el grito insistente de Agamenón, Clitemestra sale a escena y aparecen los cadáveres del rey y Casandra. El crimen y la venganza se han consumado, la protagonista lejos de arrepentirse y cuchillo en mano, se vanagloria de su acción y admite que no es un suceso repentino, sino que responde a un meticuloso plan que tuvo su inicio en el fatal sacrificio de su hija Ifigenia, realizado por Agamenón en ofrenda a los dioses.
Pero la venganza también es de Egisto, primo de Agamenón y amante de su mujer, que expone al público sus razones, en referencia a las atrocidades cometidas contra su padre Tiestes en el pasado. El coro de ancianos abandona el lugar aludiendo a Orestes como posible vengador de su padre y reclamando justicia. Mientras tanto Clitemestra y Egisto entran en palacio. La cadena de muertes sigue su curso, éste, ha sido un eslabón más en la sangrienta historia de los Átridas.
LAS COÉFORAS
Personajes: Orestes, Electra, Clitemestra, Egisto, nodriza de Orestes, Coro, portero y un esclavo.
Se nos presenta en escena la entrada del palacio de los Átridas, delante del cual está la tumba de Agamenón, la acción transcurre de madrugada. Del camino surgen Orestes y Pílades que se aproximan a la tumba, una vez allí escuchan voces que van acercándose al lugar y deciden esconderse.
Aparecen entonces Electra y el coro que llegan para celebrar los funerales de Agamenón. Orestes, al escuchar las palabras de las esclavas, propicias a sus intereses, sale de su escondite y ambos hermanos se reconocen. En los momentos siguientes, los hijos del rey asesinado, entablan un diálogo con el coro, en cuyo discurrir, se exponen sobradas razones para la venganza contra los asesinos de su padre. Ambos elevan sus plegarias a los dioses para que les sean favorables en sus planes, y por fin se haga “justicia”.
Orestes traza un plan en compañía de Electra y las esclavas, y espoleado por éstas (el coro) pasa a la acción. Junto a su amigo Pílades, se hacen pasar por extranjeros que traen noticias para el palacio de Argos, una vez allí se entrevista con Clitemestra y le dice que Orestes ha muerto. Ésta, tras el disgusto por la muerte de su hijo, proporciona alojamiento a los “viajeros”.
Entra en escena la que fuera nodriza de Orestes, lamentando amargamente la triste noticia recibida, y es instada por el coro a comunicar los hechos a Egisto, para que vaya personalmente a entrevistarse con los extranjeros.
Éste entra en palacio y al momento se le oye gritar herido de muerte, un esclavo pidiendo ayuda confirma entre gritos el asesinato de Egisto. En escena aparece su cadáver y sale Orestes con la espada ensangrentada en la mano acompañado de Plístenes, dispuesto a matar también a Clitemestra.
Orestes mantiene un intenso diálogo con ella, por un lado es la asesina de su padre, pero por otro es su madre. Durante unos instantes duda sobre lo que debe de hacer, pero finalmente, influido por los oráculos de Loxias y el peso de sus juramentos da muerte a Clitemestra. El hijo vengador por fin a cumplido el vaticinio y llevado a cabo la “justicia divina”, a cuyo mandato no podía escapar. Su alma se debate entre dudas, en un soliloquio trágico y de enorme belleza se afirma en el deber cumplido, a la vez que se arrepiente de su crimen. El coro aprueba su venganza, pero entonces, las Erinis se presentan ante Orestes (sólo él las ve) para vengar las nuevas muertes, y éste sale huyendo perseguido por su destino.
LAS EUMÉNIDES
Personajes: La Pitia, Orestes, Apolo, sombra de Clitemestra, Atenea, Coro de Erinis o Euménides y Cortejo. Intervienen en la acción pero sin hablar, un heraldo, ciudadanos atenienses como jurado, doncellas, matronas y ancianas.
Comienza la obra con la Pitia elevando una plegaria frente al templo de Apolo. Entra en el santuario a consultar el oráculo y sus predicciones la horrorizan.
La escena se traslada al interior del templo donde Apolo recomienda a Orestes que huya hasta la ciudad de Palas, se abrace a la estatua de Atenea buscando protección, y espere el veredicto sobre su crimen. El Dios pide a Hermes que acompañe en el camino a su protegido.
Mientras tanto aparecen la Erinis que han sido dormidas por Apolo para ganar tiempo, junto a ellas surge la sombra de Clitemestra pidiéndoles que despierten y persigan al que fue su asesino. Las deidades subterráneas abandonan el sueño y reprochan al Dios su actitud, éste les obliga a salir de su templo. La acción se plantea en forma de diálogo entre ambas divinidades (Apolo y Erinis), que cuestionan sus respectivos comportamientos respecto de los dioses y las leyes divinas.
El escenario se traslada a la colina del Aerópago en Atenas, donde Orestes por mandato de Apolo aparece abrazado a la estatua de Atenea, de inmediato llegan las Erinis en su busca. Al descubrirlo comienzan su danza ritual de muerte entonando sus cánticos entorno a él, y estrechándo cada vez más el círculo. En ese momento interviene Atenea que, tras escuchar las razones del homicida y sus perseguidoras, decide (como planeara Apolo) escoger entre sus mejores ciudadanos un jurado y plantear un proceso sobre la culpabilidad o no de Orestes, y su posible castigo.
Las distintas partes implicadas exponen sus puntos de vista entablándose un debate a dos bandas, por un lado Orestes y su valedor Apolo, y por otro las Erinis. Llegado el momento del veredicto, los ciudadanos depositan sus votos en una urna, votando Atenea en último lugar y declarándose abiertamente a favor del perdón de Orestes.
Se cuentan los votos y el escrutinio revela un empate, por lo que el citado voto de la diosa resulta definitivo a favor de Orestes. Apolo desaparece, el juicio a terminado. Las Erinis están indignadas, para ellas los dioses jóvenes (Apolo y Atenea) han pisoteado las antiguas leyes, pero la diosa consigue calamarlas, reconoce su dignidad como deidades “justicieras” , les asegura que Zeus como figura suprema aprueba el resultado final, y les ofrece un cambio en sus funciones. Finalmente son transformadas en seres bienhechores y protectores de la ciudad de Atenas, las Erinis aceptan su nuevo papel gustosas y, en su nuevo papel de Euménides, son revestidas con mantos de púrpura por un grupo de doncellas que salen a escena. La cadena de muertes y venganzas ha sido cortada, los mensajes al público son de paz y esperanza en el futuro, lentamente todos abandonan el escenario.