Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - Embestida imperialista contra la ONU
Monografía creado por Camilo Valqui Cachi (coordinador). Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
01 de Febrero de 2006
Ciencias sociales, Historia, Pensamiento y política
24 - Embestida imperialista contra la ONU
ADELA ROMÁN OCAMPO
La evolución histórica del mundo comienza desde el comunismo primitivo, en donde las sociedades vivían de la caza y de la recolec-ción de frutos; cuando éstas se convierten en agrícolas y ganaderas hay un excedente de producción que las hace más complejas, dando nacimiento al estado esclavista para garantizar el poder económico, social, político, religioso e ideológico de los unos sobre los otros. Con el paso de los siglos el esclavismo dejó de ser determinante para el desarrollo de las fuerzas productivas, por lo que los poderosos le concedieron la libertad a los esclavos. Los esclavistas pasan a ser los grandes hacendados y latifundistas, explotadores de una clase de siervos, los que ya no eran propiedad de nadie y tenían la obligación de trabajar hasta dieciséis horas diarias para tener derecho a un mendrugo. Esta fase se conoce como el feudalismo. Con la evolución de la ciencia y la técnica, a partir de la gran re-volución industrial conocemos el advenimiento del capitalismo, con su sistema de dejar hacer y dejar pasar; pronto la humanidad cono-cerá el florecimiento de la economía, la cultura y las artes, a costa del sacrificio y de la sangre de las grandes mayorías de obreros en las fábricas y los talleres, en las grandes extensiones de tierra y en los grandes yacimientos mineros.
El capitalismo, al igual que el esclavismo y el feudalismo, como sistemas de explotación del hombre por el hombre, desde su naci-miento fue cruel y sanguinario; el estado esclavista perfeccionó su aparato de dominación, su religión y cultura enajenantes; sus fuer-zas represoras para mantener su preeminencia a costa del martiro-logio de las grandes mayorías; una democracia dirigida y controlada por las élites en el poder; una educación e ideología a través de sus colegios, instituciones universitarias y medios masivos de comunicación para la farsa y el teatro, para la demagogia y el aplauso, para las guerras de intervención y de exterminio. Pero tenemos a la Organización de las Naciones Unidas para garantizar la paz, y por eso México, con Vicente Fox, ingresó a principios de marzo de este año al Consejo de Seguridad de las Na-ciones Unidas, para detener cualquier intervención armada, garan-tizar la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, para hacer valer el apotegma juarista: “Entre los individuos como entre las na-ciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Aun cuando los medios masivos de comunicación manejados por el imperialismo nos pinten al heredero del partido BAASSH, Saddam Hussein, como el “Carnicero de Bagdad”, hijo de la tri-bu Trikit, formado y apoyado por Estados Unidos de Norteamé-rica, eso no le da el derecho al gobierno imperialista de lanzar misiles sin una previa declaración de guerra y violentando la Car-ta de las Naciones Unidas. ¿Cuál es la relevancia y autoridad de este organismo?, el que debe hacer frente al hambre y a la desnu-trición, a epidemias como el SIDA, a la criminalidad y al terrorismo de Estado. Qué significado tuvo el veto de Rusia y Alemania, de Francia y China, si al final de cuentas prevalece el chantaje, la ex-torsión y la amenaza de Estados Unidos para llevar el terror, la destrucción y la muerte con el eslogan “Libertad Irak” a todo el Medio Oriente. Estamos viviendo la descomposición del capitalismo en su fase imperialista, llámese racionalismo económico, neoliberalismo o globalización; ésta es la fase imperialista, hoy representada por George Bush y sus lacayos Tony Blair y José Maria Aznar. ¿Qué, Dios le ha dado el poder a Bush para proclamarse el Mesías esperado?
Sin una declaración previa de guerra, pisoteando los principios de la ONU, el Contexto de los Derechos Humanos y el orden jurí-dico internacional, el Hitler de la Casa Blanca está exterminando a una población de 4 millones de niños menores de 5 años. Son mi-les de mujeres, ancianos y periodistas caídos por las armas sofisti-cadas de Estados Unidos. Son 18 millones de iraquíes los que están padeciendo hambre y sed por la invasión estadounidense. En Basora, Kirkuk, Mosul y Bagdad, ya izaron la bandera de barras guindas y estrellas, y ya son cientos de miles los iraquíes emigran-tes. ¿De dónde va a obtener los más de 100 mil millones de dólares el criminal Bush para sostener esa guerra de rapiña?, ¿de dónde va a sacar Bush los 30 mil millones de dólares que ofreció a Turquía por su colaboración? Son miles de bombas guiadas con precisión, miles de misiles y miles de hispanoamericanos que el Pentágono ha lanzado contra un pueblo débil y pobre; el que solamente será salvado por la ope-ración “Libertad Irak” y por un gobierno gringo y una democracia gringa.
Hasta este momento de destrucción no hemos visto ninguna bomba atómica, ni armas químicas de destrucción masiva del pue-blo invadido, pero sí hemos visto poderosos misiles, bombas inteli-gentes y un robot, predecesor del futuro humanoide que están fabricando los gringos, para invadir a todos los pueblos andrajosos y hambrientos y establecer el imperio más poderoso en este plane-ta. ¡Qué justo y noble es el Dios de George Bush! Son millones de hombres y mujeres pacifistas los que piden un alto al holocausto y, sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas no tiene la fuerza jurídica y moral para detener una guerra que avanza peligrosamente por el globo terráqueo. Son millones de pacifistas de las iglesias católica, islámica, hebrea, hindú, budista, brahma, kumaris, presbiteriana, sathya y luterana, los que piden misericordia para los iraquíes y para to-dos los hombres y mujeres de buena voluntad. Pero el dragón avanza inmisericorde, arrollando todo a su paso sin temor de na-da ni de nadie, porque la sangre de los humanos lo alimenta y lo enardece; pisoteando el orden jurídico internacional, la doctrina Estrada, el Convenio de Ginebra, la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948 y todas las ple-garias de la ONU. Qué podemos hacer los tercermundistas ante este belicismo de un dipsómano demente, que todo lo disfraza con el concepto estadounidense de libertad, hasta su sed de sangre y de petróleo la encubre con el manto purpurino de una falsa redención.
Detengamos al dragón imperialista, porque si hoy no somos capaces de hacerlo lloraremos nuestra desgracia en el porvenir. Los mexicanos tenemos mucho que perder: los Sentimientos de la Nación, la Constitución de Apatzingán, las Leyes de Reforma y la ideología de los liberales juaristas; la Constitución de 1857 y la parchada y remendada Constitución del 5 de febrero de 1917, pero que aún conservan su espíritu soberano, de convivencia pacífica y de respeto a la dignidad del hombre y de los pueblos. Los mexicanos tenemos mucho que perder y, por ello, tenemos la razón al exigir a un presidente mediocre y pusilánime, que por unos cuantos dólares pretende mancillar el vuelo infinito del águila de Aztlán. No debemos permitir semejante afrenta al símbolo de nuestra mexicanidad y, si es preciso, ante la inminencia de nuestra deshonra, revocaremos el mandato a Vicente Fox y a toda su camarilla de serviles e idólatras de George Bush. Alertaremos desde este momento al pueblo de México, porque hoy es Irak y sigue el Medio Oriente; porque mañana será Colom-bia, Venezuela y toda esta América nuestra de Sucre y de Martí, de Morelos, Guerrero y Bolívar. Alertemos desde este momento a nuestro pueblo, para no caer en la vergüenza y la deshonra; porque por la libertad y la honra nos dice Don Quijote de la Mancha: “Se puede y debe aventurar la vida”.
Unamos nuestras voces y nuestros corazones a los hombres y mujeres de todo el mundo para condenar la invasión de los impe-rialistas; para condenar a los genocidas del Pentágono por violacio-nes al orden jurídico internacional, por crímenes de guerra y por crímenes de lesa humanidad. Unamos nuestras voces y nuestros corazones por el advenimiento de un mundo nuevo, de progreso y democracia, de justicia y libertad; por un mundo de paz y dignidad. Ahora que las fuerzas aliadas, o sea el Pentágono, ya consumaron la invasión a Irak y plantaron en tierras extrañas la estatua estadounidense de la libertad, la gente pensante y amante de la paz se pregunta hasta qué época y por cuántos años esa descriptiva estatua de los invasores vivirá en suelo Iraquí. Hasta cuándo la humanidad disfrutará todo ese bienestar que los gringos bondadosamente han llevado a Bagdad. Ese terrorismo de Estado que los imperialistas están sembrando, ¿acaso es la cimiente que fructificará en el futuro y por todo el mundo?, y entonces, ¿cómo podrán salvarnos de la violencia, del te-rror y de la muerte?, porque para esa época George Bush habrá dejado de existir. La única forma de protegernos los países en vías de desarrollo, es defendiendo nuestra independencia y soberanía, nuestra democracia y tradiciones autóctonas. Luchar nosotros mismos, sin ayuda de ningún impostor y enseñando a luchar a los niños, adolescentes y jóvenes por la libertad y la justicia; porque solamente así, la humanidad caminará erguida y sin vacilaciones los senderos de la felicidad y de la paz universal.
La evolución histórica del mundo comienza desde el comunismo primitivo, en donde las sociedades vivían de la caza y de la recolec-ción de frutos; cuando éstas se convierten en agrícolas y ganaderas hay un excedente de producción que las hace más complejas, dando nacimiento al estado esclavista para garantizar el poder económico, social, político, religioso e ideológico de los unos sobre los otros. Con el paso de los siglos el esclavismo dejó de ser determinante para el desarrollo de las fuerzas productivas, por lo que los poderosos le concedieron la libertad a los esclavos. Los esclavistas pasan a ser los grandes hacendados y latifundistas, explotadores de una clase de siervos, los que ya no eran propiedad de nadie y tenían la obligación de trabajar hasta dieciséis horas diarias para tener derecho a un mendrugo. Esta fase se conoce como el feudalismo. Con la evolución de la ciencia y la técnica, a partir de la gran re-volución industrial conocemos el advenimiento del capitalismo, con su sistema de dejar hacer y dejar pasar; pronto la humanidad cono-cerá el florecimiento de la economía, la cultura y las artes, a costa del sacrificio y de la sangre de las grandes mayorías de obreros en las fábricas y los talleres, en las grandes extensiones de tierra y en los grandes yacimientos mineros.
El capitalismo, al igual que el esclavismo y el feudalismo, como sistemas de explotación del hombre por el hombre, desde su naci-miento fue cruel y sanguinario; el estado esclavista perfeccionó su aparato de dominación, su religión y cultura enajenantes; sus fuer-zas represoras para mantener su preeminencia a costa del martiro-logio de las grandes mayorías; una democracia dirigida y controlada por las élites en el poder; una educación e ideología a través de sus colegios, instituciones universitarias y medios masivos de comunicación para la farsa y el teatro, para la demagogia y el aplauso, para las guerras de intervención y de exterminio. Pero tenemos a la Organización de las Naciones Unidas para garantizar la paz, y por eso México, con Vicente Fox, ingresó a principios de marzo de este año al Consejo de Seguridad de las Na-ciones Unidas, para detener cualquier intervención armada, garan-tizar la autodeterminación de los pueblos y la no intervención, para hacer valer el apotegma juarista: “Entre los individuos como entre las na-ciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Aun cuando los medios masivos de comunicación manejados por el imperialismo nos pinten al heredero del partido BAASSH, Saddam Hussein, como el “Carnicero de Bagdad”, hijo de la tri-bu Trikit, formado y apoyado por Estados Unidos de Norteamé-rica, eso no le da el derecho al gobierno imperialista de lanzar misiles sin una previa declaración de guerra y violentando la Car-ta de las Naciones Unidas. ¿Cuál es la relevancia y autoridad de este organismo?, el que debe hacer frente al hambre y a la desnu-trición, a epidemias como el SIDA, a la criminalidad y al terrorismo de Estado. Qué significado tuvo el veto de Rusia y Alemania, de Francia y China, si al final de cuentas prevalece el chantaje, la ex-torsión y la amenaza de Estados Unidos para llevar el terror, la destrucción y la muerte con el eslogan “Libertad Irak” a todo el Medio Oriente. Estamos viviendo la descomposición del capitalismo en su fase imperialista, llámese racionalismo económico, neoliberalismo o globalización; ésta es la fase imperialista, hoy representada por George Bush y sus lacayos Tony Blair y José Maria Aznar. ¿Qué, Dios le ha dado el poder a Bush para proclamarse el Mesías esperado?
Sin una declaración previa de guerra, pisoteando los principios de la ONU, el Contexto de los Derechos Humanos y el orden jurí-dico internacional, el Hitler de la Casa Blanca está exterminando a una población de 4 millones de niños menores de 5 años. Son mi-les de mujeres, ancianos y periodistas caídos por las armas sofisti-cadas de Estados Unidos. Son 18 millones de iraquíes los que están padeciendo hambre y sed por la invasión estadounidense. En Basora, Kirkuk, Mosul y Bagdad, ya izaron la bandera de barras guindas y estrellas, y ya son cientos de miles los iraquíes emigran-tes. ¿De dónde va a obtener los más de 100 mil millones de dólares el criminal Bush para sostener esa guerra de rapiña?, ¿de dónde va a sacar Bush los 30 mil millones de dólares que ofreció a Turquía por su colaboración? Son miles de bombas guiadas con precisión, miles de misiles y miles de hispanoamericanos que el Pentágono ha lanzado contra un pueblo débil y pobre; el que solamente será salvado por la ope-ración “Libertad Irak” y por un gobierno gringo y una democracia gringa.
Hasta este momento de destrucción no hemos visto ninguna bomba atómica, ni armas químicas de destrucción masiva del pue-blo invadido, pero sí hemos visto poderosos misiles, bombas inteli-gentes y un robot, predecesor del futuro humanoide que están fabricando los gringos, para invadir a todos los pueblos andrajosos y hambrientos y establecer el imperio más poderoso en este plane-ta. ¡Qué justo y noble es el Dios de George Bush! Son millones de hombres y mujeres pacifistas los que piden un alto al holocausto y, sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas no tiene la fuerza jurídica y moral para detener una guerra que avanza peligrosamente por el globo terráqueo. Son millones de pacifistas de las iglesias católica, islámica, hebrea, hindú, budista, brahma, kumaris, presbiteriana, sathya y luterana, los que piden misericordia para los iraquíes y para to-dos los hombres y mujeres de buena voluntad. Pero el dragón avanza inmisericorde, arrollando todo a su paso sin temor de na-da ni de nadie, porque la sangre de los humanos lo alimenta y lo enardece; pisoteando el orden jurídico internacional, la doctrina Estrada, el Convenio de Ginebra, la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948 y todas las ple-garias de la ONU. Qué podemos hacer los tercermundistas ante este belicismo de un dipsómano demente, que todo lo disfraza con el concepto estadounidense de libertad, hasta su sed de sangre y de petróleo la encubre con el manto purpurino de una falsa redención.
Detengamos al dragón imperialista, porque si hoy no somos capaces de hacerlo lloraremos nuestra desgracia en el porvenir. Los mexicanos tenemos mucho que perder: los Sentimientos de la Nación, la Constitución de Apatzingán, las Leyes de Reforma y la ideología de los liberales juaristas; la Constitución de 1857 y la parchada y remendada Constitución del 5 de febrero de 1917, pero que aún conservan su espíritu soberano, de convivencia pacífica y de respeto a la dignidad del hombre y de los pueblos. Los mexicanos tenemos mucho que perder y, por ello, tenemos la razón al exigir a un presidente mediocre y pusilánime, que por unos cuantos dólares pretende mancillar el vuelo infinito del águila de Aztlán. No debemos permitir semejante afrenta al símbolo de nuestra mexicanidad y, si es preciso, ante la inminencia de nuestra deshonra, revocaremos el mandato a Vicente Fox y a toda su camarilla de serviles e idólatras de George Bush. Alertaremos desde este momento al pueblo de México, porque hoy es Irak y sigue el Medio Oriente; porque mañana será Colom-bia, Venezuela y toda esta América nuestra de Sucre y de Martí, de Morelos, Guerrero y Bolívar. Alertemos desde este momento a nuestro pueblo, para no caer en la vergüenza y la deshonra; porque por la libertad y la honra nos dice Don Quijote de la Mancha: “Se puede y debe aventurar la vida”.
Unamos nuestras voces y nuestros corazones a los hombres y mujeres de todo el mundo para condenar la invasión de los impe-rialistas; para condenar a los genocidas del Pentágono por violacio-nes al orden jurídico internacional, por crímenes de guerra y por crímenes de lesa humanidad. Unamos nuestras voces y nuestros corazones por el advenimiento de un mundo nuevo, de progreso y democracia, de justicia y libertad; por un mundo de paz y dignidad. Ahora que las fuerzas aliadas, o sea el Pentágono, ya consumaron la invasión a Irak y plantaron en tierras extrañas la estatua estadounidense de la libertad, la gente pensante y amante de la paz se pregunta hasta qué época y por cuántos años esa descriptiva estatua de los invasores vivirá en suelo Iraquí. Hasta cuándo la humanidad disfrutará todo ese bienestar que los gringos bondadosamente han llevado a Bagdad. Ese terrorismo de Estado que los imperialistas están sembrando, ¿acaso es la cimiente que fructificará en el futuro y por todo el mundo?, y entonces, ¿cómo podrán salvarnos de la violencia, del te-rror y de la muerte?, porque para esa época George Bush habrá dejado de existir. La única forma de protegernos los países en vías de desarrollo, es defendiendo nuestra independencia y soberanía, nuestra democracia y tradiciones autóctonas. Luchar nosotros mismos, sin ayuda de ningún impostor y enseñando a luchar a los niños, adolescentes y jóvenes por la libertad y la justicia; porque solamente así, la humanidad caminará erguida y sin vacilaciones los senderos de la felicidad y de la paz universal.
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