



La típica Organización se construye de arriba hacia abajo siguiendo un rígido patrón de delegación de poderes y tareas hasta llegar a la atomización de la actividad humana. El control irrestricto de todas las conductas es el principio subyacente que la inspira. La dependencia y la obediencia la mantiene unida. La estratificación y el estatus simbolizan la autoridad y la territorialidad e individualismo dan el sentido de pertenencia. Es una estructura compleja diseñada para complacer las necesidades de los jefes. Las organizaciones hipocondríacas, complejas, orientadas al producto y con fronteras cerradas, deberán convertirse en sistemas abiertos e interdependientes, en organizaciones orientadas al mercado, cuyos líderes comprendan que para ganarse un espacio en la sociedad y sobrevivir, hay que cumplir con los propósitos de los miembros de ésta.
Para esto la calidad no es suficiente. Podemos entenderla como un valor social, casi ético. Como una responsabilidad de la organización de brindarle a sus clientes productos y servicios excelentes y de óptima calidad en relación con el precio que pagan por obtenerlos. La calidad puede verse entonces como un atributo, que si no se tiene no es posible pensar en permanecer en el mercado, pero que si se logra, no necesariamente garantiza el éxito.
La situación no es tan simple. EL conflicto está enquistado en las organizaciones mismas y no en las personas, puesto que existe una diferencia entre lo que estas últimas son y lo que hacen. La tecnología, el software y los "modelos gerenciales", entre otras cosas, han creado una especie de saturación en que las personas sobran o son vistas como un simple recurso más. Se olvida que el concepto de eficacia (hacer lo que se tiene que hacer), hay que llevarlo al trabajo humano para obtener buenos resultados.
A continuación presento mi punto de vista del comportamiento organizacional, utilizando como marco de referencia su estructura.
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