El texto se presenta con una lengua correcta, adecuada, precisa, atenta a la fraseología popular, -aunque elaborada literariamente-, pero sin grandes “ínfulas”, como se acuerda al objeto propagandístico del libro. Al haber podido consultar muchos documentos y fuentes, encontramos un castellano, que desde el punto de vista léxico, no se aleja mucho del castellano peninsular, aunque encontramos algunas particularidades. De este modo, aparece el adjetivo lindo (“haré numeroso aparato de sus muchas, lindas, claras y fértiles aguas.”) con el significado de ‘puro’, significado que no desapareció con la Edad Media, -de hecho Corominas y Pascual (1981, III: 659) sitúan la última aparición de lindo con este significado en una obra del 1595-, pero que ya había evolucionado en el español peninsular, adquiriendo el valor de elogio, como ‘bueno’. Otro ejemplo es el de la palabra achaque, que en el texto aparece con el significado primitivo que presentaba en la prosa de Berceo, es decir, como ‘acusación, causa, pretexto’ (“desterraba y mataba a los senadores con falsos achaques.”), cuando en esta época ya predominaba el de ‘motivo de queja’ y, a partir de éste, el de ‘dolencia habitual’, que llegan a la Península por medio del portugués. El verbo pedir se presenta en el texto con el significado de ‘preguntar’, ya obsoleto en otras zonas hispanoparlantes. Por su parte, el contacto con otras lenguas, como, respectivamente, el catalán y el italiano, provoca la aparición de palabras como sortiò, en lugar de salió, o de distintamente, en vez de claramente. Otra característica que presenta el texto es que las palabras aún no tienen clara su delimitación. No podemos olvidar que estas obras muchas veces se escribían al dictado y a menudo se leían en voz alta. Además, existía un concepto de palabra gráfica alejado del que actualmente compartimos lo que hace que las separaciones en el texto no coincidan, frecuentemente, con nuestras normas actuales (“delos”, “grande rota”, “acaballo”).
La ensalzación de Cerdeña y, sobre todo, de la ciudad de Sassari, eje motor de esta obra, tendrá también su repercusión en lo referente al origen del sardo. Así, el “lenguaje antiguo” es “grave, deleitoso y sentencioso”(Vico, 2004, I: 135), mezcla del griego y del latín, que ha sufrido una fuerte corrupción por culpa del paso del tiempo y de la influencia de otras lenguas. No se detiene aquí: la mejor manera de realzar su propia lengua será destacar su proximidad con el latín y, sobre todo, con el griego, lengua que declara haber sido la primera hablada en la isla, de la que el sardo ha conservado la mayor parte de los vocablos y que se usaba con gran elegancia.