El desarrollo biopsicosocial de los seres humanos se asocia, condiciona o determina según los contextos de pertenencia. Desde el enfoque sistémico contextual, Bronfenbrenner nos indica que existe una interacción continua y recíproca entre los sujetos con sus características personales y su medio, donde uno y otro se modifica en la acción.
El desarrollo implica un proceso gradual, continuo e irreversible asentado en factores internos (endógenos) generados por la maduración biológica del individuo y en factores externos (exógenos) generados a través del aprendizaje en interacción permanente con el ambiente, lo que permite afirmar, que constituye una adaptación activa al medio. Pichón Riviére, en referencia a la Salud, lo conceptualiza como la capacidad de adaptarse activamente a la realidad.
Existen distintas clasificaciones sobre el desarrollo infantil y las diferentes etapas, fases o momentos en que se organiza la información sobre los logros o cambios que se observan durante el proceso. Los teóricos de la psicología exponen sus concepciones del desarrollo humano recurriendo a escalas, fases, etapas, estadios, etc. Aunque existen diferencias que se evidencian al advertir su connotación en el texto y contexto de los estudios que los utilizan, es común que se confundan los de escala y estadio. Conviene, pues, dejar establecido que las escalas remiten a consideraciones de carácter cronológico. Como ejemplo, pueden observarse las escalas de Gessel y Bühler. En el caso de los estadios de desarrollo, éstos más bien son indicativos de niveles funcionales, es decir, se basan en una sucesión funcional que implica, además, que el orden de dicha sucesión sea constante. Por lo tanto, un estadio supone, dentro del mismo, un nivel de preparación y uno de terminación de una estructura de conjunto, integradora. No se refiere a la sucesión o a la yuxtaposición de funciones o propiedades extrañas entre sí. Tal es el sentido o significación del término estadio en los trabajos de Piaget y Wallon, entre otros. En este sentido, tomaremos la clasificación general establecida desde las teorías organicistas (y en especial el modelo expuesto por Remplein, 1947:135) por las cuales se organiza el conjunto de cambios que acontecen durante el período infantil en dos grandes áreas: primera y segunda infancia.
Durante la segunda infancia (entre los 6 y 12 años) el desarrollo evolutivo del niño presenta características particulares, que lo posicionan en forma diferentes con respecto a las etapas anteriores.