El principio de economía se basa en la convicción de que el cerebro humano es un ente activo, receptivo, ágil y extremadamente rápido en el proceso de la información. Por ello se parte de la base de que cualquier aplicación multimedia (en soporte Cd o en la red) debe suministrar sólo la información precisa para que active todo un mecanismo de reconstrucción e interpretación. Otra forma de aplicar el principio es suministrar mucha información pero a un ritmo acelerado, de manera que la densidad sea alta. Ambas variantes comparten una conclusión común: si el cerebro del receptor está ocupado, éste se divierte; en caso contrario, se aburre y abandona la aplicación.
En obras anteriores ya he explicado los tipos de economía, básicamente cinco: de tiempo, de espacio, conceptual, de lenguaje y de espera. De estos tipos el último es el que hace referencia de forma más directa al ritmo de una aplicación. Nos dice que en una aplicación multimedia no hay que entrar en una dinámica de elementos que se esperan unos a otros sino que hay que superponerlos. La técnica se toma de prestado de la narración cinematográfica: vemos una escena y oímos un sonido que pertenece a la siguiente, es decir, la banda sonora de la segunda escena no ha esperado a que se desalojara la imagen de la primera.
Este efecto, lejos de producir desconcierto, se convierte en una forma ágil de enlazar y ayuda a la percepción de continuidad del producto audiovisual. En teoría, por tanto, hay que esperar que sea posible en una aplicación multimedia o en una página web activar diferentes elementos asíncronamente y despreocuparse: el usuario ya les dará el sentido correcto.
Por otra parte, a esta concepción innovadora y de predominio de lo dinámico, que es siempre muy útil cuando se realizan aplicaciones cuyos destinatarios estén familiarizados con el multimedia, se opone a los principios ergonómicos básicos de redundancia. Esto es, para aplicaciones destinadas a usuarios con un desarrollo menor de los hábitos audiovisuales (o aplicaciones en los que predomine el valor de la información y se imponga un ritmo lento y seguro) se aconseja echar mano de unos recursos redundantes para que guíen al usuario y eviten confusiones o pérdidas del control de la aplicación.
Los recursos más típicos son los relativos a la redundancia de refuerzo. Por ejemplo, Microsoft ha apostado por este estilo en los iconos de menú de sus aplicaciones de Office (97 y 2000): si situamos el cursor sobre un icono y no lo movemos, aparece al cabo de un rato una etiqueta explicativa. Otro ejemplo son el de las páginas web con enlaces etiquetados, es decir, aquellos que constan de una explicación suficientemente clara pero que, al pasar por encima, aparece además un pequeño texto.
En el diseño de aplicaciones y web sites se discute hasta qué punto se optará por un estilo redundante o no. El ejemplo de Microsoft es claro debido al hecho que sus productos se conciben para un uso universal (y, por tanto, gran parte de los usuarios finales necesitarán de esta ayuda suplementaria para utilizarlos con soltura). La decisión, pues, se fundamenta en el tipo de usuario final. Ahora bien, hay tres ideas que deben considerarse a la hora de optar por los diseños redundantes:
a) Es obligatorio seguir las modas. Es decir, si la mayoría de las páginas web y los productos ofimáticos utilizan etiquetas con fondo amarillo y texto negro, súmese a la tendencia general. La razón es obvia: usted quiere una ayuda para el usuario; pues bien, tenga presente que si su aplicación es "como todas" esta semejanza ya es un punto. Evite, por tanto, una excesiva excentricidad gráfica en estos ámbitos.
b) Adopte pautas de regularidad. Por ejemplo, si cada vez que se pulsa sobre un link aparece un icono explicativo o se oye un sonido de refuerzo antes de bifurcar, asegúrese de que sucede siempre. En caso contrario, al usuario le despistará y le creará inseguridad la ausencia puntual del elemento de refuerzo.
c) Hay un consenso creciente en la necesidad de elementos redundantes de tipo general en los web sites: los mapas del site, los buscadores internos, las ayudas y otros recursos similares. En estos casos la redundancia no se encamina al usuario novel sino al que tiene prisa, es decir, al que busca la eficiencia del site como punto de información. Al respecto, es útil consultar la discusión sobre el web site y su concepción (como páginas de navegación o como base de datos) que se halla en Ribas (2000).