En su análisis de la función del lenguaje y la comunicación en sociedades humanas y de insectos, Lewis Thomas relata el siguiente hecho interesante sobre una avista de la especie sphex. Cuando llega la época de poner su huevo, vuela en busca de orugas. Al encontrar una, la paraliza y la lleva a la entrada de su nido. La deja en la “puerta de entrada”, entra al nido y verifica que todo esté en orden. Luego sale a buscar la oruga. Entretanto, si alguien la ha desplazado siquiera un poco, aparecen las limitaciones de tan estructurada conducta. La avista buscará a la oruga, la colocará en la puerta y repetirá su inspección del nido. Si se vuelve a desplazar la oruga, la avispa repetirá todo el procedimiento. Así, si uno quiere, puede atrapar a la criatura en un ciclo infinito de conducta irreflexiva. Thomas utiliza este ejemplo para reflexionar sobre algunas características de la inteligencia humana y la función que cumple el lenguaje al ayudarnos a explorar y comprender nuestro mundo. La avispa queda atrapada en una rutina de actividad improductiva porque no puede imaginar que existe otra manera de hacer las cosas. Los humanos, en cambio, poseemos la capacidad de ser mucho más flexibles. Frente a situaciones nuevas, ambiguas o paradójicas, somos capaces de intensificar la búsqueda de su significado. El lenguaje nos da la capacidad de jugar con los matices y reflexionar sobre los contextos en los que nos encontramos. Podemos desentrañar situaciones complejas y crear oportunidades para actuar de distintas maneras. Como dice Thomas, una de las grandes virtudes del lenguaje humano es que nos impide concentrarnos en lo más inmediato.
Este ejemplo de la avispa revela muchos de los problemas y desafíos que enfrenta hoy el mundo de la organización y el management. Como humanos, tenemos aptitudes asombrosas para el pensamiento y la conducta creativos. Podemos usar estas aptitudes para realizar maravillas. Pero, con frecuencia, nos quedamos atascados. Nos atrapan las formas de pensar consagradas y las acciones inadecuadas para resolver los problemas y las situaciones inmediatas. Somos como la avispa. O para usa otra metáfora, nuestro pensamiento se vuelve un martillo y todos los problemas se convierten en clavos.
El concepto de imaginización pretende ser un medio para salir del dilema. El mismo nos alienta a nosotros mismos y nuestras situaciones con ojos nuevos, a emplear nuestras aptitudes para el pensamiento y la acción innovadores. De tal forma podemos leer e interpretar las situaciones en que nos encontramos, y buscar las percepciones novedosas que nos permitan elaborar acciones distintas.
Por medio de la imaginización pueden desarrollarse nuevas formas de pensar sobre los estilos de management, diseño de organización, maneras de enfocar la planificación y el cambio, y productos y servicios básicos.
Es necesario ser conciente de la necesidad imperiosa de que la actividad gerencial cuente con las aptitudes intelectuales imaginativas e innovadoras necesarias para provocar una fuerte explosión de creatividad, de la cual aquella tanto necesita.
Las enormes capacidades creativas se han visto desplazadas y relegadas por intereses técnicos y mezquinos, propios de la era mecánica en la que se desarrolló la mayor parte de nuestras ideas sobre organización. Vivimos en una nueva era, donde la estabilidad del mundo de Newton se bate en retirada ante la movilidad y relatividad de Einstein. Este mundo presenta el desafío de desarrollar las aptitudes de autoorganización en lugar de “organizarse”, es decir, desarrollar estilos de organización capaces de modificarse al compás de los cambios. El proceso de imaginización constituye un medio fundamental para lograr dicho propósito.
La imaginización nos ayuda a encontrar medios más innovadores para afrontar las situaciones y modificarlas.