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Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - Irak: un panorama complejo (II)

 ***** (7 opiniones)
Creative Commons Monografía de Camilo Valqui Cachi (coordinador) - 01 de Febrero de 2006
7. Irak: un panorama complejo (II)
Cuestiones étnicas, religiosas y culturales

Hace un año que Estados Unidos atacó a Afganistán, un país islámico no árabe, a nombre de una “guerra al terrorismo” y en busca de Osama Bin Laden. En esa ocasión hice una discusión más profunda acerca de los problemas que intentaré resumir aquí.8

La globalización en curso que reestructura y reordena la econo-mía capitalista a nivel global ha sido implantada por fuerzas sociales conservadoras. No obstante, la tendencia a la integración económi-ca y política de vastas áreas encuentra serias dificultades y acentúa la competencia entre ellas gracias a la dialéctica de la integración / fragmentación, debida a muchos factores: al ritmo diferenciado de la revolución tecno-científica, al desfase entre el avance tecnológi-co y el educacional desde el siglo XVII y la redefinición de los espa-cios de acumulación, de los particularismos étnicos, de intereses estratégicos de carácter político y militar y de la xenofobia. Hoy, los conflictos de origen étnico y religioso más peligrosos se concentran a lo largo de una franja que abarca India, Pakistán, Irán, las ex repúblicas de Asia Central y del Cáucaso que pertene-cían a la ex Unión Soviética, el Medio Oriente y los Balcanes. Son inmensos los intereses estratégicos, económicos y culturales de es-ta vasta región. Para complicar la situación, hay una disputa entre el islam con las civilizaciones más antiguas del hinduismo, judaís-mo y cristianismo. Además, los Estados surgidos con la caída del imperio otomano y otros imperios islámicos, enfrentan al mismo tiempo problemas con las corrientes de la modernización de un mundo global y con las poblaciones subdivididas en un complejo sistema de minorías, subculturas y grupos de identidad que compi-ten y se superponen.9

Si buena parte de estas poblaciones musulmanas vive en socie-dades pre-capitalistas, en donde cultura y religión se imbrican y se interpenetran, hay que notar que esta población no usufructúa los avances tecnológicos en curso ni los bienes, recursos materiales y mercancías por ella producidos. De manera que estas cuestiones no pueden ser analizadas aisladamente de la economía y de la política. Siguiendo a Marx, el capital se desarrolla de manera contradictoria y en crisis permanente, lo que genera riquezas y pobrezas inmen-sas, cambiando el mundo, profanando las fronteras nacionales y ha-ciendo más complejos los medios de comunicación y transporte. Se expanden los mercados mundiales y se alteran las superestructuras mundiales. Pero al mismo tiempo, por su lógica interna de desarro-llo, concentra recursos, poder y saber, de un lado, y miseria, subal-ternidad e ignorancia de otro.10

De manera que no se puede reducir toda esta problemática a una cuestión religiosa. Hay que dirigir la mirada a las causas mate-riales generadoras de varias formas de insatisfacción, entre las cua-les se destacan dos hechos: que las grandes mayorías en esos países no tienen acceso a lo mejor que ofrece el capitalismo, y la posición sistemática de Estados Unidos en favor de Israel. Todo ese contex-to genera un ambiente favorable a reacciones de todo tipo.11 El conflicto de Medio Oriente y la Guerra del Golfo crearon frustraciones profundas entre las poblaciones que la potencia ame-ricana ignora. El bombardeo de Afganistán y la Guerra de Irak, que ya dura algunos días, profundiza el odio entre los jóvenes del mun-do musulmán desde África hasta Indonesia.

Cuestiones domésticas en EEUU

Elegido presidente en un proceso tortuoso que careció de legitimi-dad, el 11 de septiembre dio a George W. Bush la oportunidad de afirmar su liderazgo nacional. Es evidente que tiene todo el interés de mantener el clima patriótico y antiterrorista y de ganar legitimi-dad y votos para las próximas elecciones presidenciales. Parece que Bush y su asesoría están convencidos de que la aventura en Irak se-rá un paseo y que la victoria les será políticamente útil en la próxi-ma renovación del Congreso y para reelegir el presidente. Resta saber si Irak es un mero blanco conveniente o hay algo subliminal.

En reciente artículo, Helio Contreras escribe: “hay muchas co-sas en el aire, además de los mísiles de última generación que vue-lan en dirección a Irak. En cada uno de los mísiles disparados por Estados Unidos va la desesperación del gobierno americano ante la posibilidad de que la OPEP abandone el padrón dólar y adopte el euro en sus transacciones internacionales”. Eso sería catastrófico para Estados Unidos, pues el dólar podría ser devaluado en 20 a 40% y causaría una huida de inversiones. Irak cambió el dólar por el euro en noviembre de 2000, y hace poco China e Irán hicieron lo mismo. El gobierno ruso pretende acompañarlos. Si recordamos que Estados Unidos tiene el más gran-de déficit del mundo, 1.5 mil millones de dólares diarios, aunado a las falsas expectativas de ganancias de las empresas americanas en 2002, la suma es que la credibilidad de la moneda americana está a la baja y, con el euro siendo aceptado en los cambios internacio-nales, los inversionistas están abandonando Estados Unidos y se dirigen a Europa.

Said Barbosa Dib, asesor del Senado en Brasil, estudioso del asunto, afirma: “analizado por aquellos que conocen los problemas estructurales del sistema Bretton Woods y las actuales limitaciones energéticas de los americanos, se pone en duda la actual hegemonía del dólar en el mundo y se explica la razón por la que la administración Bush quiere, desesperadamente, un régimen servil en la histórica Mesopotamia”. Otro hecho que preocupa al Presidente Bush es que la zona del Euro tiene, hoy, más importancia en el comercio mundial y es la principal parcela de Medio Oriente.

Revisitando la geopolítica

Con el fin de la guerra fría se ha evidenciando la parálisis de la OTAN por falta de claridad de su nuevo rol después del fin de la Unión Soviética. Sin un enemigo común que los intimide y unifique, los Estados miembros pasan a defender intereses localizados y muchas veces colisionan generando crisis. Si se manifiestan hechos como la escisión entre países miembros en lo que se refiere al pedido de ayu-da de Turquía, país miembro, para proteger su frontera con Irak en el caso de una guerra, o en cuanto al apoyo a la ofensiva norteame-ricana en Irak, la verdad es que la crisis va mucho más allá de hechos coyunturales. Al asumir que la OTAN jugó un papel clave en la esta-bilización de Europa durante el período de la guerra fría, ¿cuál es su nuevo rol? Antes que nada hay que repensar qué es el Occidente hoy. La OTAN ¿sería una mera fuerza de apoyo al poder americano?, ¿o una organización de vigilancia sobre Rusia, China o el mundo musulmán?

En paralelo, la Unión Europea vive una situación compleja. Con 400 millones de habitantes reúne algunos de los países más ci-vilizados del mundo y podría ejercer una influencia más importante en los asuntos globales. Su influencia ha crecido en términos eco-nómicos, sobre todo después de la adopción del euro, pero ha avan-zado menos desde el punto de vista político y estratégico, como lo demuestran las crisis del Golfo, de Bosnia, Kosovo y muchas otras.

En la medida en que la centro-izquierda que dirigía a Europa en los años 90 fue derrotada, hay un retroceso en los avances políti-cos de la Unión Europea y las políticas internas de cada Estado-Nación están más presentes en las decisiones. Hoy, los gobiernos derechistas de Italia y España apoyan a la administración Bush, y el gobierno de coalición social-demócrata con los verdes de Alemania está en una posición opuesta. Pero no se puede menospreciar otro factor: en países donde hay tradición de grupos terroristas, como la ETA en España y el ERI en Gran Bretaña o las Brigadas Rojas en Ita-lia, el discurso de una guerra contra el terror puede ser más palpa-ble —no es lo que ocurre en este momento, en que los pueblos de Italia, España y Gran Bretaña hacen enormes manifestaciones en contra de su gobiernos, por la paz. Los británicos y españoles piden a sus gobiernos que renuncien—. Por otra parte, si la Francia con-servadora de Chirac es la gran parcela económica de Irak, hay que tomar en cuenta que no es la primera vez que este país cuestiona la hegemonía americana; tampoco se pueden menospreciar la existen-cia de una comunidad árabe musulmana muy activa y las probables consecuencias internas de una confrontación. En cuanto a Gran Bretaña, no se puede olvidar que su integración a la Unión Euro-pea marcha muy lentamente y hasta ahora no se integró a la zona del euro. En el caso específico de Irak, no se puede descartar el an-helo británico de reconquistar influencia política y económica. Pa-ra complicar la situación, algunos países de la UE, como España, Italia, Portugal y Dinamarca, pretenden aprovechar la crisis para debilitar el eje Paris-Berlín, mientras que los del este europeo, can-didatos a miembros de la Unión Europea, premiados por su econo-mía abatida se disponen a cualquier cosa. Divididos por razones ideológicas y políticas internas no logran ejercer una política exter-na común.

En este contexto, es válido suponer que Estados Unidos tiene altos intereses en mantener las cizañas en Europa y de esta manera readquirir una posición perdida para la Unión Europea. No se puede dejar de reflexionar acerca de la declaración re-ciente de Donald Rumsfeld de que sólo la “vieja Europa” represen-taba una oposición significativa al plan de Estados Unidos de atacar Irak. Es seguro que Rumsfield se refería a Francia y Alemania. Sin entrar en consideraciones coyunturales, es fácil demostrar que, al revés, estos dos países europeos constituyen algo nuevo, mientras Estados Unidos representa lo viejo. Si divisamos un nuevo pensa-miento, es posible pensar que no haya interés de la Unión Europea de unificar sus fuerzas armadas. De hecho, después de cinco siglos de guerra, donde están incluidas las dos Guerras Mundiales del siglo XX con inmensas pérdidas humanas y materiales, Francia y Alema-nia son el motor de una nueva unidad basada en el consenso y el deseo común. Al revés, Estados Unidos sigue el modelo de “Impe-rio” de poder y se arroga el derecho a intervenir en cualquier lugar para cortar por la raíz manifestaciones que puedan ofuscar o amenazar su hegemonía.12

Mientras China se mantiene muy discreta, a pesar de su decla-ración contra la política americana, Rusia, por su parte, mantiene una nueva relación con Estados Unidos después de los actos terro-ristas de 11 de septiembre. Es visible que la política externa del país se vuelve hacia el Occidente de manera general: por una parte, la participación en el combate al terrorismo internacional busca le-gitimar las acciones militares de Rusia en Chechenia, muy critica-das por los defensores de los derechos humanos; y, por otra, una más grande integración al Occidente crea nuevas posibilidades pa-ra establecer políticas de seguridad y hacer que Rusia sea aceptada como interlocutor e intermediario en el escenario internacional. Pero hay sectores en Rusia que desconfían de esta política, debido a las posturas unilaterales de arrogancia americana. Como Rusia tiene una amplia zona limítrofe con países musulmanes y sigue manteniendo intereses y prestando asistencia a los países conside-rados como “el eje del mal”, hay el peligro de que Estados Unidos se vuelva contra Rusia. Al revés de Estados Unidos, hay una larga tradición rusa de privilegiar el multilateralismo al conducir y solu-cionar problemas internacionales, así como de sostener al Consejo de Seguridad de la ONU.13

La ONU y otros organismos multilaterales

El unilateralismo ya era la marca de Estados Unidos en las acciones comerciales, y no es de hoy que intenta disminuir la influencia de la ONU. Por lo menos desde la época de Reagan no paga con regula-ridad su cuota para esta organización y la utiliza como factor de cambalache cuando le interesa. De hecho, Estados Unidos jamás participó de un orden multilateral. Ha dividido la cena con la Unión Soviética durante la guerra fría, en un mundo donde era imposible atropellar sin ceremonia, a la ONU o a otras entidades internacionales. La desproporción entre los centros de poder y el resto del mundo excluía de las decisiones la parte más grande de los países. Eran muy pocos los que decidían.

Con el colapso del socialismo real y el fin de Unión Soviética se delínea un nuevo mundo. El fin del bipolarismo lleva a dos opcio-nes: la barbarie o la construcción de una paz cuya consolidación depende de cómo se constituirá el nuevo orden internacional. La posibilidad de alcanzar la paz implica contar con un sistema econó-mico internacional más justo, distinto del actual, y la construcción de un sistema de seguridad internacional ya no centrado en el po-tencial militar sino en la asociación y cooperación de distintos paí-ses en una red de garantías mutuas, medidas de confianza, controles eficaces y diálogo.

Hay que crear un nuevo orden con reglas y procedimientos de-mocráticos y universalmente aceptados. La cuestión de la paz y el desarme no están desvinculados de la contradicción entre inclui-dos y excluidos de cualquier naturaleza. Es imperioso gestar una nueva manera de pensar la lucha por la paz y vincularla a un pro-yecto de reequilibrio democrático y pluralista de relaciones inter-nacionales.

Por lo tanto, la ONU debería ser mirada de una nueva forma, comprobar y ampliar sus poderes y, al mismo tiempo, actualizarlos para una nueva realidad que ya no es aquella surgida después de la Segunda Guerra Mundial. Así, hay que reformar su Consejo de Se-guridad para que todos los países, grandes y pequeños, se sientan representados. Trátase pues de democratizar la ONU y los demás organismos multilaterales.

En la contramarcha de ese modelo, los halcones del gobierno Bush, Dick Cheney y Paul Wolfowicz, Subsecretario del Pentágo-no, formulan una doctrina que lleva a un nuevo límite la ideología de la truculencia imperialista. La reciente invasión de Irak puede ser el preludio de nuevas acciones unilaterales más graves y realiza-das de manera más abierta que todas las conocidas hasta ahora. Hu-bo una total falta de respeto al derecho internacional, lo que ha desmoralizado a una ONU que ya venía debilitándose a lo largo del tiempo. El rol reservado a la ONU por el gobierno Bush es el de una entidad asistencial.

¿Cuál es el escenario futuro?

En un primer momento, pierde la democracia y la libertad en Es-tados Unidos y en muchas otras regiones del mundo, incluso en Irak. Una población activa en Irak que quiere librarse del dictador Saddam Hussein, acaba por no colaborar en su derrumbada por la agresión y violencia americana. La agresión norteamericana fo-menta el radicalismo islámico que rechaza la democracia y el mul-ticulturalismo. En Estados Unidos, país liberal clásico que irradia la libertad y la democracia desde el final del siglo XVIII, se crea un ambiente macartista, cuyas manifestaciones más visibles son la per-secución de artistas y una verdadera guerra por el control de la in-formación y por el acceso de la opinión pública a la información y a opiniones disidentes.

En este mundo de incertidumbre del nuevo milenio, se libra una batalla en que los avances de la revolución tecno-científica pueden servir tanto a un mundo orweliano que sofoca la diversidad y plura-lidad como a construir un orden más democrático. Pero el pueblo norteamericano es muy celoso de sus libertades civiles y, de manera dialéctica, ya se nota la resurrección del radicalismo tan presente en los años 60 y 70 del siglo pasado, con las manifestaciones por las li-bertades civiles para los negros y contra la Guerra de Vietnam. La victoria de la nueva derecha americana puede ser de Pirro.

Otra preocupación muy grave, es un terrorismo creciente mo-tivado por una herencia de odio y resentimiento. Mientras el pre-sidente George W. Bush declara que la invasión de Irak es un “catalizador” de cambios en Medio Oriente, las encuestas realizadas en los países árabes sugieren que la inmensa mayoría prefiere un rol más importante para el clero islámico, menos de 6% cree que la in-vasión de Irak lleve a un mundo musulmán más democrático y casi la totalidad piensa que Estados Unidos quiere el control del petró-leo árabe e intenta someter a los palestinos a la voluntad de Israel. Es abrumador el margen de entrevistados que han dicho que el te-rrorismo va a crecer. Por otra parte, lo que preocupa a los líderes del mundo árabe es la posibilidad de que los radicales islámicos asu-man el poder en una democracia a la moda occidental, como ocurrió en Argelia en 1992.

Los partidos fundamentalistas islámicos son las únicas fuerzas con organización, capacidad y ambición para tomar el poder si la democracia fuera una opción en el mundo árabe. Gracias a los ser-vicios sociales, de salud y educación religiosa ofrecidos por los grupos fundamentalistas, como alternativa a servicios públicos fra-casados de Estados fallidos que toleran la corrupción y la negli-gencia social, hay un crecimiento enorme de estos grupos. Y no son sólo los pobres los que son atraídos hacia estos grupos, sino también miembros profesionales de las altas capas medias. Los ra-dicales están ganando fuerza mientras la élite gobernante, los em-presarios, académicos y artistas se alienan y no buscan una salida más moderna para resolver los problemas de la región.14 Para demostrar un gesto de buena voluntad es posible que haya avances en la cuestión Israelí-Palestina. Israel puede dejar de ser aliado preferencial de Estados Unidos en un nuevo diseño regional, y es posible que finalmente tenga que negociar en serio y desocupar los territorios de Gaza, Cisjordania, las lomas de Golán y Jerusalén Oriental, anexados en 1967.

La solución militar proporciona una nueva escalada armamen-tista en una escala jamás vista; las conquistas logradas que limitan la proliferación de armas y otros tratados son cuestionados. En un mundo de multilateralidad y diálogo, los enormes gastos militares podrían servir para resolver los problemas que afligen a las gran-des mayorías del planeta. Es indubitable que la OTAN y la ONU no van a sobrevivir en el futuro con las características actuales. Cabe a los pueblos del mundo crear nuevas organizaciones de seguridad. La ONU no podrá ejercer el rol de una entidad asistencialista. Al revés, deberá profundizar su rol de afianzador de la paz con demo-cracia, libertad y justicia en el mundo.

Para finalizar, es necesario decir algo acerca del impacto de la crisis de Irak en América Latina. Sólo Chile y México tienen asien-to en el Consejo de Seguridad de la ONU; la región no es relevante en la crisis de Irak. Pero eso no significa que la región no sea afec-tada por toda una serie de consecuencias negativas. Las perspecti-vas para América Latina en el corto plazo no son promisorias.

En la esfera económica, casi todos los países latinoamericanos pasan por crisis profundas, y retomar el crecimiento sobre bases saludables depende de la recuperación de la economía global. Si no, la exportación latinoamericana permanecerá débil, las inversiones de capital seguirán escasas y las tasas de interés para préstamos seguirán altas. El alza del petróleo afectará a varios países de la región. Brasil sigue siendo un país vulnerable a pesar de readquirir una cierta con-fianza internacional. México tiene una situación más confortable, pero si la recesión americana sigue se verá muy afectado, puesto que 90% de las exportaciones mexicanas se dirigen a este país. No se sabe por cuánto tiempo se prolongará la guerra en Irak, que no es el paseo imaginado por la administración Bush. De todas maneras, cuando llegue al fin, es muy probable que Estados Unidos estará más interesado en invertir en Medio Oriente para reconstruir Irak, y es bien posible que las soluciones de las crisis argentina, bo-liviana, haitiana y venezolana, incluso la colombiana, sigan siendo de poco interés para Washington. Desde el punto de vista político, con excepción de Colombia, los grandes países de la región no apoyan la invasión anglo americana de la “coalición de la buena voluntad”, lo que cambia sus relaciones con Estados Unidos, sobre todo por parte de México y Chile.

Pero la dialéctica no nos permite ver todo en negro. Hay elec-ciones en Estados Unidos el próximo año y la administración Bush no quiere confrontarse con un creciente electorado mexicano-ame-ricano. No se puede olvidar la importancia de la agenda bilateral Estados Unidos-México en cuanto al combate a la narcoeconomía, la cuestión de las fronteras y la inmigración. Todos estos problemas críticos crean fuerzas de cooperación. Los americanos tampoco quieren hostilizar al gobierno de Lula, que puede ser un interlocu-tor e intermediario en cuestiones como el ALCA, ni al de Chávez en Venezuela.

Hay que añadir que cambios políticos importantes van a ocurrir en breve, pues habrá sustitución de personal responsable en las re-laciones estadounidenses con América Latina. Depende de la habi-lidad de los nuevos diplomáticos invertir en reconstruir relaciones más productivas para no entrar en confrontaciones prolongadas. Además, la cumbre americana programada para el final del año puede ser una oportunidad para reparar lazos casi rotos.

También depende del resultado de la guerra en Irak la conduc-ción de ALCA. Si la guerra se prolonga mucho, la arrogancia tiende a disminuir y las negociaciones hemisféricas pueden ocurrir en un clima más favorable. Si salen del atolladero iraquí como vencedores, la presión y arrogancia en las negociaciones de ALCA serán mu-cho más grandes.

El cuadro actual no es el mejor del mundo, pero la historia es un proceso y queda mejor representada por una película que por una fotografía. La barbarie es un suicidio colectivo. Si recordamos a Marx afirmando que la humanidad sólo resuelve los problemas que tiene delante, y a Gramsci, que afirma la necesidad del pesimis-mo de la razón y el optimismo de la voluntad, la humanidad encon-trará una solución para sobrevivir. El hecho que millones de personas estén protestando y saliendo a las calles para clamar por paz, incluso en Estados Unidos, puede ser una señal de avance civi-lizatorio de la humanidad. La opinión pública mundial parece decir que la vía militar no es solución para ningún conflicto mundial. Si instituciones como la ONU desmoronaron, las señales callejeras apuntan a que en su lugar sea construido algo nuevo bajo la bande-ra blanca de la paz.



8 Kinoshita, D.L., “Y ahora, que mundo?”, el 11 de septiembre: las caras de la globalización, Instituto de Estudios Parlamentarios “Eduardo Neri”, México, 2002, pp. 185-206.

9 Demant, P., Programa de trabajo presentado a la Cátedra UNESCO del IEA, en el área de Cultura de la Paz.

10 Almeida, F.I., O Último Secretário: a luta de Salomão Malina, Ed. Fundação Astrojildo Pereira, Brasília, 2002.

11 Ibidem.

12 Fuller, G. E., “Velha Europa” ou “velha América”, Global Viewpoint, 16 de febrero de 2003.

13 Pomeranz, L., “A Nova Estratégia e a Rússia”, Política Externa, vol. 11, número 3, dic.-feb. 2002-2003.

14 Ibrahim, Y. M., “E depois, mais terrorismo”, O Estado de S. Paulo, Cader-no Internacional, 26 de marzo de 2003.
Autor y licencia de 'Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - Irak: un panorama complejo (II)'
Camilo Valqui Cachi (coordinador) Extraído de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24

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