Las divergencias surgidas en el ámbito de la razón, entre el racionalismo y el empirismo, le llevaron a Kant a plantearse, como tarea fundamental de su filosofía, la necesidad de someter a examen la razón. A ello responden sus dos principales obras: "Crítica de la Razón Pura": ¿qué puedo conocer?, y "Crítica de la Razón Práctica": ¿qué debo hacer? Posteriormente publica la "Crítica del juicio", cuyo objetivo es establecer el principio de la fundamentación a priori del sentimiento de placer y dolor. En 1784 editó un opúsculo titulado "Respuesta a la pregunta ¿qué es Ilustración?", que contiene las ideas fundamentales de su filosofía política. En ese mismo año 1784 publica "Idea de una historia universal con propósito cosmopolita", que recoge su filosofía de la historia.
El opúsculo, "Idea de una historia universal con propósito cosmopolita", constituye el eje en torno al cual gira la filosofía de la historia de Kant. Él considera la historia como un posible sistema de las acciones humanas. Su visión cosmopolita de la historia establece la necesidad de acuerdos entre individuos y Estados desde la responsabilidad.
"Aunque pueda tenerse con propósito metafísico un concepto de la libertad de la voluntad, sus fenómenos, es decir, las acciones humanas, como cualquier otro acontecimiento natural, están determinados por leyes generales de la naturaleza".
El texto comienza planteando la posibilidad de un doble concepto de libertad: uno metafísico, como idea, y otro fenoménico, referido a las acciones humanas.
En la "Crítica de la Razón Pura" distingue Kant entre noúmenos o mundo de las cosas en sí, y fenómenos o mundo de las cosas tal como yo las percibo. En sentido fenoménico, afirma Kant que, al igual que cualquier otro acontecimiento natural, las acciones humanas están determinadas por las leyes generales de la naturaleza.
Esto nos lleva a plantearnos si, desde el punto de vista kantiano, es posible hablar de libertad en un mundo determinado, y si se puede sostener un discurso moral o un discurso histórico sin afirmar la existencia de la libertad.
La distinción entre el uso especulativo y el uso práctico de la razón abre las puertas a la posibilidad de la moral, y a entender la historia como el ámbito objetivo de la realización de la libertad, y no como la marcha regular de una cadena de causas y efectos
Aplicando esta distinción a la noción de "voluntad", podemos hablar de una voluntad libre: cosa en sí (noúmeno), no sometida a las leyes de la naturaleza, idea pensable, y de una voluntad no libre: fenómeno, objeto de la experiencia, sujeta a las leyes naturales.
Estos conceptos nos permiten hacer algunas consideraciones:
§ En primer lugar, el mundo fenoménico está regido por la necesidad de las leyes naturales y, por tanto, no puede concebirse en él la libertad, pues se incurriría en contradicción. Mientras que el mundo nouménico se rige por la libertad que, en cuanto cosa en sí, no puede ser conocida por la razón especulativa y es, por tanto, una mera suposición, una idea.
§ En segundo lugar, la idea de libertad no implica en sí misma ninguna contradicción, es decir, es perfectamente concebible, aunque no pueda ponerse ningún ejemplo en el mundo sensible, y juega un papel decisivo: es la condición necesaria de toda conducta moral y la explicación de la marcha uniforme e ininterrumpida de la mayor parte de los acontecimientos que constituyen la historia.
"La historia, que se ocupa de la narración de estos fenómenos, nos hace esperar, por profundas que puedan ser sus causas remotas, que, al observar el juego de la libertad de la voluntad humana en conjunto, se pueda descubrir en ella una marcha regular"
Para Kant la historia humana es el ámbito objetivo de la realización de la libertad; es resultado de una tendencia natural que conduce al ser humano a su plena realización. Precisamente, a explicar cómo, en su marcha histórica, el hombre va realizando las disposiciones naturales u originarias que hay en él, dedica Kant esta obra.
La más característica de las capacidades de la especia humana, según Kant, es la razón. Él, al igual que los filósofos ilustrados, cree en el progreso de la razón y en la perfectibilidad de la especia humana, que explica como un proceso de realización de las distintas disposiciones naturales u originarias con las que la naturaleza ha dotado al hombre, y que nos permiten descubrir el hilo conductor de la historia.
Los extremos del desarrollo progresivo del ser humano son el instinto y la razón. Entre ambos extremos, la historia del hombre encuentra su lugar intermedio en el espacio de la libertad. Sólo es responsable quien puede actuar con libertad, o sea, con independencia de inclinaciones sensibles que, por ser tales, siguen las inexorables leyes de la naturaleza.
La moralidad como meta de la determinación final del hombre supone la historia. Pero ésta es el escenario en que el ser humano representa todo lo que en él hay de egoísmo, pasión, rivalidad. Los antagonismos que brotan de las disposiciones a la animalidad y a la humanidad constituyen el motor que pondrá en movimiento la marcha ascendente del hombre hacia la moralidad. El conflicto de los intereses individuales llega a tornarse apremiante y obliga al individuo, que sigue una libertad sin ley, a ingresar en una sociedad regida por una constitución civil, es decir, a fundar el Estado.