Enfrentados a la alternativa de una sociedad totalitaria (que castra a sus mejores hombres, que reprime basta las emociones, que deshumaniza el trabajo), y de una democracia expansiva como la que señalamos en las páginas anteriores, las organizaciones del sector público y privado, y sus dirigentes, podrían sentarse a planear las bases de una conciliación dentro del trabajo. Esta afirmación no pretende ser un nuevo modelo para el país. Pero, en lo que a ml respecta, creo que somos de una generación que no puede volver atrás. En las puertas del milenio, somos como un piloto de avión que atraviesa el mar y que ha llegado a un punto sin retorno porque no tiene combustible para volver y entonces debe seguir adelante pese a las tormentas y otros peligros. Posiblemente estemos en un punto sin retorno, pero tenemos enfrente al futuro.... y podemos manejarlo mediante un cambio planeado que nos ofrezca una nueva calidad de vida y un nuevo tipo de relaciones que humanicen la existencia diaria.