Graffiti y pintadas en Madrid: arte, lenguaje, comunicación - Terminología: "pintada", "graffiti"
Para nosotros, los graffiti tienen fundamentalmente dimensión "artística", voluntad de estilo; pueden contener o no palabras: lo importante es, en ellos, el mensaje de las formas; quienes los realizan tienden a la "profesionalización", a convertir su actividad en un fin; suelen referirse a sí mismos como "graffitistas", "graffiteros" o "artistas". Las que llamamos pintadas utilizan el lenguaje verbal para transmitir unos determinados contenidos semánticos: prima en ellas la voluntad de información y de actuación sobre el receptor, el mensaje de los contenidos; quienes las hacen no suelen sentirse "artistas" ni tienen la necesidad de encontrar para sí mismos un vocablo específico con que designarse y caracterizar su actividad; suelen ser simplemente escritores ocasionales que utilizan la pintada como "medio para..." y no como fin en sí misma 2.
Establecemos tal distinción léxica (que a nosotros nos parece clara y que, en su mayoría, entienden y admiten intuitivamente quienes por una u otra razón están implicados en estas actividades) con criterios básicamente metodológicos, pues, lingüísticamente, tanto graffiti como pintada pueden ser, en principio, términos adecuados para nombrar cualquiera de los dos conceptos (actividades diferentes) en ellos contenidos, si bien ambos resultan, tanto por separado como en contraste, insuficientemente descriptivos para distinguirlos y caracterizarlos. Hay, pues, en la realidad del uso, buenas razones (históricas, sociales, léxico-semánticas) para la confusión; y también, creemos, para procurar su discernimiento. Intentémoslo...
- a) Cuando, a finales de los años 60, comienzan a "popularizarse" los mensajes callejeros tanto en Europa como en Estados Unidos, el término esp. grafito (it. graffito) funciona seguramente como un (semi)tecnicismo, tal como lo reflejan todavía los diccionarios, para referirse al escrito o dibujo trazado a mano en los monumentos antiguos (dicc. Pequeño Espasa, s.v., acepción 2) o al letrero o dibujo grabado a punzón por los antiguos en paredes u otras superficies resistentes, de carácter popular y ocasional, sin trascendencia (DRAE, 1984). La palabra pintada existía ya en nuestro idioma como nombre aplicado al escrito callejero y popular, generalmente de protesta (el equivalente aproximado del antiguo grafito "popular y ocasional").
- b) Las calles de las grandes ciudades europeas comienzan por entonces a llenarse de letreros, casi siempre de carácter ideológico o político y anti-régimen, que buscan una difusión social que de otro modo no podrían obtener. El Mayo del 68 francés extiende por el mundo la imagen del mensaje callejero inconformista, comprometido, idealista y utópico. Seguido con interés e imitado inmediatamente en toda Europa (y mitificado más tarde), el Mayo del 68 trae a nuestros estudiantes e intelectuales de la época la palabra italiana graffiti, que es la que los franceses utilizan para referirse a esos sus escritos murales. Para la conciencia lingüística del español, pintada, nombre con el que popularmente se designaba desde antiguo el mensaje-protesta callejero, se quedaba quizá corto ante la nueva magnitud social del fenómeno y su carácter por entonces intelectual (más que popular, obrero o marginal). Grafitos no parecía tampoco una traducción adecuada, pues, aunque realizados también a mano, no se trata, en rigor, de inscripciones hechas a punzón ni en monumentos antiguos, sino de mensajes generalmente breves, garabateados furtiva y precipitadamente sobre muros, puertas, superficies de inmuebles en general y, más raramente, exteriores e interiores de los medios públicos de transporte. Y graffiti no dejaba de ser, al fin y al cabo, un extranjerismo, una novedad léxica que, como todas, necesitaría su tiempo hasta asentarse en nuestro idioma.
- c) Por las mismas fechas, finales de los años 60, "un pequeño grupo de jóvenes neoyorquinos empezaron a 'dejarse ver' ('getting up'), esto es, a escribir o pintar profusamente sus nombres en los vagones y estaciones del metro"; y lo que nace como una tímida tentativa de unos cuantos adolescentes acaba convirtiéndose "en un movimiento que integra a miles de jóvenes cuyas pintadas constituyen en muchas ocasiones murales inmensos y llenos de colorido" (Castleman, 1987, p. 9) 3. La palabra italiana graffiti, plural de graffito, sirve entonces para nombrar este nuevo "arte popular del 'spray'" en Estados Unidos, ejecutado furtivamente por adolescentes y jóvenes de los barrios marginales de las grandes ciudades norteamericanas, y condenado, como el mensaje ideológico de la pintada, a la fugacidad. A lo largo de los años 70, con el culto a la sociedad urbana y la proliferación en nuestras grandes ciudades, tras la llegada de la democracia, de los más variados fanzines (vocablo éste, por cierto, también italiano), graffiti se utiliza sobre todo para este tipo de mensajes "artísticos", hasta entonces prácticamente desconocidos aquí 4. Con el tiempo, favorecido en parte por el interés que las formas de auto-expresión y autodidactismo han despertado en nuestro siglo, las técnicas y contenidos del "graffiti" acaban influyendo en numerosos artistas contemporáneos, entre ellos, algunos de los más importantes (Andy Warhol, por ejemplo).
- d) Con la popularización, dignificación e internacionalización de la actividad, se consolida el término graffiti como designación de todo mensaje mural (con o sin contenidos verbales, con o sin voluntad estética), invariable tanto para el singular como para el plural: la -i final pierde así su carácter morfemático de número y queda reducida a un simple indicativo de procedencia en casi todos los idiomas. También, lógicamente (dada su doble vertiente significativa y doble vía de entrada), en español, donde (el/los) graffiti compite con pintada(s) en la designación de ambas actividades 5, mientras grafito(s), que aparece muy raramente, se sigue considerando, al parecer, término extraño para la moderna actividad de garabatear los espacios de disfrute público y se mantiene de hecho como un (semi)tecnicismo.
Desde un punto de vista más estrictamente léxico, podríamos añadir todavía la sospecha de que el sistema de nuestra lengua ha favorecido también la confusión terminológica en el habla. Por una parte, porque aunque intuitivamente no diríamos que "pintar" (verbo con el que etimológicamente podríamos relacionar "pintada") es "escribir", racionalmente no podríamos negar que, al fin y al cabo, "escribir" las letras no es sino "dibujarlas", por más que en su simple trazado esté ausente la voluntad estética aplicada a las formas del dibujo. Y, por otra, porque, conectada con el étimo griego grapho ('arañar, rayar, grabar; pintar, dibujar, escribir; componer, inscribir, registrar'), la palabra graffiti, aunque xenismo, podría servir perfectamente (y quizá con mayor propiedad que pintada) para designar tanto el dibujo como el puro mensaje verbal, puesto que contiene, en su origen, los dos significados implicados en su uso (pintar, dibujar, escribir). Y un dato más para la confusión: los periodistas suelen llamar escritores (traducción directa del inglés writer 'pintor de graffiti') tanto a los autores que simplemente "firman", como a los que "dibujan" y a los que "escriben (mensajes)".
De la última edición del diccionario de la Real Academia (21ª, 1992) podemos deducir, no obstante, que ésta, que nunca ha registrado graffiti en sus publicaciones oficiales, se inclina por la oposición pintada/grafito, a juzgar por las modificaciones que ha introducido en la definición de éste (acepción 2):
Letrero o dibujo grabado o escrito en paredes u otras superficies resistentes, de carácter popular u ocasional, sin trascendencia 6.
Se ha eliminado de ella, como puede verse, toda alusión a la antigüedad y al punzón, es decir, lo que en la edición de 1984 podría inducir a considerarla un (semi)tecnicismo. Pero las cosas siguen sin estar claras desde el punto de vista terminológico, pues si comparamos esta definición de grafito con la de "pintada" ("Acción de pintar en las paredes letreros preferentemente de contenido político o social", "Letrero o conjunto de letreros de dicho carácter que se han pintado en un determinado lugar"), observaremos que el emparejamiento léxico conserva cierto desequilibrio, puesto que:
- a) el "dibujo" sólo puede ser grafito, mientras que el "letrero" que se ha pintado en las paredes o en un determinado lugar puede ser ambas cosas, pintada o grafito, dependiendo de si tiene "preferentemente" contenido político o social (pintada) o es "de carácter popular u ocasional, sin trascendencia" (grafito);
- b) al basar la diferencia exclusivamente en los contenidos, parece dar por supuesto que el "dibujo grabado o escrito en paredes u otras superficies" ha de ser necesariamente "intrascendente" y no puede tener carácter "político o social" (lo cual suele ser cierto, pero no es consustancial al graffiti).
De este modo, confundidas histórica y lexicográficamente las dos actividades en nuestro país, donde la tradición corresponde a la pintada y el graffiti es casi desconocido, y empleados desde hace años de forma indiscriminada los dos términos tanto en los libros como en los medios de comunicación, ambos siguen provocando dudas en los hablantes, particularmente en quienes tienen conciencia de que se alude con ellos a dos actividades muy diferentes 7.
En efecto, el arte es, en lo esencial, expresión; el lenguaje, ante todo, información. La imagen es potencialmente infinita, y libre la imaginación; la palabra está sometida a "moldes", reglas de "composición", convenciones y criterios "objetivados" (socializados) de interpretación. En una de las actividades que estudiamos, lo importante es -decíamos-, el mensaje de las formas, que es en sí mismo un fin; en la otra, el mensaje de los contenidos (verbales), que actúa como un medio para expresar los pensamientos o sentimientos del escritor, despertar o remover la conciencia del receptor, convocarlo, exaltarlo, solicitar su solidaridad... Éstas son ya buenas razones, razones de sentido común, diríamos, para aceptar (o mejor aún: preceptuar) un término diferente con que nombrar a cada una de ellas. El arraigo histórico de pintada para referirse a las inscripciones murales de contenido (más o menos) social, que existen desde mucho antes de que las pictóricas se pusieran de moda en nuestro país, nos lleva a preferir este vocablo para el mensaje mural verbal, reservando -a falta de otro mejor, una vez desechado "grafito" por las razones anteriormente aludidas- el de graffiti (invariable) para el mensaje mural (esencialmente) pictórico. Se trataría en este último caso -creemos- de un extranjerismo si no necesario (que quizá también), sí al menos conveniente en nuestro idioma y, desde luego, implantado por el uso.
La propuesta, sin embargo, no resuelve todos los problemas. Aceptar graffiti como palabra española impuesta por el uso supone su no adaptación fónica (desinencia final en -o/-os) ni gráfica (reducción del grupo consonántico -ff-> -f-), pues se convertiría automáticamente en grafito, término con el que, de acuerdo con nuestra propuesta, competiría en el sistema. Esto significa que, si queremos ser coherentes, deberíamos hacer sus derivados con doble f también, para evitar su posible relación con el (semi)tecnicismo grafito, y debemos admitir que tal derivado nos parece todavía "extraño". De hecho, hasta ahora nunca antes hemos visto escrito "graffitero" o "graffitista", que sería lo coherente y término mucho más descriptivo, como ya hemos explicado, para aludir al dibujante-pintor de graffitis que el de escritor, el habitualmente usado por los periodistas (traducción del inglés writer), que nos parece bastante adecuado, en cambio, para el autor de pintadas.
Poco se sabe, en realidad, en España del graffiti en general, y muy poco del graffiti español en particular. En su mayor parte, los estudios se han realizado sobre las pintadas (mensaje verbal) y desde un punto de vista casi exclusivamente sociológico; las pintadas de los retretes universitarios han merecido, hasta el momento, especial atención por parte de los estudiosos. Pero ¿qué pasa con el graffiti?: ¿quiénes dibujan?, ¿qué persiguen?, ¿qué/a quiénes imitan?, ¿en qué corriente se sienten inmersos?, ¿qué conducta, qué ideología los caracterizan?, ¿cómo se llaman los materiales que utilizan, las obras que realizan?... Y no es extraño este desconocimiento, si se tiene en cuenta que los graffitistas no suelen dar muchas facilidades a quienes no forman parte de su "movida" y que en su mayor parte el léxico específico que utilizan corresponde a habilitaciones del "oficio", creaciones "profesionales" y anglicismos, ausentes en general todavía de los diccionarios y enciclopedias más usados, no transmitidos por escrito e incomprensibles para el común de los mortales. La información más valiosa procede, paradójicamente, de los medios de comunicación 8, que, aunque superficialmente y sin contrastar demasiado los datos, de vez en cuando se hacen eco de su existencia y ofrecen incluso pequeños glosarios en los que dan cuenta de algunos de los términos más característicos (que no siempre coinciden con los que los propios graffitistas emplean).
Este trabajo pretende ser simplemente una primera aproximación al estudio (digamos "cultural", además de lingüístico) del "graffiti", moda foránea nunca suficientemente asimilada en España, que ha vivido su esplendor, entre la ignorancia y la indiferencia de casi todos, en la segunda mitad de la década de los ochenta y sobrevive hoy aletargada en cientos de adolescentes urbanos que imitan todavía (quizá con menos conciencia cada vez) a los hi-hoppers norteamericanos, condenados a la incomprensión, incapaces de identificarse (ni ser identificados) culturalmente con ninguna tendencia o grupo bien definidos, y sin apenas tradición ni modelos a los que seguir o imitar..., al menos en nuestro país. Hemos contado con la valiosa colaboración de graffitistas en activo o recién "retirados" (como el propio coautor de este trabajo), algunos de ellos alumnos de esta facultad: a todos, por cierto, muchas gracias. Como queríamos un estudio menos "técnico" que "comprensivo" (y comprensible), hemos añadido al final un pequeño glosario con la intención de proporcionar al lector una información complementaria, sintetizada y alfabetizada, que le pueda ser de utilidad para entender globalmente el conjunto (las negrillas que aparecerán a partir de ahora en el texto remiten a las entradas del glosario anejo). Hemos respetado muchas veces en él las palabras de nuestros informantes, aun cuando con un criterio riguroso no serían quizá las más adecuadas para describir el objeto de estudio.
Pero antes de pasar al graffiti, unas pocas notas sobre la pintada, esa actividad tan cercana, pero en la que se define, como decíamos, un patrón de dinámica social tan diferente al del graffiti...
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Opiniona sobre 'Graffiti y pintadas en Madrid: arte, lenguaje, comunicación - Terminología: "pintada", "graffiti"' (7)
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