La técnica narrativa que sigue Max Aub para atender a su protagonista múltiple es la que conocemos como contrapunto. El nombre proviene del título de la novela de Aldus Huxley, Point counterpoint, editada en español con la simplificación de Contrapunto.
Como la técnica musical que inspira a Huxley, Aub relata alternativa e intermitentemente la vivencias particulares de estos hombres que la guerra ha unido. Son fragmentadas historias que se entrecruzan. Pese a los distintos derroteros de cada uno, su existencia tiene puntos de concomitancia que refuerzan la unidad de la obra.
2.1. Esas técnicas sitúan la serie dentro del movimiento de renovación de la novela que se incorpora a las ideas de fin de siglo. Usa el monólogo interior iniciado por Dujardin (Los laureles cortados), alternancia en la focalización, perspectivismo, cambios de puntos de vista para aludir a un mismo hecho o la ruptura de los límites entre ficción y realidad. Si hemos de encuadrarlo en la modernidad o la postmodernidad, lo analizaremos más tarde.
La debilitación de los límites entre ficción y realidad afecta a la creación de los personajes. El propio objetivo de la obra que intenta reflexionar sobre una realidad trágica vivida, busca la convicción del lector, aunque no pueda evitar un cierto maniqueísmo. Es verdad que los juicios de valor sobre las situaciones en ambos lados de la contienda están emitidos por personajes que están implicados ideológicamente y que las aberraciones de comportamiento se producen en el bando republicano, porque en él se desarrolla la acción novelesca, pero suelen estar compensados por referencias al comportamiento de los "fascistas", que siempre son mucho peores. En otras palabras, Max Aub, que vivió largos años de exilio, no puede ser objetivo, ni evitar una cierta tendenciosidad.
2.2. No es fácil determinar cuales son los verdaderos protagonistas y cuales son los personajes secundarios, por lo que dejamos la elección a los lectores. Sin embargo parece que lo que se va a glosar en Campo de sangre son las vicisitudes de cinco amigos que la guerra ha unido en la retaguardia catalana: José Rivadavia, magistrado; Jesús Herrera, un autodidacta comunista que ha llegado a capitán del 5º Cuerpo de Ejército; Santiago Ferrero, alias Sancho, criticón, cínico y mal hablado; Paulino Cuartero, más aficionado a la dramaturgia que a la política, que es capaz de sufrir un conflicto sentimental auténtico; Juan Fajardo, poeta, catedrático de Lengua y Literatura del Instituto de Alcoy, que iniciada la contienda entra en el partido comunista por un impulso idealista y, por su formación, fue catapultado al grado de capitán; y el médico Julián Templado, el personaje que nos interesa especialmente.
Herrera es el único de ellos que no tuvo una formación regular. Parece un personaje inspirado en Miguel Hernández. Pastorcillo de adolescente, poeta comunista y capitán, no del 5º Regimiento, pero sí del también 5º Cuerpo de Ejército. Los detalles de su formación quizá los diferencia, pero su interés por la cultura y su pasión por la lectura los identifica.
Lo cierto es que el nivel cultural de los compañeros y amigos permite al autor derivar en digresiones políticas, literarias, científicas, jurídicas, sociales y críticas, que da a los participantes el marchamo de intelectuales y convierte Campo de sangre en una novela-ensayo.