El 1968, los psicólogos Robert Rosenthal y Leonore Jacobson demostraron que las expectativas que los profesores tienen de sus estudiantes -aunque éstos desconozcan dichas expectativas-, son determinantes en la mayoría de los casos para el logro de las metas y aspiraciones de éstos, en lo que se llamó el "Efecto Pigmalión". Redescubrieron lo que ya enseñaba la filosofía tradicional: en el proceso de llegar a ser, son más importantes nuestras expectativas respecto al futuro que el recuerdo de nuestro pasado.
Como señala Branden, la Identidad, Autosistema o Autoestima crea un conjunto de expectativas acerca de lo que es posible o apropiado para nosotros. Estas expectativas tienden a generar acciones que se convierten en realidades. Y las realidades confirman y refuerzan las creencias originales. La autoestima -alta o baja- tiende a generar las profecías que se cumplen por sí mismas.
Tales expectativas pueden existir en la mente como visiones del subconsciente sobre nuestro futuro. El psicólogo educacional Paul Torrance, al analizar la evidencia científica acumulada, afirma que nuestras asunciones implícitas acerca del futuro afectan decisivamente a la motivación". "De hecho, la imagen del futuro de una persona puede pronosticar mejor lo que consiga del futuro que sus actuaciones del pasado.
Por eso creemos que una buena autoestima es precisamente una de las resultantes directas del proceso, ya no sólo de búsqueda de una identidad, sino, una vez encontrada, de afirmación de dicha identidad del Individuo.