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DINA LIDA KINOSHITA
Introducción
Es generalizada la idea de que el presidente norteamericano George W. Bush, quiere la guerra con Irak para controlar las in-mensas reservas de petróleo. Por otra parte, el gobierno de Geor-ge W. Bush afirma que es fundamental derrumbar el régimen de Saddam Hussein para democratizar la región y destruir todos los artefactos bélicos de destrucción masiva existentes en Irak. Creo que es una idea simplista. Las causas de la crisis actual son más profundas y complejas: hay una interacción entre cuestiones geoestratégicas, económicas, culturales, étnicas y religiosas que se interpenetran.
Cuando se trata aquí de la complejidad, la idea es hacer un aná-lisis basado en el pensamiento complejo que trata de reflexión sobre los fenómenos en los que ocurre una interacción de muchos factores. En un sistema complejo, los diversos niveles de organiza-ción no son reductibles a una estructura única hecha de componen-tes elementales, lo que significa que la suma de soluciones de todos los problemas aislados de un sistema no es la solución del sistema. En este paradigma se pretende articular el todo con las partes y lo particular a través de un ir y venir incesante. Por lo tanto, hay que ir más allá del modelo reduccionista cartesiano.
Este “pensamiento de la complejidad” no es nuevo. El filósofo griego Heráclito ya se daba cuenta que hay que asociar un conjunto de términos contradictorios para afirmar una verdad. Pero sólo es en las últimas décadas que tal pensamiento resurge. En este mode-lo se abandona el abordaje mecanicista de la causalidad estricta, al mismo tiempo que se admite que los procesos están hechos de rupturas y continuidades, pues poseen una historicidad irreversible pero no lineal.
La complejidad permite construir una imagen nueva de la natu-raleza y de la sociedad. El universo concebido como un ingenio mecánico es substituido por un organismo vivo, más imprevisible e inestable, pero al mismo tiempo más abierto y creador. De esa ma-nera, pueden tratarse nociones de desorden, de incertidumbre, de contingencia y de autonomía.
Un poco de historia
En su libreta de apuntes de la Guerra del Golfo Pérsico, el periodista Enrique Cordoba1 escribe: “En Irak, entre el Tigris y el Éufrates, Dios concibió el paraíso terrenal, dice la Biblia. Hoy puede ser la puerta del apocalipsis”. Y continúa:
Allí, nacieron las primeras ciudades y surgió todo. Su historia oscila entre la guerra y la paz, la destrucción y la creación. Hace seis mil años, bárbaros de las montañas Zagros invaden el área y llega la civi-lización sumeria, cuna de la humanidad. Babilonia se convierte en una de las ciudades más importantes. Al norte se encuentra Asiria, con capital en Nivine […] En Mesopotamia desarrollaron la rueda, el alfabeto, la escritura, el calendario de doce meses, los siete días de la semana, y concibieron la Torre de Babel, primer templo humano elevado hacia el cielo. Con los sumerios, el hombre deja constancia de su paso por la tierra. Los acadios son el pueblo que se lanza y con-quista Sumeria en el 2 000 ac. Los amorreos invaden más tarde y toman Babel y reina Hammurabi. Por catorce siglos Babilonia fue la ciudad más esplendorosa del mundo. Su agenda: guerra y domina-ción. El rey David y su hijo Salomón unifican las tribus de Israel. Todo sucedió en esa media luna fértil. Hoy, es sólo un desierto cargado de petróleo y de locura. Bajo el subsuelo de Irak hay reservas para sacar tres millones diarios de barriles de petróleo durante doscientos cin-cuenta años.
Pero esta tierra fue por muchos otros siglos el límite oriental del Imperio Otomano y punto de encuentro de Oriente y Occidente y de sus rutas comerciales. Y como subraya el intelectual palestino Edward Said, el mundo árabe, en especial Irak, es un mosaico com-plejo de tradiciones, religiones, culturas y etnicidades. No se puede olvidar que el Imperio de los Abacidas, con su literatura, filosofía, arquitectura, ciencia y medicina, fue una contribución iraquí que todavía es la base de la cultura árabe.2
Con el advenimiento de la primera revolución industrial, Inglaterra y Francia buscan nuevos mercados y luego, después de las guerras napoleónicas, las dos potencias europeas avanzan sobre el Imperio Otomano. En este contexto, algunos de los puertos eran antiguas ciudades que asumirán nueva dimensión e importancia, entre ellos Basora, al sur de Irak, en la entrada del Golfo Pérsico, principal puerto de exportación de dátiles y granos.3
Con el fin de la Primera Guerra Mundial y el derrocamiento del imperio otomano, Irak pasa a control mandatario británico y, por un Tratado Anglo-Iraquí de 1930, recibe su independencia formal a cambio de coordinar su política externa con los británi-cos, concederles dos bases aéreas y el uso de comunicaciones en época de necesidad. Las fronteras establecidas bajo la Liga de Naciones crean zonas de conflicto con todos los vecinos: Irán, Si-ria, Arabia Saudita y Turquía. Por otra parte, Irak es constituido por tres provincias distintas del Imperio Otomano, lo que le da las características de Estado multi-étnico con particularidades re-ligiosas.
Como otros países de la región, Irak pasó por varios regímenes: monarquía y república; periodos más democráticos y otros más au-toritarios, incluso con simpatía por el nazismo en los años 30 del si-glo pasado. De todas maneras, detentador de agua, tierras fértiles y petróleo, Irak tenía una imagen de un gran país próspero y diverso, uno de los pocos países árabes con una clase media educada y pro-fesionales competentes. Llegó a tener el mayor número de lectores en el mundo árabe; su situación actual llevó a la ruina al parque edi-torial de la región.
¿Cómo un país con estas características, llegó a la miseria actual? Geopolítica del Oriente Medio
Punto de encuentro de Europa, Asia y África, el Oriente Medio es área estratégica desde la antigüedad. Punto de disputas por rutas comerciales, la región pasa a ser de importancia crucial con la apertura del Canal de Suez y después por el control del Golfo Pér-sico. Ya en el siglo XIX, Rudyard Kipling había descrito el “gran juego” ejercido por las potencias europeas en Oriente Medio: Ru-sia y Gran Bretaña en Afganistán, Francia y Gran Bretaña en las regiones del Imperio Otomano. El descubrimiento del petróleo y su uso cada vez más intenso transforma toda la región en un barril de pólvora.
Además de la disputa económica por el oro negro, a lo largo de casi todo el siglo XX transcurre otra disputa, la geopolítica: con la Revolución de Octubre en Rusia, las potencias capitalistas buscan aislar a la Unión Soviética desde el principio. La victoria del ejérci-to soviético en Europa en la Segunda Guerra Mundial, y la poste-rior transformación de la Unión Soviética en potencia económica y militar, crea una nueva situación. Hay una ruptura entre los Alia-dos, vencedores del Nazi-fascismo, y tiene inicio la guerra fría entre las potencias de Occidente, con su bloque militar, la OTAN, y el mundo socialista ampliado en la posguerra, que también crea un bloque militar, el Tratado de Varsovia.
La OTAN mantiene todo el bloque socialista cercado por bases militares, desde el norte de Europa, en Escandinavia, hasta al sur, a través de Italia, y Turquía en el extremo Oriente, con sus bases mi-litares en Asia, sobre todo en Japón y Corea del Sur. La región de Medio Oriente se transforma en región de disputa de los dos bloques. Al principio, la Unión Soviética da un apoyo de-cisivo en la histórica Asamblea de la ONU, en diciembre de 1947, pa-ra la partición de Palestina y la creación del Estado de Israel. Para el campo socialista y para los judíos comunistas, la creación del Estado de Israel respondería a un movimiento de liberación nacional en el que el apoyo soviético afectaría los intereses imperialistas en una re-gión altamente estratégica. Por una serie de razones, poco más tarde el Estado de Israel cambió de orientación y, comienzos de los años 50, ya es claro que marchará con el Occidente. Mientras tanto, el fin de la Segunda Guerra Mundial marca el ocaso de los imperios británico y francés con cambios profundos en el poder y en la vida social, en las ideas y esperanzas de los pueblos de la región. En los años 50 y 60 del siglo pasado, surgen movimientos de carácter nacionalista, socialista y neutralista que se oponen a las potencias imperialistas en varios países de la región.4 El egipcio Abd al Nasser es su líder y símbolo. Después de la Guerra del Sinai, Irak rompe relaciones diplomáticas con Francia y hay intentos de hacerlo con Gran Bretaña.
Las relaciones de Irak con el campo socialista se deterioran. Hay un periodo de gabinetes de unidad nacional seguidos de gol-pes de Estado; finalmente, la derecha del Partido Baath retoma el poder a través de un golpe a fines de los 60. Saddam Hussein asume el poder en 1978. En el año siguiente, los americanos pierden uno de sus aliados más fieles, el Sha de Irán fue derribado por la Revo-lución Islámica de los ayatolas.
Cabe resaltar que por décadas la geopolítica de Oriente Medio está determinada por la guerra fría. Algunos países son aliados de Estados Unidos y sus aliados occidentales por casi todo el periodo, como Israel, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo. Otros, como Egipto, Siria e Irak, asumen posiciones distintas a lo largo del periodo: neutralismo, apoyo a los países socialistas o al occidente. De manera que los países árabes tienen muchas divergen-cias externas y problemas internos. Lo único que los une a lo largo del tiempo es el enemigo externo, Israel, y la búsqueda de una solu-ción para el problema palestino fuera de las fronteras de sus respec-tivos países. La cuestión palestino-israelí también sirve para desviar la atención de los problemas internos en todos los países árabes.
Saddam Hussein consolida su poder personal en 1980, en un Estado artificial surgido después de la Primera Guerra Mundial, en donde viven en estado tribal árabes sunitas y shiítas y curdos sunitas sin una identidad colectiva común. Si Saddam Hussein ha preten-dido desarrollar un Estado moderno, más próspero e igualitario, con la renta del petróleo nacionalizado, en un país históricamente autocrático, la verdad es que la cuestión democrática jamás fue con-siderada; su régimen puede ser caracterizado por “un poder casi to-tal, garantizado por la combinación de movilización ideológica y monopartidaria, el clientelismo y la represión policial y militar san-grienta a cualquier oposición”.5
El hecho es que Estados Unidos y los ingleses pasan a apoyar este régimen después de la Revolución islámica en Irán. Por opo-nerse a la exportación de la Revolución islámica, y con la expectati-va de derribar a Khomeini, a Saddam Hussein, responsable por la eliminación física de oponentes en gran escala y un verdadero ge-nocida de los curdos, se transformó en el querido del Occidente. Del mismo modo que los talibanes en Afganistán por luchar en contra de los soviéticos. Estados Unidos y Gran Bretaña propor-cionaron artefactos bélicos modernos y llegaron a construir en Irak plantas de armas químicas y biológicas.
Después de una guerra de varios años en los 80, responsable por grandes pérdidas humanas y materiales, Irak sale vencedora a pesar de no lograr cambiar la situación política en Irán. Fortalecido por la victoria en esta guerra, pero perjudicado por el bajo precio del petróleo y con una deuda de 80 mil millones de dólares, Saddam Hussein intenta anexar Kuwait, territorio siempre considerado por Irak como suyo. Fue el fin del noviazgo del Irak de Hussein con Occidente. La invasión de Kuwait ocurre en una nueva coyuntura, en el periodo del derrumbe del “socialismo real”. Presionado durante meses para abandonar Kuwait sin resultado, el Presidente George Bush exigió de la ONU la autorización para tomar medidas de fuer-za en contra de Irak. Mientras tanto, Hussein vincula su retirada de Kuwait con la creación de un Estado Palestino, lo que exacerba el conflicto palestino-israelí.
Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética están del mismo lado en un conflicto; la ONU autorizó el uso de la fuerza en caso de que Irak no dejara Kuwait para el 15 de enero de 1991. Dos días después del plazo es-tipulado los estadounidenses y sus aliados iniciaron los bombardeos contra las fuerzas iraquíes y destruyeron el país. En represalia, Irak bombardeó Israel y Arabia Saudita, dos aliados fieles e importantes de la Unión Americana. El Consejo de Seguridad de la ONU impu-so un boicot económico a Irak que dura hasta hoy. La destrucción y el boicot no han permitido la reconstrucción del país, cada vez más miserable.
Cambios geopolíticos y doctrina de defensa en EEUU
El fin de la guerra fría y el aparente éxito en la Guerra del Golfo, ha-cen que el grupo asesor de Bush padre, esencialmente el mismo que asesora a Bush hijo (Dick Cheney, Donald Rumsfield y Con-doleezza Rice), intentara aprobar la noción de que Estados Unidos debería adoptar una posición de unilateralismo y prevención de ataques como política formal de gobierno.
En contraposición a las doctrinas Truman y Eisenhower vigentes durante la guerra fría, en las cuales conceptos como “contención”, “disuasión” y “reversión” han definido sucesivamente el comporta-miento militar del país, en 1992 Cheney presentó al Presidente Bush, y en 1993 Wolfowitz incluyó en el “Defense Planning Guidan-ce”, la idea de que Estados Unidos debería estar listo para realizar acciones militares anticipatorias para prevenir ataques por artefac-tos bélicos de destrucción masiva, así como para castigar potenciales agresores por distintos medios, incluso bombardeos aéreos sobre fábricas de armas.6 El documento explicita aun, que es deseable que Estados Unidos siempre forme coaliciones con otros países para sus iniciativas mili-tares, pero es esencial crear en la opinión pública americana “el sen-timiento de que el orden mundial es defendido en última instancia por EU […] y que América debe posicionarse para actuar de manera independiente cuando las acciones colectivas no puedan ser orques-tadas o cuando situaciones de crisis exijan una acción inmediata”. Esta “guía” no se ha transformado en política por dos motivos: uno fue la victoria electoral de Bill Clinton, el otro, que los años 90 fueron de relativa estabilidad internacional, con excepción de los conflictos regionales en los Balcanes.
La situación cambia cuando George W. Bush asume el poder en Estados Unidos, en el año 2000, después de una elección cuestiona-ble. Apoyado por la vieja economía, sobre todo por las compañías petroleras, por la industria química y por el complejo militar-indus-trial, todo indicaba que sería un presidente débil con menos posibi-lidad de seguir cumpliendo su rol internacional según el modelo de los últimos años.
La administración Bush presentaba crecientes dificultades en el Congreso Americano y un progresivo aislamiento internacional por haber asumido posiciones muy conservadoras en lo que se refiere a medio ambiente, combate al racismo y conflictos internacionales. Como ejemplos emblemáticos se puede citar su posicionamiento en favor de la derecha del Estado de Israel en el conflicto con los pa-lestinos, su retirada de la Conferencia de Durban, en contra del ra-cismo, y el hecho de negarse a firmar los Protocolos de Kyoto. Es por todo ello que ha sido el principal blanco de las protestas gene-ralizadas de los movimientos antiglobalización, como los ocurridos en Génova durante la Conferencia del G-7. Hay que agregar a ello que Estados Unidos fue afectado con mucha fuerza por la crisis económica mundial, después de diez años de continuo crecimiento. Fue en este contexto que el equipo de George W. Bush resucitó la doctrina de hace diez años. Por lo tanto, el primer problema trata de la hegemonía.
El complejo militar industrial
Éste es un problema altamente correlacionado con el anterior. A pesar de que la industria bélica contribuye a la reproducción del ca-pital parasitario, no hay duda que el complejo militar industrial americano va a lucrar con la guerra al reponer inventarios y demos-trar la eficiencia de las armas. Por otra parte, las victorias en la Guerra del Golfo y de Afganistán han conducido a parte de la élite norteamericana a considerar que el poder militar americano es su-ficiente para hacer cualquier cosa, en cualquier lugar y con pocas pérdidas humanas.7
Fue después del 11 de septiembre de 2001 que el gobierno Bush empezó a elaborar la teoría del “eje del mal” bajo el argumen-to, jamás comprobado, de los vínculos entre Saddam Hussein y Osama Bin Laden. Algunos meses después ya hablaba de cuatro países constituyentes del “eje del mal”: Corea del Norte, Irán, Li-bia e Irak. Pero no hay que confundirse, los blancos principales si-guen siendo Rusia y China. A pesar de justificar la construcción de nuevas bases militares en Medio Oriente y Asia Central para prote-ger los oleoductos de la región, en verdad, estas bases en territorio de Afganistán o Uzbekistán pueden ser mucho más útiles en ata-ques contra China o Rusia.
Además, es con este instinto que la administración Bush revisa sus planes nucleares. En primer lugar, el NPR (Nuclear Posture Re-view) propone no sólo supervisar naciones no-nucleares, sino utili-zar armas nucleares si se da la guerra entre China y Taiwán, las Coreas del Norte y del Sur o Irak e Israel. El documento aun pro-pone el uso de armas nucleares en respuesta a “desarrollos militares sorpresivos”, algo tan vago que puede justificar virtualmente cual-quier revés americano.
Como consecuencia, se disuelve el Tratado de No Proliferación Nuclear, que garantiza el hecho de que las naciones poseedoras de armas nucleares jamás las utilicen contra aquellas naciones sin ca-pacidad nuclear. En segundo lugar, el NPR sugiere la creación de toda una nueva generación de armas nucleares, los llamados “bun-kers busting”. Como ninguna nación utilizará estas armas sin ponerlas a prueba, Estados Unidos viola otro tratado: el de Banimiento de Testes. Otra vez, eso implica que otros países no tengan al-ternativa y también violen el tratado, lo que reiniciaría una escalada armamentista.
Pero no es todo: el periódico The Observer del 3 de noviembre de 2002, señala armas completamente nuevas, las armas no letales como “herramientas persuasivas” en contra de las poblaciones de regímenes enemigos. Son lásers que ciegan al enemigo o sistemas de microondas que queman la piel de blancos humanos. Las ar-mas de rayos láser tienen “muchas aplicaciones potenciales y atri-butos deseables”, “pues pueden ser ajustados tanto para lastimar como para matar”. También en este caso, su utilización implica violentar las convenciones internacionales. Es cierto que el com-plejo industrial militar no ordena una guerra para aumentar sus ganancias, pero decisiones gubernamentales pueden ayudarlos y estimularlos.
Cuestiones de seguridad y paz
Hay dos afirmaciones que la Casa Blanca hace en muchas ocasio-nes: la primera, que Irak es una amenaza a la seguridad americana y un foco de terrorismo; la segunda, que la única manera de mante-ner la paz en Oriente Medio es eliminar al régimen de Saddam Hussein. Las dos premisas también están altamente correlaciona-das con las anteriores.
En este sentido, no se puede pensar que Saddam Hussein qui-siera proporcionar armas químicas o bacteriológicas a un grupo te-rrorista, porque el dictador de Irak es un hombre perspicaz y tiene la absoluta certeza de que la respuesta norteamericana sería devas-tadora. La verdad es que hoy, Arabia Saudita, uno de los más fieles aliados de Estados Unidos a lo largo de las últimas décadas, está di-rigida por fundamentalistas islámicos radicales; no por azar es ori-gen de Bin Laden y su grupo. Además, la posibilidad de deposición del rey y de algún tipo de revolución es más probable en este país fronterizo. Por lo tanto, reconquistar Irak es un objetivo vital para Occidente. Por otro lado, atacar Irak para impedir el terrorismo puede tener un efecto contrario, estimularlo y aumentar el antiame-ricanismo en la región. Tampoco se debe menospreciar la posibili-dad de que un Saddam Hussein acosado, vaya perdiendo el poder o ante la inminencia de su muerte, pueda ceder artefactos bélicos de destrucción en masa a grupos terroristas, por venganza. De hecho, Irak, comandado por Saddam Hussein, ha sido foco de inestabilidad en Medio Oriente, pues ya provocó dos guerras para expandir su poder. Es probable que lo haría de nuevo si tuvie-ra oportunidad, pero sus instrumentos para tal fin han disminuido mucho en los últimos años. Mantener a los inspectores de la ONU en el país y seguir las negociaciones sería un camino más seguro. Un ataque a Irak puede tener un efecto al revés: traer a Medio Oriente una guerra total. Si en un acto de desesperación Saddam Hussein decide atacar a los aliados de Estados Unidos con armas químicas o biológicas, Israel podría revirar con armas nucleares, y mejor ni siquiera imaginar cuál sería el resultado final.
No es posible mantener dos pesos y dos medidas en Medio Oriente: mientras Ariel Sharon es apoyado como aliado “que también combate el terrorismo”, Saddam Hussein es demonizado. Éste no es el camino de la paz.
La cuestión del petroleo
Hay una idea muy recurrente, economicista, que afirma que toda la estrategia norteamericana para el Medio Oriente y Asia Central gi-ra alrededor del petróleo. Hay en el mundo sectores representativos de todos los matices ideológicos que analizan las cuestiones econó-micas sin tomar en cuenta lo que ocurre en la ciencia y tecnología ni en la esfera del medio ambiente. Entretanto, la revolución tecno-científica en curso, a través de la miniaturización y de la producción de nuevos materiales, ha disminuido la utilización de combustibles fósiles desde las crisis del petróleo ocurridas en los años 70 del siglo pasado. Además, los problemas ambientales debidos a estos mismos recursos energéticos y la probabilidad de agotamiento de las reser-vas en este siglo, han producido grandes avances tecnológicos, y acaba de crearse un consorcio americano-europeo para la construc-ción del carro movido a hidrógeno.
Todo indica que habrá una declinación del uso de petróleo en el futuro no muy distante. Nada hace pensar que este proceso de sus-titución de los combustibles fósiles no pueda ser acelerado. Por supuesto, este proceso no ocurre de manera lineal y, con certeza, Bush representa los intereses de la vieja economía, donde el petró-leo tiene un rol preponderante. Tanto Estados Unidos como la ex Unión Soviética, han tardado para encaminar la transición de una economía extensiva hacia una economía intensiva, ya que estaban acostados en una cuna espléndida de grandes territorios con in-mensas reservas minerales. Europa y Japón han avanzado más ace-leradamente en este proceso. La crisis económica de Japón en los años 90 y las dificultades alemanas posteriores a la anexión han dis-minuido el ritmo. Pero el esfuerzo puede ser retomado. Hay mu-chas tecnologías más avanzadas que todavía son muy costosas. En la medida que el petróleo tenga grandes oscilaciones de precio o sea cada vez más caro y deje a los países desarrollados muy depen-dientes de regiones inestables del planeta, las otras soluciones pa-sarán a ser competitivas.
Además, en una región árida como es el Oriente Medio, el reservorio de agua que Irak posee puede ser, en un futuro próximo, un capital más precioso que sus reservas de petróleo.
1 Córdoba, Enrique, director Cita con Caracol, Miami.
2 Said, Edward, “Israel, Iraq, and the United States”, Al Arma, octubre de 2002.
3 Hourani, Albert, Uma história dos povos árabes, Companhia das Letras, São Paulo, 2001.
4 Hourani, Albert, op. cit.
5 Demant, Peter, “Quatro Leituras da Crise Iraquiana”, Carta Internacional, año X, número 116.
6 Lins e Silva, C. E., “Doutrina Bush foi gerada há dez anos”, Política Externa, Sao Paulo, vol. 11, número 3, dic.-feb. 2002/2003.
7 Bertonha, J. F., Espaço Académico, año II, número 17, octubre 2002.
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