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Principio del Amor: El amor es la atracción de dos o más seres para unificarse, ley de armonía y por lo tanto de creación y conservación de la vida, es tanto como decir reconocimiento de la Unidad en todo. En los astros se manifiesta en forma de fuerza centrípeta, ya que todos los planetas se subordinan en unidad de su sistema planetario. En los minerales y cuerpos químicos se presenta como afinidad: en los animales como instintos, atracción sexual; en los vegetales como tropismos; en el hombre y la mujer como cariño y simpatía y en grados más elevados como verdadero amor espiritual, ya en forma de idealismo o de sacrificio.
Principio de Finalidad: La evolución tiene un sentido finalista, es decir, la consecución de un objetivo de índole trascendental y metafísica.
Principio de Jerarquía: Todo ser o cosa está subordinado a todo aquello que es superior en grado evolutivo y tiene poder sobre todo aquello que le es inferior en la escala de la evolución. En el plano meramente humano de la biología social se falta frecuentemente a esta ley (y así nos va) dándose el caso de que en las sociedades humanas no rige en la escala evolutiva el verdaderamente superior (el más virtuoso, el más sabio) sino el que tiene más soluciones materiales, más astucia, más influencia o más fuerza. Esto desarmoniza la colectividad y degrada a los hombres verdaderamente dignos. Los hombres son iguales en esencia, poco iguales en potencia y totalmente desiguales en presencia.
Es cierto que de esta ley puede inferirse que el Ocultismo es un sistema de pensamiento elitista, casi aristocrático, y se estaría en lo correcto (después de todo, “aristocracia” no es el gobierno de los nobles sino, etimológicamente, “el gobierno de los mejores”). Pero lo que no comprenden quizás muchos que se vuelcan a estos temas, es que la superioridad del Ocultismo no significa más derechos sobre los demás (te menosprecio porque tengo el secreto, me debés obediencia, yo sé que es lo que te conviene, etc.) sino, en realidad, más obligaciones para con los demás. leyes podemos ser dignos de compasión por nuestras desgracias, mas a partir de nuestra “iniciación”, seremos los únicos responsables de los problemas que enfrentamos si no somos capaces de solucionarlos y, aún, trabajar para solucionar la ignorancia –no el problema en sí- de los demás. “Al que tiene hambre, no le des pescado, sino...”.
Principio de Armonía: La existencia de todos los seres exige una adecuada relación entre las partes y el todo, que se manifiesta por el máximo de libertad y rendimiento en la función de cada parte, juntamente con el máximo de ayuda mutua a favor del todo. Por lo que podríamos enunciar que la armonía, enfocada desde el punto de vista esotérico, es la capacidad de cada una de las partes de un conjunto de expresar su propia naturaleza de manera proporcional al grado de correspondencia con las otras partes antes del límite crítico del conjunto.
Principio de Adaptación: Todos los seres adaptan sus vidas al medio que los rodea para defenderse y para aprovecharlo en su beneficio. La Ley de Adaptación es recíproca: el medio ambiente es modificado por los seres vivos a quienes corresponde la iniciativa del cambio. El ser modifica al medio por su actividad voluntaria, aunque sin dejar de adaptarse a él para no perecer. Los perezosos y escépticos deberían meditar sobre este principio, ya que siempre están a la espera de circunstancias propicias para actuar, sin pensar en que las circunstancias deben crearlas ellos mismos.
Principio de Selección: En la lucha que para adaptarse al medio mantienen los seres, prevalecen los más sanos, más fuertes, más inteligentes o más buenos.
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