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Irak: causas e impactos de una guerra imperialista - Nuestro mundo en el Bush bis

(11 opiniones)
Monografía creado por Camilo Valqui Cachi (coordinador). Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
01 de Febrero de 2006
Ciencias socialesHistoriaPensamiento y política

2 - Nuestro mundo en el Bush bis

GUILLERMO ALMEYRA

El promotor de la guerra preventiva se legitimó obteniendo la ma-yoría en una elección que movilizó una cifra de votantes sin prece-dentes en los anales políticos estadounidenses. El conservadurismo, el integrismo religioso, la santurronería, el chauvinismo y el racis-mo dan un fuerte pedestal a un grupo de plutócratas dispuestos a todo con tal de conservar una hegemonía política estadounidense y una economía con graves males de fondo. Correr hacia delante, ha-cia la guerra con China (a no ser que, por un milagro, los chinos acepten dejarse colonizar) es su opción y no dejarán de utilizarla a fondo, como lo demuestran las primeras medidas económicas anunciadas apenas obtenida la reelección de George W. Bush (cor-tes drásticos en los seguros sociales, aumentos para las fuerzas ar-madas), que son propias de una economía de guerra.

Los cambios en el gabinete de Bush Bis también serán signifi-cativos y se puede decir desde ya, en estos primeros días de no-viembre de 2004, que Colin Powell será uno de los defenestrados porque su relativa sensatez le hace parecer timorato, moderado y hasta poco patriótico a los ojos del complejo militar-industrial, con centro en la industria petrolera y en la de los armamentos, que orienta, maneja y sostiene a la marioneta presidencial. La posibili-dad de que Condoleezza Rice sea secretaria de Estado es, en este sentido, emblemática (incluso si no llegase a ocupar ese cargo).

Para colmo, Bush Bis triunfó con una mayoría patriotera y reaccionaria, pero no fascista ni ciega y sorda ante los hechos eco-nómicos. Sus medidas sociales chocarán con esa mayoría y una prolongación de los desastres políticos (y de los gastos) en Irak desgastarán ese apoyo. Por lo tanto debe golpear el hierro mien-tras está caliente. Está obligado a explotar a fondo su ventaja mo-mentánea y a aprovechar la división y desmoralización de la mitad del electorado que se le opuso, antes de que el núcleo duro de éste pase a la acción contestataria continua. Eso haría su gobierno par-ticularmente aventurero y agresivo sobre todo si se tiene en cuen-ta que los gobiernos europeos están lamentando haber expresado sus diferencias con la primera administración Bush y ahora co-mienzan a arrastrarse ante Bush Bis, por temor a represalias.

A esto se agrega el problema medioriental. La desaparición de Arafat, tan esperada por Israel, precipita todos los acontecimientos y alienta en Israel y en Estados Unidos a los partidarios de la expulsión de cientos de miles de palestinos (incluso ciudadanos israelíes) hacia los países árabes limítrofes. Los colonos fascistas que usurpan terri-torios palestinos probablemente se negarán a retirarse de los mismos y la posibilidad de que el gobierno de Ariel Sharon pueda obligar a algunos de ellos a irse de lo que consideran su territorio conquistado podría llevar a la aparición en Israel de grupos como la OAS francesa después de la retirada de Argelia, con intentos de asesinato del pri-mer ministro o choques armados. La unión (aunque transitoria) en-tre el Fatah, Hamas, Hezbollah y el Frente de Liberación Nacional Palestino, es decir, entre laicos, integristas, integristas proiraníes e izquierdistas prosirios, está dictada por el temor a la reacción israelí ante el vacío dejado por la desaparición de Arafat. Pero Tel Aviv y Washington no dejarán de verlos como una alianza entre Siria e Irán para promover el terrorismo con manos palestinas. Y eso alentará a quienes desde hace rato tienen en sus miras a Teherán y Damasco.

La invasión de Irak fue el primer paso a la invasión generaliza-da del Cercano Oriente. La expulsión de Siria del Líbano y el aplastamiento militar de los sirios (probablemente por los israelíes) es un proyecto que va de la mano con la ocupación de Irán, con el pretexto de que se está convirtiendo en potencia nuclear, por Esta-dos Unidos. La revolución del general Kassem y después del Baas en Irak rompió el pacto del CENTRO que unía a Asia Central contra la entonces Unión Soviética. La revolución de los ayatollas en Irán le dio el pistoletazo definitivo. Ahora Estados Unidos, partiendo de la invasión de Irak, quiere resucitarlo, pero en función antichina, antiUnión Europea y antiRusia.

El Bush Bis espera combatir a Europa con una devaluación del dólar frente al euro que le quite mercados a la Unión Europea. Pero un euro fuerte permite pagar menos por el petróleo, que se cotiza en dólares y que, en cambio, sería caro para un país con moneda devaluada. Por lo tanto, a la guerra monetaria Washington debe unir el control del suministro de petróleo, ocupando y controlando los países productores del Cercano Oriente para tratar de separar de Europa y China a Rusia y a los sauditas, que se beneficiarían con el aumento del precio del oro negro y para tratar de impedir la compe-tencia europea, china y de Japón y los países orientales. Pero el do-minio del Cercano Oriente significa una hipoteca sobre el petróleo ruso, que está en Asia Central que se convertiría en protectorado de Estados Unidos, y Moscú no puede quedarse impávido ante ese pe-ligro, que haría de Rusia algo así como una Polonia. Y el cierre de la cadena que comienza en Irak y llega hasta su frontera con Afganis-tán, en el caso de que Estados Unidos invada Siria e Irán, es una amenaza directa contra China. Ahora bien, ésta es una gran poten-cia comercial, pero también tiene armas atómicas y está comprando alta tecnología militar en Francia (para eso viaja Chirac) y en Rusia y en sinergia con la industria japonesa, surcoreana y europea puede acelerar su crecimiento, y su competencia en Estados Unidos, inclu-so en América Latina. De modo que Washington estaría empujando a la constitución de un bloque político en su contra, cuyos primeros pasos se vieron en la discusión en la ONU sobre la invasión de Irak.

Se equivocan pues quienes, ante la terrible perspectiva que abre la reelección de un racista que dice hablar con Dios, esperan que el Bush Bis pueda llegar a ser “una excelente presidencia” como plantea Ignacio Ramonet. Irak no es Afganistán donde ha sido posible un go-bierno tribal con una tropa de ocupación estadounidense y la guerra de liberación nacional se libra en un país que, desde la lucha contra la ocupación turca y contra el imperialismo inglés, ha desarrollado una fuerte unidad antiimperialista. Salvo un puñado de personas nadie aceptará en Irak un gobierno títere. El estallido en Palestina y la po-sible acción militar israelí para echar a los sirios del Líbano y quebrar el poderío militar de Damasco arrojarían cientos de miles de refu-giados hacia Jordania y Egipto y podrían provocar un choque con los países árabes. Es cierto que la ocupación de Irán, sin haber con-seguido ni siquiera controlar a Irak, plantearía problemas graves a Estados Unidos, pero ya hay estudios que hablan hasta de una conscripción militar (como en la época de Vietnam) para aumentar el número de tropas y, para la camarilla del Bush Bis, los muertos nativos no cuentan y los boys que vuelven en sacos de plástico sólo contarán cuando lleguen a superar las decenas de miles, de modo que, técnicamente, una invasión es posible. Lo que no es posible, en cambio, es que los países árabes sustituyen con sus tropas a las estadounidenses que están en Irak, sobre todo si estalla toda la región.

Además, George W. Bush, el iluminado por su Dios de las bata-llas, está lejos de ser un hombre que tiene en cuenta que la mitad del país le votó en contra y, por lo tanto, dispuesto a conciliar y contem-porizar con sus adversarios. A éstos les responderá con nuevas le-yes liberticidas, hechos consumados en el exterior, aumento de la deuda oficial, mentiras y apariciones oportunas de Osama Bin Laden, ese extraño líder musulmán que no dice nada a sus seguidores ni hace política pero en cambio se especializa en amenazas truculentas que sirven siempre al antiislamismo del gobierno de Washington. Por consiguiente, el Bush Bis no puede ser frenado por su autocon-ciencia. Lo será, en cambio, por una combinación entre una agra-vación de los niveles de vida de sus conciudadanos, cuyos salarios reales caen, los desastres políticos en Irak y en el Cercano Oriente y el aumento de la resistencia y de la organización de los gobiernos y los sectores populares que se oponen a la política del imperialismo estadounidense y a la guerra mundial que éste prepara. El aumento de la protesta en América Latina podría ayudar a movilizar a los lati-nos que apoyaron a Bush en su reelección y que serán las primeras víctimas del Bush Bis; el aumento de la resistencia en escala mundial podría ayudar a politizar a los estadounidenses que, en las recientes elecciones, comenzaron a salir de su apatía política y una buena par-te de los cuales comenzaron a organizarse para luchar contra pro-blemas, como la guerra, que se agravarán en el futuro próximo.

Es evidente que todas estas líneas pueden sonar a previsiones basadas en una posición preconcebida. Por el contrario, son el re-sultado de la lectura de los planes publicados por el Consejo de Seguridad de Estados Unidos y de las posiciones y discursos de los más destacados miembros del establishment así como de lo que aparece todos los días en la prensa de Israel, ese apéndice de Was-hington que tanta importancia tiene en su política extranera y, particularmente, en el Cercano Oriente. Quien quiera una confir-mación de lo aquí expuesto, puede leer con provecho a Zbiegnew Brzezinski o a teóricos y apologistas de la guerra racista como Sa-muel Huntington.
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Camilo Valqui Cachi (coordinador) Extraído de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24

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