Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - La guerra contra Irak: Eurasia, la variable oculta (II)
Monografía creado por Camilo Valqui Cachi (coordinador). Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
01 de Febrero de 2006
Ciencias sociales, Historia, Pensamiento y política
10 - La guerra contra Irak: Eurasia, la variable oculta (II)
En el económico, como lo hemos intentado demostrar, es im-portante agregar que Irak tiene una capacidad de producción que oscila entre los 2 y 5 mb/d, cifra importante si la comparamos con la de Arabia Saudita que es de 8 mb/d, aunque algunos analistas co-mo Fadhil Chalabi, ex funcionario petrolero iraquí, sostienen que su capacidad puede alcanzar los 12 mb/d por diez años consecuti-vos. J. Wagner cita a Lawrence Lyndsey, ex consejero económico del presidente Bush, quien estima que “si se produce un cambio de régimen en Irak, se podrían añadir a la oferta mundial de tres a cin-co millones de barriles por día (mb/d). Una guerra eficazmente lle-vada favorecería a la economía.”21
En su dimensión geopolítica, Chomsky lo ha señalado con absoluta claridad al sostener que:
Esto es, por sí mismo, extremadamente importante (la instalación de bases militares) a los efectos del control mundial y a ello habría que sumar las ganancias que se derivarían de tal predominio. Probable-mente Estados Unidos no intente acceder al petróleo de Irak; tal vez pretenda utilizar para sí mismo los recursos más seguros de las cuen-cas petrolíferas del Atlántico. Sin embargo, controlar el suministro mundial de petróleo ha sido un principio rector de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, e Irak es particu-larmente significativo en este aspecto.22 Pero además, en calidad de colonia del imperio estadounidense, Irak cubriría cuatro objetivos geoestratégicos acariciados secular-mente por Washington: saldría de la OPEP y saturaría el mercado de petróleo barato, sería usada como un efectivo bombardero para des-truir el cártel, debilitaría al mundo árabe por la vía de arruinar sus economías y finalmente golpearía mortalmente el sueño panárabe.
A su vez, convertida en la principal fuente de abastecimiento, Irak rebasaría en creces la capacidad negociadora de Arabia Saudi-ta, país que tendría que ceder una vez más a las políticas de inver-sión de Estados Unidos tanto para financiar su desarrollo, como para actualizar su tecnología y así mantenerse en el mercado petro-lero a la altura de los nuevos retos de producción.
Pero hay algo más que ha sido poco tratado por los estudiosos del actual conflicto y tiene que ver con la pugna entre Estados Uni-dos y la Unión Europea, que se traduce en la potencia del euro que hoy apunta a desplazar al dólar como divisa mundial. Es pertinente recordar que el poder del dólar estriba en su condición de petrodó-lar, es decir, en la capacidad que tiene el dólar como moneda para comprar y crear un mercado cautivo a partir del petróleo: Estados Unidos compra petróleo a cambio de que los países proveedores adquieran tecnología y armamento estadounidense, inviertan en su economía, se alinien a la Casa Blanca en política exterior y abran su territorio a la instalación de sus bases militares, casi nada. Pocos conocen que el 6 de noviembre de 2000, Irak decidió cobrar en euros sus ventas petroleras, este hecho tuvo que haber gravitado en la Casa Blanca para precipitar la ocupación militar.23 La sustitución del dólar por el euro de parte de Irak y el riesgo de que se convierta en la política de la OPEP, la manifiesta intención saudiá-rabe de exigir a Estados Unidos que las deudas petroleras sean pa-gadas en euros, así como el retiro significativo de dólares de la inversión en ese país, constituyen una ventaja a favor de la Unión Europea y un severo precedente para la hegemonía de Estados Uni-dos en el escenario mundial, situación que la petrocracia estadouni-dense o cualquier inquilino de la Casa Blanca no están dispuestos a permitir aunque para evitarlo tengan que apelar, como siempre lo han hecho, a la diplomacia de los tanques y los misiles.
Eurasia, la variable oculta.
Los planes estadounidenses diseñados para el reposicionamiento en el Medio Oriente, se enmarcan en una estrategia más amplia y de largo aliento y guardan relación con un propósito acariciado histó-ricamente por Washington: el control de la isla mundial, así conoci-da en el lenguaje de los clásicos de la geopolítica para referirse a dos continentes diversos culturalmente, pero unidos por la geografía y su estratégica ubicación en el mapa mundial: Europa y Asia.
A finales del siglo XIX, el Capitán Mahan, sostenía: los Americanos debemos ahora empezar a mirar fuera de las fronte-ras. El crecimiento de la producción del país lo demanda. Un cre-ciente volumen de sentimientos públicos lo demanda. La posición de Estados Unidos, entre dos viejos mundos y los dos más grandes océanos, está en el mismo clamor, el cual pronto insistirá en la crea-ción de un nuevo eslabón que una al Atlántico y al Pacífico. La ten-dencia será mantenida y aumentada por el crecimiento de las colonias europeas en el Pacífico, por la avanzada civilización del Ja-pón, y por el rápido poblamiento de nuestros Estados del Pacífico con hombres que tienen todo el agresivo espíritu de avanzada en la línea del progreso nacional. En ninguna parte se hace una vigorosa política exterior que busca más a favor que entre la gente del oeste de las montañas Rocallosas.24
Únicamente en este marco de referencia es posible encontrar una explicación lógica a la absurda y cruenta invasión a Afganistán en 2001, después de los atentados en Nueva York y Washington, sin el cual todo queda reducido a la lógica de un orate instalado en el gobierno del país más poderoso del mundo, aunque no deja de ser una atractiva tentación a juzgar por las biografías de G.W. Bush25 hechas en los últimos tiempos. Sólo una poderosa razón geopolítica puede hacer más comprensible una intervención tan brutal y violen-ta como la que ocurrió contra Afganistán, un país árido y con esca-sos recursos naturales, de 27 millones de habitantes, principalmente dedicados al pastoreo, diezmados por el hambre, las guerras civi-les, los bombardeos y la migración durante 3 décadas, cuyo suelo antes de la intervención era uno de los más minados del orbe y hoy es casi intransitable, si no fuera por su ubicación geográfica, que le permite a los estadounidenses el tránsito y control sobre los vastos recursos energéticos: yacimientos, oleoductos y gasoductos del AsiaCentral, la salida al Índico y, por esta vía, el control del Asia Central y su cercanía al Caspio buscando la ruta del Mediterráneo.26
Instalados en esta lógica, se operó la intervención estadouni-dense en Yugoslavia en 1998, donde en franca violación al derecho internacional, e ignorando a la ONU, Estados Unidos recurrió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la que por primera vez intervino fuera de su jurisdicción como textualmente lo prohíbe el Tratado de Washington suscrito en 1949. Así enton-ces, las acciones en Yugoslavia (1998), Afganistán (2001) e Irak (2003), se encuentran en el mapa de ruta de la recuperación estra-tégica de Eurasia. Hoy, en el rediseño de su estrategia en calidad de potencia he-gemónica en el plano económico y militar, en el contexto de un mundo monopolar, Estados Unidos está convencido de que ha lle-gado la hora de proyectar su dominación y demostrar al mundo su supremacía recurriendo a toda su capacidad bélica y al más viejo es-tilo de expansión colonial. En este sentido, es oportuno estudiar el pensamiento de Zbig-niew Brzezinski, asesor de Seguridad en el periodo Carter y acadé-mico de la J. Hopkins University, quien es uno de los prominentes estrategas estadounidenses de las últimas 3 décadas. Brzezinski es autor de El gran tablero mundial: la supremacía norteamericana y sus imperativos geoestratégicos, un importante libro editado en los últi-mos años que ha influido en el diseño de la política exterior del go-bierno de Estados Unidos.
En la mencionada obra, el autor sostiene que Estados Unidos debería diseñar una estrategia integral para el dominio de Eurasia que garantice su supremacía en la posguerra fría. Para el Brzezinski, sólo el control sobre Eurasia, otorgaría a Estados Unidos la condición de superpotencia. Sostiene que Eurasia alberga a la mayoría de estados positivos y dinámicos. Asimismo señala que todos los aspirantes históricos a ser potencia mundial tuvieron su origen en Eurasia. Allí también se ubican los países más grandes en población como China e India con pretensiones hegemónicas regionales, del mismo modo que los más importantes rivales de Estados Unidos. Afirma que
Después de EU, las seis economías más grandes y que más gastan en defensa están allí, como también todas menos una de las potencias nucleares declaradas, y todas menos una de las ocultas. Eurasia cuen-ta con 75% de la población mundial, 60% de su PIB y 75% de sus re-cursos energéticos. Colectivamente, el poderío potencial de Eurasia eclipsa incluso al de EU. Eurasia es el supercontinente eje del mundo. Una potencia que dominara Eurasia ejercería una influencia decisiva sobre dos de las tres regiones económicas más productivas del mun-do: Europa occidental y Asia oriental. Un vistazo sobre el mapa da a entender también que un país dominante en Eurasia controlaría casiautomáticamente Oriente Próximo y África. Al ser ahora Eurasia el tablero decisivo del ajedrez geopolítico, ya no basta con tener una po-lítica para Europa y otra para Asia. Lo que ocurra con la distribución del poder en la masa territorial euroasiática será de decisiva impor-tancia para la primacía mundial de EU y su legado histórico.27 Brzezinski propone una estrategia a corto, mediano y largo pla-zo. Para el corto plazo propone consolidar el pluralismo geopolítico predominante en Eurasia. Sostiene que esta estrategia evitará el surgimiento de coaliciones hostiles que le disputen la hegemonía a Estados Unidos. A mediano plazo, se trataría de la constitución de un sistema de seguridad transoceánico bajo el liderazgo estadouniden-se y a largo plazo, se tendría que marchar hacia un sistema mundial de responsabilidad compartida, desde luego, bajo la impronta de Esta-dos Unidos.
En Europa, reconoce el protagonismo de Francia y Alemania, en tanto que para el Extremo Oriente, sostiene que cualquier estrategia euroasiática por parte de Estados Unidos deberá apoyarse en el con-senso sino-estadounidense. En el centro de Eurasia, reconoce que existe un vacío geopolítico que sólo será resuelto a partir de una Rusia “pos-timperial”. Revela, asimismo, que Asia Central es un foco de conflic-tos étnicos y de competencia entre las grandes potencias. Convencido de que ninguna potencia puede disputar la hegemonía a Estados Unidos, reconoce que “La administración global de EU se verá pues-ta a prueba por tensiones, turbulencias y conflictos periódicos.”28
Brzezinski recomienda construir un equilibrio transcontinental estable basado en una hegemonía benigna de Estados Unidos. Afirma: el objetivo a mediano plazo exige que se fomente una asociación auténtica con una Europa más unida y definida en lo político, una China preeminente en su región, un Rusia postimperial y orientada hacia Europa y una India democrática. Pero será el éxito o el fracaso en el establecimiento de relaciones estratégicas más amplias con Europa y China, lo que dé forma al futuro papel de Rusia y determine la ecuación de potencia fundamental de Eurasia.29
Profundizando en su visión sobre Europa, considera que ésta es la cabeza de puente democrática geopolítica esencial para los estadouni-denses cuya alianza es más importante que la que se pueda estable-cer con Japón. Aquí enfatiza en la importancia de la OTAN como instrumento que garantiza, en Eurasia, el poderío militar estadou-nidense, debido a que su supremacía es reconocida por las naciones aliadas. En este sentido, sostiene que al ser éstas profundamente de-pendientes de la protección estadounidense, cualquier ampliación de su presencia política es, asimismo, la ampliación de la influencia estadounidense; en este punto advierte de cuidar no llegar a crear una Europa integrada que pudiera desafiar geopolíticamente a Es-tados Unidos, principalmente en Oriente Medio. Sostiene que este hecho, creará las condiciones para asimilar a Rusia a una coopera-ción global.
Recomienda aceptar una jefatura compartida de la OTAN así co-mo el papel de Europa en el Afríca, el Medio Oriente y la parte este de la Unión Europea. Para disminuir el riesgo de una creciente competencia económica, se inclina por acelerar los acuerdos de li-bre comercio transatlánticos, así como disminuir la presencia esta-dounidense como árbitro de antagonismos seculares en esa región. Al insistir en la importancia de ampliar el radio de influencia de la Unión Europea y de la OTAN, propone fijar metas y estrategias pa-ra incorporar, en un plazo que va de 1999 al 2010, a las ex repúbli-cas socialistas ubicadas en Europa Central, incluyendo a cuatro de la ex Unión Soviética: las tres bálticas30 y Ucrania.
En relación a Rusia, reconoce que, a pesar del avance de China y de la Unión Europea, es el país más grande cuyo territorio es trans-continental pues abarca una parte de Europa y otra de Asia, sobre este tema, afirma: “Rusia sigue siendo dueña del territorio más grande del mundo, que se extiende sobre diez zonas horarias y em-pequeñece a EU, China o la Europa ampliada.” No obstante, sostie-ne que es un país económicamente atrasado en comparación con China, al que coloca en el rango de país en proceso acelerado de modernización. Conciente de que puede ser una amenaza debido a la importancia geopolítica de Rusia y de su potencial influencia so-bre las ex repúblicas soviéticas,31 propone el diseño de una estrategia lo suficientemente atractiva que persuada a Rusia para que abandone sus aspiraciones postimperiales.32 Se pronuncia por que se convierta en un sistema político confederado con una economía de libre mercado, integrado por tres repúblicas: la Rusia Europea, la Siberiana y la del Extremo Oriental. Para lograrlo, sostiene que debe apoyarse a los estados postsoviéticos, promoviendo la inversión, hecho que evitaría, a su vez, una posible balcanización de la zona por problemas étnicos. Paralelamente, insiste en la importancia de fomentar la cooperación ruso-estadounidense, aunque advierte: “es importante para EU enviar un claro mensaje respecto a sus priorida-des globales. Si debe elegirse entre el engrandecimiento del sistema euroatlántico o una mejor relación con Rusia, lo primero debe go-zar de preferencia”.
20 Declaraciones de Noam Chomsky (reconocido lingüista del Massachussets Institute of Technology) en entrevista con Atilio Borón publicada en el periódico La Jornada, Suplemento Masiosare del 3 de agosto de 2003, p. 9. Sobre la impor-tancia que reviste la invasión en Irak por parte de las fuerzas armadas estadouni-denses, sostiene: “Irak posee las segundas reservas de petróleo del mundo y, en este sentido, controlar el petróleo iraquí y, más aún, establecer bases militares en Irak, situaría a Estados Unidos en una posición más fuerte que la actual para dominar el sistema energético internacional”.
21 Wagner, J., op. cit.
22 Ibid.
23 Véase Harris, Paul, “¿Qué pasaría si de repente la OPEP se cambia al eu-ro?”. Consúltese la página de internet de Yellow Times.org. P. Harris sostiene que la ocupación contra Irak es, en el fondo, la guerra de Estados Unidos contra Europa.
24 Mahan, Captain A.T. (United States Navy), The interest of América in sea power, present and future, Little, Brown, and Company, pp. 21-22, Boston, 1918.
25 Tarpley, Webster G. y Anton Chaitkin, George Bush: Unauthorized bio-graphy. Se tomó en cuenta también las opiniones del psiquiatra y psicoanalista Víctor Saavedra, autor de La promesa incumplida y otros títulos.
26 Afganistán también es productor de 90% del opio que se consume en Europa.
27 Brzezinski, Zbigniew, The grand chessboard (El gran tablero mundial: la su-premacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos. Una estrategia para Eurasia), Ed. Paidós, Barcelona, 1998.
28 Op. cit.
29 Op. cit.
30 Letonia, Estonia y Lituania.
31 Seis están ubicadas en Europa Central: Letonia, Estonia, Lituania, Bielo-rrusia, Ucrania y Moldavia y ocho en el Asia: Azerbaiyán, Armenia, Georgia, Ka-zajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Tayikistán, Brzezinski es, además, ampliamente conocedor de los vastos recursos estratégicos ubicados en el Asia Central: petróleo, gas natural y minerales y de que tales recursos se encon-traban en poder de la Unión Soviética en el periodo de la guerra fría, misma que extendió su radio de influencia militar hacia Afganistán durante diez años.
32 Sobre este tema indica: “Los nuevos lazos de Rusia con la OTAN y la UE, formalizados por el Consejo OTAN-Rusia, pueden estimular a Rusia a asumir su retrasada decisión postimperial en favor de Europa. La condición de miembro del Grupo de los Siete (G-7) y la potenciación de la maquinaria para la creación de política de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. (OSCE) —dentro de la cual podría establecerse un comité de seguridad especial compues-to por EU, Rusia y varios países europeos importantes— estimularía el compro-miso constructivo ruso en la cooperación política y militar europea”.
En su dimensión geopolítica, Chomsky lo ha señalado con absoluta claridad al sostener que:
Esto es, por sí mismo, extremadamente importante (la instalación de bases militares) a los efectos del control mundial y a ello habría que sumar las ganancias que se derivarían de tal predominio. Probable-mente Estados Unidos no intente acceder al petróleo de Irak; tal vez pretenda utilizar para sí mismo los recursos más seguros de las cuen-cas petrolíferas del Atlántico. Sin embargo, controlar el suministro mundial de petróleo ha sido un principio rector de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, e Irak es particu-larmente significativo en este aspecto.22 Pero además, en calidad de colonia del imperio estadounidense, Irak cubriría cuatro objetivos geoestratégicos acariciados secular-mente por Washington: saldría de la OPEP y saturaría el mercado de petróleo barato, sería usada como un efectivo bombardero para des-truir el cártel, debilitaría al mundo árabe por la vía de arruinar sus economías y finalmente golpearía mortalmente el sueño panárabe.
A su vez, convertida en la principal fuente de abastecimiento, Irak rebasaría en creces la capacidad negociadora de Arabia Saudi-ta, país que tendría que ceder una vez más a las políticas de inver-sión de Estados Unidos tanto para financiar su desarrollo, como para actualizar su tecnología y así mantenerse en el mercado petro-lero a la altura de los nuevos retos de producción.
Pero hay algo más que ha sido poco tratado por los estudiosos del actual conflicto y tiene que ver con la pugna entre Estados Uni-dos y la Unión Europea, que se traduce en la potencia del euro que hoy apunta a desplazar al dólar como divisa mundial. Es pertinente recordar que el poder del dólar estriba en su condición de petrodó-lar, es decir, en la capacidad que tiene el dólar como moneda para comprar y crear un mercado cautivo a partir del petróleo: Estados Unidos compra petróleo a cambio de que los países proveedores adquieran tecnología y armamento estadounidense, inviertan en su economía, se alinien a la Casa Blanca en política exterior y abran su territorio a la instalación de sus bases militares, casi nada. Pocos conocen que el 6 de noviembre de 2000, Irak decidió cobrar en euros sus ventas petroleras, este hecho tuvo que haber gravitado en la Casa Blanca para precipitar la ocupación militar.23 La sustitución del dólar por el euro de parte de Irak y el riesgo de que se convierta en la política de la OPEP, la manifiesta intención saudiá-rabe de exigir a Estados Unidos que las deudas petroleras sean pa-gadas en euros, así como el retiro significativo de dólares de la inversión en ese país, constituyen una ventaja a favor de la Unión Europea y un severo precedente para la hegemonía de Estados Uni-dos en el escenario mundial, situación que la petrocracia estadouni-dense o cualquier inquilino de la Casa Blanca no están dispuestos a permitir aunque para evitarlo tengan que apelar, como siempre lo han hecho, a la diplomacia de los tanques y los misiles.
Eurasia, la variable oculta.
Los planes estadounidenses diseñados para el reposicionamiento en el Medio Oriente, se enmarcan en una estrategia más amplia y de largo aliento y guardan relación con un propósito acariciado histó-ricamente por Washington: el control de la isla mundial, así conoci-da en el lenguaje de los clásicos de la geopolítica para referirse a dos continentes diversos culturalmente, pero unidos por la geografía y su estratégica ubicación en el mapa mundial: Europa y Asia.
A finales del siglo XIX, el Capitán Mahan, sostenía: los Americanos debemos ahora empezar a mirar fuera de las fronte-ras. El crecimiento de la producción del país lo demanda. Un cre-ciente volumen de sentimientos públicos lo demanda. La posición de Estados Unidos, entre dos viejos mundos y los dos más grandes océanos, está en el mismo clamor, el cual pronto insistirá en la crea-ción de un nuevo eslabón que una al Atlántico y al Pacífico. La ten-dencia será mantenida y aumentada por el crecimiento de las colonias europeas en el Pacífico, por la avanzada civilización del Ja-pón, y por el rápido poblamiento de nuestros Estados del Pacífico con hombres que tienen todo el agresivo espíritu de avanzada en la línea del progreso nacional. En ninguna parte se hace una vigorosa política exterior que busca más a favor que entre la gente del oeste de las montañas Rocallosas.24
Únicamente en este marco de referencia es posible encontrar una explicación lógica a la absurda y cruenta invasión a Afganistán en 2001, después de los atentados en Nueva York y Washington, sin el cual todo queda reducido a la lógica de un orate instalado en el gobierno del país más poderoso del mundo, aunque no deja de ser una atractiva tentación a juzgar por las biografías de G.W. Bush25 hechas en los últimos tiempos. Sólo una poderosa razón geopolítica puede hacer más comprensible una intervención tan brutal y violen-ta como la que ocurrió contra Afganistán, un país árido y con esca-sos recursos naturales, de 27 millones de habitantes, principalmente dedicados al pastoreo, diezmados por el hambre, las guerras civi-les, los bombardeos y la migración durante 3 décadas, cuyo suelo antes de la intervención era uno de los más minados del orbe y hoy es casi intransitable, si no fuera por su ubicación geográfica, que le permite a los estadounidenses el tránsito y control sobre los vastos recursos energéticos: yacimientos, oleoductos y gasoductos del AsiaCentral, la salida al Índico y, por esta vía, el control del Asia Central y su cercanía al Caspio buscando la ruta del Mediterráneo.26
Instalados en esta lógica, se operó la intervención estadouni-dense en Yugoslavia en 1998, donde en franca violación al derecho internacional, e ignorando a la ONU, Estados Unidos recurrió a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la que por primera vez intervino fuera de su jurisdicción como textualmente lo prohíbe el Tratado de Washington suscrito en 1949. Así enton-ces, las acciones en Yugoslavia (1998), Afganistán (2001) e Irak (2003), se encuentran en el mapa de ruta de la recuperación estra-tégica de Eurasia. Hoy, en el rediseño de su estrategia en calidad de potencia he-gemónica en el plano económico y militar, en el contexto de un mundo monopolar, Estados Unidos está convencido de que ha lle-gado la hora de proyectar su dominación y demostrar al mundo su supremacía recurriendo a toda su capacidad bélica y al más viejo es-tilo de expansión colonial. En este sentido, es oportuno estudiar el pensamiento de Zbig-niew Brzezinski, asesor de Seguridad en el periodo Carter y acadé-mico de la J. Hopkins University, quien es uno de los prominentes estrategas estadounidenses de las últimas 3 décadas. Brzezinski es autor de El gran tablero mundial: la supremacía norteamericana y sus imperativos geoestratégicos, un importante libro editado en los últi-mos años que ha influido en el diseño de la política exterior del go-bierno de Estados Unidos.
En la mencionada obra, el autor sostiene que Estados Unidos debería diseñar una estrategia integral para el dominio de Eurasia que garantice su supremacía en la posguerra fría. Para el Brzezinski, sólo el control sobre Eurasia, otorgaría a Estados Unidos la condición de superpotencia. Sostiene que Eurasia alberga a la mayoría de estados positivos y dinámicos. Asimismo señala que todos los aspirantes históricos a ser potencia mundial tuvieron su origen en Eurasia. Allí también se ubican los países más grandes en población como China e India con pretensiones hegemónicas regionales, del mismo modo que los más importantes rivales de Estados Unidos. Afirma que
Después de EU, las seis economías más grandes y que más gastan en defensa están allí, como también todas menos una de las potencias nucleares declaradas, y todas menos una de las ocultas. Eurasia cuen-ta con 75% de la población mundial, 60% de su PIB y 75% de sus re-cursos energéticos. Colectivamente, el poderío potencial de Eurasia eclipsa incluso al de EU. Eurasia es el supercontinente eje del mundo. Una potencia que dominara Eurasia ejercería una influencia decisiva sobre dos de las tres regiones económicas más productivas del mun-do: Europa occidental y Asia oriental. Un vistazo sobre el mapa da a entender también que un país dominante en Eurasia controlaría casiautomáticamente Oriente Próximo y África. Al ser ahora Eurasia el tablero decisivo del ajedrez geopolítico, ya no basta con tener una po-lítica para Europa y otra para Asia. Lo que ocurra con la distribución del poder en la masa territorial euroasiática será de decisiva impor-tancia para la primacía mundial de EU y su legado histórico.27 Brzezinski propone una estrategia a corto, mediano y largo pla-zo. Para el corto plazo propone consolidar el pluralismo geopolítico predominante en Eurasia. Sostiene que esta estrategia evitará el surgimiento de coaliciones hostiles que le disputen la hegemonía a Estados Unidos. A mediano plazo, se trataría de la constitución de un sistema de seguridad transoceánico bajo el liderazgo estadouniden-se y a largo plazo, se tendría que marchar hacia un sistema mundial de responsabilidad compartida, desde luego, bajo la impronta de Esta-dos Unidos.
En Europa, reconoce el protagonismo de Francia y Alemania, en tanto que para el Extremo Oriente, sostiene que cualquier estrategia euroasiática por parte de Estados Unidos deberá apoyarse en el con-senso sino-estadounidense. En el centro de Eurasia, reconoce que existe un vacío geopolítico que sólo será resuelto a partir de una Rusia “pos-timperial”. Revela, asimismo, que Asia Central es un foco de conflic-tos étnicos y de competencia entre las grandes potencias. Convencido de que ninguna potencia puede disputar la hegemonía a Estados Unidos, reconoce que “La administración global de EU se verá pues-ta a prueba por tensiones, turbulencias y conflictos periódicos.”28
Brzezinski recomienda construir un equilibrio transcontinental estable basado en una hegemonía benigna de Estados Unidos. Afirma: el objetivo a mediano plazo exige que se fomente una asociación auténtica con una Europa más unida y definida en lo político, una China preeminente en su región, un Rusia postimperial y orientada hacia Europa y una India democrática. Pero será el éxito o el fracaso en el establecimiento de relaciones estratégicas más amplias con Europa y China, lo que dé forma al futuro papel de Rusia y determine la ecuación de potencia fundamental de Eurasia.29
Profundizando en su visión sobre Europa, considera que ésta es la cabeza de puente democrática geopolítica esencial para los estadouni-denses cuya alianza es más importante que la que se pueda estable-cer con Japón. Aquí enfatiza en la importancia de la OTAN como instrumento que garantiza, en Eurasia, el poderío militar estadou-nidense, debido a que su supremacía es reconocida por las naciones aliadas. En este sentido, sostiene que al ser éstas profundamente de-pendientes de la protección estadounidense, cualquier ampliación de su presencia política es, asimismo, la ampliación de la influencia estadounidense; en este punto advierte de cuidar no llegar a crear una Europa integrada que pudiera desafiar geopolíticamente a Es-tados Unidos, principalmente en Oriente Medio. Sostiene que este hecho, creará las condiciones para asimilar a Rusia a una coopera-ción global.
Recomienda aceptar una jefatura compartida de la OTAN así co-mo el papel de Europa en el Afríca, el Medio Oriente y la parte este de la Unión Europea. Para disminuir el riesgo de una creciente competencia económica, se inclina por acelerar los acuerdos de li-bre comercio transatlánticos, así como disminuir la presencia esta-dounidense como árbitro de antagonismos seculares en esa región. Al insistir en la importancia de ampliar el radio de influencia de la Unión Europea y de la OTAN, propone fijar metas y estrategias pa-ra incorporar, en un plazo que va de 1999 al 2010, a las ex repúbli-cas socialistas ubicadas en Europa Central, incluyendo a cuatro de la ex Unión Soviética: las tres bálticas30 y Ucrania.
En relación a Rusia, reconoce que, a pesar del avance de China y de la Unión Europea, es el país más grande cuyo territorio es trans-continental pues abarca una parte de Europa y otra de Asia, sobre este tema, afirma: “Rusia sigue siendo dueña del territorio más grande del mundo, que se extiende sobre diez zonas horarias y em-pequeñece a EU, China o la Europa ampliada.” No obstante, sostie-ne que es un país económicamente atrasado en comparación con China, al que coloca en el rango de país en proceso acelerado de modernización. Conciente de que puede ser una amenaza debido a la importancia geopolítica de Rusia y de su potencial influencia so-bre las ex repúblicas soviéticas,31 propone el diseño de una estrategia lo suficientemente atractiva que persuada a Rusia para que abandone sus aspiraciones postimperiales.32 Se pronuncia por que se convierta en un sistema político confederado con una economía de libre mercado, integrado por tres repúblicas: la Rusia Europea, la Siberiana y la del Extremo Oriental. Para lograrlo, sostiene que debe apoyarse a los estados postsoviéticos, promoviendo la inversión, hecho que evitaría, a su vez, una posible balcanización de la zona por problemas étnicos. Paralelamente, insiste en la importancia de fomentar la cooperación ruso-estadounidense, aunque advierte: “es importante para EU enviar un claro mensaje respecto a sus priorida-des globales. Si debe elegirse entre el engrandecimiento del sistema euroatlántico o una mejor relación con Rusia, lo primero debe go-zar de preferencia”.
20 Declaraciones de Noam Chomsky (reconocido lingüista del Massachussets Institute of Technology) en entrevista con Atilio Borón publicada en el periódico La Jornada, Suplemento Masiosare del 3 de agosto de 2003, p. 9. Sobre la impor-tancia que reviste la invasión en Irak por parte de las fuerzas armadas estadouni-denses, sostiene: “Irak posee las segundas reservas de petróleo del mundo y, en este sentido, controlar el petróleo iraquí y, más aún, establecer bases militares en Irak, situaría a Estados Unidos en una posición más fuerte que la actual para dominar el sistema energético internacional”.
21 Wagner, J., op. cit.
22 Ibid.
23 Véase Harris, Paul, “¿Qué pasaría si de repente la OPEP se cambia al eu-ro?”. Consúltese la página de internet de Yellow Times.org. P. Harris sostiene que la ocupación contra Irak es, en el fondo, la guerra de Estados Unidos contra Europa.
24 Mahan, Captain A.T. (United States Navy), The interest of América in sea power, present and future, Little, Brown, and Company, pp. 21-22, Boston, 1918.
25 Tarpley, Webster G. y Anton Chaitkin, George Bush: Unauthorized bio-graphy. Se tomó en cuenta también las opiniones del psiquiatra y psicoanalista Víctor Saavedra, autor de La promesa incumplida y otros títulos.
26 Afganistán también es productor de 90% del opio que se consume en Europa.
27 Brzezinski, Zbigniew, The grand chessboard (El gran tablero mundial: la su-premacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos. Una estrategia para Eurasia), Ed. Paidós, Barcelona, 1998.
28 Op. cit.
29 Op. cit.
30 Letonia, Estonia y Lituania.
31 Seis están ubicadas en Europa Central: Letonia, Estonia, Lituania, Bielo-rrusia, Ucrania y Moldavia y ocho en el Asia: Azerbaiyán, Armenia, Georgia, Ka-zajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizistán, Tayikistán, Brzezinski es, además, ampliamente conocedor de los vastos recursos estratégicos ubicados en el Asia Central: petróleo, gas natural y minerales y de que tales recursos se encon-traban en poder de la Unión Soviética en el periodo de la guerra fría, misma que extendió su radio de influencia militar hacia Afganistán durante diez años.
32 Sobre este tema indica: “Los nuevos lazos de Rusia con la OTAN y la UE, formalizados por el Consejo OTAN-Rusia, pueden estimular a Rusia a asumir su retrasada decisión postimperial en favor de Europa. La condición de miembro del Grupo de los Siete (G-7) y la potenciación de la maquinaria para la creación de política de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. (OSCE) —dentro de la cual podría establecerse un comité de seguridad especial compues-to por EU, Rusia y varios países europeos importantes— estimularía el compro-miso constructivo ruso en la cooperación política y militar europea”.
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