Fundamentos del Ocultismo - Primeros ejemplos

2 - Primeros ejemplos

Monografía creado por Esquina Mágica. Extraido de: http://www.esquinamagica.com/articulos.php?idar=548&id1=13
12 de Noviembre de 2006

 Sólo a los efectos de demostrar que nuestros antepasados no eran tan ingenuos y supersticiosos en la búsqueda del saber como habitualmente se piensa, es oportuno repasar algunas anécdotas que nos reservó la Historia.

En los libros sagrados hindúes, especialmente en los “Vedas”, se describe una “medicina” efectiva para tratar la viruela o “peste” como allí se la menciona: el paciente enfermo de la misma debe frotar su cuerpo desnudo contra el de un animal, preferiblemente vaca o caballo, que hubiese sufrido ésta y sobrevivido. Los antropólogos e historiadores dicen que esto es un exponente del “pensamiento mágico” de los antiguos hindúes, que así creían transferir la enfermedad al animal por un proceso de magia simpática. Empero, las evidencias arqueológicas señalan que muchos enfermos de viruela, tratados así, sobrevivían. Hoy sabemos que el método tenía fundamentos: el animal enfermo y sobreviviente lo era a expensas de generar anticuerpos, leucocitos blancos que se depositaban en pústulas sobre su cuerpo. Al frotarlo, el paciente reventaba esas pústulas y los anticuerpos, por distintos conductos, especialmente ósmosis capilar, ingresaban al torrente sanguíneo del enfermo, que así se “vacunaba”. Y la expresión no es ociosa, pues precisamente ése es el mecanismo de nuestras modernas vacunas, llamadas así, además, porque se preparan a partir del suero obtenido por la inoculación progresiva del virus en vacunos.

Otro ejemplo. Durante las guerras entre árabes y cristianos, algunos siglos atrás, se empleaba un sangriento método para templar las armas. En la fragua, el hierro al rojo vivo era introducido en el cuerpo de prisioneros cristianos para enfriarlo con su sangre, matándolos en ese acto. Otra vez los historiadores ortodoxos nos “explican” que de esta manera los musulmanes creían transmitir al metal las propiedades de virilidad, coraje y resistencia del enemigo. Pero lo cierto es que en los combates, por cada alfanje o alabarda mora que se quebraba, decenas de espadas españolas lo hacían. Durante los siglos dieciocho y diecinueve, el sistema empleado para templar el metal consistía en enfriarlo en grandes bateas donde previamente se habían hervido pieles de animales sin curtir. Hoy, la metalurgia emplea el proceso llamado de “nitrogenación del acero”, mediante el cual se insufla nitrógeno en el período de enfriamiento del metal, dándole así temple y durabilidad. Por cierto, es alto el contenido de nitrógeno en la sangre del infeliz en cuyo cuerpo se enfriaba el acero y este nitrógeno, evaporándose al disipar el calor, se incorporaba al metal. Método cruel, sí, pero científicamente justificable.

Durante miles de años, los textos esotéricos han descripto al mundo conformado por cuatro elementos básicos: agua, aire, tierra y fuego. Ciertamente, los antiguos no se referían al agua de beber, la tierra del jardín, el aire que respiramos o el fuego de la cocina al hablar de estos elementos, sino a cuatro categorías en las cuales esa tierra del jardín, el aire que respiramos y demás son sólo la expresión más grosera, más material, de un primer principio sutil llamado, por caso, “tierra”, que abarca, sí, ese elemento físico, pero también implica signos zodiacales, notas musicales, colores (el verde, sinónimo de seguridad y progreso), fecundidad... Al hablar de “agua”, en el mismo sentido, se habla de colores (azul), condiciones (adaptabilidad), etc. El “aire” implica como color al amarillo (no porque sea de este color, sino porque es el sustento visible de los rayos del Sol) y se le asigna la característica de “transitoriedad y mutabilidad”, o sea, “cambio”. El “fuego” además de corresponder, verbigracia, al signo de Leo, corresponde al color rojo, al concepto de “peligro”, y nos acercamos entonces a una conclusión fundamental: aunque no creamos en las leyes del Ocultismo estamos inexorablemente sujetos a ellas. Como con la gravedad, a la que puedo desconocer, pero si me asomo excesivamente al balcón de un quinto piso, me veré forzado a obedecerla.

¿Y porqué esa conclusión y todo este introito?. Porque noventa años atrás, alguien inventó, para seguridad y control del tránsito, el cotidiano semáforo. Seguramente, el o los inventores habrán tenido sus muy buenas razones para elegir sus colores característicos y adjudicarles un valor simbólico a los mismos... pero no pudieron escapar a esa ley universal que dice que al “rojo” se le asocia el concepto de “peligro”, al “amarillo” el “cambio” y al “verde” la “seguridad” o “avance”. Ciertamente, ustedes pueden reinventar el semáforo y otorgarle otros colores, o darle a los mismos otro sentido... pero sólo ahora, que conocen la ley, que toman conciencia de la misma, están en condiciones intelectuales de alterarla. Esta es otra condición del Ocultismo: sólo se cambia, o se evita, o se combate aquello que primero se conoce. Ya que de lo contrario, si desconocemos las opciones, ¿cómo ejecutar el libre albedrío?.

Y permítaseme aquí hacer una digresión. Dentro del Ocultismo, y cuando discutimos sobre “mancias” (técnicas adivinatorias) los escépticos comúnmente nos atacan con el argumento que tal creencia es “fuertemente determinista”, presupone un “futuro inexorable” y, en consecuencia, entrega al hombre “a la resignación de no luchar por su porvenir”. Pero el razonamiento correcto es exactamente al revés: como dije, sólo cuando soy conciente de un eventual futuro puedo elegir dar –o no- los pasos necesarios para cambiarlo. Si lo ignoro, después de todo, ¿cómo puedo estar seguro –más allá de la autojustificación- que lo que emprendo es porque “construyo” mi futuro (desde la ignorancia) en vez de, simplemente, obedecer las tendencias, ahora sí deterministas, a la que ese desconocimiento previo me ha sujeto?.

Veamos otro caso.

Desde hace también miles de años, las escuelas esotéricas enseñan que en el Universo todo lo positivo es masculino y todo lo negativo, femenino. No se enojen las damas lectoras: lo “positivo” o “negativo” no lo es en un sentido moral, sino en polaridad, como opuestos y complementarios. Pues bien, también enseñaban que lo positivo gira (en el Universo todo es cíclico y se mueve en curvas cerradas) de izquierda a derecha (dextrógiro) y lo negativo de derecha a izquierda (levógiro). Ahora: ¿observaron ustedes cómo se prenden un saco o chaqueta los hombres?. De izquierda a derecha. ¿Y las mujeres?. De derecha a izquierda. Por supuesto, el primer sastre que confeccionó un saco para el hombre y la primera modista que hizo lo propio con uno de mujer tuvieron seguramente sus razones, evidentemente no esotéricas, para imprimirle ese sentido... pero no pudieron escapar a esa ley cósmica que dice que lo masculino es dextrógiro y lo femenino, levógiro. Aquí también pueden ustedes introducir cualquier modificación y crear vestimentas con el sentido de ojales y botones alterados, pero sólo a partir de haber tomado consciencia de esta relación que señaláramos.

Otra perla.

Está difundida en Occidente la medicina homeopática que, aún resistida por la ciencia tradicionalmente alopática, sabemos que es efectiva en cuadros crónicos, actuando por máxima dilución de sus componentes, a un extremo en que la materia química desaparece del preparado. Es esta ausencia de restos químicos lo que ha hecho que la ciencia positivista rechazara la homeopatía, sosteniendo que si nada queda del principio activo químico, nada puede actuar sobre el sujeto y por lo tanto su aparente “curación” es sólo producto de la sugestión. Pero ante esto los médicos homeópatas se encogen de hombros. Prácticos, afirman que pese a todo “algo” debe quedar, para que siga siendo efectiva, como saben los veterinarios homeopáticos que tratando así a nuestras mascotas jamás se les ocurriría pensar que las mismas se “sugestionan”. Y seguramente, más de un homeópata se escandalizaría de saber que no hace más que aplicar viejos preceptos ocultistas que afirman que lo que sobrevive en el líquido o polvo suministrado es la impronta energética, la vibración del elemento químico preexistente. Exactamente, lo que un laboratorio oficial francés descubrió, en 1988, que ocurre con el medicamento homeopático. Por otra parte, la frase rectora del pensamiento de esta corriente médica, expresada como “lo semejante cura lo semejante”, ¿no es acaso la expresión misma de la magia simpática?. En consecuencia, si la homeopatía funciona (y vaya si lo hace), ¿porqué la Magia –entendida tal como la aplicación técnica de principios teóricos estudiados por el Ocultismo- no ha de hacerlo?

 Finalmente, remito al capítulo sobre “Leyes Universales” para comprender los fundamentos racionales operativos de los procedimientos esotéricos. Pero valga en tanto una reflexión, relacionada con aquello que señaláramos de las actitudes: en el fondo, la práctica del científico, del sacerdote o del ministro religioso así como la del brujo indígena tienen semióticas comunes. Si yo necesito lluvia, me puedo plantear tres opciones: siembro las nubes con alguna sustancia química, yoduro de plata, por ejemplo, o solicito una misa propiciatoria, o le pido al chamán que baile una danza de la lluvia. Ahora bien, ¿cómo categorizamos esto?. Para la mayoría de la gente, lo primero es ciencia, lo segundo religión y lo tercero brujería o superstición lisa y llana. Pero las diferencias son mucho más sutiles, y no pueden ser dilucidadas exclusivamente por la semántica. Para el chamán, su baile de la lluvia, ¿es estadísticamente menos efectivo que para el técnico el yoduro de plasta?. ¿Y qué ocurre con el sacerdote, que cuenta con buenos argumentos –cuando menos teológicos- para confiar en su misa?. Su experiencia y sus resultados hacen que su interpretación sea “científica”. Y si, como ocurre generalmente, el piloto del avión que siembra las nubes ignora por qué circunstancia emplea esa sustancia y no otra, ¿acaso su actitud es menos ingenua y crédula –es decir, “mágica”- que la del campesino que, sin saber porqué, pide ayuda al brujo, confiando en que sus procederes misteriosos hagan llover?. Y cuando el científico aprende en su templo –perdón, universidad- el procedimiento indicado para cada circunstancia y lo repite y aplica aún cuando observe situaciones en que no se cumple o evade conocer alternativas, ¿acaso esa actitud no es de aceptación mágica?.

¿Y dónde queda parada nuestra confianza en un mundo académicamente predecible cuando la experiencia, los hechos –lo único que no puede refutarse- nos enseñan que cuando el brujo danza llueve, cuando menos con la misma frecuencia que cuando el técnico rocía las nubes desde su avión?.

7 opiniones

para el de la sangre de cristo

Eres un absoluto inculto y un total ignorante maldito chicano, porque elcristianismo es simplemente otro ritual esotérico, que no tiene sentido alguno, y solo sirvió para prometer cosas sin sentido a la pobre gente y para quemarlos, ahora bien la ciencia ha echo en poco tiempo más de lo que ha hecho el crsitianismo en toda su historia.
la sangre de CRISTO TIENE PODER

La unica verdad esta en Cristo y los mismos ocultistas lo saben.. Y El que nose halló inscrito en el libro de la vida fué lanzado al lago de fuego Apocalipsis 20:15 .. luego no digan que no se los dijeron eh =)
lo principal

los seres humanos estamos a punto de descubrir la verdad esta es una manera intertesante de hacerlo
Esencial.

Muchas gracias por esta introducción al ocultismo, es realmente buena y esclarecedora. Algonos conceptos ya los conocia otros son totalmente nuevos para mí. De nuevo, gracias.
¡¡felicitaciones!!.

Mil gracias al equipo completo por hacer llegar a nosotros tan buenos artículos como éste. Solamente acotar que publiquen más para aprender y evolucionar como seres humanos(a esto vinimos a este mundo).
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