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JUAN CERVANTES GÓMEZ
“Los Carniceros de hoy, serán los bueyes del futuro”.
Tranquilino Gómez Peribán
Introducción
Finalmente lo hicieron. La barbarie moderna, la de este siglo, la más sanguinaria, se impuso a la diplomacia y la razón. Estados Unidos y sus aliados, Inglaterra, España e Italia, con antecedentes imperialistas, invadieron al pueblo de Irak. Hicieron a un lado el honor y, como representantes del terro-rismo internacional de Estado, llevaron su mensaje de muerte y destrucción. No les importó el llamado a la paz y un no a la guerra de 100 o 200 millones de gargantas que en el mundo exigieron y demandaron que pararan la carnicería humana.
Hasta cuándo, es también el grito de millones de seres humanos en contra de las guerras y por la paz, por el desarme global, la eliminación de las botas y uniformes militares, por la cancelación de la industria armamentista que produce bombas nada inteligentes que matan mujeres, jóvenes, ancianos y niños.
Desde Washington, reducto de la democracia que esgrime Es-tados Unidos para invadir países tercermundistas, como Irak, hasta Inglaterra, pasando por Australia, España e Italia, millones de per-sonas se manifestaron como nunca en contra de la invasión injusta del pueblo iraquí, donde las hordas criminales encabezadas por el presidente norteamericano George W. Bush, ordenaron vomitar miles de bombas de exterminio masivo. Es la basura bélica que Es-tados Unidos necesita tirar para renovar su armamento y probarlo en conflictos bélicos injustos. Nada importó la condena internacional, ésta sí como una medida preventiva contra la masacre, la carnicería humana, en Irak. En la madrugada del 20 de marzo de este año, desde aviones de guerra que sobrevolaban Bagdad piloteados por bestias humanas, comenzaron a caer las primeras bombas “inteligentes”, inventadas por científicos igualmente imbéciles y dementes como George W. Bush, Tony Blair, Aznar y Silvio Berlusconi. Esas bombas “inteligentes” sustituyeron a la palabra, el entendimiento y la negociación pacífica. Comenzó así un genocidio más por parte de países imperialistas, ratificando su vocación criminal para mantener a sangre y fuego su hegemonía por encima de las soberanías de los pueblos y el derecho internacional.
Estamos en presencia de la madre de todas las infamias. De toda la energía criminal acumulada en las mentes de los presidentes de Estados Unidos, Inglaterra, España, Italia y hasta Australia. Energía criminal desatada ahora en contra de Irak, por el petróleo. ¿Quién seguirá? Con esta invasión injustificable, la reflexión es en el sentido de que las guerras o invasiones, como en el caso de Irak, son pasado y presente, están vivas siempre como resultado de la existencia de la regla internacional de la división del trabajo.
También es preciso destacar que el orden internacional está ro-to por la decisión unilateral de Estados Unidos y sus aliados de lle-var muerte y destrucción a suelo iraquí. Ahora cada país asumirá su propia defensa como pueda. Vivimos a partir del 20 de marzo de este año, una especie de la “ley del oeste”, la del más fuerte, a la que se tiene que enfrentar con la ley de la unidad de los pueblos y po-bres del mundo.
Estamos en presencia de un terrorismo internacional de Estado, representado por Estados Unidos y sus aliados, organización criminal mundial que se cobija con el manto de la democracia y que es el sustento político-ideológico del sistema de producción capitalista, incapaz de mantener la paz. Esto demuestra que la historia y las ideologías no están muertas, “porque la guerra, señoras y señores, no es otra cosa que la continuación de la política por otras vías”, como dice Clausewitz. “La violencia es la partera de la historia” (Marx). Quienes llevaron el horror de las armas de destrucción masiva a Irak, “la invasión en caliente”, para liberar al pueblo iraquí de la dictadura de Saddam Hussein y sus hijos, igual pasarán a la histo-ria, como los bárbaros del siglo XXI. Los nuevos hitlerianos que, en lugar de las banderas del nacional-socialismo, esgrimen las de la democracia, incapaces de eliminar la pobreza, el hambre y la insalubridad en el mundo.
¿Quién sigue?
Una vez roto el orden internacional, hecha añicos la ONU, queda claro que Estados Unidos y sus aliados, como banda delincuencial internacional, seguirán invadiendo países que consideren que aten-tan contra sus intereses hegemónicos. Conforman hoy un frente de lucha contra la paz en el mundo. Y estas invasiones van a seguir en nombre de Dios, porque el presidente estadounidense, en su mente loca, ha concebido la idea bíblica de que él es el Mesías, el que viene a salvar al mundo, pero a sangre y fuego.
¿Quién sigue?, es la pregunta. ¿Será Siria, país que ya fue acusado por George W. Bush de poseer armas químicas y de destrucción masiva, o de dar asilo supuestamente a integrantes del gobierno derribado de Saddam Hussein? ¿Seguirá Cuba, Irán, Corea del Norte, señalados de pertenecer junto con Siria, al “Eje del mal”?
Y estas nuevas invasiones que seguramente van a continuar se instrumentarán con o sin la anuencia de la ONU, y serán invasiones neocolonizadoras con todas las agravantes: premeditación, alevosía y ventaja, como lo hicieron en Irak. Por eso, países como Corea del Norte, ya advirtieron a la ONU que no aceptarán la presencia de ins-pectores, y menos que los obliguen a desarmarse si de todas formas pueden ser invadidos. O como Cuba, que desafió advirtiendo que si Estados Unidos los invade, se enfrentará a una guerra de 100 años. Estados Unidos y sus aliados van a seguir creando enemigos a modo para justificar su política de expansión hegemónica, como lo hicieron en Irak, donde resultó falso que existieran tales armas de destrucción masiva, que sólo fue un pretexto para invadirlo y quedarse con su riqueza petrolera. El pretexto podrá ser la existencia de una dictadura o bien que se protege a terroristas internacionales. Pero esa política de gene-rar ficticios conflictos externos que atentan contra la democracia y la libertad, ¿hasta cuándo van a ser tolerados por el resto de la co-munidad internacional? Esa es otra interrogante.
Ahora, los cañones ultramodernos y las llamadas bombas “inteligentes” apuntaron y cayeron sobre estatuas y palacios de Saddam Hussein. Después, aparte de incinerar banderas gringas, quién o quiénes dispararán contra los imperialistas, lo que puede conducir a una Tercera Guerra Mundial. Esperemos que esto nunca llegue a ocurrir. Sin duda que la invasión a Irak, y la amenaza en contra de otros países, cambió la visión de la convivencia de los países del mundo. Ahora, todos van a estar a la defensiva, por el nerviosismo interna-cional generado por la decisión unilateral de George W. Bush de in-vadir al territorio iraquí sin justificación alguna. La barbarie gringa e inglesa seguramente que no va a tener freno; y eso es lo más grave, que las naciones se rearmen y estén a la defensiva, sin que haya un organismo que las pueda unificar. Lamentablemente las invasiones continuarán. Cuba está en la mira de Estados Unidos desde hace cuatro décadas. Seguirán mientras sigan las contradicciones político-ideológicas y de carácter económico-religiosas. Es falso entonces que las ideologías y la historia hayan muerto, como quiere hacer creer Francis Fukuyama, el ultraderechista y bestial anticomunista.
El terrorismo invadido, lugar de antiguas hegemonías imperiales en Mesopotamia
A lo largo de la historia de la humanidad, desde que comenzaron a levantarse las fronteras, cuando comienzan a configurarse los Esta-dos, los deseos hegemónicos no acaban de terminar. En lo que ahora es el territorio de Irak, se desarrollaron antiguas civilizaciones que datan desde 7000 años antes de Cristo. Ahí se eri-gieron importantes imperios que legaron a la humanidad destacadas aportaciones culturales. Prosperó el Imperio Sumerio con sus apor-taciones en las artes, en la agricultura, que es invento de ellos, en la ciencia y la religión. Se fundaron ciudades-estado como Eridú, Uruk y Ur, esta última conocida como la más vieja del mundo.
Babilonia fue una de las ciudades más bellas de Mesopotamia en tiempos del Rey Hammurabi, que en el año 1750 antes de Cris-to logró unificar las ciudades-estado, lo que permitió el esplendor de la cultura y de las ciencias jurídicas, las que podemos afirmar que son las precursoras del sistema legislativo actual. Asiria en su momento logró dirigir el gran imperio cultural que se desarrolló en Mesopotamia (tierra entre dos ríos). Nabucodono-sor II reconstruyó Babilonia. 150 años después, en el año 539 antes de Cristo, Persia tomó Mesopotamia y la convirtió en la más rica del Imperio Persa. Luego vino Grecia, con Alejandro el Grande, que reconquistó ese mismo lugar en el año 331 antes de Cristo o de nuestra era, pa-ra quienes somos ateos. En el año 130 antes de nuestra era, nuevas tribus persas derrotan a Grecia y crean Parto Sasánida, pero des-pués entran en acción los árabes, que derrotan a los persas en el año 637. Es en este imperio cuando se proclama a la ciudad de Bagdad como la nueva capital; es el año 762 de nuestra era. Es la edad de oro del Islam y la intelectualidad. Luego viene un periodo de decaimiento con la conquista de Mesopotamia por parte de hordas de mongoles (algo parecido a lo que harán Estados Unidos y sus aliados). En el año 1258, los mon-goles masacran a la población civil y la economía se estanca, hasta que entran en escena los otomanos, o sea los turcos, que conquistan la región en 1533; su dominio duró hasta 1918, con el derrumbe de su imperio por parte de los ingleses, que en 1920 fundaron lo que ahora es el Estado de Irak.1
Sin embargo, 12 años después, Irak adquiere su independencia y es gobernado hasta 1958 por una monarquía, cuando el Rey Fai-sal es asesinado. En 1968 entra en escena el Partido Nacionalista Árabe de Baath, y en 10 años toma el poder con Saddam Hussein, que en 1979 asume el gobierno y realiza una especie de “purga” es-tilo José Stalin y ejecuta a unos 400 de sus opositores. Con Saddam al frente se recobra el viejo ideal de reunificar el imperio mesopotámico. Por principio, en 1980 invade Irán con el apoyo de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania y la ex Unión Soviética, esto para detener la expansión del fundamentalismo islámico. Después, en 1991, invade Kuwait, pero la llamada Tormenta del Desierto lo obliga a salir de ahí; Estados Unidos, paradójicamente, encabeza la expulsión. Saddam acepta la presencia de inspectores de la ONU, a los que posteriormente, en 1998, expulsa con el argu-mento de que son espías del imperialismo yanqui. En ese mismo año, Bill Clinton, apoyado por Inglaterra (al fin primos-hermanos), le descargan sobre Bagdad nuevos racimos de bombas “inteligentes” bajo la estrategia Zorro del Desierto. En 2002, a propósito del 11 de septiembre (S-11) el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, lo incluye en el llamado “Eje del mal” y propone que haya cambio de régimen, pero el Con-sejo de Seguridad de la ONU se niega a aprobar una guerra contra Irak, por los intereses internacionales que ahí están representados por Rusia, Francia y Alemania; pero Bush, ante un voto en contra o el veto de estas naciones, decide invadir sin el visto bueno de la ONU después de un ultimátum de 48 horas.
Estados Unidos, que adquirió su independencia en 1776, preci-samente de Inglaterra, ha venido tejiendo su imperio desde esa fe-cha, lo reforzó en 1898 al expulsar definitivamente a España, su otra aliada, de territorio cubano cuando el sonado caso del acoraza-do Maine, que mandó hundirlo para provocar una guerra contra el imperio español. Así, Estados Unidos controló las colonias españo-las en Las Filipinas, Puerto Rico, Guam y Cuba. De ahí siguió Co-rea en 1950-1953, para expulsar a los comunistas de Corea del Norte, dejando dos millones de muertos, 54250 estadounidenses. En Irán apoyó un golpe de estado para imponer al Sha Reza Pahlevi. Estableció bases para contener a la ex Unión Soviética. A lo largo de 105 años ha protagonizado otras guerras e invasiones a países como Guatemala en 1954; Cuba en 1959, con la invasión a Bahía de Cochinos; Indonesia en 1965; Filipinas en 1901, aplas-tando un movimiento independentista; Panamá, 1903; Nicaragua en 1912; Haití en 1914; Rusia en 1918, para aplastar a los bolchevi-ques; Vietnam en 1954-1975, contra los comunistas del Norte; Camboya y Laos, donde dejó cuatro millones de muertos, 58 mil de ellos estadounidenses. Le siguió República Dominicana en 1965; El Congo, ese mismo año; en Chile, en 1973, la CIA ayudó a derrocar a Salvador Allende. Nicaragua, en 1979-90; Kosovo, en 1999, cae Milosevic, acusado de exterminio servio. Antes, en Panamá, otra vez 25 mil marines invaden en búsqueda de Manuel Noriega. Y lo más reciente, Afganistán en 2001 e Irak en 2003, antes en 1991.
El currículum de Estados Unidos es largo en guerras y en invasiones, así como en muertos. En la reciente invasión, según cifras extraoficiales, ya van más de dos mil, y más de cuatro mil heridos, mutilados y aterrorizados. A esa larga cadena de guerras e invasiones tenemos que agregar la que hizo a México, en 1847, cuando ganó más de la mitad de su territorio. Se corrió con suerte, pues a diferencia de lo que preten-de imponer en Irak —un gobierno gringo—, aquí en nuestro país no tenemos ni una base militar norteamericana.
En el territorio donde Estados Unidos arroja bombas de exterminio masivo, Bagdad, su capital, se desarrolló la civilización que logró traducir los textos científicos, médicos y filosóficos griegos y antes se inventó la agricultura y la escritura. También ahí nació Mahoma, que murió en el año 632 de nuestra era. En 1258, cuando ocurre la invasión de los mongoles, ya había una gran revolución urbana y agrícola. También ahí en Mesopotamia, en lo que ahora es Irak, en Ur, nació Abraham, y de ahí “son” los Reyes Magos, lo mismo que el origen de la civilización.
Obetivo: Sadamm o el petroleo iraquí, liberar al pueblo de Irak o los contratos para la reconstrucción
En Irak se encuentran los segundos yacimientos petroleros en el mundo después de los de Arabia Saudita. En Irak existen reservas probadas de petróleo por 112 mil 500 millones de barriles, mien-tras que en Arabia Saudita sus reservas rebasan los 259 250 millo-nes de barriles. En tercer lugar se encuentran los Emiratos Árabes Unidos, con 97 mil 800 millones de barriles de petróleo crudo. Sin embargo, debido al bloqueo económico desde hace 12 años decretado en contra de Irak, apenas si produce 2355 millones de barriles anuales. México lo supera con una producción de 3 127 millones de barriles, lo que lo ubica en el séptimo lugar entre los países productores de crudo.
El primer lugar lo ocupa Arabia Saudita, con 7 918 millones de barriles, mientras que el segundo lugar, que debería ocuparlo Irak, por su potencial petrolero, lo ocupa Rusia, con 6 919 millones de barriles, pese a que ocupa el séptimo sitio en reservas petroleras, calculadas en 48 573 millones de barriles. Por eso, estamos ciertos que Estados Unidos no invadió Irak para liberar al pueblo iraquí de una supuesta dictadura encabezada por Saddam Hussein, para llevarle las bondades de la libertad del sistema capitalista depredador. Va para enchufarse a los “veneros del diablo”, como ya lo están o lo estaban Alemania, Rusia, Francia y China. Todo parece indicar que esas banderas que ondeaban en los po-zos petroleros del sur, norte y centro de Irak, pronto serán sustitui-das por las de España, Italia, Inglaterra y desde luego de Estados Unidos. No por nada en su retirada las tropas iraquíes incendiaron una buena parte de los más de 800 pozos petroleros en el sur de Irak.
Estados Unidos y sus cómplices de la masacre y destrucción que están descargando sobre Irak, que es una presa en las fauces del imperialismo yanqui e inglés, invadieron no para llevar tranquili-dad al pueblo iraquí, sino para martirizarlo por un lado y recons-truir lo destruido mediante jugosos contratos que seguramente se entregarán a empresas norteamericanas, que tendrán prioridad por encima de las inglesas, españolas, italianas y australianas. Ese botín de guerra, calculado en 200 mil millones de dólares para la reconstrucción de Irak, muy aparte de los contratos para la explotación del petróleo iraquí, según Bush, para el bienestar del pue-blo de Irak, será repartido por Luke Lewis, funcionario de la Agen-cia para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés.)2
Las empresas, según la USAID, deberán invertir en restaurar la infraestructura económica (petróleo, aeropuertos, puertos maríti-mos), restablecer los servicios básicos de educación y salud, ampliar las oportunidades económicas y mejorar la eficiencia del gobierno.3 El primer contrato ya se concedió a la empresa Stevedoring Services of América, en el área de puertos marítimos. El segundo a la UNICEF, en las áreas de educación y salud. Ambos contratos im-portan la cantidad de 4 800 millones de dólares. Y se habla que las empresas Boots and Coots International, Well Control y Wild Well Control, tendrán el manejo de los con-tratos para apagar los incendios en los pozos petroleros, para lo que se calcula que se requerirán 600 millones de dólares.
Todo lo anterior mucho antes de la rendición del gobierno de Saddam Hussein y de que se haga una contabilidad de los destrozos y las pérdidas humanas, lo que equivale a pensar que la reconstruc-ción se hará encima de los cadáveres de soldados y civiles iraquíes, muchos de ellos niños aplastados por las bombas inteligentes. No creemos que con un gobierno yanqui las cosas vayan a mejorar para el pueblo iraquí, porque el proyecto para el nuevo siglo americano, diseñado por la derecha ultraconservadora de Estados Unidos, desde 1997, y que firmaron dos funcionarios del actual gobierno encabezado por George W. Bush, que segura-mente tendrá que responder por crímenes de guerra, contempla reimplantar el éxito de la administración de Ronald Reagan, basa-do en un ejército fuerte y preparado que enfrente los retos actua-les y futuros, para lo cual plantean mayores recursos a la industria de la guerra.
Los funcionarios incrustados en la administración Bush son Dick Cheney, vice-presidente de Estados Unidos, y Donald Rums-feld, secretario de la Defensa; firma también Steve Forbes, editor conservador y multimillonario; Jeb Bush, gobernador de Florida, el hermano que preparó el gran fraude electoral en contra de Al Go-re, y Fukuyama, quien hipócritamente asegura que la historia y las ideologías han llegado a su fin. Y ese proyecto habla precisamente de que Estados Unidos debe intervenir antes de que las crisis emerjan y enfrentar las amenazas antes de que se vuelvan serias, y eso es precisamente lo que está ha-ciendo George W. Bush en contra de Irak, donde la Cruz Roja y organismos internacionales mejor han dejado de contar los muer-tos y los heridos.4
Estados Unidos también invadió a Irak para imponer un go-bierno de facto, que encabezaría el veterano de la guerra del Gol-fo, el ex General Jay Garner, quien presidiría la Junta Militar, esquema impuesto en Chile en 1971. Lo acompañarían en esa Junta Militar el ex marine George War, los ex generales Broce Moor y Buck Walters, la diplomática Bárbara Bodine, el funcionario de la USAID, Lucke Lewis, el Subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos, Douglas Feith, y dos ex asesores del Pentágono, Walter Slocombe y Michel Mobbs, éste último ejecutivo de fabricantes de armas. Según el proyecto de gobierno militar, Estados Unidos tendría el control de Irak por dos meses, luego lo entregaría a civiles ira-quíes, presididos por el kurdo Ahmed Chalabi, que incluiría a las diferentes tribus, kurdas, sunitas y chiítas principalmente. Sin embargo, restaurar las heridas que seguramente dejará esta infamia, no será nada fácil. Se espera después de la ocupación mu-cha mayor resistencia por parte de los vencidos. El mayor derrama-miento de sangre está por venir. Todo por el petróleo.
Los sacrificios: la paz, el orden internacional la ONU y el pueblo iraquí
Si existe algo que fue sacrificado, es la paz y el orden internacio-nal, porque la ONU, desde antes de la invasión en contra de Irak, estaba reducida a polvo. Ahora, con esta atrocidad que están co-metiendo Estados Unidos y sus aliados, nos queda claro que es un organismo en el que ya no puede confiarse, perdió total autoridad y credibilidad como garante de la paz en el mundo. No la respeta ni Estados Unidos, que se reclama como paladín de la democracia y la armonía mundial.
El pueblo iraquí continuará como perdedor en el terreno económico y político, porque es falso que Estados Unidos real-mente les lleve la libertad de decidir el gobierno que quieran. Va-mos, ni serán beneficiados con la explotación de su petróleo, como ocurre aquí en México. Desde aquí modestamente rechazamos que la ONU, que guar-dó silencio cómplice ante la actitud invasora y la masacre contra el pueblo iraquí, se integre a ese comité de reconstrucción porque lo único que haría será avalar el baño de sangre cometido por Esta-dos Unidos en Irak. No hubo condena ni de parte de su dirigente Kofi Annan, ni del Consejo de Seguridad, donde está integrado México.
A partir de esta invasión ya nada será igual en las relaciones in-ternacionales. Seguramente que la existencia de la ONU será repen-sada si es que no se produce un alineamiento con Washington, en lugar de llamar a cuentas a George W. Bush por los miles de muer-tos que están regados en estos momentos en Irak. México, seguramente, asumirá la posición de la mayor parte de los mexicanos, votará porque se castigue a estos criminales de guerra. Y lo esperamos así, porque no estamos de acuerdo con la sumisión del Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Ernesto Derbez, que hizo un llamado a no continuar recriminando a Estados Unidos por el ataque contra Irak, pues afirmó que se le ha “juzgado de manera injusta” toda vez que esta nación “aboga por el multilateralismo y no por el unilateralismo”. No creemos lo anterior, porque la realidad es otra muy a pesar de la guerra mediática impuesta en los medios masivos de comunicación como CNN y Telemundo, que quedaron prácticamente bajo el man-do y control de Estados Unidos, país que pretende la unipolaridad del mundo.
Desde aquí demandamos
Concluimos que el mundo es rehén de una locura que se llama George W. Bush, que puede ser factor del desencadenamiento de una Tercera Guerra Mundial por su fundamentalismo capitalista, que ha conducido a la humanidad hacia una crisis por el reparto de la riqueza en el mundo. Condena unánime en contra de la masacre de civiles y de reporteros que cubren los excesos de una invasión anunciada e ilegal. Incorporémonos a formar la conciencia mundial por la paz.
Bibliografía
La Carpeta Guerrerense, número 149, 15 de abril de 2003.Revista Día siete, número 143.El Universal, 20 de marzo al 8 de abril de 2003.Revista Proceso, número 1 379, primera semana de abril de 2003.
1 Universidad de Oxford, Revista siete, número 143.
2 Revista Proceso, número 1379.
3 Ibidem.
4 Periódico La Jornada, 30 de marzo de 2003.
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