Un desafío inmediato que plantean estas dimensiones de la globalización es su impacto sobre los esquemas de gobernabilidad. El incremento en las transacciones internacionales de bienes y de servicios plantea problemas de regulación para los estados-nación en la medida en que las personas físicas y jurídicas con domicilio en su territorio tienen crecientes actividades en el exterior y extranjeros también aumentan su accionar en el país en cuestión. La necesidad de nuevos mecanismos regulativos es importante incluso para los agentes económicos individuales, quienes pueden ver incrementados sus costos de transacción internacional por la incertidumbre jurídica.
Por su parte, los movimientos de capitales plantean desafíos quizás de más difícil solución. Las crisis de confianza en una bolsa de valores en particular o del valor de una moneda tiende a generar efectos rebaño y de contagio. Crisis nacionales amenazan con volverse crisis del sistema global, que han obligado a acciones contundentes de parte de los organismos multilaterales y de gobiernos en casos como en la crisis mexicana de 1995 y las del Lejano Oriente ocurridas en 1997.
Ante estos nuevos desafíos la Globalización se acompaña de una redefinición de la gobernabilidad con crecientes elementos de supra nacionalidad. De tal manera, que la globalización en sí, entendida como fenómeno económico, ha desencadenado procesos de redefinición política y jurídica. Desde una perspectiva global, una de las amenazas puede ser la falta de sincronía entre los avances de la globalización y los desarrollos institucionales y jurídicos. Desde una perspectiva de los estados-nación, ante el desafío de la erosión de las capacidades de establecer condiciones de gobernabilidad en el marco del estado tradicional, se torna urgente participar en procesos de redefinición política supranacional y en unidades políticas menores a las del estado-nación.
La redefinición de los esquemas de gobernabilidad en materia económica ocurre en tres dimensiones simultáneamente. En su dimensión más global se define un marco general en el seno de la Organización Mundial del Comercio, OMC, en forma intermedia en los acuerdos de integración regional y finalmente, en el marco de los estados-nación. Es la intensidad en las relaciones económicas la que acarrea la conveniencia de definir las reglas del juego (disciplinas comerciales y marcos regulativos de la actividad económica) en los tres ámbitos: global, acuerdos de integración y dentro de los estados. Conforme más intensas son las relaciones económicas, mayor es la necesidad de precisión en las reglas del juego.
Es así como la liberalización global del comercio se negocia y avanza en el marco de la OMC. Sin embargo, regiones próximas, que comercian con mucha intensidad, en muchos casos prefieren avanzar más rápida y profundamente que en el marco de la OMC y establecen sus propios acuerdos de libre comercio e integración económica.
En materia de mercados de capitales, los instrumentos para establecer gobernabilidad global son más limitados a pesar de las fallas mostradas por estos mercados. Los espectaculares rescates a los países en crisis son costosos y difíciles de organizar. Incluso se puede argumentar que incurren en un riesgo moral en el sentido que los inversionistas pueden basar sus decisiones bajo el supuesto de que si la operación sale mal, habrá un rescate. Entre los avances en el sentido de prevenir problemas globales se incluyen el mejoramiento de los criterios y normas para la supervisión bancaria y de los mercados de valores y, en definitiva, desde el punto de vista de los países, la prudencia macroeconómica y adecuados sistemas regulativos, que pueden incluso, como en el caso chileno, desestimular las inversiones extranjeras de corto plazo.
La lógica de la globalización y el desafío de la gobernabilidad también incluye, como corolario, la integración regional. Esta permite una profundización en la armonización de las reglas de juego para los agentes económicos que actúan crecientemente en espacios mayores a los de los estados-nación, pero aprovechando las economías de proximidad.
Como resultado del avance de la integración regional se presenta una creciente interdepencia entre los países, de tal manera, que en ocasiones es difícil analizar las perspectivas de un país sin tomar en consideración el futuro de sus países vecinos. Es más, conforme avanza el proceso de integración regional, se plantean desafíos mayores que involucran acciones conjuntas de creciente colectividad, tales como la convergencia macroeconómica y la coordinación de políticas, la unión monetaria, mecanismos compensatorios de alcance regional y la formación de instituciones supranacionales, entre otras..
El proceso de creciente integración es un avance desde una interdependencia cada vez mayor de las decisiones nacionales por medio de procesos decisorios intergubernamentales hacia la constitución de esferas de acción comunitaria con sus propios mecanismos de toma de decisiones. El tránsito de las decisiones aisladas de los países hacia las intergubernamentales y, eventualmente, las comunitarias, es un proceso de redefinición de la gobernabilidad que acarrea nuevas definiciones jurídicas y un desarrollo institucional importante.