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“…el lector dibuja hasta el final en su conciencia la imagen artística, y se deja llevar por su propio peso hacia la fidelidad de la verdad, nace en él el sentimiento de que lo expuesto está auténticamente vivo…”
Tolstoi.
Se propone la manifestación de tres elementos básicos -no unívocos- (Ficción, Suspenso y Misterio) como procesos inherentes a la lectura, que en su relación interdependiente concretan el establecimiento de un lazo afectivo real (acontecimiento) entre cualquier texto y un lector. Además, se explora una categorización preliminar para diferenciar la aparición de dichos elementos durante el acto de lectura; para que a través de ello, se haga legitima su dinámica como condición necesaria para que la recepción se acerque a la condición de sentido, es decir, favoreciendo la idea de promover progresos cognitivos y emocionales continuos y permanentes en el sujeto (él lee y se lee) con una intencionalidad práctica. En este sentido la pregunta de trabajo que se intenta resolver, tiene que ver con las condiciones bajo las cuáles una persona puede dar testimonio de una dinámica de relación entre algunas experiencias emocionales ligadas al acto de leer y su propia condición de desarrollo intelectual.
La complejidad de la relación autor/texto/lector, supone para la crítica literaria y la filosofía del lenguaje reflexiones de diverso orden, enfoques y perspectivas, que en ánimo de acercarse a la verdad del fenómeno interpretativo implícito en dicha relación, pueden en algún momento, perder de vista la cuestión fundamental que ancla cualquier tipo de indagación en éste ámbito y es precisamente el análisis de las consecuencias que para ésta condición de interdependencia se genera en cada sujeto.
Preguntas válidas a nivel teórico y formal como ¿es el autor independiente de la interpretación?, ¿es el texto por sí sólo autosuficiente? O ¿Es el lector sujeto válido de interpretación? Deben en un momento potenciarse con inquietudes como ¿Cuál es la naturaleza del producto derivado del acto de leer? ¿Cuáles son las condiciones mínimas (competencias) en el lector para que se acepte una interpretación válida frente a las posiciones de verdad que manejan los textos? ¿Es posible edificar un modelo de apropiación que de cuenta de una posible comprensión? ¿De que manera incide la afectación del sujeto en el logro de la comprensión? ¿Cuál es el papel de le emocionalidad en el acto lector?. Este nivel en las preguntas establece intrincados horizontes de investigación que por sí mismos no se proclaman exclusivos o hegemónicos, sino que en su desarrollo amplían las sendas para apropiarse de nuevos elementos de crítica y también de hermenéutica a la hora de enfrentarse con un texto, independientemente de los intereses y la motivación que ampara dicha acción. En este orden de ideas, es pertinente y necesario acercarse a explorar algunas de las condiciones en que la experiencia afectiva se presenta, así como las variables que pueden constituirla y los efectos que pueden desencadenar en el lector este tipo de sensación y cercanía con los texto, de cara a una intencionalidad por lograr la comprensión en su sentido estricto y que se vea reflejada finalmente en la acción.
En este punto es necesario advertir, que gran parte de esta consideración se fundamenta conceptualmente en algunos de los postulados enunciados en los trabajos ya clásicos de algunos miembros de la escuela de Constanza; que hacen referencia precisamente a la posibilidad de verse “expuesto” a diversas sensaciones que necesariamente implican un encuentro muy particular entre la obra y aquel que la explora. Vale la pena aclarar además, que el término “afectivo”, se utiliza en este escrito aprovechando su doble significación: no sólo como la posibilidad de afectar al lector, sino en principio, de la experimentación de una línea emocional con el texto, del establecimiento de un vínculo concreto. Con lo cuál, parte del supuesto que se defiende aquí, implica un paso necesario (más no obligatorio) para decodificar el significado e instancia de la relación afectiva con el texto y consecuentemente la afectación derivada de ello. Me permitiré por lo tanto jugar con este doble sentido.
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