Faget o el ángel sumergido - Primeras señales del poeta
3 - Primeras señales del poeta
Dentro del primer lustro de mi radicación en Barcelona recibí desde Salto (Uruguay) un cuaderno de poemas titulado "En el nombre del trigo". Al dorso venía una dedicatoria del autor y su dirección en aquella localidad. Allí la letra grande, tímida y sensible de Faget, el puente inicial, el acceso directo a su poesía y a su amistad.
"Más tarde / mediremos el tiempo // no nos será posible / borrón y cuenta nueva // nadie esconda su luz / alto las lámparas."
Estos versos cobraban un relieve luminoso en aquel tiempo de declive para la dictadura militar uruguaya. Pero había otros que mostraban un poeta de variada temática y un registro decantado, nada retórico, ceñido a la música esencial de las palabras, cultivador de limpios epigramas: "La piedra en el camino / reflexiona // hay sol / espera / nuestra segunda vez."
La segunda vez que me nombraron a Faget fue también por intermedio de un colega del Uruguay. No recuerdo si a finales de 1984 o comienzos del ’85, pero el diálogo se dio en casa de Cristina Peri Rossi, quien me decía: "hay un amigo uruguayo que está viviendo en Barcelona, me gustaría que lo conocieras, se llama..."
Y por fin, días después, pude estrechar la mano de Rolando, comprobar desde el arranque su honda humanidad, su permanente militancia con la poesía y las letras de nuestro país y de cualquier rincón del planeta. Vino igualmente el conocimiento de una trayectoria que continuaba forjándose en la capital catalana.
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