2 - Ideología y literatura

Monografía creado por Nubia Amparo Ortiz Guerrero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/manuela.html
30 de Agosto de 2006
Michel Pecheux y John Beverley, nos dicen que las "ideologías no están hechas de ideas sino de prácticas", plantean que la literatura constituye una práctica ideológica especifica, con sugerencias sobre las tareas de la crítica literaria, particularmente en el contexto latinoamericano.

 Dice Althusser que la función de la ideología, consiste en la "interpelación del individuo en sujeto", a través de "la representación de una relación imaginaria entre el individuo y sus condiciones reales de existencia". Es interesante señalar que una relación imaginaria, no significa decir irreal; involucra más bien el concepto lacaniano de lo imaginario como un orden o estado psíquico, previo al lenguaje y a la formación de una identidad clara, donde el individuo desarrolla un sentido de sí mismo como sujeto.

 El trabajo ideológico consiste en producir, en articular sujetos con identidades coherentes de género, clase, etnia, nacionalidad, apropiadas a un lugar y dentro de un orden social concreto.

 En toda sociedad, el lenguaje es el sistema simbólico principal a través del cual los seres humanos que la componen representan su relación con las normas y los proyectos de la colectividad.

 Esto lleva a afirmar que, el terreno de la interpretación ideológica es esencialmente, aunque no exclusivamente: el discurso. La literatura, como una práctica discursiva especial, es en las sociedades donde se ha desarrollado, una práctica ideológica por excelencia. Francoise Perus, al respecto plantea:

 "Sin duda, el desarrollo material de la sociedad se acompaña necesariamente de una creciente división y especialización del trabajo material e intelectual, que reediten las formas de aprehensión y representación de la realidad, y las distintas esferas de aplicación del saber. Pero la literatura, que no es propiamente un saber, sino una práctica especifica en la ideología, situada al nivel de lo vivido, sentido y percibido, no participa de la misma manera que las distintas disciplinas científicas de la creciente división social del trabajo intelectual..."

 El concepto de ideología y práctica ideológica, desarrollada por Althusser y que acabamos de bosquejar, permite conceptualizar de diferente manera la relación entre arte e ideología.

 Si la ideología es lo que constituye el sujeto con relación a lo real, entonces el campo de la ideología no se limita a cierta visión del mundo o programa político o forma de conciencia enajenada como la religión, sino abarca el conjunto de prácticas de significación social: es decir, la cultura.

 Desde el punto de vista de la ciencia, cualquier ideología comprende una estructura de equivocación análoga a la idea lacaniana de la etapa-espejo en la formación de la psique. Sin embargo, un sujeto individual o colectivo toma conciencia de sí mismo como tal, solamente a través de un continuo proceso de interpelación. En otras palabras, la ideología es la condición de toda práctica social y toda práctica social es una práctica en una ideología.

 En relación con esta noción de verdad para el sujeto y la paralela problemática de la ideología, Etienne Balibar y Pierre Nacherey han desarrollado el concepto de un efecto de realidad o pseudo-real en la representación literaria.

 Según ellos, un texto literario —una ficción en el sentido genérico que confiere Borges a esta palabra lejos de reflejar lo real de la sociedad y la historia (como la epistemología mimética de Luckas, por ejemplo)— da más bien una sensación de lo real, mediatizada por el deseo.

El texto literario en su materialidad articula un espacio social ficticio, imaginario –como en el caso más explícito de la utopía literaria, una sociedad imaginaria– es capaz de producir en el lector sensaciones de nostalgia, bienestar, asco, temor, peligro, odio, etc. por ejemplo, a través de, entre otras muchas formas de significación literaria, la identificación del lector con el héroe. La literatura es una forma de experimentar lo real y confirma o problematiza la relación del sujeto con lo real.

 Lo que Jean Franco ha escrito, con respecto al Macondo de Gabriel García Márquez –ficción, como se sabe, que funciona como una condensación simbólica de la historia y la sociedad latinoamericana– quizá pueda ayudar a aclarar o por lo menos concretizar el uso del concepto de un imaginario social literario. Ella señala que, en García Márquez, tanto como en la novela del boom en general, se duplica el concepto cultural del autor.

Esto equivale a decir que la narrativa de García Márquez no es la representación de la realidad histórica y social de América Latina (es o ha sido algo que sería el objeto de estudio de las ciencias sociales), sino más bien la representación de la realidad de esas identificaciones imaginarias, a través de las cuales se ha, vivido y sentido esa realidad. Un texto como Cien Años de Soledad, no sólo es una representación dentro de la ideología –un imaginario social– que presenta una manera de percibir o sentir el pasado histórico y el potencial de América Latina en su etapa de liberación nacional.

 En su momento histórico de origen, los textos que componen el canon literario (tanto como el mismo canon como institución cultural) tienen una pertenencia de clase y aseguran las condiciones de dominación social. Parte de la tarea de la sociocrítica ha sido demostrar precisamente esa determinación social de la forma literaria negada como posibilidad por el formalismo.

 Pero, ¿por qué? ¿Con qué visión estratégica de la relación entre literatura, crítica literaria y política de masas? Volvamos al problema de la distinción entre arte e ideología con la cual comenzamos. Si como sugerimos, esta distinción carece de rigor, sin embargo, puede tener un valor coyuntural en ciertas circunstancias: precisamente, como ideología.

 Estamos conscientes de la validez de la observación de Walter Benjamin acerca de que, todo documento de la civilización es también un documento de la barbarie.

 La literatura es, al menos en la forma en que se presenta como institución social, un fenómeno determinado por la lucha ideológica burguesa contra la cultura feudal o precapitalista. Su generalización como forma cultural en el mundo moderno depende, entre otras cosas, de su utilidad ideológica como sucedáneo secular de las formas discursivas de la religión o la narración oral épico-mítica; la teología de la imprenta y el advenimiento.

 Aunque sea parte de la ideología de lo literario concebir a la literatura como un modo de expresión universal, aquello que la literatura interpela no es él género humano o la nación o el pueblo, sino más bien al público lector: Es decir, en toda sociedad de clases, las llamadas clases educadas. Como se sabe, en muchos países éstas son una fracción muy pequeña de la población, dados los problemas de analfabetismo o alfabetización parcial y a veces la falta de desarrollo o institucionalización de la misma literatura nacional.

Sin embargo esto no quiere decir que carecen de importancia. Las clases educadas presentan una gama de posiciones socioculturales contradictorias que pueden ser movilizadas a favor o en contra de un proyecto político concreto. Para Gramsci, uno de los terrenos de la constitución de lo nacional-popular, como forma de hegemonía, es precisamente la literatura.

 Como se sabe, en muchos países de América Latina, para estudiantes, profesores, profesionales y técnicos de todo tipo y para algunos fracciones de la burguesía nacional, no existe siempre una identidad de intereses con el Estado oligárquico dependiente, representado en su forma más característica, aunque no única, por la dictadura militar, mostrando la incapacidad de dicho Estado para llevar adelante un proyecto de Estado Nación.

 En este contexto, la articulación diferencial de un interés nacional-popular antioligárquico puede tomar la forma de una creencia que el bloque de poder dominante no permite o es incapaz de adelantar, el desarrollo pleno de la cultura, tanto en las formas elitistas (bellas artes, poesía, literatura, educación universitaria) como en las populares (lenguas y culturas indígenas o minoritarias, fiestas y otras tradiciones populares).

 La máxima eficacia política se consigue precisamente, con la caracterización de la misma oligarquía como filistea. Lo estético en sí, a diferencia de su carácter generalmente afirmativo dentro de una situación de normalidad burguesa, agudiza un sentimiento de desacuerdo con el status quo nacional y sirve como estímulo y contexto a la vez para una concienciación personal y política.

 De allí, la función de la poesía o de la canción en el compromiso revolucionario de los movimientos sociales latinoamericanos a través de la historia, cuyos ejemplos recientes son el sandinismo y las organizaciones populares salvadoreñas.

 No se trata de averiguar la presencia de una conciencia social en la poesía, como un elemento –positivo o negativo- de su eficacia estética, como sería el caso de los poetas Roque Dalton y Ernesto Cardenal.

 El problema es entender cómo se condiciona el éxito o fracaso estético de su poesía, con la eficacia política para organizar y alentar el movimiento revolucionario en sus países. En otras palabras, su compromiso en la producción de una literatura de partido, para acudir a un concepto de Lenin, con la salvedad de que, tanto el partido como la literatura, van a ser distintos de aquellos tradicionalmente asociados con el leninismo.

 Insistir en la importancia de las prácticas artísticas y críticas, dentro de un proceso de movilización política no quiere decir que todas o cualquiera de ellas sean iguales.

 La literatura como idea o institución ha tenido un valor ideológico especial en América Latina: v.g. la función del barroco literario, como signo de una autoridad metropolitana en la Colonia (el dominio de la escritura era algo que distinguía al colonizador de las masas indígenas conquistadas), pero también fue el modo de expresión para la naciente conciencia criolla. El papel del escritor liberal-romántico durante la guerra de independencia, como una especie de conductor de pueblos, capaz de informar a través de su retórica, los procesos de liberación y formación nacional.

 El cultivo del esteticismo y de la poesía en particular, por los intelectuales orgánicos de la oligarquía terrateniente desplazada por el imperialismo primero inglés o francés y luego yanqui, a fines del siglo XIX (fenómeno que ha estudiado Francoise Perus en su libro Literatura y sociedad en América Latina: el modernismo) o la idea del escritor genial como foco simbólico de la voluntad nacional y por lo tanto posible candidato presidencial (Sarmiento, Gallegos, Neruda, la siempre discutida y postergada candidatura de García Márquez en Colombia, etc.).

 En sociedades donde, a causa de un desarrollo cultural y pedagógico desigual, el analfabetismo está muy extendido, la poesía y la retórica política tienen la virtud de presentarse a la transmisión oral. Al mismo tiempo, incluso ante la población analfabeta o aquellos que tienen un limitado acceso a la literatura culta, se le atribuye al escritor y a la literatura un aura de autoridad y carisma.

 Sergio Ramírez, novelista y expresidente del gobierno sandinista, observa por ejemplo que la figura de Dario "siempre estuvo en el alma popular nicaragüense, como un gran orgullo intuido e incomprendido, un genio de hazañas ignoradas, que venía de lejos vencedor de la muerte y triunfaba sobre cualquier otro genio, como señor de los ingenios, versificador infinito y fabricador de rimas imposibles, porque la poesía como tal, y la inspiración, son valores frente a los que rinde su admiración sin límites este pueblo".

 En un sentido más directamente político, el letrado como líder revolucionario, es parte de una larga e importante tradición en América Latina que va desde Tupac Amaru, el Padre Hidalgo, hasta Fidel Castro. Su figura y/o su obra constituyen un significante ideológico donde la iletrada voz del pueblo puede convertirse o encontrarse a sí misma reflejada, en un discurso de poder equivalente y por lo tanto capaz de desplazar, la cultura oficial de las clases dominantes.

 Se escogió como tema de investigación, el aspecto de la sociocrítica en la narrativa Colombiana. El enfoque puede ser desde el estudio de la organización política, de la economía, de la evolución histórica del país o del aspecto religioso. Es en la narrativa colombiana y en casi toda la de América Latina, donde se brinda un testimonio inmediato.

 Al respecto son muy claros los planteamientos de Fernand Braudel, cuando manifiesta que, para tener un conocimiento personal de América, se tiene que leer su admirable literatura, la cual es directa, ingenua y decididamente comprometida: permite hacer miles de viajes con la imaginación y su testimonio es de una claridad tal que supera a todo lo que los reportajes, los estudios sociológicos, geográficos e históricos pueden ofrecernos.

 La narrativa europea ofrece también un valor testimonial; pero la sociedad en que nace tiene el grado tal de complejidad que no puede ser totalmente significativa de la realidad social.

 Román López Támes plantea que en Colombia como en toda Iberoamérica, Argentina sería una excepción por razón de evolución histórica, clima y población la novela denuncia su raíz en la épica, dimensión ya diluida en el largo camino de la historia europea

 "Podría decirse que las obras de Gallegos, Rivera, Carpentier, Asturias o García Márquez tienen una función social, perdida en los países de larga tradición cultural, una tendencia a ofrecer un mundo en su plenitud y señalar los lineamientos de la colectividad que nace en balbuceos, ofrecer modelos de conducta o rechazos, horizontes de valores morales. Porque la narrativa colombiana insiste en temas que se repiten obsesivamente como en relatos épicos y traslucen una pretensión testimonial y didáctica"

 En Europa hay tal pluralidad de status y roles, que hacen múltiples los mundos de la novela, cada vez más lejos de su fuente y necesidad de ser en la épica. García Gual recuerda que Hegel consideraba la novela como la moderna epopeya burguesa en una sociedad prosaicamente organizada.

 En Colombia, más bien en toda América, tan multiétnica y pluricultural existe, una necesidad común: "Perfilar su fisonomía, crear el hombre americano mestizo y ofrecer a los que detentan el monopolio de la historia un repertorio de logros culturales originales. Podemos anotar de esto que el continente recién nacido posee como un aliento épico y que la narrativa es participe de cosmogonías, leyendas y fundaciones míticas. Lukacs lo plantea: "¡Bienaventurados los tiempos que pueden leer en el cielo estrellado el mapa de los caminos que le están abiertos y que se ve seguir por la luz de las estrellas! Para ellos todo es nuevo y no obstante familiar"

 Pero todo esto se vislumbra como imposible. Ya sea en Colombia o en cualquier país de América Latina, lo que se desea es construir una vida propia, sin paradigmas eurocentristas o yanquis, donde todo parece desencantado. Los latinoamericanos, aparte de los colombo-mexicanos deben mirar y abrir bien los ojos al entorno e iniciar un camino propio. Entre los factores de la lenta adquisición de la toma de conciencia y de construcción de morada histórica, el principal es el crecimiento demográfico en un cruce racial incesante.

 Quizás sea Colombia, el países que está más cerca del concepto vasconceliano de la raza cósmica, triétnica, distinta del indio, del negro y del blanco. Este hombre nuevo tiene en su textura nerviosa, aún no sedimentada, tres concepciones del mundo, que son a su vez interpretaciones míticas. Es el abuelo blanco y el abuelo negro de Guillén, el quechua que habla por la boca de Arguedas. Observar este proceso es como asistir, si privilegiadamente pudiéramos, al nacimiento del mestizo romano-germano-árabe.

 El mestizo americano se manifiesta con narraciones que tienen vigor y la ingenuidad normativa de la epopeya y con el lenguaje directo o alegato, de la difícilmente llamada novela de la denuncia social. Rulfo y sus luvinas en busca afanosa de los pasos perdidos de todas las mitologias, hasta llegar al embrión de lo americano. García Márquez cree que ha llegado el momento de contar o narrar muchas, pero aquí cabe preguntarse si es que antes los escritores no lo hacían.

 Analizar la relación existente entre las dos realidades, esto es, la sociedad y la obra de ficción, constituye el primer objetivo de esta investigación. Viene una gran interrogante, ¿es la novela un mero trasunto de la vida?. El lema de la sociología literaria es la naturaleza del mundo logrado y coherente y su vinculación con el entorno, es uno de los más citados. El autor toma de la vida o lo que es lo mismo de la realidad social, que a su vez está condicionada y se condiciona por la lengua, el sistema que le impone en última instancia una forma de concebir el mundo.

Goldmann, dice: "Creo, en efecto, que tratar de comprender la creación cultural al margen de la vida global de la sociedad en que se desarrolla es una empresa tan inútil como tratar de arrancar, no provisionalmente y por necesidades de estudio, sino de una manera fundamental y duradera, la palabra a la frase o la frase al discurso"

 Al pretender usar la narrativa, como medio de conocimiento de la realidad social colombiana, no se descartan los aportes brindados por la sociología. La narrativa tiene un tiempo determinado y brinda aspectos políticos, sociales, históricos, de toda una comunidad. El objetivo es sumar o vincular ambas dimensiones: La obra como logro formal y estético y su vinculación con una realidad social, es una pretensión difícilmente alcanzada. Una sociología de la novela, estudia el origen social del escritor, su sostenimiento económico y el trasfondo social de la obra, así como la influencia del autor en la sociedad y de ésta sobre él.

 No se escoge un tema al arbitrio individual, sino que se condiciona por diferentes causas que se encuentran consciente o inconscientemente ligadas a la vida del escritor y al momento histórico que le toco vivir, desde el momento mismo en que se decide escribir acerca de tal o cual tema, se escoge un camino vinculado a los antecedentes culturales de la sociedad en que se desenvuelve y a las necesidades históricas concretas.

 Escarpit estudia la relación con el público, los procesos de edición, distribución y consumo, problemas que parecen periféricos pero que aportan datos como condicionantes de la labor del autor.

 Luego viene la gran interrogante ¿Qué hace el novelista? López Támes nos dice: "Elabora con la palabra un mundo cerrado, narración que empieza y termina. Hay un paralelo entre lo escrito y lo vivido, pero no es historia, por ejemplo, con la pretensión de decir una época objetivamente, deja de deslizarse la escala de valores del autor, como pone de manifiesto la sociología del conocimiento. Por otra parte, el historiador, el sociólogo se sirve de categorías: generaciones, estilos, tipos ideales, como en Weber, generalizaciones que suponen una inevitable simplificación de la realidad empírica. Los tipos ideales de Weber no están lejos de los personajes del novelista o las formas de vida de Spranger"

 Goldman ya había hecho estos planteamientos. Hay una especie de dialéctica fecunda entre la obra imaginaria y las condiciones sociales y económicas de los grupos sociales. La novela será un epifenómeno de un pensamiento colectivo. Hay una homología entre estructura de la obra y la de ciertos grupos sociales a los que el autor pertenece. La relación esencial entre la vida y la creación imaginaria no se refiere a los contenidos, son a lo que se llama estructura mentales, categorías que organizan a la vez la conciencia empírica de un grupo social y el universo imaginario creado por el artista.

 Hay una diferencia entre un autor colombiano y un autor europeo y es la distancia que existe entre su vida y ámbito y el tema de la obra. Balzac o Galdós escudriñan el mundo que escriben. Cualquiera que sea el status del personaje, hay una identificación y posibilidad de vivir cualquiera de esas vidas. Entre el autor y el tema, tanto en Colombia como en Europa, la distancia es enorme.

 Es un mundo lejano. Hay muchos mundos en un país latinoamericano, que no pueden ser abordados con la caracterización europea de clases sociales o con visión eurocentrista. En su definición hay algo más que el criterio económico y la concientización. Inevitablemente, el escritor en general, dotado de medios de cultura y de expresión eficaz, pertenece o se asocia a la clase rectora, propietaria de la tierra y de los medios de producción, así como a la oligarquía tradicional.

 Entran así, en la narrativa colombiana, las ansias de extender la justicia social, quedándose a un lado la agonía y el dramatismo, manifiesto en las letras contemporáneas del mundo, por explicar y situar al hombre, en cuanto hombre: naturaleza e individuo, dentro de los límites del universo.

 De forma que si se pregunta cuál es el espíritu distintivo de nuestra novela última, habría de pensarse inevitablemente en su carácter sociológico con su acusada índole de muestrario de miserias, problemas y dolores sociales: carácter que aleja a la novela de la consideración del destino individual humano y que recuerda igualmente aquel realismo social vigente en otras latitudes y hoy cancelado. De hecho no nos corresponde dilucidar el acierto o el desatino de la literatura y el arte comprometidos, es decir, colocados al servicio expreso y directo de una ideología, debemos, en todo, registrar su aparición y permanencia en la obra de ficción, afirmando que tal urgencia, es causa, quizás de la ineptitud subjetiva para incorporarla debidamente a la creación artística, ha redundado las más de las veces en gravoso arrastre de la significación poética exigible a toda obra, que ambicione aparecer con un poco de solicitud por su plaza y dignidad en la historia de las letras.

11 opiniones

camila

reso
malditos politicos

la politica no deveria existir en esta tierra.
pero queramos o no es cada ves mas parte de nuestras vidas y queramos o no tenemos que respetarlo, pero tambien tenemoque luchar encontra de las injustiacias de los seres humanos.
poetas sin razon

no me gusta mucho lo que dice aqui creo que no es muy corectoo apropiado. en realidad no me gusta mucho.
bien

lo encontre grasias adios
casa de empeño

no lo enconte ashhhh
se pasan neta que si bueno me voi bai
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Monografía de Nubia Amparo Ortiz Guerrero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/manuela.html CopyLeft
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