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Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - La doctrina de las guerras preventivas

(11 opiniones)
Monografía creado por Camilo Valqui Cachi (coordinador). Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
01 de Febrero de 2006
Ciencias socialesHistoriaPensamiento y política

5 - La doctrina de las guerras preventivas

UN NUEVO FASCISMO PARA SOJUZGARA LOS PUEBLOS

PAVEL BLANCO CONTRERAS

Los motivos de la guerra

Al concretarse la agresión criminal contra Irak resulta evidente que es una operación para asegurar las ricas reservas petroleras que posee esa nación, probadas en 112 mil millones de barriles, que la hacen la segunda en el mundo después de Arabia Saudita.1 La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha previsto que las importaciones de crudo estadounidenses se eleven a 14.3 millones de barriles diarios en 2010 y a 16.7 millones en 2020. En todo el mundo, se prevé que el consumo de crudo, especialmente en los países industrializados, aumente de los actuales 75 millones de barriles diarios a 120 millo-nes en 2030.

Esta guerra es un paso necesario para el lobby militarista y los dueños de Wall Street en su intento por asegurar el dominio del imperialismo norteamericano y expandir su globalización neolibe-ral en la estratégica región del Medio Oriente, ganando la carrera a la Unión Europea en el dominio de los recursos naturales —65% de las reservas petroleras del planeta— y nuevos mercados. Nos en-contramos pues con un nuevo reparto del mundo, cuya configura-ción estaba pendiente desde 1991.

Entre las tesis que Lenin plantea en su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo, nos encontramos con las siguientes que so-portan la concepción que suscribimos de esta agresión como una de carácter imperialista y colonizadora. El capitalismo en su etapa imperialista genera un enfrentamien-to que se expresa en contradicciones interimperialistas, una lucha feroz por los mercados, el reparto territorial del mundo formando colonias y semicolonias, pues en el mercado colonial es más fácil su-primir al competidor, garantizarse pedidos, consolidar las relacio-nes necesarias, etc. Este reparto concluye con la apropiación de toda la Tierra entre los países capitalistas más importantes.

En la etapa imperialista las guerras son inevitables, dado que las contradicciones interimperialistas no se resuelven pacíficamente pues no hay lugar para el desarrollo armónico, no se concibe otro funda-mento para el reparto de las esferas de influencia, de los intereses, de las colonias, etc., que la fuerza de quienes participan en el reparto, la fuerza económica general, financiera, militar, etc. Las alianzas transi-torias que se llegan a dar entre las potencias imperialistas no nulifican este principio, sólo constituyen treguas entre las guerras. Recordamos esto, porque la realidad les asigna vigencia, justa-mente cuando hace unos meses el libro Imperio de Michael Hardt y Toni Negri, con tanta influencia en el movimiento antiglobaliza-ción, hablaba de una nueva época en la que el capital desterritoria-lizado dejaba de lado pugnas entre intereses de uno u otro bloque económico-militar. Estos autores señalan ahí que el imperio no es-tablece ningún centro de poder —en contraste con el concepto de imperialismo de Lenin—; el imperio es un aparato descentralizado y desterritorializado que maneja identidades híbridas, a través de redes adaptables de mando de manera tal que “… los colores na-cionales distintivos del mapa imperialista del mundo se han fusio-nado y mezclado en el arco iris global imperial…”.2 Lo que solía ser un conflicto entre las potencias imperialistas ha sido sustituido por un ultra poder imperial, un poder que ultra determina a todas las potencias, a través de un nuevo contrato social y de instrumen-tos legales de coerción que resuelven todos los conflictos. El impe-rialismo para ellos ha terminado y ni Estados Unidos ni ningún Estado-nación del mundo puede ser ya el centro de mando del nuevo imperio. Pero esa tesis ha sido sofocada por los miles de mi-siles del ejército imperialista sobre Afganistán e Irak.

Nos encontramos con otros objetivos en la agresión imperialista a Irak: establecer allí un gobierno militar que, sometido totalmente a la Casa Blanca, permita el asentamiento de bases militares y el dominio político de la región. En la línea del documento cono-cido como Santa Fe IV,3 la construcción de un cerco contra la Repú-blica Popular China. Además una base segura contra otros objetivos declarados, como Irán y Siria. El contexto mismo en que se produ-ce la invasión al pueblo de Irak es para emprender un contraataque ante la creciente resistencia de los pueblos del mundo a las políticas neoliberales, justamente cuando algunos de estos pueblos y sus movimientos políticos y sociales inician un paso de la resistencia a la ofensiva, como es el caso en Sudamérica de la Venezuela Boliva-riana, Brasil, las FARC-EP en Colombia y los movimientos indígena-populares de Ecuador y Bolivia.

Una clara política de utilización de la fuerza militar contra todo aquel que intente cuestionar la hegemonía de Estados Unidos. Pero los pueblos no creen en dictados fatalistas y la historia está por escri-birse, no pudo ser contenida por los débiles muros de la desideologi-zación y tampoco lo será por la doctrina de las guerras preventivas, la que como intentaremos demostrar soporta la construcción de un IV Reich. Es necesario decir que la valiente resistencia del pueblo de Irak a los invasores es parte importante de la gran batalla que la hu-manidad libra por su existencia, por la libertad y la democracia.

Recapitulando los objetivos de la guerra preventiva, diremos que es impulsada para garantizar los intereses de Estados Unidos y para remachar la superioridad política y militar de la única superpoten-cia que queda en el planeta, como ha insistido la administración Bush. Es una guerra por el petróleo, sea para controlar directamen-te los recursos de uno de los mayores productores mundiales, sea para determinar las orientaciones globales del mercado de este re-curso estratégico. Además, la determinación de Bush responde a los intereses de los lobbies petroleros y de armamento, a los que impor-tantes representantes del gobierno norteamericano y el propio Bush pertenecen. Es una guerra que tiene el objetivo de hacer de Irak una plataforma geopolítica en la región, con el preciso objetivo de con-trolar directamente aquella parte del mundo, ya llena de bases mili-tares estadounidenses. Como señala la declaración del Partido de la Refundación Comunista de Italia sobre la agresión imperialista:

“En realidad este ataque está inscrito en una estrategia impe-rial que redefinirá el mapa de los poderes en todo el mundo, y es el producto más evidente de la crisis del sistema de la globaliza-ción neoliberal. La globalización neoliberal, frente a la crisis, ya no puede ser gobernada por consenso, como ha ocurrido en su fa-se creciente, sino que necesita la guerra global permanente. La guerra global permanente, que puede desencadenarse en cual-quier parte del mundo y que queda en formas diferentes en todo el planeta, actúa como un golpe de estado permanente, una sub-versión de las élites dominantes contra la mayoría de la humani-dad. No es un caso que le falte completamente el consenso, a partir de aquel de las poblaciones de los países que participan en la acción bélica, y que haya destruido lo que queda de legalidad internacional. Antes que fuera desenganchada la primera bomba ya ha habido efectos devastadores. No solamente las Naciones Unidas no han podido impedir el ataque, sino que han sido des-conocidas en su esencia constitutiva: su Estatuto, nacido de la tra-gedia de la Segunda Guerra Mundial, no contempla en ningún caso un ataque preventivo. Se repite una acción militar devasta-dora, sin ningún aval de las Naciones Unidas, como ya ocurrió con la guerra en Yugoslavia”.4

El pretexto para la nueva doctrina y sus características

La reunión de las Islas Azores entre George Bush, Tony Blair y Jo-sé María Aznar, ha sido un golpe de estado mundial; pasando por encima del Consejo de Seguridad de la Organización de las Nacio-nes Unidas han resuelto la invasión contra Irak. Durante meses es-tuvieron preparando el terreno para ello, con resoluciones oprobiosas y un manejo perverso de la información sobre supuestas armas de destrucción masiva; buscando legitimar la agresión han terminado por hacer añicos cualquier legalidad al desconocer el de-recho internacional, así como principios básicos para la convivencia entre los pueblos. Ello está en continuidad con lo que el 20 de sep-tiembre de 2001 fue proclamado por Bush ante el Congreso nor-teamericano: la doctrina de las guerras preventivas, y reforzado por la intervención de Donald Rumsfeld en el Congreso el 30 de sep-tiembre de 2001, conocida como el Nuevo plan de defensa para el si-glo XXI, y otros documentos, como la Estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, del 20 de septiembre de 2002, que son continua-ción de la política que George Bush padre no pudo materializar du-rante su mandato presidencial.

Esta nueva estrategia fue lanzada públicamente con el pretexto de los dramáticos acontecimientos del 11 de septiembre del mismo año en Nueva York. Varios indicios muestran que los servicios de inteligencia norteamericanos y la misma Casa Blanca estaban al tanto de lo que ocurriría y lo permitieron; por ello, con justa razón se establece una analogía con el incendio del Reichstag en Alema-nia la noche del 27-28 de febrero de 1933, que permitió el ascenso al poder de los fascistas hitlerianos. Es necesario citar párrafos del mencionado discurso de Bush que nos permiten comprender esa nueva doctrina.

La guerra comienza con Al Qaeda, pero no termina allí. No terminará hasta que cada grupo terrorista de alcance mundial haya sido encontrado, detenido y vencido. Dirigiremos todos los recursos a nuestra disposición —todos los medios de la diplomacia, toda herramienta de inteligencia, todo ins-trumento para la aplicación de la ley, toda influencia financiera y toda arma de guerra necesaria— a la destrucción y la derrota de la red glo-bal del terror. Ahora, esta guerra no será como la guerra contra Irak de hace una década, con una liberación decisiva de un territorio y una conclusión rápida. No se parecerá a la guerra aérea sobre Kosovo de hace dos años, donde no se utilizaron tropas terrestres y ni un solo estadounidense se perdió en combate. Nuestra respuesta involucra mucho más que una represalia instantánea y golpes aislados. No deben esperar una batalla, sino una larga campaña como no hemos visto ninguna otra jamás. Puede incluir golpes dramáticos visibles en la televisión y operaciones encubiertas secretas igual de exitosas. Le quitaremos el financiamiento a los terroristas, los volveremos el uno contra el otro, los haremos moverse de un lugar a otro hasta que no tengan refugio o descanso. Y perseguiremos a las naciones que proporcionen ayuda o refugio al terrorismo. Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas. De este día en adelante, cualquier nación que continúe dando refugio o apoyando el terrorismo será considerada por Estados Unidos como un régimen hostil. Nuestra nación ha sido puesta en alerta, no somos inmunes a los ataques. Tomaremos medidas defensivas contra el terrorismo para proteger a los estadounidenses.

Ésta no es, sin embargo, una lucha sólo de Estados Unidos, y loque está en juego no son solamente las libertades estadounidenses. Éstaes una lucha del mundo. Ésta es una lucha de la civilización. Ésta es una lucha de todos los que creen en el progreso y el pluralismo, la tolerancia y la libertad. Pedimos a todas las naciones que se unan a nosotros. Pediremos y necesitaremos la ayuda de fuerzas de policía, servi-cios de inteligencia y sistemas bancarios de todo el mundo. Estados Unidos agradece que tantas naciones y muchas organizaciones inter-nacionales hayan respondido ya con simpatía y apoyo: naciones deAmérica Latina, Asia, África, Europa y el mundo islámico. El mundo civilizado se está alineando junto a Estados Unidos. Nos uniremos para fortalecer nuestras capacidades de inteligencia para conocer los planes de los terroristas antes de que actúen y encontrarlos antes de que golpeen.

La libertad y el terror están en guerra. El avance de la libertad hu-mana, el gran logro de nuestro tiempo y la gran esperanza de cada era, depende ahora de nosotros. Nuestra nación, esta generación, levanta-rá la oscura amenaza de violencia que recae sobre nuestro pueblo y nuestro futuro. Fomentaremos que el mundo se una a esta causa a tra-vés de nuestros esfuerzos y de nuestra valentía.

Esta es una declaración de guerra mundial permanente contra todos los pueblos para someterlos al dictado y necesidades del im-perialismo yanqui, con argumentos religioso-fundamentalistas y civilizatorios. La agresividad imperialista, en el marco de la crisis económica5 en sus centros no se limita a las relaciones internacionales y el terreno militar, va a todas las esferas de la vida social. Acelera los reajustes en la economía y en el nivel de vida de los trabajadores, se dirige contra las conquistas y derechos de la clase obrera, influye al sistema político que adquiere características ideológicas y políticas aún más reaccionarias, y ataca la cultura y el tiempo libre de los trabajadores. Se está edificando un nuevo marco institucional más reaccionario a través de la violación de las libertades y derechos populares fundamentales, nuevos mecanismos de represión contra los pue-blos y movimientos que ponen en duda la dominación imperialista. Una proclamación del IV Reich global acompañada con medidas fascistas en la política de Estados Unidos, tales como la grabación de las llamadas telefónicas, el control de la correspondencia, la in-tervención del correo electrónico, el control de todo lo relativo a seguridad nacional, inclusive a los congresistas norteamericanos; serias restricciones sobre las informaciones relativas a la guerra, que las estamos viviendo ahora, donde toda noticia que recibimos está deformada o llega con gran retraso, inclusive en internet, donde to-do despacho es versión de la CNN o directamente del Centcom; son honrosas las excepciones, como Prensa Latina, la Agencia Xinhua, los brigadistas internacionales con sus crónicas y muy pocos perio-distas independientes objetivos.

En pocas palabras, como bien señala el Frente Democrático pa-ra la Liberación de Palestina, “…fueron enterrados para siempre los preceptos teóricos sobre la soberanía y los derechos legítimos de los pueblos, y la única medida justificativa para ese plan de agre-sión la representan los intereses de Washington y de sus aliados, y no en el caso de producirse una amenaza real sino en la simple posi-bilidad de convertirse en una simple amenaza a estos intereses”.6

Los objetivos siguientes han sido declarados ya: Siria, Irán, República Popular Democrática de Corea. Todos estamos bajo la amenaza ya de que Estados Unidos se reserva el derecho de vigilar, castigar y aniquilar con fuerza abrumadora a las naciones y a los pueblos que se consideren como enemigos de la civilización. Lo esencial es evitar la aparición de cualquier poder estatal rival, sea amigo o enemigo. Las acciones unilaterales son preferidas; la ley, los tra-tados y las obligaciones internacionales se deben pasar por alto si limitan su libertad de acción o entorpecen la proyección de su poder. Como ha señalado Fidel Castro, Primer Secretario del Partido Co-munista de Cuba, es la amenaza de una “tiranía mundial fascista”.7 Éste es el momento de la mayor amenaza contra el genero humano. En La crisis de la socialdemocracia, también conocida como el Folleto de Junius, la dirigente marxista Rosa Luxemburgo citó a Federico Engels: “la sociedad burguesa está situada ante un dilema: o pasa al socialismo o cae en la barbarie”.8

La etapa que vivimos a principios del siglo XXI, nos plantea una nueva situación que tiene como rasgo característico fundamental el hecho de que la humanidad se encuentra como nunca antes había ocurrido, ante la disyuntiva histórica de socialismo o barbarie, por-que el capitalismo ha entrado de lleno a la fase de incontrolabilidad destructiva del capital como consecuencia del desarrollo del capita-lismo y de la profundización de su principal contradicción, la cual se expresa en el crecimiento del carácter social del trabajo y la apro-piación cada vez más privada de los bienes producidos. En esta etapa el capital ha extendido y generalizado a todo el orbe la agresión contra la soberanía económica de las naciones, profundiza y perfecciona sus métodos para convertirlas en tributa-rias y a sus pueblos y ciudadanos en parias y esclavos de la época moderna; destruye las posibilidades de empleo digno, empobrece y explota a la mayor parte de la humanidad, los cuales suman miles de millones de seres humanos, destruye la ecología y el medio ambien-te, concentra la riqueza y el poder de decisiones de nivel internacio-nal en un breve grupo de consorcios y gobiernos trasnacionales.

Los comunistas sabemos que el imperialismo requiere de las guerras para sobrevivir de igual forma que los seres vivos necesitan del aire y del agua; la ontología del imperialismo se concentra en rasgos como la expansión, el control, la dominación, el saqueo y la guerra; requiere de la guerra para retroalimentar financieramente a sus monopolios bélicos y amenaza al mundo con la guerra y la des-trucción a quienes se resisten al sometimiento; esta tensión perma-nente a que somete el imperialismo al mundo acrecienta la amenaza de una hecatombe nuclear que desaparecería todo signo de vida so-bre el planeta. Ésta es la situación de barbarie a la que hemos llega-do y que amenaza con profundizarse a un grado superlativo si no es detenida.

La etapa de incontrolabilidad destructiva del capital es irreversible; por eso es que la solución no puede encontrarse en el marco del sistema capitalista. Las terceras vías y otras opciones que intentan presentar posibilidades de un capitalismo con rostro humano no tienen sustento en la realidad y son consecuentemente inexistentes. Quienes las plantean lo hacen por ignorancia o mala fe y sólo distraen a la clase obrera y a los pueblos de su verdadera estrategia revolucionaria.

Los comunistas mexicanos tenemos la convicción, fundada en el análisis marxista de la realidad, de que es posible otro mundo di-ferente a éste que hoy domina el imperialismo, y en esa lucha esta-mos comprometidos; pero afirmamos que la única alternativa de solución es la sustitución del sistema capitalista por el modo socia-lista de producción. Nos une esta convicción y la conciencia de que es una necesidad histórica inaplazable, que constituye la tarea más importante del movimiento revolucionario y por supuesto de las mujeres y hombres del planeta.



1 http://www.bbc.co.uk/spanish/especiales/irak_militares/petroleo_irak.stm. El petróleo iraquí, además es de calidad media y su costo de extracción está entre los más bajos.

2 Hardt, Michael y Toni Negri, Imperio. Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 14.

3 Santa Fe IV, En los tiempos del Plan Colombia. Ediciones Nuestra América, Bogotá, 2001.

4 Declaración final de la Dirección Nacional del Partido de la Refundación Comunista de Italia sobre la guerra contra Irak, 20 de marzo de 2003.

5 Enron, WorldCom, etcétera.

6 Frente Democrático para la Liberación de Palestina. Intervención en XI Encuentro del Foro de Sao Paulo, diciembre 2 de 2002.

7 Castro, Fidel, Discurso del 7 de abril de 2003. La Habana, Cuba; (http: www. granma. cubaweb.cu/2003/04/08/nacional/articulo01.html).

8 Luxemburgo, Rosa, La crisis de la socialdemocracia. Roca, México, 1972, p. 23.
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Camilo Valqui Cachi (coordinador) Extraído de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24

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