Hernández declara la inmortalidad del Poema - Mujer-Sociedad
6 - Mujer-Sociedad
El período analizado se inicia con las reformas liberales que se llevaron a cabo con el Gobierno de José Hilario López y finaliza en la década del 80 con la Constitución de 1886 y la firma del Concordato, un año más tarde bajo la segunda presidencia de Rafael Nuñez. Las reformas que se desarrollaron durante los años mencionados fueron muy importantes: se abolió la esclavitud, se impulsó la desamortización de tierras de resguardos y de la Iglesia, se suprimió la pena de muerte por delitos políticos, se aceptó la libertad de prensa, se dio la separación entre Iglesia y Estado, se impulso el federalismo, se estableció el libre cambio; el periodismo y la imprenta tuvieron un gran desarrollo durante estos años; las ideas socialistas de Proudhon y Luis Blanc se hicieron bastante conocidas entre los intelectuales y artesanos de la época y en general en materia de derechos individuales se avanzó bastante. Sin embargo, en el contexto anterior, tanto la condición de la mujer como de la familia, sólo fueron tangencialmente cuestionadas.
Es claro que en esta época la bandera feminista no hizo presencia fuerte en Colombia, a pesar de ello no podemos ser ingenuos en nuestra apreciación. Elisabeth Schuussler Fiorenza, teóloga cristiana norteamericana, dice que las mujeres tenemos que aprender a interpretar la historia también desde los silencios poblados de sentido.
El gólgota de la novela MANUELA, don Demóstenes, maneja un discurso ambiguo en torno a la mujer y en sus confrontaciones con la protagonista termina por conceder a ésta una serie de razones y de privilegios. De alguna manera éstos tendrían que estar presentes en la ideología que habita a Eugenio Díaz. Tampoco es gratis el hecho inusitado de que en la provincia de Vélez - cuando el federalismo dio libertad para ello – se le concediera a la mujer por primera vez en Colombia y posiblemente en el mundo (Suecia lo concedió en 1866? ,la libertad y la posibilidad de votar. En Vélez se otorgó el sufragio a la mujer en 1853
En MANUELA se muestra de alguna manera la resistencia femenina al mundo de los hombres. Hay que contar, si, conque para esa ambivalencia y para esa resistencia las condiciones generales del país son absolutamente adversas, porque se vive un clima en el que los liberales no quieren cuestionar para nada el orden patriarcal que los beneficia.
Los derechos de la mujer o las reformas a la estructura familiar no se debaten ampliamente; pero lo más importante es señalar que Manuela surge a la ida, en medio de una sociedad que maneja imágenes y proyecciones femeninas muy precisas: "Además se les sugirió tener en cuenta consejos especiales apara su edad y estado civil. Las recomendaciones fueron las siguientes. Rechazar la seducción y la adulación de los hombres; evitar ser demasiado estudiadas para que no se convirtieran en seres masculinos; perfeccionar la educación obtenida en el colegio con la capacitación de las labores domésticas en el hogar; no olvidar que el matrimonio era un paso difícil y que la virtud no siempre encontraba recompensa en este mundo sino en el cielo; no coquetear ni vestir en forma llamativa cuando salieran fuera del hogar, especialmente en los templos y en los entierros, además las señoritas debían evitar tener largas conversaciones en los lugares públicos y en caso de estar en una casa de familia no tener visitas en privado con jóvenes, si no estaba presente una tercera persona. Se les aconsejó igualmente estar siempre ocupadas y observar un régimen higiénico, para evitar la melancolía que a alguna de ellas invadía durante la época"
Manuela en cuanto mujer de la ficción, comparte algo fundante en su ser femenino: forman parte de un mundo de hombres, pensado y diseñado por hombres para hombres. Sus relaciones con el mundo y sus relaciones con el hombre están determinadas por el régimen patriarcal al que pertenecen.
Este mundo está reflejado claramente en MANUELA, en las pretensiones de don Tadeo, en la historia de Pía, víctima de ese cerco que la lleva a enfrentar una maternidad no buscada y finalmente la muerte de su hijo ante la irresponsabilidad del hombre que la ha seducido. Sin embargo, por tratarse de un mundo semirrural (Ambalema, por ejemplo) y de clases sociales más bajas en el escalafón, este mundo tiene resquicios:
—¿Nos vamos?
-¿Juntos? Le respondió él, con más contento que admiración, por cierto.
—¿Y eso qué le hace... ? Sola o acompañada nadie me ha comido hasta el presente.
—¿Y lo que dirán en la parroquia de verte ir de los montes con un cachaco?
—¿Allá en su Bogotá no van acompañadas las niñas que vuelven del río de lavar o de bañarse?
—No Manuela, ellas no van al río, sino las peonas que llaman lavanderas.
—¿Y las señoras no van a bañarse?
—Se bañan en sus paseos de familia, sin que al tiempo de estar en el pozo o río se acerque hombre ninguno; otras se bañan en sus casas. Ni creas que una señorita salga sola sino después de casada.
—Con que al revés de nosotras que solteras tenemos la calle por nuestra, y el camino y el monte, y los bailes y cuanto hay; y después de casadas ¡nos ajustan la soga!.
—¡Oh, las costumbres que varían tanto, según lo estoy viendo!... ¡Cuándo en Bogotá caminábamos los dos así viniendo del río de San Agustín o del Arzobispo...!
La discusión política, aunque ya hemos dicho, no toca la esencia del problema de la discriminación sexual, sí la ronda de alguna manera en el trozo del ámbito social enfocado en la novela:
Mientras que los señores trapicheros conversaban de esta suerte, las dos señoritas habían pasado a tratar del socialismo, cosa que les parecía muy extraña a mis lectores.
—¿ Y cómo es eso Juanita? Preguntaba Clotilde a su amiga.
—Pues que hay una escuela que quiere que hagamos nuestro 20 de julio, y nos presentemos al mundo con nuestro gorro colorado, revestidas del goce de nuestras garantías políticas.
—Será que dicen.
—Que escriben... Desean que votemos, que seamos nombradas jurados y representantes, y todo eso.
—¿ Y para qué?
—Para elevarnos a nuestra dignidad, dicen.
—Conque respetaran nuestras garantías de mujeres, conque hubiera como en los Estados Unidos, una policía severa a favor de los jóvenes...
—¡Cómo, niña!
—Pues no ves que porque nos ven débiles y vergonzosas y colocadas en posiciones difíciles nos tratan poco más o menos; ¡ y ahora a las pobres...! Eso da lástima. ¿Hay infamias por las que no hagan a estas desdichadas arrendatarias, nada más que por ser mujeres pobres? Por eso te digo Juanita que conque nos traten con la dignidad debida a nuestro sexo, aunque no nos invistieran de los derechos políticos, no le hacía. ¿No has reparado cómo nos trata don Diego? ¿ Y hasta el beato de don Eloy?
Este universo social que nos presenta la novela muestra pues, algunas cosas: discriminación a la mujer por razones exclusivamente sexuales. Además de ello se deja ver alguna diferencia entre la mujer rica y la mujer pobre, oposición que alguna vez se identifica con la oposición entre mujer de la ciudad, más cultivada, mujer de campo, más ignorante y menos culta. Esta diferenciación de rica a pobre, presenta un doble filo: en algunas ocasiones las mujeres pobres tienen ventajas sobre las de las clases altas, esas ventajas se miden en términos de mayor libertad en las costumbres, mayor liberalidad en sus relaciones con los hombres (muestra palpable de ello es el viaje que Manuela realiza con su novio hasta Ambalema, antes de casarse y en medio de su huida). En otras ocasiones tienen desventajas, desventajas que se miden en la falta de respeto con que son tratadas y en la total desprotección económica de que son víctimas.
En este contexto se ubica Manuela, una mujer rebelde que extrae todo lo que puede de su condición ventajosa y no acepta de ninguna manera las limitaciones que le impone su ser de mujer.
Manuela demuestra una inteligencia clara y una aguda visión para enfrentar las cosas, los problemas y el mismo debate de ideas. Desde las primeras páginas de la novela la vemos exigiéndole a don Demóstenes un trato de igual, y esto tanto por su condición de mujer, como por su estrato social:
—De todo lo que sacamos en limpio, dijo Manuela, es que usted en Bogotá no andará conmigo, y tal vez ni aun hablará conmigo.
—La sociedad, Manuela, la sociedad nos impone sus duras leyes; el alto tono que con una línea separa dos partidos distintos por sus códigos aristocráticos.
—Es decir que usted quiere estar bien con las gentes de alto tono, y con nosotras las del bajo tono; ¿y yo no puedo ni aun hablar con usted, delante de la gente de tono?
—Ni sé qué te diga.
—Pues me alegro de saberlo, porque desde ahora debemos tratarnos en la parroquia, como nos trataremos en Bogotá; y usted no debe tratarnos a las muchachas de aquí, para no tener vergüenza en Bogotá, porque como reza el dicho, cada oveja con su pareja.
—Eso sería intolerancia, Manuela.
—Yo no sé de intolerancias, lo que creo es que la plata es la que hace que ustedes puedan rozarse con todas nosotras cuando nos necesitan, y que nosotras las pobres sólo cuando ustedes nos lo permitan y se les dé la gana.
El diálogo nos muestra claramente dos cosas: la conciencia y la clarividencia de Manuela, que asume la bandera femenina y la bandera de su clase. Y por otro lado, la resistencia de don Demóstenes – máximo exponente de la ideología progresista en la novela – a llevar al terreno de lo personal y de la relación hombre – mujer, las consecuencias del pensamiento que predica.
Pero Manuela no se conforma fácilmente. No renuncia a la confrontación. Como mujer no se arredra ante las diferencias que la separan de Demóstenes: diferencias de sexo, de raza, de cultura, de formación. Entre Manuela y Demóstenes se realiza una verdadera amistad, sobre la base de un tato igual. Esa relación está continuamente atravesada por la discusión, por el debate. Manuela, a través precisamente de esta relación, se capacita para una confrontación social amplia. Y el papel que ella desempeña en la relación no es un papel masivo, a la espera... ella continuamente busca a su interlocutor y lo fuerza en una confrontación que prácticamente pone al radical contra la pared. No hace concesiones ni deja traslucir debilidades:
—...Que usted echa a pasear la igualdad cuando se apodera de la hamaca en esta casa o en la de mi prima.
—¿La igualdad?
—Si señor, la igualdad, porque todos los demás estamos fregados en los poyos o los escaños, mientras que usted está meciéndose en la visita, acostado muchas ocasiones, y ya usted ve, eso no se puede llamar igualdad. Y si entran las señoras a ese tiempo, yo no sé como se entienda usted con ellas.
—¡Oh! Pues entonces me levantaría.
—Eso tampoco se conviene muy bien con la igualdad de que usted nos habla; pues querría decir que a nosotras se nos debe tratar poco más o menos, y usted nos ha dicho que todos somos iguales.
—Ah, pero era porque estábamos hablando de la igualdad de derechos me parece.
—¿Entonces no hay más igualdad que esa igualdad de derechos que usted dice?
—Pues sí hay: la igualdad social, pero tiene sus excepciones.
—¿Igualdad y excepciones’ ¡ Está muy bueno!
—Es que una cosa es con guitarra...
—Entonces diga usted que una cosa es cacarear y otra poner el huevo; una cosa es hablar de igualdad y otra de sujetarse a ella.
Además de su capacidad confrontadora, Manuela muestra una sensibilidad femenina capaz de detenerse en los pequeños detalles, una visión capaz de simbolizar los mínimos actos cotidianos de la vida.
Nos hemos referido a la novela como argumento para oponerla al cuadro de costumbres. Sin embargo, más allá del argumento como curso de acción, se caracteriza la novela por el conflicto que se desarrolla en tal argumento, En este sentido es indispensable la referencia a los personajes que en ella intervienen y cuya relación entre sí y con el mundo novelístico forma lo esencial del conflicto. Un argumento complicado no necesariamente lleva en sí un conflicto igualmente desarrollado. Este no se reduce a la pura acción, depende de los actores y puede ocurrir en un argumento, pobre en movimientos. Es la dimensión del héroe en cuanto subjetividad e interioridad y su relación con el mundo en que actúa.
En MANUELA aparecen más de 50 personajes de entre los cuales solo 4 son significativos plenamente pues en ellos se concentra todo el sentido de la novela. Los demás están siempre con relación a estos y son más bien comparsas que sirven para la ambientación, que personajes propiamente. Demóstenes, el cura, Manuela y Tadeo, no solo ocupan un lugar de primera importancia en la narración sino que sirven al autor, según veremos, para construir la tesis política sobre la cual se basa la novela. Examinemos brevemente el carácter de cada uno de ellos.
Demóstenes es un joven bogotano, parlamentario, Gólgota en política, que llega a la parroquia no se sabe bien por qué motivo. Allí se dedica a leer, cazar y coleccionar animales y plantas. Como buen Gólgota ha viajado a Estados Unidos, país cuyas costumbres y organización social admira y propone como modelo para Colombia. Desde que llega se enfrenta a un mundo que le es totalmente desconocido. El descubrimiento de la miseria, de los desafueros de los terratenientes del poder omnímodo de Tadeo, de la tragedia del arrendatario desposeído de tierras, choca permanentemente con su ingenua Fé en las leyes, en la constitución y en las libertades. Sorprendido ve un pueblo que conserva costumbres religiosas que se le antojan y que no son las que ha visto en los Estados Unidos. Este conflicto, en que Demóstenes más de una vez hace el ridículo, es el núcleo de la novela, por así decirlo, Demóstenes es el héroe que se enfrenta a un mundo con el cual entra en choque pues sus valores no corresponden a esa realidad que se mueve ante sus ojos. En este sentido la novela contiene un elemento esencial de oposición de un individuo y la sociedad, sin embargo este conflicto está muy poco desarrollado: Demóstenes posee como rasgos distintivos solo aquellos que tipifican a un bogotano gólgota de su extracción social, es una magnífica caricatura de un hombre de la ciudad que se enfrenta al campo. Pero no es un individuo pues carece en absoluto de interioridad. De principio a fin de la novela es igual: utopista, generoso, grandilocuente, y un buen día se marcha, tras descubrir el archivo de Tadeo, creyendo ingenuamente que ha resuelto todo el problema. Al irse es el cura el encargado de sintetizarle la enseñanza que debe derivar de su estadía en la parroquia: dejarse de doctrinas e imitaciones extranjeras y pensar en su pueblo cuando vaya a legislar. Pero hasta ese momento nada hace pensar que el protagonista haya experimentado un cambio en su posición por el contacto con esa realidad. Se indigna ante cada injusticia pero sigue diciendo que Estados Unidos es la república modelo. Así pues, Demóstenes es un personaje carente de sicología y carente de evolución, su enfrentamiento con el mundo de la parroquia no transforma ni al hombre ni al mundo. Esta pobreza de subjetividad hace que el personaje no sea un héroe novelesco en la forma en que tal elemento ha sido desarrollado por los grandes exponentes del género.
Él cura es el encargado de contraponer a Demóstenes una opinión política diferente aunque motivada por idénticas intenciones. Hombre recto, humanitario y bondadoso, es un conservador republicano, conoce profundamente las costumbres de su parroquia y adecua su prédica y su acción al medio en que vive. Desde que conoce a Demóstenes le hace notar el arraigado catolicismo del pueblo y la necesidad de tomar en cuenta ese y otros rasgos de la mentalidad del campesino si se quiere hacer una labor de progreso eficaz. Es, tal vez el personaje que encarna la posición del autor, aunque no cabe hablar aquí de una identificación muy clara pues el cura carece aún más de rasgos individuales que Demóstenes. Es un buen cura de pueblo y todas sus acciones y palabras son las que se esperarían del tipo genérico que representa. Los dos personajes el legislador y el sacerdote dentro de su tipicidad abstracta son simplemente la encarnación de los dos partidos políticos dominantes en la vida del país en ese momento: Los liberales Gólgotas y los conservadores, enfrentados a la conducción del Estado. El ideario de los partidos está reflejado en la novela con singular exactitud pero los representantes de cada tesis son individuos solamente en la medida que esto es indispensable para construir el relato.
Manuela es la representación de parte de ese pueblo sobre el cual legislan los políticos de los dos bandos. Es una muchacha sencilla y encantadora, tipo genérico que representa a la mujer del pueblo. Es el personaje más adecuadamente caracterizado: careciendo también de interioridad, sus conversaciones con Demóstenes revelan un ingenio chispeante que logra individualizarla un poco a pesar de compartir los rasgos idealizantes con que Díaz dibuja sus personajes femeninos. Su papel es contraponer a Demóstenes ya no las opiniones del partido sino la sensatez de la experiencia y del sentido común. Su carácter genérico se revela al aparecer los "Manuelistas" como bando en la parroquia, estos son todas aquellas gentes humildes partidarias de la justicia y víctimas del otro bando los "Taedistas". Cada uno de los personajes que forman el bando de los "buenos", es una reproducción con matices derivados de su oficio, edad u otra circunstancia de Manuela. Esta es ventera, Pía es trapichera, Patrocinio es la madre de Manuela, Marta su prima, pero todos se identifican en cuanto constituyen un sector del pueblo. A pesar de ser el centro de la anécdota que forma el argumento, la individualidad de Manuela se limita al encanto de sus respuestas, por lo demás es también un tipo como los anteriores.
Si el cura, Demóstenes y Manuela representan el bando de la justicia en sus diferentes manifestaciones, corresponde a Tadeo con los Taedistas el papel de la maldad. Tadeo es un siniestro personaje, ha llegado a la parroquia como peón, pero gracias a su habilidad ha pasado a ser el amo absoluto. Aprovechando la ignorancia de los funcionarios municipales y la complicidad de unos cuantos hacendados tiene en sus manos una arma poderosa, la ley que utiliza a su antojo valiéndose de toda clase de enredos y artimañas. En política es draconiano y predica la igualdad y la lucha de los "descalzos" contra los de "botas". Díaz reproduce una opinión que desde entonces ha sido generalizada en la historiografía oficial: los draconianos, gestores del golpe militar de Melo en 1854 con los artesanos, ya eran para la época de escribir MANUELA un partido derrotado y proscrito. Su radicalismo y su tesis igualitarias, bebidas en el socialismo utópico les han valido hasta hoy el repudio de una historia que ve en ellos la primera aparición del comunismo en nuestro país.
Díaz se cuida, sin embargo, del sectarismo y hace aparecer la figura de un honesto artesano, el herrero Francisco Nova, que sirve para contraponer a los dirigentes y las masas que los siguieron, explicando así el movimiento de los artesanos con otra opinión consagrada por la historia oficial: la del engaño a los artesanos por sus dirigentes que como Tadeo es el mal absoluto, con sus artimañas, pone a su servicio criminales como Juan Acero, obliga a las mujeres a ser sus amantes, crea la "sociedad baratera" con la que emprende un lucrativo negocio de robo de ganado, vive el resentimiento y el odio producido por la frustración. Es un personaje esquemático, y carente de individualidad y hasta de verosimilitud por su exagerada maldad.
Con estos cuatro personajes se construye la tesis central: un pueblo dividido en buenos y malos ante el cual los partidos proponen formas diferentes de conducción, de las cuales la más adecuada es aquella que tenga en cuenta las particularidades de ese pueblo y que vea que las libertades no bastan por si sola para garantizar el orden, pues la ley, es una arma de doble filo que puede ser usada por individuos como Tadeo. Alrededor de esta tesis se mueve una multitud de personajes que en distintos grados concurren a exponerla. Son campesinos arrendatarios, hacendados, peones de los trapiches, obreros de la manufactura tabacalera, etc. Todos ellos sirven para hacer una pintura excepcionalmente fiel de las condiciones sociales de la época.
No obstante el vigoroso realismo con que se pinta la vida del pueblo el elemento propiamente novelesco en la obra de Díaz está menoscabado por la pobreza del conflicto allí planteado lo que a su vez se debe a la pobreza de los personajes. Todos ellos carecen de interioridad son tipos en cuanto valen no por su individualidad sino por compartir los rasgos genéricos de un grupo social. Carecen también de historia, no solo es poco o nada lo que se sabe de la vida anterior de cada uno, sino que a lo largo de la novela permanecen siempre idénticos, rígidamente buenos o malos sin mediaciones.
La narración se hace desde un punto de vista adecuado a este planteamiento esquemático: el narrador construye el mundo novelesco desde afuera, es un observador objetivo que cuenta lo que ha visto pero no conoce la interioridad de los personajes. Nunca describe un movimiento espiritual diciendo lo que pensó uno de ellos, sin embargo su objetividad no es absoluta en el sentido que el maniqueísmo del planteamiento lo lleva a tomar desde el principio posición a favor de un grupo dentro de la novela.
El tratamiento de los personajes, combinando la objetividad en cuanto pura exterioridad, y el maniqueísmo en la construcción del relato es propio de una novela muy primitiva en la que la interferencia y la tesis política es demasiado inmediata. MANUELA es así una respuesta literaria a los problemas del país en ese momento y de ahí derivan tanto los evidentes valores de su realismo como sus limitaciones en cuanto novela, el esquematismo de sus caracteres y la pobreza del conflicto que entre ellos se desarrolla.
11 opiniones
pero queramos o no es cada ves mas parte de nuestras vidas y queramos o no tenemos que respetarlo, pero tambien tenemoque luchar encontra de las injustiacias de los seres humanos.
Autor y licencia de 'Hernández declara la inmortalidad del Poema'
Monografía de Nubia Amparo Ortiz Guerrero. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/manuela.html
