



(2 opiniones)
Para el Franquiciante:
Le imposibilita tener un control sobre las ventas realizadas a pequeñas empresas minoristas.
La rentabilidad de los lucros o ganancias que se obtengan, tendrán que ser repartidos.
El franquiciante pierde una parte de la ganancia de la franquicia, que sera suya si operase con unidades propias.
El franquiciante asume riesgos de litigios que pueden ser sumamente costosos. Estos problemas se diluyen cuando la franquicia ha sido bien diseñada.
Para el franquiciado:
Se establece el precio del producto o servicio, y muchas veces el volumen de los productos a comercializar.
Estos contratos limitan mucho las oportunidades para iniciativas individuales o propias del franquiciatario.
Mantienen un socio no deseado, mientras dure la franquicia.
El crecimiento de la actividad comercial se encuentra limitado por las condiciones presentadas en el contrato celebrado.
Hay una menor flexibilidad para transferir, vender o cerrar el negocio. En efecto el franquiciante es quien autoriza la transferencia de la unidad franquiciada y, en el caso de querer cerrarlo, el franquiciado debe pagar generalmente una pena pecuniaria significativa, cuando haya sido convenida en el contrato, como es usual
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