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Hernández declara la inmortalidad del Poema - Problematica político-social en Manuela

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CopyLeft Monografía de Nubia Amparo Ortiz Guerrero - 30 de Agosto de 2006
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5. Problematica político-social en Manuela
MANUELA, escrita y publicada en una época particularmente agitada de nuestra vida política nacional, en una temporada en los que el viejo y nuevo orden se enfrentaron, se combatieron a muerte y se transaron. Mucho de lo que hemos sido en este siglo tiene sus raíces en esos años.

 A partir del decenio de 1850, con el Gobierno de José Hilario López y precisamente hasta 1886, fin del olimpo radical, las raíces y condiciones de nuestra nacionalidad se revolvieron, se agitaron públicamente en debate y se rehicieron por canales parcialmente distintos, parcialmente iguales respecto al orden colonial.

 Los liberales, especialmente los llamados Gólgotas y después los miembros del grupo radical, quisieron reorganizar las cosas, dando paso a una organización social más moderna y más democrática, Se quiso limitar el poder de la iglesia y restarle privilegios, se ensayó el federalismo, se pretendió democratizar la educación y ampliar el derecho del voto, todo esto sobre la base de un nuevo ordenamiento económico más liberal. Estos intereses fallidos o logrados se realizaron en medio de grandes tensiones y violencias: enfrentamientos públicos, golpes de Estado, guerras civiles, dictaduras, congresos, reordenamientos constitucionales. El fondo del período es ése: tensiones continuas, ajustes de distintos intereses.

 Es necesario dejar claro que durante esta segunda mitad del siglo XIX se revolucionó la estructura económica y sociopolítica del país y se revoluciono no en un solo sentido o una sola vez, sino en varios sentidos y en varias ocasiones: significados distintos y matices diversos tienen: el Gobierno de José Hilario López, la dictadura de Melo o la Constitución de Rionegro.

 Tampoco hay que olvidar el aspecto local y nacional que Díaz registra en MANUELA. Los críticos han señalado en varias ocasiones que Manuela es de carácter local y no válida para la totalidad del país. Uno de los que plantean esta tesis es Salvador Camacho Roldán en el prólogo a la edición de 1889 hecha por la casa Garnier en París. Otros comentaristas se han limitado a transcribir las palabras de Camacho Roldán sin ir más allá en este aspecto.

 Díaz, aunque no menciona el nombre de la parroquia donde se desarrolla la novela da claras indicaciones de su localización geográfica. Más tarde a fines del siglo XIX, Isidoro Laverde Amaya, crítico e historiador colombiano indica la población de Mesitas del Colegio como escenario de MANUELA y reconoció muchos de los lugares que describe Díaz

 Mesitas del Colegio, era conocida en aquel entonces con el nombre de "tierra caliente", su temperatura oscila entre los 18 y 24 grados centígrados, y está compuesta de regiones boscosas y mesetas que bajan hacia el valle del Magdalena. En época posterior tuvo un gran auge como sitio de vacaciones de los bogotanos pero en la época de la novela era un mundo aparte de Bogotá a pesar de su proximidad: Mesitas se ubica a solo 40 kilómetros de la capital.

 Los primitivos pobladores de la región fueron repartidos en encomiendas por los españoles, pero sin que ello significara el exterminio de los indígenas por sobre explotación. La inexistencia allí de minas hizo de los cultivos de maíz, yuca, plátano, caña y de la cacería las fuentes de subsistencias principales. De estas solo la caña y fabricación de panela daba lugar a una explotación comercial realizada en los trapiches por arrendatarios de las haciendas. Los hacendados solían vivir en Bogotá y visitar algunas veces sus propiedades encargadas a un mayordomo. Hacia 1850, época en que transcurre el argumento de MANUELA, los lazos comerciales con Bogotá es escasa y se reducen de una parte a la venta de panela y de otra a la compra por los campesinos de sal, carne y algunas manufacturas.

 Camacho Roldán describe agudamente la situación de la región antes y después de la independencia. En la Colonia, el centro político administrativo y religiosos la "parroquia", pequeño poblado provisto de iglesia, cementerio, cárcel – que a veces se reducía a un cepo y una venta, establecimiento comercial para proveerse de velas, licores, manteca y otros artículos indispensables. La parroquia era centro religioso y del escaso mercado. Por lo demás el aislamiento era caso absoluto. Con la independencia sobrevino un cambio en estas apacibles costumbres. Las haciendas cambiaron de manos en muchos sitios pasando de españoles y criollos realistas a republicanos que si bien continuaron el régimen económico existente, introdujeron la reactivación de la vida municipal, el nombramiento de cabildos, jueces y alcaldes algo del periodismo naciente y el conocimiento de las leyes de la república recogidas en la " Recopilación Granadina".

 Pese al aislamiento, la guerra de independencia y las guerras civiles llevaron a las parroquias las nuevas ideas republicanas y las pugnas partidistas. En algunos casos aparecieron las escuelas y junto al poder del cura y del hacendado "gamonal", el maestro y el tinterillo – abogado sin título diestro en el manejo de pleitos- hicieron su aparición. La transición hacia la república suprimió los mayorazgos e hizo de la tierra un bien sujeto al mercado, pero dejó intacto el régimen de las haciendas y el poder señorial de los hacendados. La República, la libertad, la patria y la ley fueron ideas que se extendieron por los campos y las regiones más distantes, no siendo en la mayoría de los casos más que eso: ideas mal comprendidas a falta de una realidad institucional que les diera realidad.

 Es en el escenario de una de estas parroquias y en el contexto histórico descrito que se desarrolla MANUELA. Su argumento solo sale de allí para desarrollar un capítulo en Bogotá y otro en Ambalema, población del río Magdalena, situada a 50 km. de Mesitas y a 90 km. De Bogotá, notable entonces por el auge de la producción tabacalera y que, con la capital, constituyen los dos epicentros de la región mencionada. Es en este sentido una novela local como bien señala Camacho Roldán.

 Rafael Maya, desarrollando esta tesis, hace del localismo una caracterización necesaria del costumbrismo:

"Hoy sería difícil el resurgimiento de esa literatura, porque las costumbres se han uniformado, lo mismo que el lenguaje, debido a la intercomunicación entre las distintas secciones del país, lo que tiende a formar un tipo "standard" de colombiano. A mediados del siglo pasado aconteció lo contrario y el país era un verdadero mosaico de regiones distintas y opuestas entre sí. El costumbrismo era la vegetación propia para ese suelo, porque el costumbrismo se funda en la diferencia del hombre, de la naturaleza y de la cultura"

 La tesis así formulada significa que el costumbrismo y en particular MANUELA, fue producto de la inexistencia de unidad económica y cultural del país o en otras palabras, de la inexistencia de la nación colombiana.

 Cabe preguntarse aquí, en que medida puede hablarse de existencia o inexistencia de la nación colombiana. Una conocida definición de nación dice que ésta es: " Una comunidad humana estable históricamente formada y surgida sobre la base de la comunidad de idioma, de territorio, de vida económica y de sicología, manifestada ésta en la comunidad de cultura"

 Las naciones se forman a través de un proceso histórico lo cual hace imposible, en ciertos momentos de transición, afirmar o negar definitivamente su existencia. Es, a nuestro parecer, el caso de Colombia hacia 1850.

 La diferenciación de lo americano frente a lo español por una parte y a lo indígena por otra, se inicia desde la conquista, el asentamiento de grupos humanos en América y el arraigo de determinadas formas de producción, el enfrentamiento a condiciones geográficas particulares son factores que contribuyen a esta diferenciación. La fundación de ciudades como centros administrativos y la constitución, en torno de ellas de ciertas relaciones económicas, van marcando las primeras diferencias territoriales que más tarde van a formar los países americanos. El exterminio, sometimiento de los indígenas y el mestizaje contribuyen a unificar la cultura. La guerra de independencia es ya un momento decisivo para la consolidación de este proceso, surge de la existencia de suficientes elementos de diferencia frente a España. Pero es durante el siglo XIX que las naciones americanas adquieren su configuración definitiva.

 El surgimiento de Colombia y los otros países americanos de territorios coloniales hace que este proceso tenga características particulares. La independencia arranca de manos de la corona un aparato de poder político y a partir de él constituye un estado e implanta un sistema jurídico que pretende unificar bajo su mando un territorio. Sin embargo, este territorio carece de unidad económica, hay grandes regiones aisladas a tal punto que durante mucho tiempo la autoridad del gobierno es puramente nominal y se limita a algunas ciudades y sus áreas de influencia más inmediatas. La historia del siglo XIX transcurre en este conflicto, la superestructura juridico-política se alza sobre realidades económicas insuficientes para hacerla sólida. La lucha política gira en buena medida en torno a este problema, muchos de los hombres que dirigen el país son conscientes de ello y desde el Estado orientan su esfuerzo a dotar al país de instituciones adecuadas a esta situación y a consolidar el desarrollo económico que pueda superar la desarticulación regional. Este proceso no esta exento de retrocesos y las guerras civiles ocupan un lugar destacado en la disputa.

 En 1850 el país se halla en un punto de transición, algunos elementos de la nación se hallan presentes, otros apenas empiezan a surgir. El localismo característico del costumbrismo es expresión de esta situación. La desarticulación regional que bien señala Camacho Roldán y Rafael Maya hace que en esta literatura la búsqueda de lo nacional pase necesariamente a través de lo local. Sin embargo, en MANUELA hay algo más que localismo. Allí aparece lo nacional precisamente bajo la expresión de más vigencia en ese momento. La superestructura juridico-política. La tesis central de la novela es la inadecuación de la legislación a la realidad. Díaz enfrenta a su personaje Demóstenes, político y legislador a una situación en la que demuestra la inutilidad de sus convicciones teóricas, casi al final de la obra pone en boca del cura una advertencia en que sintetiza su tesis. Al despedir al bogotano que se marcha de la parroquia, le dice el sacerdote: "Usted ha hecho en la parroquia un estudio más provechoso que el que hizo en los Estados Unidos. Allá vio usted como es un pueblo extraño, aquí ha visto como es nuestro pueblo. Allá vio usted que civilización se debe imitar, pero aquí ha visto qué vicios hay que corregir. Estoy seguro que si va usted al congreso, no se acordará al legislador, de lo que vio allá sino de lo existe aquí"

 Con esto el carácter local del escenario adquiere el valor de un ejemplo, en cualquier sitio que visite el legislador va a hallar lo mismo, una realidad que no se parece a los países extranjeros que trata de imitar. La parroquia no es pues, simplemente, un mundo aparte, es la representación de todas aquellas partes del país en las cuales las leyes no se cumplen porque han sido hechas pensando en el desarrollo real de éste sino en una universidad abstracta y ficticia.

 En síntesis, esta es la forma que adquiere lo nacional en MANUELA: pasa necesariamente a través de lo local pero no se queda allí. Díaz trata así de darle a la novela validez general para todo el país y en cierta medida lo consigue. No obstante, lo local pesa mucho en la novela y en cierto sentido son válidas las tesis de Camacho Roldán y Rafael Maya. Es precisamente, el producto de una época de Transición.

 La novela colombiana se nutre, en su origen, de un cierto caudal de recursos técnicos en el sentido más amplio, aprendidos de la novela europea en boga y de los elementos que aporta la realidad en que vive el novelista y que le sirven para construir su relato. En MANUELA son claramente discernibles estas dos fuentes. Precisamente porque la asimilación de la tradición europea por Díaz es insuficiente y aparece como yuxtapuesta a los elementos surgidos de su experiencia directa.

 El modelo de donde Díaz ha aprendido su técnica para la novela es sin duda el folletín francés cuyo exponente más destacado, por reunir todos los defectos del género, es Eugenio Sue. Veamos los puntos donde es más notable la técnica folletinesca:

 El intento de renovar la intriga al final de cada capítulo, característico de una literatura por entregas periódicas, precursora de nuestras radionovelas y telenovelas, tiene por objeto garantizar el interés del público y conservar así su atención de entrega en entrega. Díaz no deja de emplear este recurso aunque lo hace en forma muy imperfecta: la presencia en su novela de los cuadros de costumbres le impone secuencias de capítulo que no están unidos por ningún elemento de intriga, solo en aquellos capítulos en que conduce el desarrollo argumental, apela al recurso de dejar planteada una situación que más adelante ha de resolver.

 Los elementos misteriosos, recurso predilecto del folletín es empleado también por Díaz: en uno de los primeros capítulos aparece un embozado misterioso que oculto de las miradas de los asistentes a una baile los observa y toma apuntas, luego se sabe que es Tadeo el perverso gamonal. La figura de este personaje y sus secuaces está rodeada de tales elementos por doquier, siempre se anuncia que hay algo que encierra un misterio terrible preparando así al lector para revelárselo.

 Los personajes en MANUELA se dividen en buenos y malos sin lugar a mediaciones. En este maniqueísmo de folletín los malos llegan a un grado exagerado; no solo son perversos sino que hacen de ello motivo de orgullo. Tadeo dice de Juan Acero, asesino tenebroso: "Tiene Juan Acero una voluntad de hierro, una voluntad incontrastrable, un alma estoica y una rectitud de espíritu que lo hacen el mejor de los caballeros"

 Otro recurso teatral para golpear la sensibilidad está en los cambios bruscos de situación: al llegar Manuela con su novio a Ambalema, Tadeo les tiende una celada acusándolo de haber robado la mula en que viajan. Cuando el juez se dispone a condenarlos y a dejar a Manuela en manos de Tadeo, llega una carta que cambia todo, Tadeo va a la cárcel y queda Manuela libre y limpia de culpas.

 La presencia de estos recursos ha llevado a un crítico colombiano a escribir lo siguiente: "MANUELA es una barahúnda de personajes incongruentes en truculentos episodios alquilados al novelón francés de aventuras"

 Este juicio es a todas luces desproporcionado, el interés de la obra de Díaz radica precisamente, en que los elementos que nacen de su contacto con la realidad colombiana son tan vigorosos como para relegar a segundo plano la arquitectura folletinesca de que se sirva para armar la intriga de la novela. Los trucos de folletín que usa Díaz están empleados con una suerte de ingenuidad que les quita mucho de lo truculento que podrían tener. Díaz es por otra parte un maestro del costumbrismo, capaz no solo de describir un festejo popular sino de caracterizar con precisión del ideario político de los partidos, la vida económica de los campos, etc. A lo largo de MANUELA contrapone en Demóstenes, Tadeo y el cura el pensamiento de Gólgotas, draconianos y conservadores respectivamente. Muestra la explotación de los campesinos en los trapiches y el poder absoluto del señor de la tierra y en cada uno de estos temas, analiza en minucia sus manifestaciones. Díaz reúne una técnica narrativa de folletín con una materia prima proporcionada por el paisaje, y las gentes del país, que desborda aquella técnica y acaba por imponerse.

 Al examinar el nacimiento de la novela en el siglo XIX, su primer período se caracteriza por un romanticismo de imitación de pésima calidad literaria. El camino que conduce a una expresión propia en las letras habría de conducir más tarde a una novela realista ya libre del lastre romántico cuya máxima expresión es Tomás Carrasquilla. En las décadas del 50 y 60 este realismo está aun en germen y se prepara especialmente en algunas expresiones del costumbrismo. MANUELA constituye un hito definitivo en esta transición, el primero de alguna significación literaria.

 Díaz no logra sustraerse a las influencias derivadas de sus lecturas de novelistas extranjeros y de las preocupaciones literarias en boga en el país en ese momento. De ahí la presencia en su obra de la técnica folletinesca que hemos descrito y de ciertos elementos propios del romanticismo. Tanto los protagonistas como las figuras femeninas son descritas en términos que las privan de toda individualidad y las asimilan a un tipo de mujer perfecta física y moralmente.

 Igual sucede con las relaciones sociales. MANUELA es una novela "social" en un sentido muy diferente del que suele tener ese término en el folletín francés de esa época, que ha sido llamado no solo realista y social sino incluso proletario. En un autor como Sue lo social estriba en entretener al lector con la pintura de lo grotesco, con personajes extraídos de los bajos fondos de París, muestras de una humanidad degradada sin otro propósito que suscitar la repugnancia y elevar más aún, por el contraste al héroe salvador y providencial. Díaz está muy lejos de ello, sin caer en la vulgaridad teatral del folletín, su novela es una viva pintura de las condiciones de vida del campesino arrendatario desprovisto de tierra, sujeto al poder del hacendado y obligado a trabajar en los trapiches en condiciones infrahumanas. Inclusive cuando toca el tema de la muchacha caída en la prostitución lo hace con mesura y sin sentimentalismos.

 La tesis central de la novela que sitúa a un legislador bogotano frente a un mundo que le es desconocido tiene el sentido de una reflexión sobre los problemas que aquejan al pueblo colombiano. Díaz no-solo pinta la injusticia sino que va más allá discutiendo sus soluciones. Aboga por el desarrollo técnico que mejore tanto la productividad como las condiciones de los trabajadores. Aboga por el cese de las arbitrariedades, de la sujeción religiosa del arrendatario al hacendado, del reclutamiento forzoso del campesino para ir a defender causas que no entiende, del manejo amañado de las leyes. Pero se muestra escéptico frente a las soluciones de los legisladores, no cree en el poder mágico de las leyes y sostiene que cualquier transformación puede partir solo del conocimiento exacto de las condiciones que se quieren transformar.

 El valor histórico y literario de MANUELA está en su realismo en cuanto este indica el surgimiento de una expresión propia en la literatura. La presencia de lo nacional es lo suficiente fuerte para hacer de esta novela el primer anuncio del advenimiento de una narrativa auténticamente nacional.

Autor y licencia de 'Hernández declara la inmortalidad del Poema - Problematica político-social en Manuela'
Nubia Amparo Ortiz Guerrero Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero15/manuela.html CopyLeft
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