El hecho de que las lenguas más utilizadas a través del tiempo en las distintas disciplinas científicas hayan rebasado los límites de sus respectivas naciones de origen, se explica en el carácter internacional de las ciencias. En un principio, fue el griego el idioma predominante en toda Europa. Luego, con el advenimiento de la Edad Media, este cedió su lugar al latín, mientras que durante los siglos XVII y XVIII fue el alemán el que sobresalió como idioma del sistema de conocimientos sobre la naturaleza, la sociedad y el pensamiento.
Por otra parte, conviene recordar que por aquella época se tenían por sabios a quienes guardaban en su memoria un enorme bagaje de información. Estos individuos eran como compendios vivos de las reglas de las ciencias y las artes, capaces de reemplazar entonces, a los verdaderos prontuarios. Esa posibilidad existía porque el volumen de conocimientos no era en realidad muy grande. Un ejemplo elocuente es el del célebre filósofo y matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibnitz (1646-1716) quien, con la gran cantidad de trabajos que redactó y publicó en latín y en francés y, por supuesto en alemán, demostró la capacidad de los científicos de aquellos tiempos de comunicarse en varias lenguas.1
En el siglo XIX comenzó a vislumbrarse el cambio diametral que se produciría luego en la hegemonía lengüística, por cuanto desde sus inicios se produjo un auge de la influencia del inglés, el cual llegó a convertirse en la "lengua franca" de las ciencias, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, cuando logró desplazar al alemán en el contexto de las ciencias naturales. Este hecho trajo consigo que los propios investigadores germanoparlantes suelan publicar desde entonces en ese idioma sus resultados más importantes.2
Cuando se habla en específico de las ciencias de la información, se hace referencia a un aspecto importante del acontecer científico y cultural de la época actual, el cual más que internacional, es ya indispensable en cualquier esfera de la vida social. Así, las ciencias de la información forman parte de todo lo que tiene que ver hoy día con la evolución y el perfeccionamiento de la especie humana y de su entorno, con independencia de que su valiosa contribución al logro de una mejor visión del mundo ha conllevado la necesidad de buscar recursos que permitan al menos asimilar la mayor cantidad de sus potencialidades en función de un fenómeno concreto. Ya quedaron atrás los tiempos en los que un individuo o un reducido grupo de personas era capaz de asimilar la mayor parte o una gran proporción de los conocimientos disponibles.
Entre los recursos de ayuda a la recuperación efectiva de la información ante el desafío impuesto por la actual revolución en el proceso de comunicación para poder acceder al conocimiento, sobresalen los lenguajes de búsqueda informativa con aptitudes para asimilar los atributos del lenguaje natural, tanto desde el punto de vista lógico como en el aspecto semántico, ya se trate del inglés, el español, el alemán, etc.
Si bien la existencia de este tipo de vocabulario data de hace más de una centuria, la asignación de epígrafes o de descriptores cobra actualmente un valor incalculable, toda vez que se vive una época de grandes transformaciones, no sólo en las formas de conocer y de comunicarse, sino también en los modos de hacer y de pensar en cualquier actividad de la especie humana.3,4 De ahí su carácter de vehículos facilitadores de inteligencia y, por tanto, de elementos importantes para la productividad científica.
De lo anterior se infiere que los también llamados "lenguajes artificiales", tradicionales, indicadores del contenido de los documentos o de las solicitudes de información, tienen hoy día aplicación en cualquier esfera del conocimiento, con inclusión de las ciencias de la información.
El objetivo del presente trabajo es dar a conocer de modo sintético los pormenores que condujeron a la creación de un vocabulario con términos para la indización en ciencias de la información, concebido para responder en principio a la necesidad de superación y actualización constante del personal que labora en el Sistema Nacional de Información de Ciencias Médicas (SNICM). Asimismo se indica la estructura de dicho vocabulario, la forma de presentación de sus términos y sus diversas aplicaciones.