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Lo descrito implica atractivos desafíos para los psicólogos organizacionales chilenos, que les invitamos a asumir con energía para ser una aporte a sus organizaciones, dar una respuesta coherente a los trabajadores y afianzar el sentido existencial personal respecto de la contribución del trabajo propio.
1. Ampliar el concepto de compensaciones y sus efectos sobre las personas y organizaciones: después de lo comentado resulta natural ajustar la perspectiva y la conceptualización de las compensaciones en aquellos colegas cuyo concepto anterior transitaba por la descalificación o la poca consideración al tema. Esperamos se estimule la reflexión respecto del aporte del psicólogo organizacional como agente de alineamiento entre las metas organizaciones y los desempeños de las personas.
2. Ligar el trabajo propio a las metas organizacionales: la formación de pre-grado es rica en estrategias que ejecutivos de otras áreas califican de “blandas”. Ello refleja una percepción respecto del aporte de los psicólogos en las empresas: se preocupan de cosas de segundo orden y no de lo más importante. No analizaremos los errores de consideración del aporte de los recursos humanos en otros profesionales, pues la modificación de esas ideas escapa a nuestro ámbito de acción. Lo que sí está en nuestras manos es relacionar el trabajo propio con las metas organizacionales, identificando cómo se puede contribuir en términos de resultados demostrables al logro organizacional.
Es un imperativo salir de la parcela de recursos humanos para convertirse en hombres y mujeres de negocios, involucrados en todas las variables del negocio y del mercado. Los recursos económicos asignados a compensaciones son concebidos como costos que se debe atender y controlar. Y aquí existe una gran oportunidad de posicionarse como profesionales que manejan “datos duros” ligados a la marcha del negocio.
Al respecto nos parece imprescindible posicionar la compensación como la primera estrategia de consolidación como ejecutivo de recursos humanos, pues es un tema validado y legitimado en los directores y gerentes de empresas. Esa legitimización permitirá credibilidad en el juicio experto y se abrirán opciones para implementar otras estrategias de desarrollo de recursos humanos.
3. Asumir una formación profesional propia en el tema: dado que al 2002 las universidades no han tomado conciencia de la necesidad de incluir en sus mallas curriculares de pre-grado la formación en compensaciones, la responsabilidad por la formación en el tema es propia. Al respecto es importante mostrar a las universidades que sus cursos de pre-grado y magister deben brindar una sólida formación conceptual y práctica de compensaciones. Actualmente en algunos diplomas de recursos humanos se entrega una formación genérica de compensaciones, pero que no profundiza en la práctica de las técnicas de compensaciones. Se enseña qué se debe hacer pero no cómo hacerlo. Es decir, cuando el psicólogo enfrente, por ejemplo, la tarea que tener que calcular una estructura de remuneraciones, en la práctica no sabrá hacerlo y deberá improvisar.
4. Formar a los equipos ejecutivos en que el psicólogo organizacional participa: en la misma línea, es responsabilidad del psicólogo ejecutivo de recursos humanos el socializar sus conocimientos de compensaciones con otros profesionales, pues es un tema de decisión permanente, de lato impacto, y con un nivel basal de conocimiento muy bajo.
5. Demostrar rigurosidad técnica y metodológica: la habitualmente poco valorada formación estadística que recibimos los psicólogos, resulta ser un conocimiento fundamental para el trabajo de compensaciones. Los cálculos de correlación entre el comportamiento de los sueldos de una empresa y los del mercado, las regresiones polinomiales con que se determina la estructura de remuneraciones óptimas y el manejo matemático de indicadores estadísticos descriptivos, son base de la rigurosidad técnica y metodológica con que se enfrenta este tema. De hecho, en nuestra experiencia consultora con varios colegas es interesante constatar que para algunos es la primera vez que ponderan su formación estadística al ver una aplicación práctica de ella.
6. Asentar la relación directa entre desempeño personal y compensación: otro desafío es perseverar en el pago por resultados, pues ello tiene profundas raíces en la psicología de la motivación humana y porque resulta éticamente razonable que quienes mejor uso hagan de sus talentos y mejor trabajen, más ganen. La garantía de equidad debe estar en los sueldos de contratación, pues de ahí en adelante es responsabilidad personal el crecimiento salarial mediante desempeños y aportes sobresalientes.
7. Dar transparencia a la administración de las compensaciones, a la información hacia los trabajadores sobre las políticas y criterios de determinación de las compensaciones y, a la relación con las directivas sindicales en los temas de negociación de remuneraciones y beneficios.
Las compensaciones constituyen un medio privilegiado para construir valores en la práctica organizacional, al ser uno de los vínculos más significativos entre persona y organización.
Mediante una consciente gestión profesional de las compensaciones se pagará con equidad, siendo el trabajo un microescenario posible para demostrar solidaridad y equidad en la remuneración; se pagará por resultados, asentando el valor de la responsabilidad personal con el trabajo y el propio destino; se asociará los desempeños excelentes con sistemas de incentivo variable, valorando la participación de los trabajadores en línea con las metas de la organización; y se administrará y comunicará los criterios de decisión de compensación con claridad y transparencia, respetando el vínculo individual y colectivo de relación entre personas y trabajadores.
Es tiempo que los psicólogos organizacionales reconceptualizemos nuestro rol como ejecutivos de compensación como, muy probablemente, el aporte capital de nuestro trabajo a la satisfacción de las personas y el logro de las metas organizacionales.
Después de todo, no sólo estamos llamados a aportar nuestra visión psicológica para tratar de dar respuesta a preguntas y solucionar dificultades que surgen como consecuencia de la aplicación de políticas y decisiones ejecutivas de alto impacto en la práctica organizacional, sino que también poder aportar nuestro know how en la instancia misma de definición de dichas políticas y decisiones de alto impacto.
Es hora de cambiar nuestro eje de acción organizacional desde dedicarse principalmente a solucionar problemas y administrar consecuencias, hacia asumir y jugar un rol importante en la definición de las estrategias organizacionales y sus factores causales, evitando así que muchos de esos problemas lleguen a generarse y convirtiéndonos en verdaderos gestores organizacionales. Como concluye Ulrich (1997) debemos posicionarnos como socios estratégicos de nuestras organizacionales y sus clientes internos.
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