"La irritabilidad, según hemos visto, constituye una función de la vida orgánica, no meramente una correlación entre los factores vitales presentes en el organismo, por una parte, y los factores trascendentes que residen en el medio, por otra. La intencionalidad también se revela, no meramente como una relación entre lo psíquico y su mundo en torno, sino como un proceso, como una función que debe portar en su seno una tensión directriz, análoga a la que se contiene en la función primordial de lo orgánico; tensión que orienta a ambas funciones elementales hacia determinados contenidos que son trascendentes al ser vivo."
La intencionalidad (del latín intentio, acción de tender hacia un objetivo), doctrina inicialmente escolástica que sostiene que todos los hechos de conciencia poseen y manifiestan una dirección u orientación hacia un objeto. Esta orientación, que se afirma de todo pensamiento, volición, deseo o representación consciente en general -pero no, por ejemplo, de una sensación-, consiste, por un lado, en la presencia o existencia «mental» del objeto que se conoce, quiere o desea y, por el otro, en la referencia de este «hecho» mental a un objeto en principio real. La intencionalidad, por tanto, tiene un sentido doblemente reversible, en cuanto se aplica al modo de existencia mental que un objeto real tiene en la conciencia humana por el hecho de ser conocido, o en cuanto existe «intencionalmente» en la conciencia (aspecto ontológico), y en cuanto se aplica a la referencia a lo real que todo hecho de conciencia posee (aspecto psicológico y epistemológico). Franz Brentano desarrolló la idea de intencionalidad como característica propia de todos los fenómenos mentales y sus estudios influyeron particularmente en el desarrollo de la fenomenología. Husserl se refiere a la «teleología de la conciencia» cuando habla de la intencionalidad, de modo que toda conciencia es siempre conciencia de algo, y distingue entre nóesis y nóema: nóesis es el hecho mental o la vivencia y nóema el contenido de este hecho, pensamiento o vivencia; la intencionalidad, a su vez, es la correlación (eidética) entre nóesis y nóema. Del mismo modo, ha definido la intencionalidad como una tendencia necesaria de la conciencia hacia un contenido que es heterogéneo a ella misma. Lo explica, diciendo, que en la vida psíquica los procesos se entremezclan y complican de tal modo que la intencionalidad que corresponde a cada uno queda aparentemente imprecisa.
Desde esta perspectiva, afirma que los más de los actos son ciertamente vivencias complejas, y las intenciones mismas son además múltiples con gran frecuencia; hay especies y subespecies esencialmente distintas de intenciones. A mi entender, siempre había escuchado que la intencionalidad en la filosofía fenomenológica, es la orientación del espíritu hacia un objeto real o hacia una idea, o a ser consciente de cualquier cosa. En cambio, Franz Brentano afirma que, sólo lo psíquico es intencional, esto es, pone en relación la conciencia con un objeto. Esta llamada «tesis de Brentano», que hace de la intencionalidad la característica de lo psíquico, permite entender de un modo positivo, a diferencia de lo que no lograba la psicología de aquella época, los fenómenos de conciencia que Brentano distingue en:
1)representaciones
2)juicios
3)fenómenos emotivos (sentimientos y voliciones).
Todo fenómeno de conciencia es o una representación de algo, que no forzosamente ha de ser un objeto exterior, o un juicio acerca de algo. Los juicios o son teóricos, y se refieren a la verdad y falsedad de las representaciones (juicios propiamente dichos), y su criterio es la evidencia y de ellos trata la epistemología y la lógica; o son prácticos, y se refieren a la bondad o a la maldad, la corrección o incorrección, al amor y al odio (fenómenos emotivos), y su criterio es la «preferencia», la valoración, o «lo mejor», y de ellos trata la ética.
Tenemos, pues, que la cualidad esencial, inmanente que domina las series funcionales de la vida psíquica, y que recibe el nombre de intencionalidad, es una necesaria y espontánea proyección de toda la vida psíquica hacia algo objetivo que la trasciende. Por eso la intencionalidad se caracteriza primariamente por ser una función que espontáneamente se dirige a fines predeterminados por la vida dentro de la cual ella funciona. Ahora bien, ¿cómo pudiéramos concebir la intencionalidad en una función de reintegración en la totalidad?
Para Bárcena, en la vida psíquica, las cualidades sustantivas características que mienta la intencionalidad equivalen, correlativamente, a «lo que completa al individuo con tal otra parte de la totalidad vida-mundo en torno». De ahí, que el medio o mundo en torno y la entidad vivente forman una totalidad indivisa, una estructura, y tiene que haber órganos, como los hay, para que esa entidad viviente se mantenga integrada funcionalmente en la totalidad de que forma parte. De la misma forma, diríamos, que en el dominio de la mera sustancia orgánica, la irritabilidad llena ciegamente esa función. En la vida psíquica. La intencionalidad inicia la coordinación dinámica con el todo a que pertenece, al mentar cualidades sustantivas del mundo en torno y hacer posible la conciencia o experiencia intencional el descubrimiento de los objetos mentados, vivirlos como presentes en la realidad circundante.