hacia una nueva concepción de las organizaciones, de la Gestión Humana y de la Educación - El proceso de la educación como herramienta de competitividad
9 - El proceso de la educación como herramienta de competitividad
Durante muchos años, el mundo vivió convencido que las ventajas competitivas de los países y de las organizaciones, estaba basada en la disponibilidad de medios de producción. Muchas de las teorías afirmaban que la disponibilidad de recursos naturales, materias primas, tecnología y dinero constituían un aspecto importante para diferenciar entre los países competitivos de aquellos que estaban destinados al subdesarrollo. Países como Japón y otros tigres asiáticos nos demostraron lo contrario. Encontraron que la verdadera ventaja competitiva estaba en la utilización permanente de cada gramo de inteligencia humana, factor que en ausencia de los medios de producción, debió convertirse en el potencial de crecimiento económico y social.
A nivel empresarial podemos ver la misma paradoja. Dos empresas semejantes en tamaño, tecnología y otros medios de producción presentan resultados diferentes. ¿Cómo explicarlo? Es necesario buscar en las raíces y ahondar más en los elementos culturales y humanos a los que rara vez le dedicamos los esfuerzos necesarios.
En este orden de ideas, los medios de producción son apenas en factor de supervivencia, no un determinante de competitividad. Tenerlos no garantiza el éxito, pero la ausencia o mala calidad de ellos si puede implicar fracaso. Posteriormente, a finales de los setentas, se impulso la idea que las ventajas competitivas estaban en el resultado de los procesos organizacionales, es decir, en la calidad y en el servicio al cliente. La calidad y el servicio son igualmente necesarios para sobrevivir. En las condiciones de competencia global de hoy, son una responsabilidad social y a la vez un valor para las empresas, que deben practicar constantemete para ganarse la confianza y la lealtad de los clientes. Sin embargo, para la totalidad de los sectores económicos, es común observar cómo la competencia, no solo copia sino que mejora la calidad y el servicio de una forma cada vez más rápida, haciendo que los productos y servicios ofrecidos al mercado sean más difíciles de diferenciar. Esto refuerza el hecho que sean factores de supervivencia que generan ventajas competitivas en el corto plazo. Si los medios de producción y lo producido no significan diferencias importantes, la verdadera posibilidad de ser más competitivos en los noventas radica en lo que ocurre al interior de las organizaciones. Es precisamente allí donde hallamos la causa real del éxito empresarial y del crecimiento individual.
Podríamos afirmar que las organizaciones no existen, que lo que verdaderamente existe son las personas. Son estas quienes rediseñan procesos, crean y mejoran continuamente los sistemas y subsistemas empresariales, alinean estructuras, utilizan la tecnología, prestando servicios, producen la calidad, lideran los
procesos y, en general, crean las opciones para encaminar a la organización por la senda de la competitividad. Para muchos líderes empresariales esto aún no es claro. Consideran al ser humano como una extensión de la máquina, como un recurso más que hay capacitar para que mejore su desempeño individual y cumpla mejor con los propósitos organizacionales. Para otros la situación es más crítica, ya que consideran que los empleados son deshonestos o perezosos o poco listos.
Han creado etiquetas y prejuicios que les impiden avanzar en procesos de cambio reales, sin detenerse a pensar cual es el costo real de su temor y el daño que causan a la sociedad. Finalmente hay quienes no van más allá de la demagogia y de discursos vacíos que no logran más que menoscavar la credibilidad en la gente.
Siguen viendo al ser humano como un ente fraccionado del cual hay que obtener el mejor provecho, sin importar su crecimiento integral en lo económico, físico, social y espiritual. No han comprendido la visión holista e integradora que implica una acción deliberada y decida para impactar la sociedad y dejarle a nuestros hijos un planeta mejor del que heredamos de nuestros padres. No son conscientes que las organizaciones con sus espacios de desarrollo, que están al servicio del ser humano y que deberán entenderse como un sistema abierto que debe impactar positivamente a la sociedad para mejorar su calidad de vida. Lo anterior requiere un esfuerzo conjunto entre el gobierno, los empresarios y otros actores de la sociedad para desarrollar planes ambiciosos de educación a todo nivel. Desafortunadamente muchos líderes empresariales consideran que la educación es costosa, quizás porque no han calculado el costo de la ignorancia y creen que los empleados" pueden mejorar en su trabajo sin que antes sean mejores "personas". Es lamentable observar como en foros con la clase empresarial, cuando se habla de educación, la gente deja de prestar atención. La patética visión de corto plazo a veces impide soñar con un futuro diferente y la miopía e ingenuidad crea barreras mentales que imposibilitan aprender de las experiencias de otras latitudes, donde han basado la estrategia de desarrollo, por más de 30 años, en la educación de la gente. A veces se olvida que nadie da de lo que no tiene y, que por tanto, la productividad, la calidad y el servicio, se logra con personas educadas, entrenadas y capacitadas, haciendo que cada peso invertido en este propósito sea la mejor decisión financiera desde el punto de vista empresarial y social. Debemos contar con más gente emotiva, talentosa y con poder. El verdadero poder
esta en el ser. Radica en la posibilidad de tener espacios y eliminar interferencias para que cada persona desarrolle al máximo su talento y su inteligencia en beneficio del proyecto de la empresa. Este es el verdadero reto y el camino a la competitividad. En este sentido, la transformación cultural comienza por el cambio de pensamiento en la alta gerencia. Solo restableciendo la confianza en la gente podemos transformar empresas basadas en el temor y en le control permanente.
Es imperativo salir del marasmo en que está inmersa la gestión empresarial para encontrar en la gestión humana la verdadera fuente de crecimiento, los nutrientes que nos permitirán ser cada día más competitivos. La respuesta al desarrollo no la vamos a encontrar en los grandes agregados macroeconómicos. Esta la encontraremos en la posibilidad de contar con seres humano íntegros, honestos y capaces de usar su inteligencia natural de manera constante, es decir, personas "educadas" para una nueva sociedad. Nadie cambia, motiva ni desarrolla a nadie.
La verdadera capacidad transformadora esta en cada ser humano, en su actitud de aprender continuamente de si mismo y de lo rodea, en la posibilidad de contar con las condiciones necesarias para ser el arquitecto de su propio destino y adoptar un actitud proactiva frente a la vida. ¿Cuantas empresas incluyen en sus presupuestos partidas suficientes para desarrollar programas de educación ? ¿Por qué seguimos clasificándola como un gasto ? ¿Cuál es la prioridad real que le dan los gobiernos al tema ? ¿Cuál es la actitud de cada uno de nosotros ?
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