



Hace un año celebramos el 25 aniversario del Onze de Setembre de 1976 en Sant Boi. Fue, sin duda, una movilización cargada de simbolismo y que ha quedado escrita en la reciente historia de nuestro país. No fue el primer Onze de Setembre, como algunos teóricos de la desmemoria apuntaron aquellos días; pero sí el primero de la transición, tolerado por las autoridades franquistas y expresión clara de la complicada dialéctica de aquellos años.
La vinculación de CC.OO. con la Diada de Sant Boi fue importante. Y no sólo por la fuerte implicación organizativa y la significativa participación de las mujeres y los hombres de CC.OO. de aquellos momentos. También porque la negociación previa de los representantes de la Assemblea de Catalunya y de las fuerzas políticas democráticas con el Gobierno Suárez, y la misma celebración de la Diada, no habrían sido posibles sin los hechos, las luchas sindicales y las movilizaciones, que se habían producido durante todo el año 1976 para forzar la ruptura social, política y nacional.
Señalamos las huelgas en empresas significativas, como Motor Ibérica, los diez días de huelga general del Baix Llobregat en el mes de enero, las manifestaciones por la amnistía del mes de febrero en Barcelona, la huelga general de febrero en Sabadell, o la asamblea constituyente de CC.OO. en Barcelona en el mes de julio, forzando la legalidad sindical posfranquista, o la constitución en septiembre de la Coordinadora de Organizaciones Sindicales (COS). Todas estas luchas prepararon y propiciaron el clima político que permitió a las fuerzas democráticas catalanas pactar la celebración del primer Onze de Setembre tolerado desde la guerra civil.
Quizá en aquella Diada se asentaron las bases de lo que después ha sido el futuro histórico de Catalunya en estos 25 años: el reconocimiento de las instituciones catalanas por los herederos del franquismo, en uno de los pocos actos institucionales de ruptura política clara con el franquismo que se produjeron durante la transición.
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